“La plaza es el lugar de encuentro donde los pequeños dan muestras de gran generosidad. Aprenden a compartir sus juguetes. A pedir a un par lo que quieren. A exigir su derecho al turno. A desafiar sus debilidades. A insistir una y otra vez hasta que logran subir sin ayuda los peldaños de una escalera. A desarrollar musculatura cuando se aferran a simples barrotes. A disfrutar la arena sin complejos. Incluso a desarrollar defensas frente al inmanejable contacto con bichos raros”.

Los espacios verdes y plazas tienen un valor físico, por el lugar central que aportan a la comunidad de despeje, oxigenación de nuestro cuerpo y nuestra mente con su vegetación, de recreación de niños y adultos con sus juegos y bancos para sentarse a disfrutar con amigos; pero también un valor simbólico, por lo que representa para la conformación misma de los pueblos y ciudades que son casi impensables sin esas plazas, por lo que significan para nosotros contar con esos espacios. Y un inmenso valor social, por cuanto las plazas conforman un espacio de reunión, de generación de lazos entre seres humanos de distintas generaciones y costumbres, un lugar de comunión de culturas y costumbres que valen la pena compartir.
Así, niños, adolescentes y adultos, hombres y mujeres que deciden ir a la plaza, hacen uso de los beneficios que ella les brinda pero también son los que aportan con su estar a la revalidación de esos espacios. De ahí la importancia de preservarlos entre todos.
Nos preguntamos entonces, en Rojas: ¿qué está pasando con este espacio? ¿Por qué no le damos la importancia que se merece? ¿Por qué no apostamos a realzarlas y embellecerlas? Viendo el estado actual de las mismas, nos da escalofríos pensar que colaboramos para que una generación de niños se esté perdiendo de la experiencia de jugar en plazas. (Los niños, de 0 a 12 años, que viven en esta hermosa Ciudad, representan el 20% de la población)
Ellos necesitan juegos que estimulen la imaginación, el desarrollo psicomotriz y mejoren su capacidad aérobica y muscular y también juegos inclusivos, por supuesto; necesitan un lugar de encuentro con su par, donde crear amistades y sociabilizar, incluso ir a la plaza hará, que nuestros hijos comiencen también a reconocer espacios y lugares y se constituirá en un momento valioso en nuestra relación con ellos.
Párrafo aparte se merece la seguridad. No solo desde la educación, de proteger y cuidar un espacio en común, sino también en acciones reales, como barreras contenedoras que ayuden al cuidado y preservación, tanto del niño como de la plaza, porque es un espacio de todos, para todos, que se logró con esfuerzo, trabajo y dedicación y es nuestra responsabilidad cuidarlo e inculcárselo también a nuestros hijos.
Cuidar, multiplicar y revalorizar las plazas de nuestra ciudad no es una responsabilidad de unos pocos sino de todos nosotros.