Ser digital en tiempos de pandemia

La UNNOBA mantiene sus tareas esenciales en funcionamiento gracias a la infraestructura y los programas que implementa. ¿Hay riesgos de colapso comunicacional? Diálogo con el prosecretario Tic de la Universidad, Hugo Ramón.

Aulas virtuales una d elas herramientas utilizadas por la educación en pandemia

 

(Fuente: El Universitario). Cuando el aislamiento preventivo y obligatorio parecía suspender y desvanecer toda actividad, las esperanzas se volcaron sobre la virtualidad. Lo sólido se desvanece en bits, y se comenzó a hablar de “teletrabajo”, “educación por videoconferencia con aulas virtuales”, “ventas online”… La computadora podía abrir lo que el virus clausuraba.

“Si bien la pandemia nos puso en otro nivel de exigencia, ya veníamos trabajando bastante en el home office”, relata Hugo Ramón, prosecretario de Tecnología de la Información y la Comunicación de la UNNOBA. Mediante una entrevista realizada por videoconferencia cuenta aspectos de la preparación de la Universidad para esta etapa.

La UNNOBA ya tenía preparada una herramienta de llamadas de video a distancia por una necesidad que apareció en el momento justo: “Empezamos a usar el software Jitsi desde octubre del año pasado motivados por los problemas que tuvimos con las salas videoconferencias.

En Argentina se pudo asistir a una búsqueda similar en las instituciones educativas de todos los niveles, aunque esa búsqueda era de tipo veloz por encontrar las tecnologías necesarias para mantenerse en contacto con sus alumnos. Algunas optaron por la videoconferencia, y fue así que saltó hacia las noticias nacionales un programa hasta entonces fuera de las primeras planas: Zoom. Como era de esperar los gigantes tecnológicos también respondieron a la demanda mundial, y se reforzó la publicidad de “Google Meet”, “Teams” de Microsoft o “FaceTime” de Apple.

Jitsi Meet, en cambio, es un software libre, de código abierto, mediante el cual cada institución puede desarrollar su propio servidor sin necesidad de depender de agentes externos, sin pagar licencias y dándole la configuración deseada. “Jitsi está instalado en la infraestructura de la Universidad desde octubre de 2019, en el marco de la plataforma de Educación Digital, que es una estrategia que nos planteó el rector desde hace unos tres años y que tiene sus inicios en el expediente digital, algo que comenzamos a trabajar en 2012”. Y, según detalla Ramón, “se trata de una estrategia que tiene un eje puesto en las herramientas del software libre”.

Algunos docentes ya venían utilizando las aulas virtuales como un soporte para el trabajo de sus clases presenciales. Otros lo tenían presente como un repositorio de la presencialidad, e incluso algunos “iban más allá y se animaban a darle otro uso a lo virtual”. Ramón destaca que “desde febrero hubo capacitaciones mediante cursos de posgrado acerca del diseño de cursos virtuales, en donde el área de Educación Digital empezaba su plan de expansión, formando a los docentes en lo metodológico, con actividades y exámenes sobre la virtualidad”.

De hecho, según informó el área de Educación Digital de la UNNOBA, al inicio de esta situación de emergencia y aislamiento obligatorio, “fueron creadas 303 aulas virtuales”, quedando comprendida “la totalidad de las asignaturas que se dictan al momento de la suspensión de actividades presenciales para las carreras de grado”. Hugo Ramón indica que este recurso virtual, las aulas disponibles dentro de Moodle, son el corazón de la estrategia de educación no presencial.

¿Estamos conectados?

Uno de los “cuellos de botella”, como se suele hablar de los lugares donde se atascan las cosas, es la conectividad, algo que sobrepasa los deseos o políticas de una sola institución. En este sentido Ramón es taxativo: “Uno de los riesgos que veo es el colapso de los ISP (proveedores de servicios de internet). Por eso hay que insistir en el uso responsable de internet. Estamos viendo una degradación del servicio y en nuestro caso el riesgo fundamental no pasa por tener la Universidad funcionando sino en que no se corte el servicio de internet en las casas de alumnos, docentes y no-docentes”.

 

En relación a los alumnos, existe un plan de seguimiento de la Secretaría Académica sobre los casos de escasa o falta de conectividad. “Si algo dejó claro esta situación es que internet es un servicio público, es tan crítico como la luz. Por lo que la declaración de servicio público se tiene que resolver, sobre todo para los sectores más vulnerables”, asegura Ramón.

Otro aspecto a considerar para esta etapa de comunicaciones digitales es el componente físico o hardware. Se ha puesto en evidencia a nivel nacional la desactualización del parque informático, máquinas que eran de un uso eventual de golpe se convierten en herramientas fundamentales para el trabajo en casa o para estudiar. La misma computadora en una familia que se usa para todo, o la inexistencia de computadoras con la sola presencia de teléfonos que aparecen como “el único recurso”. “Respecto al equipamiento está claro que no deberían ser pensados solamente como un bien de consumo o de lujo”, indica Ramón. Claramente los precios prohibitivos de las computadoras, en comparación con los ingresos salariales, indican eso.

Investigadores e intelectuales de las nuevas tecnologías, como por ejemplo Alejandro Piscitelli, plantean que las computadoras deben ser consideradas como tecnologías del conocimiento. Esto implicaría que no sean consideradas como “simples” bienes de consumo. Y otros incluso llegan a plantear que son extensiones de nuestros sentidos y de nuestro cuerpo, verdaderas “prótesis cognitivas”. A ese nivel llegan las implicancias.

Hugo Ramón agrega una comparación: “Así como en su momento se planteó el derecho al acceso a los libros, y fue como un ‘termómetro’ del acceso a la cultura, algo similar debería suceder ahora con las computadoras y el acceso a internet. Debería ser fácil de acceder, mantener y actualizar. La computadora hoy es un recurso que pasó a ser crítico de un instante al otro. Imagino que políticamente se puede hacer mucho para que esto pase y resolver el problema que emerge en este momento. Es como lo que pasa con la Salud Pública, aparece y se visualiza el problema cuando lo necesitás en extremo”.

 

Táctica y estrategia de la cultura digital

Todo este tipo de actividades se enmarca en una estrategia general que se llama “UNNOBA DIGITAL” y que involucra las funciones sustantivas, que son lo Académico, la Investigación, y la Extensión, pero también todo lo administrativo que es algo transversal. Hugo Ramón destaca: “Si bien la pandemia nos puso en otro nivel de exigencia, ya veníamos trabajando bastante en el home office. Por ejemplo muchas tareas administrativas las resolvimos en áreas críticas utilizando open VPN, que permite que un usuario desde su casa pueda acceder a los servicios restringidos a la red interna de la Universidad, servicios esenciales como el expediente digital. Con esta tecnología pudimos escalar rápidamente en esta etapa de cuarentena y aislamiento”.

Para poder resolver la cantidad de tareas y demandas que tiene una institución compleja, las universidades argentinas integran un espacio denominado “Consorcio SIU” (Sistema de Información Universitaria), dependiente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), un espacio que plantea dotar a las universidades de aplicaciones informáticas de gestión y productividad desde un compromiso con el desarrollo del software libre. La UNNOBA participa del Consorcio e implementa todas las soluciones centrales que provee, como el sistema Guaraní para la cuestión académica, el Mapuche para recursos humanos y sueldos, Pilagá para lo presupuestario. “Estos desarrollos del SIU encajan perfectamente con nuestra política de software libre”, aclara Ramón.

¿Aguantará internet?

La pregunta a nivel global es si la creciente demanda no hará caer toda la infraestructura de internet. Ramón sostiene que “la infraestructura argentina viene llevando bien la demanda que tiene. Aunque el tráfico se incrementó, no se trata de números no manejables, al menos según los datos que dan las compañías de telecomunicaciones. Creo que ya pasamos el pico de uso”. Pero para el funcionario universitario ahora hay que advertir que “así como se cuida la luz, el gas y el agua de la casa, también hay que cuidar el consumo de internet por el bien de todos”.

Resulta difícil pensar en un uso responsable de internet cuando, en familias que lo disponen, hay un dispositivo por persona y se depende de internet para trabajar, para el ocio, para la comunicación con la familia. A inicios del aislamiento obligatorio, el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) pidió “no mandar memes”, por ejemplo. Entonces mientras se vive una situación de aislamiento y se depende de internet para todo, ¿es verdaderamente posible en pensar el cuidado de “internet”?

 

“Internet es como cualquier bien escaso -define Hugo Ramón con tono ya serio-. Cuando te dicen cuidemos la luz, ¿qué hacés? Usás solo la luz donde hay gente. Con ese tipo de estrategias pequeñas funciona cuando se suma. En una familia tipo si hay varios dispositivos y todos lo quieren usar individualmente, la estrategia está ahí. Si somos cuatro, tratemos de mirar todos la misma película, o de turnarnos, y si alguien tiene que estudiar que el resto use un juego de mesa, con estrategias simples la suma impacta”.

Por último, está la cuestión de fondo que pueden manejar los grandes actores de la red. Aunque las redes sociales y WhatsApp no son algo controlable en el uso, sí lo son desde el lado de la administración. “Netflix puede bajar la calidad de sus transmisiones, y ya lo hizo, YouTube igual, WhatsApp puede hacerse más restrictivo, ya lo hizo con el reenvío de cadenas; de esa forma ante un colapso posible se puede controlar el flujo. Apenas se tienda al colapso lo van a manejar, porque es un servicio esencial para el mundo, y un ejemplo de esto son los pedidos del ENACOM para bajar todo lo posible el consumo del ancho de banda disponible”.

 

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