Ayer falleció en la ciudad de Salto, Enrique Aurelio Restelli, nació un 28 de julio de 1958, tenía 63 años, muy conocido en el ambiente futbolístico, más precisamente en la década de 1980, cuando justamente en ese año se consagró campeón defendiendo el arco del Club Atlético El Huracán, consiguiendo una hazaña hsitórica para la institución de barrio Belgrano, después de 22 años de sequía.
“Culi” para todos los que lo conocíamos personalmente, llegó a Rojas, a través de la gestión de Roberto Irazuegui junto a otros dirigentes, presidente del Globito en 1980, fue una negociación ardua y compleja con Compañía General de Salto, el club al cual pertenecía su pase, pero finalmente pudo llegar para ser parte del plantel dirigido por el querido y recordado “Rulo” Medina. Finalmente su incorporación tuvo un final feliz saliendo campeón local en 1980 y consiguiendo el primer título para nuestra Liga, en la Copa de Campeones 1981.
Por suerte la institución lo reconoció en una de sus fiestas aniversario con una plaqueta en vida, agradeciendo su aporte para con la casaca aurinegra.
Fue un arquero, que a pesar de no ser de los de mayor talla, lo reemplazaba con su entrega y coraje en cada pelota, era puro corazón y garra, como seguramente lo ha sido en su vida; recuerdo también que su padre Raúl, quien no dejó de venir ni un domingo para alentar a su hijo.
Antes de finalizar mi relato, tengo que decir que el título lo saqué del grupo de watsapp, “El Huracán del 80”, de Mario Andreozzi y para despedirlo a Enrique del mundo terrenal, un relato o un poema, de otro amigo, Carlos “Zorra” Cavallo:
“Hay cierta melancolía, tan lejos del arco de enfrente, tan cerca del propio. Esa casa de todos, que él solo habita y que cobija la ilusión inmaculada del cero. Lo adivina imposible, por eso su gallardía refleja lo inevitable de la pena y la gloria, ese punteo del tiempo que marca la cadencia de su destino, de cada una de esas batallas que convocan su arrojo y su suerte. Suele suceder que, cuando escucha el apagado grito de la tribuna, sus ojos estén mirando más allá del horizonte, más allá de la última mata de pasto, auscultando y rescatando de la bruma del partido la atajada que resume todas las atajadas, el vuelo etéreo, esa imagen de eternidad, ese momento del destino más íntimo que, cobija el sueño del héroe y el estremecido silencio de un amor aferrado para siempre. A la memoria de Enrique Aurelio Restelli y de todos los arqueros que defendieron mis miedos y me contagiaron su arrojo en aquella saga iluminada del Huracán del 80”.
Carlos Zambuto

Enrique Aurelio Restelli