
Bioquímica Ana Kienzelmann. Llegó a Rojas en 1961 desde la ciudad de La Plata para trabajar intensamente contra el Mal de Rastrojo
La Bioquímica Ana Kienzelmann, llegó a nuestra ciudad en 1961 junto con su esposo, el Químico Guy David Anderson, para trabajar junto a un equipo médicos destacados, por la Fiebre Hemorrágica, denominada Mal de los Rastrojos, un virus proveniente de las ratas, que afectó la parte norte y este de la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba y de Santa Fe. Una historia de vida apasionante, contada por la propia Ana Anderson que con sus 87 años mantiene la misma ilusión y pasión por la bioquímica, a pesar que no la ejerce más. “Por ese entonces lo único que podíamos hacer era tratar de aliviar el sufrimiento a los enfermos, reducir la mortalidad, hasta que el mismo virus dejó de hacer efecto, aunque la vacuna finalmente se pudo lograr”. “El Mal de los Rastrojos fue une enfermedad más de campo que urbana”. “El virus del Mal de los Rastrojos y Covid – 19 se parecen bastantes en su sintomatología, pero el Coronavirus es terriblemente más contagioso”, expresaba la misma
Datos personales. Ana Kienzelmann; nació el 23 de abril de 1933 en la ciudad de La Plata; esposo: Guy David Anderson (fallecido). Hijas: Ana María (57) y Alfredo (50). Nietos: Ignacio (27), Lucía (23) y Tomás (5).
Estudios. Los estudios primarios y secundarios los cursó en la Unidad Académica, Escuela Normal Superior N° 1 "Mary O. Graham". Sus estudios terciarios en Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, se recibió de Bioquímica en 1957.
Su llegada a Rojas. “Ni bien me recibí estaba ocupando un cargo en el Instituto de Hemoterapia de la Provincia de Buenos Aires, allí funcionaba el Banco de Sangre del Hospital de Niños, “Sor María Ludovica”, mi esposo también trabaja ahí. Es decir estuve esos tres años, entre 1957 y 1960 trabajando ahí, Guy hacía quince años que trabaja en el Banco de Sangre, recuerdo que nos dieron una licencia para contratarnos y venir a trabajar en esta zona, una Comisión nos autorizó para organizar los bancos de sangre de la región, pensando que podía ser por un determinado periodo epidémico y resultó que nos quedamos para siempre en Rojas”.
“En realidad desde 1957, mi esposo, Guy Anderson, Químico, especialista en sangre, hizo numerosos viajes a Rojas hasta que en 1961 decidimos establecernos en esta ciudad. Tanto era la dedicación, que al principio nos alojábamos en habitaciones del Hospital, con pasión y sin límites de horario luchamos contra el mal. A la par de nosotros, con similar empuje y también provenientes de La Plata actuaron los médicos Héctor Guarinos y Friedolin Jaschek. Cabe hacer notar que en todo momento sentimos la calidez y el apoyo de la población de Rojas y sus autoridades. Nos asombraba ese espíritu solidario y, frecuentemente, recibíamos facturas de cerdo que nos obsequiaba la gente de campo y los invitaban a comer algún asado, costumbres que no existían en las grandes ciudades y que por siempre estaré agradecida. Tal es así que con el tiempo inauguramos nuestro propio Laboratorio de Análisis Clínicos Anderson, en 1963, cuando regresamos del Congreso en Río de Janeiro. Recuerdo que nuestro primer lugar fue en la calle Cristóbal Colón, a través de Berta Haugh de Mafhud, en ese tiempo no había casa para alquilar y ella nos avisó de la casa de Giovanonni en Colón 483, donde tuvimos el laboratorio tantos años y hace más de sesenta años que estamos en Rojas”.
Cómo era trabajar en esos tiempos. “En Rojas no había laboratorio, estaba el local, se retiraban las muestras y el químico se lo llevaba al laboratorio particular. Recuerdo que el Dr. Pereyra (intendente) nos instaló todo, las mesadas, renovó todo el ambiente, nos dio un lugar específico para eso y la Comisión de Epidemia instaló todos los aparatos. Trajo un microscopio que era una maravilla, es el que están usando todavía ahora; las estufas para la esterilización, el material para el laboratorio, tubos, jeringas, agujas, y ahí ya nos quedamos trabajando, el Mal de los Rastrojos movilizó todo. Los reactivos con los que hacíamos las determinaciones las preparábamos nosotros; Molinos Cabodi nos prestaba una balanza analítica muy buena para poder preparar las soluciones en mi laboratorio. Completamente distinto a la actualidad, por ejemplo para hacer una determinación de urea o glucosa se compra el kit completo, viene todo listo, se saca del frasquito y se coloca en el tubo, en aquella época era todo más complicado para trabajar”.
“Recuerdo que el Doctor Friedolin Jaschek estuvo viviendo en Alemania y realizó una especialidad de Anestesista de Terapia Intensiva, nos escribíamos y en una oportunidad le pregunte como estaba considerada nuestra profesión en ese país, nos respondió y es una carta que la guardo y dice: “la profesión de ustedes ha sido brillantemente reemplazada por una enfermera y una máquina, porque la enfermera saca sangre, carga la máquina y salen todos los datos”; una verdadera maravilla tantos años atrás estaban utilizando la tecnología actual”.
El Mal de los Rastrojos. “Apareció como misteriosa dolencia que empezaba con los trastornos de una inocente gripe y podía terminar en agonía y muerte terribles. Al principio no se le dio importancia, hasta que colmó de enfermos el Hospital Regional de Junín y fue menester, en nuestro caso, habilitar un lugar especial en el Unzué: la recordada “Sala Quinta”. Mientras en Buenos Aires y otros centros científicos comenzó la tarea de investigación. Al cabo de unos meses, en la zona se habían computado 414 personas atacadas por el mal, de las cuales 14 fallecieron”.
“También se la conocía con los nombres populares de Enfermedad de Mal de O’Higgins, Enfermedad del Sello, Gripón o Gripe mala, y los propuestos por la Comisión Nacional de Microbiología de “Virosis Hemorrágica’’ y por la Comisión de la Facultad de Medicina de Buenos Aires de “Fiebre Hemorrágica Epidémica”, se individualiza en el N.O. de la provincia de Buenos Aires una enfermedad endemo-epidémica, íntimamente relacionada con las tareas rurales”
- “Los brotes epidémicos de esta enfermedad no son un hecho reciente en la patología de la región, que abarca los partidos de Chivilcoy, Bragado, Alberti, Nueve de Julio, Chacabuco, Rojas, Junín, Carlos Casares y General Viamonte, con un área aproximada de 20-000 Km2. En otoño del año 1943 se registra en el Hospital Julio de Vedia, de Nueve de Julio, una epidemia catalogada como gripal y que evoluciona con un 60 % de mortalidad. En el mismo Establecimiento, en 1954, el Dr. Enrique Álvarez Ambrosetti refiere haber sido testigo de otro brote otoñal, con una mortalidad del 80 %, rotulada también como gripal, pero que retrospectivamente reconoce su similitud con la enfermedad que nos ocupa. Así, desde hace más de 15 años los médicos del lugar denuncian ante las autoridades sanitarias las pequeñas epidemias lugareñas en que les correspondió actuar y solicitaron el estudio de las mismas, que ellos, con sus precarios medios de sus Centros Asistenciales, no podían realizar”.
Sala Quinta. “Durante 1960 decreció el problema, pero en 1961 se hizo más intenso y hubo numerosos afectados de ambos sexos y de todas la edades con el triste saldo de varias víctimas fatales. El Hospital Regional de Junín volvió a saturarse y, en nuestro medio, entonces, se pensó en buscar recursos propios para enfrentar la temible enfermedad. Una vez más, con el intendente Pereyra a la cabeza y la colaboración especial que brindó la sensibilidad de médico de Oscar Alende (gobernador de nuestra provincia), se organizó en el Hospital Unzué un área especial para destinarla exclusivamente a enfermos de esta dolencia. Se acondicionó y equipó la “Sala Quinta” con internación directa y tratamiento específico. Agricultores Federados donó $100.000 para la dotación de la unidad que funcionaría como “posta” en la derivación de ciertos casos al hospital regional. Con equipos pesados suministrados por el Ministerio de Salud Pública, se efectuó también una severa desinfección, particularmente en las poblaciones de campaña, escuelas y hogares donde se registraron enfermos. Se fletó, además, un avión para fumigar las zonas que se estimaron más vulneradas”.
“La sala con todo su equipamiento fue inaugurada el 25 de mayo de 1961 y quedó bajo la dirección del Dr. Héctor C. Guarinos, de 29 años de edad y tres de experiencia en el tratamiento del mal. Lo acompañaban, mi esposo, Dr. Guy Anderson (cuya esfuerzo en la tarea de buscar y acopiar plasma, elemento crítico, no tenía límites) y otros empleados del hospital y de la municipalidad, todos ellos conducidos por la Caba Enfermera Sra. Elda Rivoltella, quien llegó a contraer la enfermedad lo mismo que el Dr. Guarinos. La zona afectada era la parte norte y este de la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba y de Santa Fe”.
Congreso Internacional. “Ese equipo de científicos participó en el año 1963 en el VII Congreso de Medicina Tropical y Malaria, que se realizó en Río de Janeiro. Allí nos contactamos con científicos rusos, porque en aquel país existía una virosis parecida a la nuestra. El gobierno nacional creó la Comisión Nacional Coordinadora para el Estudio y Lucha contra la Fiebre Hemorrágica Argentina; el Instituto Malbrán se involucró en el tema al igual que las universidades de Buenos Aires, La Plata, Córdoba y Rosario. Se hicieron numerosas publicaciones oficiales y privadas de los estudios que se iban realizando y en 1978, se creó en Pergamino el instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas, que hoy lleva el nombre de Julio I. Maiztegui, hombre clave en el descubrimiento de la vacuna denominada Candid I, que se produce en ese establecimiento en forma masiva desde el año 2002. Cabe hacer notar la especial participación que tuvo en la investigación el médico. Julio Barrera Oro, que hasta aplicó en su cuerpo la vacuna y luego se introdujo el virus para probar la efectividad”.
“Fue un Congreso mundial y fue importantísimo porque nos permitió ver como en otros lugares se combatieron enfermedades parecidas, ahí oí por primera vez la famosa Chikunguña, es una virosis transmitida por el mosquito, como si fuera el Dengue en Argentina, en Tailandia la región es Chikunguña. Ellos combatieron el mosquito y en el caso nuestro, el virus es transmitido por roedores, era lo que creíamos en ese momento y después se confirmó. Tenían una zona grandísima en Rusia, así que nosotros nos contactamos con los rusos para hablar del desmalezamiento y los cuidados para disminuir la cantidad de casos. Fue importantísimo para saber cómo combatir el virus del Mal de los Rastrojos en nuestro país”.
Guy David Anderson. “Nacido en Puerto Deseado, Santa Cruz, falleció en 1979 a los 54 años, muy joven de una enfermedad terminal, era Doctor en Química, pero siempre le gustó la parte de sangre, hizo una especie de pasantía en el Hospital Policlínico en La Plata. Entonces siguió Química para terminar la carrera, pero nunca dejó la parte de Laboratorio, siempre estuvo especializándose en sangre, las enfermedades de la sangre, la manera de controlarlas, transfusiones, banco de sangre; todo lo relacionado con sangre. Era muy apasionado y entusiasta con lo que hacía y le gustaba hacer conocer a los médicos como él hacía para que pudieran tratar a los enfermos; era muy sociable y le gustaba conversar mucho con la gente”.
Mal de Los Rastrojos / Covid – 19. “La diferencia que hay entre la Fiebre Hemorrágica y el Coronavirus, es que en el transcurso de la enfermedad no son muy diferentes porque por los síntomas que uno lee en los comunicados y que dan sobre el Covid, es una forma parecida de la virosis, la gran diferencia y la gran suerte nuestra fue que el Mal de los Rastrojos no rea contaminante, no se transmitía de persona a persona, para enfermarte de Mal de Rastrojo tenías que ir al campo y contactarte con los roedores; y en cambio lo terrible de esta enfermedad que estando en contacto con un portador o un asintomático que nunca la va a padecer, porque tiene defensa, igualmente te contagia. El Covid – 19 es mucho más peligroso, después en el transcurso de la enfermedad, si lo saben tratar y lo toman a tiempo, es fundamental la detección precoz, como todas las enfermedades, si las tomas desde el comienzo, no tiene el tiempo de hacer el daño, que pueden hacer si las tomas más tarde. El diagnóstico precoz es fundamental y la contagiosidad es terrible”.
“Ojalá esto se pueda resolver muy pronto, que se resuelva la manera de combatirlo, que se cuiden, que respeten el distanciamiento social y que muy pronto todo pueda volver a la normalidad”.


Sala Quinta del Hospital Unzué. El Dr. Work, virologo; junto a Guy Anderson y los doctores Friedolín Jaschek, Rubén Puerta y otros profesionales de la salud