Angel Evaristo Turchi. “Estoy vivo gracias al fútbol; tuve muchas enfermedades, pero los médicos siempre dijeron que me salvó el haber hecho una vida sana y ordenada”

Sí hay un personaje en el fútbol de Rojas, ese se llama Angel Evaristo “Tito” Turchi, vivió el fútbol apasionadamente como ninguno, en su etapa como jugador entrenaba como nadie, a nivel profesional, de una conducta intachable. Debutó a los 14 años en El Huracán, donde se inició futbolísticamente. Fue bi campeón con Argentino (1972 / 1973); con Boca Juniors también (1975 / 1976) y con la Selección de Rojas en la Copa Hermanos Brown en 1977. Además dirigió como DT a Roberto Cano, Carabelas, Juventud y Los Diablos Rojos de la Angelita. Vivió en Córdoba Capital, Chamical (La Rioja), San Fernando de Valle de Catamarca y su Chilecito querido en la mismísima La Rioja, donde se estableció 15 años cosechando una legión de amigos, donde le dieron contención y trabajo. Una rica historia de vida, de un personaje del fútbol maravilloso que será difícil se vuelva a repetir. A continuación la nota en reconocimiento a su trayectoria deportiva y por su hombría de bien

 

Amistad. Tito Turchi con sus amigos de Chilecito, La Rioja, cuando cumplió sus 70 años

 

Datos personales. «Tito» Turchi nació en Rojas en diciembre de 1949, hijo de Evaristo Turchi y de María Teresa Pérez. No tiene hermanos y sí dos hijos: María Cecilia y Angel Germán. Actualmente está en pareja con María Mabel Medina, y tiene una nieta, Carmela.

 

¿Cómo fue su infancia?

“Me crié en el campo; más precisamente en la famosa «casa de las ocho caras», en La Rojera, hasta que mi padre compró una casa en Rojas, frente al molino Cabodi. Nos íbamos a instalar acá pero falleció mi madre al poco tiempo, se complicó todo, y estuve de pupilo unos cuantos años, desde los 9 a los 16. Estuve de pupilo en Luján, después en Buenos Aires, y finalmente en Ferré, en la escuela Salesiana, de donde tengo un gran recuerdo del padre Máspoli”.

 

¿Cómo nace la pasión por el fútbol?

“Siempre estuve en contacto con la pelota; aunque en el campo tenía que patear solo, o con algún vecino que se acercaba. Un día los conocí a Oscar Domenge y a Fito Ford, y ellos me llevaron a jugar a El Huracán. Ahí estuve varios años, hasta el 69, y por una lesión dejé de jugar y quedé libre. En el 72 volví a jugar, esta vez en Argentino”.

 

¿Qué recuerda de su formación en divisiones inferiores?

“Recuerdo a Martinito, con mucho cariño; después empecé con un gran técnico que fue Miguel Balbo, y otro gran técnico que tuve fue Coco Riera, en Pergamino. Ellos me marcaron, sin lugar a dudas. Hubo otros como Hugo Candela, que hicieron un gran esfuerzo por mantener las cosas, todo a pulmón. Manolo Cortés, otro que también hizo lo suyo”.

 

¿Su debut en primera?

“Fue en la cancha de Juventud, El Huracán y Jorge Newbery. Hubo un tiro libre cerca de la mitad de la cancha, y Lalo Puebla me decía que le pegara al arco. Yo estaba debutando, mirá si le iba a pegar; pero él insistía. Estaba lloviendo «a baldes». Pateé, salió un misil, pegó en el travesaño, picó adentro y lo grité dos días seguidos. Le ganamos 1 a 0 a Newbery, donde jugaban Baby Castro y atajaba uno de Junín, un tal Quevedo. Tenía dieciséis años, y para mí fue como ganar la final del mundo hacer un gol el día del debut”.

 

¿Siempre de 3?

“No, en El Huracán casi nunca jugué de 3; jugaba de wing izquierdo, o de volante por la izquierda, y recién en Argentino quedé de 3 y jugué siempre ahí. En el 72 y 73 salí campeón con Argentino; en el 74 jugué en Carabelas; 75 y 76 con Boca campeón; 77 en Hunter; 78, Sports de Pergamino; después tuve mal de los rastrojos, y terminé mi carrera de futbolista en Independiente de Rafael Obligado, con un muy buen equipo, y sobre todo con dos delanteros excepcionales, como Miguel López y el Porra Cosentino. Ahí terminó mi carrera en el año 81, y después me puse el buzo de DT. Empecé en Cano, estuve en La Angelita, en Carabelas, en Juventud, y finalmente no dirigí más”.

 

¿Cuáles fueron los equipos que más lo marcaron?

“Sin lugar a dudas, la selección del 77 y Boca del 75, un equipo que tenía mucho menos que Argentino, pero era un grupo humano espectacular; todos, absolutamente todos. Un caso que me quedó muy marcado era Hugo Ventura, que era arquero suplente y no faltó jamás, ni a una guitarreada ni a un entrenamiento. Piquín Becerro, todo el plantel tuvo un comportamiento excepcional; y ni hablar de la hinchada”.

 

Es muy importante el grupo...

“Es fundamental. El 99 por ciento del éxito está ahí. Yo estuve en La Angelita en el año 86, y a nosotros nos parecía que nadie nos iba a ganar. Perdimos el torneo por un punto, pero el grupo fue algo excepcional, que hoy seguimos recordando. Todo el mundo se portó espectacularmente, lo mismo que la hinchada y los dirigentes. Recuerdo con mucho cariño a Piccini, a Savi, todos tirábamos parejo”.

 

La del 77 fue una gran selección...

“Una gran selección y rivales muy difíciles, como San Pedro por ejemplo. Nos ganaron 3 a 1 allá, y ganamos nosotros 2 a 0 acá. Lo que pusimos en esa final, y el respaldo del público, impresionante; no cabía un alfiler en la cancha de Newbery. Fue la primera vez en la historia que nos quedamos con una copa. La delantera de San Pedro era Gutiérrez, Porta y Ramírez, a cuál de los tres mejor; los volantes era terrible cómo llegaban arriba; y lo que atajó «Suncho» acá. Me acuerdo de que faltaba poco, Porta salta, cabecea al palo, abajo, Suncho la agarró y desde el suelo le dijo –¿vos me vas a hacer un gol a mí, Porta? –El tipo se agarró la cabeza como diciendo que si no pudo con ésa, no hacía ninguna más”.

 

A pesar de ser defensor hizo muchos goles...

“Hay algunas anécdotas que vale la pena recordar. Por ejemplo una final con Carabelas, algo espectacular porque era de ida y vuelta, y el que hacía el gol, ganaba. Yo lo tenía enfrente ni más ni menos que al Suncho Cano; y a los dos primeros penales me los tocó. –Al próximo te lo atajo–, me dijo. Pero le cambié el palo y se lo hice. Del otro lado tiraba el 9 de Carabelas, muy buen jugador, y también metía. Era gol a gol, porque pateaba siempre el mismo. Entonces viene cambarero y nos dice –miren muchachos, yo me voy a adelantar, si atajo el penal salgan todos festejando porque al referí lo conozco, es de Junín, no lo va a tirar para atrás. Pero salgan todos gritando si lo atajo–. Se adelantó casi hasta la línea del área chica, está la foto; y no había luz casi ya. Entonces, cómo hacía el referí para volver todo atrás; ya era de noche. Así que salimos campeones con el penal atajado de «Camba». Yo metí dieciséis y el de Carabelas metió quince. Para mí fue un gran honor convertirle tantos penales nada menos que a Suncho. Fue un arquero impresionante, de los mejores. Es verdad que Rojas dio muchísimos arqueros excepcionales como Manija Jorge, Oscar Rodríguez, Mingo Gago, Azurro, el Negro Burgos, Cerizola, y de los más jóvenes Speroni... y ni hablemos de los delanteros, que había para elegir, como Gomito, Curini, Polaco, Di Giácomo, López, Linare...”.

 

Hubo otra etapa importante en su vida, la del grupo de CECIR...

“No sé cómo nos empezamos a juntar; pero estuvimos ahí durante ocho años. Un grupo bárbaro con Tito Barbieri, Carlos Zambuto, Nino Di Giulio que iba a jugar pero colaboraba (risas), se agregaron Herrera, Cachi Pulisic, Fito, Polaco, Coto Antón, Savi, Becerro, Víctor Bauducco (y muchos amigos más) y los partidos ya eran a muerte; y empezamos a ir los sábados a la tarde. Llovía mil milímetros y se jugaba igual. Decía José Savi que si el agua no tapaba la pelota, se tenía que jugar igual; y el agua nunca la tapaba, porque la pelota flotaba. Walter Bauducco, que era camionero, muchas veces dejaba el camión en la ruta y entraba a jugar. No fallaba nadie, y se jugaba por las facturas de Padrós. El que no llevaba facturas no podía jugar, y por eso capaz que había veinte docenas de facturas; y había que terminarlas. El grupo festejaba el fin de año ahí; un grupo único, maravilloso, hasta que tuvimos que dejar el lugar. El fútbol–tenis fue algo inolvidable; de enero a enero, no fallaba uno. Sólo los que lo vivimos sabemos lo que fue”.

 

¿Cómo fue su etapa en Chilecito, La Rioja?

“Yo caigo allá por un accidente de la vida. En realidad me fui a Córdoba, con mis dos hijos que iban a estudiar ahí. Pero Córdoba es una verdadera jungla; de un millón y medio de habitantes, no podés hacer un amigo, ni uno. Yo vivía prácticamente en la calle, como vivo ahora, y me asaltaron siete veces. Por un accidente caigo en Chamical, y fui por una propuesta laboral a Chilecito, un lugar excepcional donde me cambió la suerte. Me hice unos amigos, fui a jugar al fútbol, y me invitaron a dirigir un equipo de veteranos. Dirigí tres años un equipo de Famatina, un lugar que está a cuarenta kilómetros para el lado de la cordillera. Coseché grandes amigos, con algunos de los cuales me sigo comunicando, y me quedó grabado que es un lugar muy futbolero, con mucha pasión”.

 

¿Qué le dejó el fútbol?

“Estoy vivo gracias al fútbol; tuve muchas enfermedades, pero los médicos siempre dijeron que me salvó el haber hecho una vida sana y ordenada. Y, sin lugar a dudas, los amigos. Tengo un solo amigo «fierrero», que es Ricardo Pascual, pero los demás son todos futboleros. Algunos se han ido, otros están, pero esas cosas simples de la vida, haber peleado con alguno en un partido y terminar abrazados, cosas que solamente el fútbol puede dar. Yo no he vuelto a vivir jamás una experiencia como la de CECIR. Muchas cosas han cambiado”.

 

¿Cuál es el sueño que le queda en su vida, a los setenta y un años?

“En este momento que estamos pasando, cada día me levanto agradeciéndole a Dios poder seguir trabajando. Aunque si me saco el Quini, no trabajo más (ríe...). Seguir haciendo amigos es lo que quiero, aunque hoy es muy difícil ser amigo de los más jóvenes, porque pensamos muy distinto, y procedemos distinto. Seguramente alguien de mi edad me podrá entender. Yo agradezco mucho la nota; leo Chispa desde siempre, lo mismo que mi padre, que vivía en Buenos Aires y, cuando falleció, encontramos en la pieza del fondo todos los Chispa guardados. Seguiré siendo lector de Chispa por el gran recuerdo de dos grandes que se fueron: Juan Zambuto y el Pato Rivoira”.

“También quiero hacer una mención especial para mi actual pareja Mabel que me hizo el aguante en los momentos más difíciles, a Tito Barbieri, a mis amigos de Chilecito, de Rojas y a mis hijos”.

 

Argentino Campeón 1972. Turchi, Barreiro, Comisso, Daletto, Rivadeneira, Vilar, Pérez, Boveri, Jué, Cardoso, Rosetti, Cardigni, Gomez, Alvarado, Arce y Martini

 

Boca Campeón invicto 1976. Baldomá, Turchi, Cambareri, Miguel, Herrera, Gamarra, Verdún, Ventura, Ford, Becerro, Mané, Borsarelli, Hornero, Pintos y Cañete.

 

Final Torneo Preparación 1976. Boca – Carabelas, Turchi vence a Carlos Suncho Cano en la definición por penales en cancha de Newbery, ese día convirtió los 16 penales, (terminó 16 a 15). Cuando los pateaba un mismo jugador

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