Jorge Geijo. Un hombre dedicado a las letras, la docencia, la cultura y el teatro

El carabelense Jorge Geijo es el entrevistado de esta semana en este ciclo de notas culturales. Fue docente, se preparó para la carrera de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1970 se pasó a la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la UCA hasta completar el ciclo lectivo 1977. Desde 1999 a 2003 fue director de Cultura en el gobierno de Gustavo Vignali. En la nota narramos fundamentalmente su recorrido por el teatro, sus obras, sus actuaciones memorables

 

Jorge Geijo. Un carabelense muy destacado en la cultura rojense

 

Datos personales. Jorge Geijo, “nací en Carabelas, el 13 de noviembre de 1936, y eso fue en la que era mi casa, en la cama de mis padres, como ocurrían estas cosas en aquellos entonces. Doña Joaquina Roura, la comadrona, que vivía muy cerquita, venía a tu casa y se encargaba de manejar el trámite. Mis padres: Manuel Geijo (1912-1978) y Matilde Domenech (1918-2008); soy el mayor de cuatro hermanos, luego están: Alberto (1941); Susana (1945); y Mirta (1948). Hay un momento en el año en el que todos estamos a cuatro años de distancia”.

 

 

¿Dónde naciste y cómo fue tu infancia?

“Mi infancia ha de haber sido buena, a juzgar por una respuesta que, según la tradición familiar, le dije a un viajante que visitaba a mi padre y que se interesó en el tema (“¿Cómo te va, pibe?”, “A mí muy bien porque yo soy un chico muy feliz”, le habría contestado. Tendría yo cuatro o cinco años de edad)”

 

¿Tu paso por la escuela, estudios?

“Mi educación primaria empezó en la Escuela N° 2 del pueblo (1943), siguió en el Colegio San José de Pergamino (1944), y terminó en “la escuela del Maestro” (1945-1950). Academia Santa María, a cargo del Maestro don Fracisco Burgués Montardit, de la que, luego de un curso de dos años en el que se veía, entre otras cosas, Contabilidad, Matemática, Inglés, Dactilografía, Caligrafía, y se egresaba con el título de “Tenedor de Libros”.  Esta formación capacitaba, fundamentalmente, para el ingreso a las oficinas de administración de la Cooperativa. La formación secundaria la inicié rindiendo en la ESNNA, como alumno libre, las materias del ciclo básico, luego, como regular, completé 4° y 5° año de Magisterio. Así, conseguí egresar como Maestro Normal Nacional en el año 1967. Ya en Buenos Aires, durante los años 1968 y 1969 cursé y aprobé las materias introductorias para la carrera de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1970, rectifico el rumbo y me paso, a la Facultad de Artes y Ciencias Musicales de la UCA, y allí estuve hasta completar el ciclo lectivo 1977, que debió ser el último pero que no conseguí finalizar “por razones ajenas a mi voluntad”.

 

¿Cómo y cuando nació la pasión por la actuación?

“A partir de los 14 o 15 años, viviendo en Carabelas, trataba de participar en todo lo que sucediera en el escenario del Club Unión. Allí, hasta llegué a dirigir (“Aprobado en castidad”, y “La tía de Carlos”)

 

¿Dónde te formaste teatralmente?

“Más allá de un cursillo que dictó Vicky Boveri, y todo lo que me dejaron quienes me han dirigido (Juan Silbert, Negrucha Seta, Norberto Barruti, Osvaldo Rey, Diego Albamonte, y Alfredo Araldi), no he tenido una “formación” en el sentido académico del término

 

¿Cuándo debutaste en teatro?

”Si bien había hecho distintas cosas con anterioridad a 1984, asigno el valor de debut “teatral”, a mi personaje en “Don Chicho”, el magnífico sainete/grotesco de Alberto Novión, en el escenario del Club Unión de Carabelas; al que seguiría, el mismo año, el desafío que significaba actuar el “Franco” de “El campo”, una obra de Griselda Gambado, en el TAFS, tal vez lo más exigente que yo haya llegado a intentar, ambos trabajos fueron dirigidos por Negrucha, y significaron, por primera vez, la búsqueda consciente de un personaje. “Don Chicho”, además, fue el debut de Negrucha como directora; en cuanto a su puesta de “El campo”, mereció una crítica muy elogiosa de Osvaldo Quiroga, quien en su comentario lo comparaba, con ventaja para lo que había podido ver en Rojas, el trabajo de dirección de Alberto Ure, que en ese preciso momento podía verse en el Teatro Cervantes de la Capital”.

 

 

¿Cuál fue tu trayectoria y cuáles obras recordas?

““Caras y caretas…caras”, en 1981; “Que siga el corso?”, 1982, “El organito”, 1983, “Don Chicho” y “El campo”, en 1984, “A la diestra de Dios Padre”,y “Dos”, en 1985, “El acompañamiento”, dos puestas distintas: una como director, con un elenco formado por Dante Martínez y Luis Cueto; y la otra, actuando el personaje de “Sebastián”, junto a Dante, nuevamente en el personaje de “Tuco”; por último, “Gepeto”, un hermoso recuerdo. Mi paso por el teatro profesional: fue en Buenos Aires, durante la temporada 1970, y convocado por Jorge Mensor, que se desempeñaba como asistente de dirección. Integré el elenco para la opereta de Franz Lehar “La Viuda Alegre, en un escenario al aire libre en el Jardín Botánico. Espectáculo auspiciado por la Dirección de Cultura del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

¿Fuiste director de Cultura?

“Desde 1999 a 2003, durante el gobierno de Gustavo Vignali, sucediendo a Jorge Goicochea, fue una experiencia que recuerdo con muy especial cariño, fundamentalmente facilitada por la constante y muy generosa colaboración recibida de muchísimas personalidades de la cultura rojense, amén de colegas vecinos, como es el caso que quiero destacar del Maestro Juan Carlos Migliaro, Director de Cultura de la Municipalidad de Pergamino”.

 

 

¿Cómo estás viviendo la pandemia?

“Cumpliendo con mi parte de la mejor manera que puedo. En cuanto al aspecto positivo, si es que puede decirse así: Aprovechando las inagotables posibilidades que brinda Internet (el Aleph, ni más ni menos) para escuchar y ver cuanta música se me cruza por la cabeza”.

 

¿Cómo ves la Cultura en general y especialmente en nuestro partido?

“Diría, que es probable que a las personas que ya no somos tan jóvenes, nos cueste separarnos de nuestros recuerdos, y los cambios habidos en el campo de la cultura han sido tan profundos que tal vez no sea justo juzgar el presente “con ojos de forastero”, como diría Yupanqui”.

 

¿Mensaje final, lo que quieras decir?

“Sólo buenos deseos: salud, paz, y buena compañía para todos”.

 

Que siga el corso. Jorge Geijo, penúltimo la derecha, junto a Alberto Invernizzi.

 

Obra “El puente” en Carabelas 1956. Orlando Quetglas, Jorge Islaiman, Alberto Geijo, Carlos Quevedo, Jorge Geijo, Alejandro Islaiman, Jorge Domenech, Aldo Ricardo Bajar y Felisa Bajar (excepcional actriz), arrodillada.

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