Lila Cohen. “El personaje me tiene que movilizar, se me tiene que encender el alma con el tema y con el texto. Si me aburre no lo hago”

Tuvimos la posibilidad de entrevistar a una mujer muy inteligente, nacida y formada en una escuela bilingüe de habla alemana, “Cangallo Schule”. Sus primeros pasos como actriz los dio en el Teatro Ya (Sociedad Hebraica Argentina), donde lo tuvo como maestro Rudy Chernicof y luego a Lito Cruz, pero sin embargo el que le pudo sacar lo mejor como actriz fue el loco Alberto Ure. Llegó a Rojas en 1980 bajo la dictadura militar, hizo innumerables trabajos tanto en el Teatro TAFS, como en el galpón No Todo Está Perdido, La Minga y en el Sindicato de Trabajadores Municipales. Una gran trayectoria para una mujer que ha tenido un gran recorrido cultural a lo largo de toda su vida, nos deja su reflexión y sentimientos en estos momentos tan duros que nos toca vivir  

 

Lila acompañada por Eduardo Forese en La Familia Argentina

 

Datos personales. Lila Cohen, nació en Capital Federal y con respecto a su familia nos decía lo siguiente: “Mis padres ya no están, mi hermana tampoco, así que de la primera familia, papa, mamá y hermana, quedé yo nada más. Hace muchos años vine a vivir a Rojas, pero el amor por el teatro lo empecé a desarrollar y sentir en Buenos Aires”.

 

¿Dónde cursaste tus estudios primarios, secundarios y terciarios?

“Mis estudios los hice en “Cangallo Schule”, una escuela alemana, ahí hice desde el Jardín de Infantes hasta 5° año, y todavía tengo mis grandes amigas de esa época, una escuela muy linda, bilingüe y mixta, porque hablábamos alemán, del cual no recuerdo nada ahora, y guardo hermosísimos momentos vividos del paso como estudiante”.   

 

¿Qué recuerdos tenes de tu infancia?

“Mi infancia transcurrió en Buenos Aires, junto a mis padres, mi hermana Esther y yo, mi hermana cinco años mayor que yo, ella nació en la mesa de la cocina (risas), del departamentito que teníamos arriba del negocio de mi papá, el negocio estaba en la calle Lavalle y Uriburu, justo en la esquina y ahí nació mi hermana. También hubiera nacido yo, pero mi mamá pudo llegar al Sanatorio Anchorena para recibirme. Mi hermana se enfermó a los 10 años de diabetes insulino dependiente, y así pasamos la mayor parte de mi infancia a la sombra de ese dolor que era la enfermedad de mi hermana y que en esa época era un calvario. Una enfermedad de mala fama y mi hermana sufrió todo el deterioro de que empezó hasta que falleció. Yo cinco años menor fui un poco atrás de ella, después fuimos a vivir en una casa hermosa en el barrio de Almagro en la calle Rawson, que se llamó Palestina y ahora la volvieron a llamar Rawson, a media cuadra del Hospital Italiano, una casa maravillosa que es la casa de mis recuerdos, grande, enorme, con un montón de piezas, patio, muy lindo lugar, dejábamos la puerta abierta, jugábamos en la calle, comprábamos en el almacenero el azúcar suelta, la yerba suelta, en esas épocas. Después fuimos a vivir a un departamento en la calle Riobamba (entre Lavalle y Corrientes, a una cuadra de Avenida Callao), un medio piso hermoso a estrenar, que lo compraron mi papá y mi mamá con un hipoteca bancaria, ahí estuve hasta cuando me casé en Buenos Aires, muchos años con muy gratos recuerdos”.        

 

¿Desde cuándo nació tu amor o pasión por las tablas?

“Ahí fue donde nació en la Escuela Cangallo mi mayor curiosidad por el teatro, por esa maravilla, por esa locura genial que es el teatro. Me acuerdo que a la Escuela Cangallo iba el hijo de Federico Luppi y su  hija Marcela; el padre los iba a buscar y se armaba un gran alboroto cada vez que iba Luppi, y me acuerdo que se ponía a charlar con nosotros, yo iba a la secundaria y ahí empecé en el filo de quinto año, en un taller en el Teatro Ya (Sociedad Hebraica Argentina), el cual lo daba Rudy Chernicof  y como el teatro me quedaba muy cerca empecé a participar del mismo”.  

 

¿Cómo fueron los comienzos en el teatro, tu primera obra y con qué actores?

“El Teatro Ya era muy nuevo y días pasados encontré en mi biblioteca la primer obra que hice como cierre del curso, fue un monólogo de Bertolt Brecht, que es sobre la mujer judía, hermosísimo, Mario Pasik me acompañaba, porque fui compañera de muchos grandes, (Cristina Banegas); mi primera experiencia fue un monólogo nada más y nada menos que en el Teatro Ya, salió más que redondo y ahí empecé. Terminé de trabajar con Rudy y le dije me voy a trabajar con Lito Cruz, le agarró una especie de ataque de celos (risas) y me fui con Lito, y con Hedy Krilla, maestra de maestros, fue maestra de Agustín Alezzo, que falleció hace unos días. Fue la que introdujo los métodos Stanislaskis en la Argentina. Hedy Krilla, era una austríaca petisita que estudio directamente con Stanislaskis, muy severa, pero yo era una de sus preferidas por suerte, era impiadosa con los que no quería, los echaba de la clase. De Hedy aprendí a comprender un texto y sobre todo el sub texto, lo que está escondido detrás de un texto. Hedy fue una gran maestra y hacíamos expresión corporal con Lito Cruz. Con Hedy Krilla hicimos “Rosa, Rosita, Rosalinda”, era una obra para niños y ahí la conocí a Cristina Banegas, se hizo en un teatro de la calle Corrientes. Quería seguir estudiando y empecé mi experiencia con Alberto Ure, que fue un genio, creador, loco, el loco Ure, él hizo una sola obra que fue “La familia Argentina”, que después tuve el placer de hacerla acá en Rojas. La verdad que lo que yo aprendí con Ure y lo que él logro sacar de mí como actriz fue espectacular. Era época de la dictadura, no andábamos muy tranquilos en Buenos Aires. Recuerdo que un día en el salón donde aprendíamos con Ure, estábamos todos sentados y de repente entran seis personas y pegan una patada en la puerta con armas y como Ure era tan loco, todos pensábamos que la ocurrencia había sido parte de la improvisación, realmente eran de los servicio, resultó que había una denuncia de los vecinos porque escuchaban gritos y nos entraron a revisar y nos quedamos helados del susto, porque desaparecías y listo. Hice teatro en la peor época de la dictadura hasta que el año 1980 me decido irme a Rojas por cuestiones personales”.           

 

¿Cuáles fueron tus trabajos en el teatro?

“Fueron tantos y cuando llegué a Rojas formé una Escuela de Teatro en el TAFS y también era época de la dictadura, hicimos con las chicas de la escuela, casi todas alumnas de la ENSNA, una obra infantil muy linda, donde Eduardo Forese nos dio una mano; después hicimos otra obra infantil, yo como directora, El Triciclo Encantado sobre una obra de Mirón, fue maravillosa, la hicimos para una muestra, todo teatro negro, con los objetos que volaban por el aire, Bertero los había creado, era musical, la música la había hecho el Vasco Iribarren. Hacíamos todos los años una obra diferente, recuerdo cuando llegué al TAFS hice de apuntadora cuando vine de Buenos Aires, de traspunte en “La Divina Solferina”. Hicimos “El Cuervo” con música del Vasco; Negrucha Seta me dirigió también, pero las obras que yo recuerdo con mucho cariño fueron “El Organito”, la hicimos en la sala principal del teatro y la dirigió el Colorado Barrutti, un elenco hermoso con Hugo Matheu, Jorge Geijo, Cartucho Cardigni, Gladys Zamponi, el Pato Torres, esa obra fue hermosísima un grotesco argentino. Seguimos trabajando con el Colorado y nos fuimos del TAFS de trashumantes fuimos a No Todo Está Perdido, un galpón donde hicimos “Los Invasores”, fue fantástica esa obra la dirigió Negrucha, yo era la Tole – Tole. Después pasamos al Caserón donde hicimos muchas cosas: obras de teatro, “Evita y Victoria”, “El Teatro Leído”, yo era Victoria y Negrucha era Eva, dirigida por el Gordo Manzanos. También Café Concert con Fernando Alurralde, Ana Seta, Ana Pérez, Eduardo Forese, Mariano Iribarren, con el Coro, con grandes sketch, donde hacíamos a Fontanarrosa, a grandes autores. También estuvimos en el teatro del Sindicato Municipal siempre andábamos con el bolso al hombro. Hicimos una obra maravillosa que se llamaba “El cero transparente”, en el galpón de La Minga, lo transformamos en un vagón de tren. También “La Malasangre” con un grandioso elenco, que dirigió Diego Albamonte, mi amigo del alma y después vino “La familia Argentina”, esa fue la última obra que he hecho y guardo los mejores recuerdos”.            

 

¿Cómo te definis como actriz y en qué tipo de obras te sentís más cómoda?

“No sé eso lo tendría que decir la gente, en que obras me siento más a gusto?, tampoco puedo decirlo, porque te he nombrado un montón de obras y hay obras que son realistas como La Familia Argentina, hay obras que pertenecen al género absurdo como La Elección y el grotesco criollo como El Organito. El personaje me tiene que movilizar, si no me moviliza, se me tiene que encender el alma con el tema y con el texto. Si me aburre no lo hago”  

 

¿Como ves el teatro en la actualidad?

“Es una actualidad muy particular esta de la pandemia, en Rojas no lo veo bien, hay muchas grietas y es un tema largo, siempre hablar del TAFS es complicado, pero no lo voy hacer”. 

 

¿Cómo estás viviendo la pandemia y como ves el futuro?

“La pandemia la estoy viviendo bien, tranquila, mi vida ahora trascurre hoy en la bioexistencia consiente, que es la decodificación bio emocional de humano puente y para mí no ha cambiado porque tengo consultas online, siempre fui muy casera por lo que no me cuesta quedarme adentro. El futuro quiero verlo, en el mes de mayo tenía todo comprado para irme a España y se levantó todo, así que el futuro es hoy, tampoco me gusta hablar del futuro, el futuro uno lo va creando en el momento, yo estoy creando mi futuro ahora con lo que estoy hablando, recuperé todo menos el pasaje de avión. No sabemos esperemos que podamos volver a nuestra vida parecida a la anterior”.   

 

¿Un mensaje final, lo que quieras decir?

“Pase lo que pase, la verdad que la vida vale la pena ser vivida, hay que agradecer cada día, cada vez que el sol aparece o cada vez que llueve o cada vez que hace frío o cada vez que hace calor”.

 

Lila Cohen junto a Griselda Garbarini; en La Malasangre

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