“La pandemia y el aislamiento provocan un sinfín de cuestiones en la mente del ser humano”

Chispa acudió a los servicios de una reconocida profesional en el mundo de la psicología, con una vasta trayectoria en nuestra ciudad, la Psicóloga Silvia Lanzone, integrante del grupo de trabajo en el CPA (Centro de Prevención de Adicciones), que depende de la Subsecretaria de Salud Mental, consumos problemáticos y violencia de género, que dependen del Ministerio de salud de la Provincia de Bs. As.. El CPA funciona dentro del Hospital y en este tiempo de pandemia se pueden hacer consultas vía telefónica para orientaciones y seguimiento de pacientes

 

Psicóloga Silvia Lanzone

 

El pasado 11 de marzo la OMS declara al brote de coronavirus pandemia global, en relación a la propagación mundial de la enfermedad. La palabra pandemia proviene del griego Pan que significa todo y Demos pueblo, se refiere a que afecta a toda la población.

El pronunciamiento de la palabra pandemia impactó en las personas desde un comienzo y remite a crisis y a desastre. En ese instante nuestro mundo conocido se desestabiliza ante esta problemática.

A los pocos días, junto con el término pandemia aparece otro: cuarentena, que es el aislamiento social y preventivo que se instala por razones sanitarias. Este confinamiento forzoso, provoca un sinfín de cuestiones: una vivencia de quietud permanente, de tiempo libre exagerado, de encierro en libertad, de pérdida de espacio de la vida cotidiana, de convivencia ininterrumpida que ocasiona problemáticas familiares y de pareja, de preocupación económica y laboral, dificultades académicas, sentimientos de soledad y tristeza.

Frente a esta realidad surgen efectos como el temor, la angustia y el miedo. Estos sentimientos no solo se presentan ante la posibilidad de contagio sino con la dimensión de la incertidumbre, no saber qué pasará, si se va a salir ileso de esta situación, con la dificultad de proyectar y planificar la vida a futuro.

En la cuarentena la angustia va a estar presente. La angustia, es ese estado penoso o displacentero que aparece como una señal, como reacción ante un peligro y puede motorizarnos a tomar medidas protectoras a fin de prevenirnos y contribuir a que tengamos conductas positivas para el cuidado personal, familiar y social. Ejemplo de esto sería no salir de la casa si no es necesario, lavarse las manos, uso de alcohol y barbijo, etc.

Sentimientos de tristeza, rabia, enojo, angustia, impotencia son afectos que pueden surgir y aquí es fundamental el hablar, expresar, nombrar, conversar sobre esas emociones ya que las palabras tienen un poder de efecto pacificador y tranquilizador.

También existe el miedo patológico que paraliza, que desorganiza nuestras conductas y nos conduce al pánico. El pánico surge cuando la angustia nos inunda, nos desborda y queda bloqueada toda capacidad de expresarla ya sea a través de las palabras o a través de otros medios expresivos como la escritura, la pintura, la música, etc. Este afecto al no poder ser tramitado o contenido pasa a ser una sensación corporal que nos duele, nos inmoviliza, nos deja en un estado de indefensión y puede dar lugar a manifestaciones somáticas como: palpitaciones, temblores, taquicardia, insomnio, irritabilidad, fatiga física, etc.

Este tiempo de cuarentena nos puede conducir a hacernos replanteos, observar nuestros recursos internos, nuestras conductas y actitudes ya que vivimos en un mundo consumista donde todo es inmediato, rápido y esta cultura consumista nos ha transmitido un modelo para calmarnos o satisfacer nuestros deseos a través de objetos externos que se adquieren en el mercado y dan una felicidad instantánea.

Hay una serie de recomendaciones para llevar este momento y que se deben tener en cuenta: considerar que la cuarentena es un tiempo transitorio, que no estamos encerrados sino protegidos y cuidados. Es importante dosificar la información a fin de evitar preocupaciones innecesarias, solo tomar aquello que nos permita el cuidado personal y cuidar a los demás. Redefinir acuerdos de convivencia y rutinas familiares. Realizar actividad física. Mantener el contacto con otras personas significativas a través de los recursos virtuales a fin de sobrellevar el aislamiento.

La cuarentena nos permite hacer una pausa y hace que tratemos de desarrollar la capacidad de espera, la paciencia, puede ser la ocasión para reconectarnos con nuestro mundo interno: recuerdos, fantasías, deseos, etc.

El psicoanalista inglés, Donald Winnicot, en sus trabajos sobre el desarrollo emocional, plantea como uno de los signos más importantes de madurez es la capacidad de estar solo. El desarrollo de esta capacidad permite estar con uno mismo, desarrollar la autonomía y creatividad.

Ojalá que la cuarentena sea una oportunidad para redescubrirse!

 

Silvia Lanzone, Psicóloga, mat.10128

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