Juan Carlos Pieters. “Sin saber de fierros y a base de sacrificio llegó a ser uno de los grandes referentes del automovilismo rojense”

Todo nació en el Taller de Hugo Terré y Oscar Sález, allí forjó una gran amistad y fue aprendiendo de motores y como armar una caja. Con mucho sacrificio y tesón pudo

llegar a correr, se pudo armar su taller, fueron muchos los tropiezos y accidentes, hasta casi perdió un ojo, pero su pasión por el automovilismo fue más fuerte y logró coronarse campeón en la FRB en 1994, donde fue premiado con el Cumbre de Plata por Guillermo Ortelli y Cumbre de Oro en la Fiesta del Deporte de 1994

 

El auto campeón. El Fórmula Renault Bonarerense 1.400, Juan Carlos Pieters en Arrecifes donde se consagró campeón

 

Datos personales. Juan Carlos “El Loco” Pieters; nació el 7 de julio de 1950; padres: Pedro Bruno (fallecido) y Elsa Juana Borrelli (92 años); hermanos: Jorgito (fallecido) y Héctor; esposa: María Luisa Perdomini; hijas: Virginia y Victoria; nietos: Agustín, Belén y Joaquín (hijos de Victoria que está viviendo en Catamarca, casada con Ricardo Bicocca).

 

¿Cómo nació la pasión por los fierros?

“Estuve trabajando en el campo con mi padre hasta los 14 o 15 años, también trabajé con Gumersindo Di Camillo en las labores de campo y el tambo; y cuando llegué a Rojas empecé a trabajar con Juancho Mingrone en plomería, fu ahí donde aprendí mi oficio. Pero no obstante eso cuando dejé de trabajar con Mingrone, estuve en Fundición BARF, y fue ahí donde comencé a tener problemas en mi columna, que hasta el día lo estoy padeciendo”.

“Me casé en e1975 y cuando estaba haciendo mi casa junto a mi señora, aparecieron dos personajes, a media cuadra de mis casa había un galpón, y justamente eran de ellos, uno era electromecánico y el otro mecánico, Hugo Terré y Oscar “El Turco” Sález., los que iban a poner un taller. Hice mis primeras amistades junto a ellos y siempre le di una mano cuando había que hacer una fosa, y es así como se fue acrecentando la amistad. De un día para otro dijeron que iban a hacer un auto de carrera con un Renault Gordini, y yo me entusiasmé también. De mecánica “cero” no sabía nada, todo lo empecé a aprender en ese momento, recuerdo que con ese auto finalmente no se pudo correr en una carrera en Santa Fe porque tuvo problemas y le prestamos el radiador a Pipi Nelson que lo había roto en el auto de él. Empezamos a armar un bastidor que parecía un cajón de muerto (sonrisas), yo no entendía nada y empezaron a hacer un monoposto con la mecánica del Renault Gordini, la parte de atrás era todo original del Renault y adelante se le hacían unas parrillas, que costaban mucho hacerlas porque las primeras quedaron fijas sin suspensión, eran con amortiguadores de motos, y fue así que mirando aprendí a soldar con la eléctrica y la autógena, y viéndolo a Hugo Terré a desarmar y armar motores y cajas, también. Cuando se terminó ese auto que tenía el número 3, porque el 1 era de Marinucci de Ascensión y el 2 también Olari del mismo pueblo. Le hicieron un auto a Gattari y yo le hice otro a Mato Pérez, pero el problema era que no tenían donde ir a correr. También apareció Quique Hidalgo que estaba en la Estancia Las Polvaredas que se lo hicieron en Pergamino y fue así como se fueron construyendo los autos”.

 

¿Cuál fue tu primera carrera, en que autódromo o circuito y en que categoría?

“La primera carrera se hizo en Ascensión y se llamaba “Promocional Ascensionense”, en esa carrera corre Mato Pérez con el auto que yo había hecho, chocó contra Pichi de Junín y no quiso correr más. Entonces lo corro yo en Pergamino como Monoposto 850, el nombre de esa categoría lo puso Raúl González de Salto, quien estaba relacionado con Quique Hidalgo (una gran persona quien me dio una gran mano) y fue él quien nos fiscalizó la competencia y le puso el nombre a la categoría y la presentó al Automóvil Club Argentino; no me fue bien pero fue así como empecé a correr en el automovilismo”.  

 

¿Cómo hacías para preparar el auto, hacían peñas, colaboraban los sponsors?

“El auto de Mato Pérez se lo vende a Hugo Terré que sale campeón en 1982, ese auto me lo quedo yo, y le empiezó a hacer uno para Terré. A partir de ahí conseguí quien me hiciera la mecánica y seguí corriendo, no tenía taller propio y el auto lo guardaba en una paridera del campo de mi viejo, lo metía debajo de la misma y el motor lo tapaba con un nylon, porque la paridera llegaba solamente hasta la jaula antivuelco”.

“De a poco me fui haciendo el galpón de piso de tierra, con algunas herramientas, comencé a meterle mano a los motores, a las cajas, me costaba mucho, especialmente la caja para armarla. Inclusive Mato Pérez me dio un manual de instrucciones donde estaba el despiece de la caja para poder armarla sin mayores inconvenientes y fue así como aprendí a armar la caja”.

 

¿Cómo fue tu trayectoria en el automovilismo, saliste campeón, ganaste muchas carreras?

“Fue así como comencé a correr en varios lugares, mi primera carrera la gané en Arroyo Dulce, recuerdo en 1984 en el Circuito “El Diquesito de Ferré”, era impresionante la gente que iba y ahí fue cuando en plena recta se me duerme la pierna y paso de largo en la curva, quedé enterrado en la tierra, todo vino por el problema de mi columna. A raíz de esto me tuve que parar y me hicieron mi primera operación de hernia de disco, fue en noviembre, me faltaban un par de carreras y tuve que dejar”.

“Al año siguiente reaparezco y las personas que estaban al lado mío, Quiri, Fay, Carlitos Carbone y Miguel Olivera (también el Loco Osvaldo Lucci, Carlitos Drigo y su esposa Marta Pieters, quienes me ayudaron mucho), me aconsejaban que dejara de correr por un tiempo debido a la parte económica y física, pero el automovilismo fue más fuerte que yo y seguí corriendo. No me quiero olvidar de olvidar de Alberto Ríos que estuvo durante muchos años desarmando el auto, me daba una mano muy grande, que Dios lo tenga en la gloria; como así también a Cucho Muñóz, quien filmaba todas las carreras y las fiestas de donde yo era parte con una filmadora que compré en 1993 y que gracias a él tengo grandes recuerdos que he vuelto a rememorar con la pandemia”.

 

“En la carrera siguiente tuve nuevamente otro percance al no tener movimiento en el pie, me quedó trabado el mismo en la pedalera y como en el auto de fórmula no se puede levantar la rodilla, me quedó trabada y pasé de largo en una curva. No me di por vencido, reformé la pedalera, puse una chapa entre medio del acelerador y el freno para que no se me metiera el pie y dos resortes atrás en el carburador y otro en el pedal de aceleración para que se me levantara el pie, porque no podía levantar la punta de mismo. Con el tiempo me acostumbre y no me afectó en nada”.

“En Monoposto 850 tuve muchas carreras ganadas y recuerdo una donde Pocho García necesitaba ganar para salir campeón y como me había prestado el motor en Arrecifes agarré la punta y siempre mirando para atrás para que me avisaran si tenía que dejarlo pasar, pero como se despistó, la gané a media fusta”.

“En 1987 se había formado un Círculo de Amigos que tomábamos café en el Hotel Victoria, donde se hizo un círculo para sortear un TV color, todo los meses juntábamos la plata, con la finalidad de pasar del 850 a la FRB 1.400, le vendo mi círculo a Quiri y con algunos pesos que habíamos juntado en una peña compramos un motor 1.400 a Tazzioli de Arribeños. Ahí cambié de categoría, el chasis casero lo había cambiado por un Avante”.   

 

¿Cuál fue tu mejor año?

“1994 sin lugar a dudas, pude ganar muchas carreras, pude salir campeón y además tuve el gran orgullo que en la 10ª Fiesta del Deporte me premiaran con el Cumbre de Oro, como deportista de año. Recuerdo que el Cumbre de Plata en Automovilismo me lo entregó Guillermo Ortelli. En 1995 salí sub campeón, y de ahí en más siempre estuve entre los cinco primeros puestos. En el año 2000 había ganado dos carreras en San Nicolás, iba primero en el campeonato hasta que llegó la carrera de Baradero donde un auto me despide una piedra que me pega en el visor, se astilló y una astilla me perfora el ojo. En Baradero me lo daban por perdido, cuando llegué al Santa Lucía a través de la Mutual de la Asociación Argentina del Volante, que es una Mutual fabulosa donde también me atendieron muy bien, pero me lo daban por perdido, hasta que días después de haber realizado la carrera me operan y se llevan la sorpresa que el ojo no estaba vacío, simplemente había perdido un poco de líquido vitrio y por suerte pudieron salvarlo. Siguiendo con los accidente también tuve un vuelco grande en Junín, di cuatro vueltas y media, quedé pata para arriba y salí ileso y en el Trincavelli de Pergamino también volqué. En Arrecifes tuve un vuelco y me fracturé dos costillas y gracias a Dios no me sucedió nada. En el 2002 dejé de correr, fue un año muy difícil con una crisis muy importante en el país y sumado a las pocas ganas me dediqué a mi otra pasión que es la pesca”.

“Mi auto se lo vendí a Mario Rosato, lo atendí durante un año, después me enteré que se lo vendió a Marcelo Alunno, orgulloso porque pude trabajar con Marcelito para que salga campeón en la FRB 1.100 y 1.400; en este momento lo están reconstruyendo para llevarlo nuevamente a la pista, ese “Bravi” tiene varios campeonatos”.

 

¿Qué carrera recordás más?

“Fue una carrera memorable, una de las mejores carreras de mi vida, tanto en nuestra ciudad como en toda la zona se comentó mucho. La carrera fue en San Andrés de Giles, yo estaba a los 11, el que largaba en punta fue Carlitos Feliú, se largó la competencia y en la primera curva a Carlitos se le cortan los tornillos del volante del motor, y como todo circuito de tierra hay una sola huella limpia, todos cuando largaron se tiraron sobre la misma cuerda, solamente quedaba el auto de García al cual lo alcancé a esquivar para el lado de afuera y como todos se quedaron atascados por la rotura de Feliú, logré pasarlos a todos para agarrar la punta con auto que no era de los mejores, pero en base a mucha concentración y defendiendo el primer lugar, pude ganar una carrera apoteótica y de punta a punta. Esa carrera quedó en la retina y en la memoria de muchos que estuvieron ahí”.

 

¿Un mensaje final, lo que quieras decir?

“Para finalizar quisiera agradecer a todos los que me ayudaron a poder lograr los objetivos, fundamentalmente que me pudiera subir a un auto de carrera, no quiero dar nombres, aunque a algunos ya los nombré en párrafos anteriores, para no ser injusto. Especialmente a mi familia, a mi señora y a mis hijas. Recordar todo lo que viví en el automovilismo me hace muy bien, porque si para algo sirvió el auto de carrera, fue para cosechar amigos y eso es lo que más importa en la vida”.

 

En familia. Junto a sus seres queridos, su esposa Negra Perdomini y sus hijas Virginia y Victoria, cuando salió Campeón de la FRB 1.400 en 1994

 

Juan Carlos Pieters, Cumbre de Plata y Oro en 1994 en Automivilismo, junto a Sergio Giovachini Cumbre de Plata y Cristal en Ciclismo

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