Hugo Matheu es un actor silencioso, como se diría en el mundo del espectáculo, sin marketing, pero siempre está y es necesaria su presencia en las obras de relieve, por su capacidad actoral, por su contracción al trabajo, por su humildad, tranquilidad y paciencia y fundamentalmente por su afán de progresar como actor. Ha hecho más de treinta obras, sainetes, dramas y comedias. Destaca la personalidad de Charol Araldi, un verdadero maestro, una persona según Matheu, necesaria para el teatro de nuestra ciudad porque siempre deja un mensaje positivo para el aprendizaje de los actores. Expresó que el teatro rojense tuvo una época maravillosa, pero no descarta que vuelva a renacer, es muy optimista sobre el futuro y las nuevas generaciones. Hugo Matheu a los 75 años espera que se vaya esta pandemia para poder seguir dando lo mejor de sí en beneficio del teatro rojense

Hugo Matheu personificando a Martirio en Lombrices, una obra que ganó todos los premios en los Torneos Abuelos Boanerenses en Mar del Plata
Datos personales. Hugo Adalberto Matheu; nací el 18 de octubre de 1944, tengo 75 años; padres: “mis padres eran gente Argentina, pero todos hijos de inmigrantes, vivían cerca de Carabelas, en un campo, luego se trasladaron a Arroyo Dulce, ahí nací yo y después se fueron a Buenos Aires un tiempito y volvieron a Rojas. Mi padre fue Ramón Matheu que tenía una empresa textil, en los años que había industrias en la Argentina, llegó a tener 30 empleados y 25 telares automáticos, sobre la Avenida San Martín e Italia y mi madre Blanca Gallone”; hermanos: “tuve un hermano cinco años mayor que yo, que falleció hace poquito, “Pedro “Tete” Matheu; esposa: Teresa Martínez (docente, falleció en 2007); hijos: “tengo tres, el mayor que está en Rosario, Hugo Adrián; Eduardo que vive en Rojas y mi hija Laura, dentista vive también en Rosario. Y tengo siete nietos”.
¿Cómo fue tu infancia?
“El barrio donde fueron mis primeros años fue acá donde vivo, en Belgrano 360, a pasitos de Club Rivadavia, estábamos metidos todo el día en el club. Fue una infancia muy sana, aunque no practicaba ningún deporte, me gustaban las bochas, jugar al billar, era la época donde los clubes estaban llenos de jóvenes de todas las edades. Además mucha actividad social, los famosos Bailes de Carnaval del Club Rivadavia, traían espectáculos de primerísimo nivel, como la Orquesta de Juan Darienzo, Los Cinco Latinos, entre otros. Estuve aquí hasta los 8 años, después me fui a vivir a la fábrica de mi padre; en la adolescencia me fui acercando al TAFS, ahí empezamos con esta gente maravillosa, recuerdo que estaba el “Negro” Almar, “Tuto” Rodríguez, Charol Araldi, Norberto Manzanos, a su regreso de la ciudad de La Plata hicimos La Fiaca con Charol, una hermosa obra con un éxito impresionante”.
¿Cómo nació la pasión por el teatro?
“Uno empieza a experimentar cosas, la improvisación, te vas metiendo en esa actividad, eso lo lindo que tiene el teatro, la comunicación con los demás actores, todas las cosas que uno busca para armar un personaje, por ejemplo esa artesanía que es armar un personaje, fabricando una historia, era lo que aprendíamos en la Escuela de Teatro. El método Stanislavski, que sigue todavía, que con algunas correcciones, pero continua”.
“La cantidad de obras que llevo no recuerdo bien, pero creo que son más de treinta”.
¿Eras de actuar en los actos de la escuela, de participar en eventos?
“No, me moría de ganas, pero era muy tímido, no quería actuar. Donde realmente tomé coraje fue en el TAFS, ahí tomé fuerzas para actuar”.
¿Cuál fue tu primera obra?
“Estos inconscientes me dieron un protagónico, en 1964 hicimos una obra que en Buenos Aires fue un éxito muy grande, se llamaba “Monserrat”, todo transcurre en la independencia de América, en la época de 1800 y pico, recuerdo que trabajaba Antonito Mangione, el dueño de la Tienda “Ciudad de Rojas”, “Quito” Lanzillota (era actor del Centro Español), fue el director de la obra. Y como te decía anteriormente uno se va metiendo de a poco, hubo temporadas que falté, donde siguió Marta Seta, Mario Gazo, Eduardo Forese, y así hicimos teatro muchos años, a los tropezones, pero hicimos teatro”.
¿Qué tipo de actor te consideras?
“Intento ser un buen actor, hay un dicho de los actores dicen: “La sensación de primera vez”, porque cuando un actor se sabe la letra en forma muy incorporada y sabe lo que el otro le va a contestar, si no genera vida interior, que piensa lo que dice y que escucha lo que el otro le dice, no hay sensación de primera vez, te encontras con algo muy mecanizado, que no responde emocionalmente. Esa fue la experiencia que tuve y me enseñaron en el TAFS”.
¿Qué obras te marcaron como actor?
“Muchos sainetes buenos hicimos, recuerdo que con Manznaos realizamos el Teatro Itinerante de la Provincia de Buenos Aires, fue una obra que recorrió varias ciudades; “El Conventillo de la Paloma”, un clásico que le aconsejo a los actores que lo hagan, porque ahí se aprende a actuar con esas obras, dan mucha libertad. También una obra de Lorca, que no nos dieron el premio en Mar del Plata por un factor político, se refería a los últimos instantes de la vida de Federico García Lorca, y al fondo estaba el artista Juan Carlos Eroles que dibujaba cosas mientras actuábamos. Hicimos muchas cosas creativas en nuestra ciudad, el teatro tuvo muy buenos momentos. Ni hablar de los actores que han pasado, como Charol Araldi y Marta Seta, Lila Cohen excelente actriz. Recuerdo a “Papón” Invernizzi cuando hicimos el Martín Fierro, cuantas obras han pasado con el teatro, fueron, son y serán momentos únicos e irrepetibles”.
¿Tenés más de 50 años con el teatro?
“Sí, tengo 56 años en las tablas, porque empecé en 1954 mi ligación con el teatro. Me acuerdo que antes se mataban con la escenografía, no concebían una obra que no tuviera escenografía y en parte tenían razón porque el teatro limpio, donde vos ves nada más que el escenario puede ser para ciertas obras, pero yo defiendo la escenografía, ambienta, al actor lo hace meterse en un hábitat, en una época también, las escenografías son necesarias”.
¿Cuál fue tu último trabajo en el teatro?
“Mi último trabajo fue “Afectos Añejos”, cuenta la historia de dos jubilados que se encuentran en una pieza y se quieren disparar del asilo de ancianos, que hago yo con Charol, un poco antes había hecho un monólogo y esa obra fue muy interesante, escrita por Diego Albamonte, fue algo muy bueno, maravilloso lo que pasó con esa obra, lástima que Diego no se dedicó más a escribir”.
¿Cómo estás viviendo esta pandemia?
“Yo veo por televisión a la mayoría de los actores que están mal, económicamente los ha reventado, escuché sobre el sistema donde vos compras una entrada y te lo debitan de la tarjeta, y después te habilitan para ver una obra de teatro vía on line. En esta pandemia asomó lo virtual, los actores se han tenido que reinventar”.
¿Cuáles son tus objetivos de cara al futuro?
“Que se siga haciendo teatro, yo mientras esté bien voy a colaborar, me voy a volver a acercar cuando tengamos la suerte de encontrarnos otra vez y charlar, que era una cosa tan linda sentarse, charlar y leer una obra, son cosas muy interesantes. El “Negro” Almar poco tiempo antes irse de este mundo me contó que en el caso Ana Frank, estuvieron un mes haciendo mesa, leyendo la obra, cuando arrancaron decía que los actores estaban muy empapados con la misma y todo salió muy bien; trabajaba Lili Demarco, que hacía de Ana Frank, también el mismo “Negro” Almar y un actor con una excelente voz de apellido Cardigni. Ahí lo conocí a Charol Araldi que siempre fue una persona muy certera en sus consejos, en el acercamiento de ideas, colaborador, cuando veía que estabas renegando con un papel, él te deba algunos tips para que mejoraras, esa gente es muy importante. Algunos ya no están como “Tuto” Rodríguez, porque viajaba a Buenos Aires y veía mucho teatro; también una gran actriz como Negrucha Seta, una pena que se hayan ido. Pero no, va a surgir otra etapa maravillosa, seguramente llegarán nuevos horizontes en el Teatro TAFS, va a renacer espléndido”.
¿Qué es lo más lindo de ser actor?
“El teatro nos ayuda a romper esa inhibición social que tienen la mayoría de los jóvenes, el teatro te ayuda a insertarte en la sociedad, te ayuda a ligarte a los demás, a escuchar, a leer. Una ventaja que tiene el teatro, sobre todo para los chicos que no leen nada, en el teatro se lee, porque se leen obras, y a veces uno busca un autor, una ficción, una novela que está ligada a la obra que está haciendo, entonces empezas a investigar, es una gran ventaja que tiene el teatro, culturalmente es muy importante”.
¿Hay algún proyecto para hacer post pandemia?
“Hago lo que me ofrezcan, me gustaría hacer algún grotesco, me gustaría volver hacer El Organito, es un grotesco que trabajamos con Cartucho Cardigni, Jorge Geijo, un gran actor (lástima que viva en Carabelas), o algunos de los grotescos criollos de los Discépolo, Armando y Enrique Santos, hicieron obras hermosas como también Babilonia”.
¿Qué opinión te merece TUR?
“Está bien, todo lo que se haga en beneficio de los actores bienvenido sea, porque a raíz de esto a lo mejor surge otra cosa y esta bueno. Porque para salir de esta pandemia va a ser duro, la gente cree que de un mes para el otro todo el mundo vuelve a la normalidad y esto es muy lento”.
¿Un mensaje final?
“Yo soy grande ya, pero el mensaje va dirigido a la gente joven, que no se desanime, porque pensando en forma pesimista tardaremos un año más, pero espero que para antes de fin de año lleguen los antídotos, las vacunas, como para que este virus quede en el pasado. Un gran saludo a todos mis colegas del teatro, a la gente también y que nunca dejen de apoyar al teatro independiente por el bien de la cultura rojense y el país”.

Hugo Matheu, junto a Charol Araldi y Pocha Díaz en Afectos Añejos, en los 65 años de TAFS