¿Cómo será el turismo que en un futuro?

La industria del turismo es una de las actividades que más se ha visto afectada debido a la pandemia. Ha sido la primera en paralizarse y la última; tal vez, en reactivarse. Sin dudas, una vez abiertas las fronteras, su recuperación será lenta, pero continúa.

 

El cerro de los siete colores en Purmamarca, Jujuy

 

En este proceso de adaptación a la nueva realidad, todos los actores que intervienen en el desarrollo de la actividad turística han ido desarrollando los protocolos correspondientes para poder brindar seguridad y tranquilidad a los pasajeros. En general, estos están orientados en respetar el distanciamiento social, hacer uso de los canales electrónicos tanto para los check in, como para pagar servicios, y siempre que sea posible, manteniendo el distanciamiento social preventivo entre las personas. Además se hará control de temperatura en la mayoría de los casos y solo podrán ingresar a los aeropuertos los pasajeros que tengan vuelo en esa terminal que corresponda, sin acompañantes.

 

¿Un nuevo paradigma para el turismo?

La necesidad de viajar, recorrer algunos kilómetros,  desembocará en que los destinos de cercanías sean los primeros en reactivarse. En primera medida porque estos son los que brindaran mayor sensación de seguridad, y porque, las restricciones interprovinciales serán las primeras en levantarse. Esto nos permitirá conocer  lugares cercanos, que tal vez no los hubiésemos elegido para realizar turismo en el pasado, pero que nos ofrecen la posibilidad de pasar algunos días distendiéndonos de la realidad que nos aqueja, y nos permitirá lograr esa desconexión del día a día, que es tan necesaria en la actualidad.

Muchos emprendimientos turísticos rurales están preparando sus instalaciones con el fin de poder recibir visitantes, sobre todo de las grandes ciudades. Además, los centros turísticos tradicionales de Argentina comienzan a preparar nuevas estrategias para poder recibir turistas. En primera instancia el foco estaría puesto en  lograr el intercambio entre provincias vecinas, como es el caso de Jujuy y Salta, o Neuquén con Rio Negro, donde no existan altos riesgos y se pueda viajar respetando las recomendaciones del Ministerio de Salud de la Nación.

 

Se sabe que la actividad turística es una industria dinamizadora de la economía que genera una redistribución de los ingresos y además, que el poder viajar ha dejado de ser un lujo, para ser considerado por la sociedad como una necesidad. Por lo tanto podemos entender que el turismo no solo se reactivará, sino que es una oportunidad para las comunidades de encontrar en esta actividad un nuevo modelo de desarrollo económico sostenible. Desde este punto de vista, todas las ciudades pueden trabajar sobre turismo, conjugando la participación del sector público y privado, para poder poner en valor los recursos disponibles tanto naturales, sociales, culturales e intangibles.

 

Esta crisis mundial, nos ha dejado grandes aprendizajes, entre ellas la forma en la que viajamos. Hemos podido observar, que al detenernos, muchos destinos a nivel mundial han disminuido sus niveles de contaminación permitiendo que las aguas se aclaren, los animales regresen a lugares que ya no estaban y que las ciudades puedan visualizar cielos más limpios. Estos acontecimientos que fueron surgiendo de manera inesperada son llamados de atención importantes para lograr un cambio radical en la forma que nos movilizamos, intentando ser más responsables y conscientes del impacto que se genera en cada región. Y estos impactos no solo se generan en el medio ambiente, sino también en las comunidades locales.

 

Somos responsables de que nuestro impacto sea positivo, tanto en nuestro comportamiento con el medio ambiente como en nuestro comportamiento económico y social, lo que les permitirá a las sociedades un desarrollo sustentable y sostenible para que los recursos puedan ser aprovechados por las futuras generaciones. Es momento de entender que no todo se basa en cumplir con un gran listado de lugares a visitar para poder contar que allí hemos estado, sino que la riqueza de un viaje radica en las pequeñas cosas que lo hacen grande e inolvidable, desde una mirada más local, empática, que genere experiencias enriquecedoras a nivel cultural y humano.

 

Nicolás Fernández.

Licenciado en Turismo

Idonéo 15716

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