
En oportunidad de haberme hecho cargo del Destacamento Policial de Carabelas, allá por la mitad de los años 60, un pueblo de campaña con sus calles de tierra, donde el servicio eléctrico del alumbrado público y de las viviendas de sus habitantes, era provisto por una vetusta usina local atendida por el querido vecino "el Chango" Fernández, que funcionaba en el horario diurno desde las 10,00 hs. hasta las 12,00 hs., y en horario vespertino y nocturno, desde las 17,30 o 18,00 hs. hasta la medianoche, conocí al Doctor NESTOR GUMERSINDO DELFINO de unos setenta y pico de años, radicado en la localidad junto con su esposa, desde hacía mucho tiempo. Recuerdo particularmente a esta maravillosa persona con admiración, puesto que en mis recorridas nocturnas, junto al Cabo Blázquez o al Agente Padovano (de a pie ya que por aquel entonces no contábamos con medios de movilidad, ni tampoco de comunicación),en más de una oportunidad y en medio de la oscuridad y el frio helado de las madrugadas de invierno, al advertir que desde el humilde barrio que se ubicaba al fondo del pueblo, venia caminando una persona por el medio de la calle alumbrándose con una linterna, nos deteníamos para observar en que andaba esta persona; al verificar de quién se trataba, era el Doctor DELFINO que venía de revisar a algún chiquito con fiebre y al que había visitado en su domicilio a requerimiento de sus padres; pero no solo esto acreditaba su nobleza profesional sino que, al confeccionar la receta para que le compraran el medicamento en la Farmacia del pueblo, en la mayoría de las veces y dada la condición humilde de los pacientes, no tenían el dinero y allí nuevamente, con la generosidad que lo caracterizaba, el Doctor DELFINO les daba el dinero de su bolsillo. Pasaron los años, yo fui trasladado, mis hijos crecieron y un día de hace aproximadamente diez años, invito a mi esposa Norma para ir hasta Carabelas a visitar el pueblo donde vivimos y presté servicios por casi seis años; grata fue mi sorpresa al encontrarme con el progreso que este "pueblito" había experimentado en dos ó tres décadas; con sus calles pavimentadas, luz, teléfonos, y hasta columnas con carteles indicadores de los nombres de sus calles. Ello me despertó la curiosidad y comencé a recorrer las mismas, para ver si alguna de ellas llevaba el nombre del Doctor DELFINO, cosa que no ocurrió. A partir de allí le llevé la inquietud primero al Delegado Municipal, y luego al Intendente de Rojas, quienes plasmaron el homenaje a este insigne Médico, colocando su nombre a la remodelada plaza del querido y recordado pueblo de Carabelas, acto al que fui invitado a concurrir por el entonces Intendente Municipal Norberto Aloé.
Guillermo “Mito” Adrover