En horas de la madrugada del jueves pasado, así se veían los canastos de Plaza San Martín y algún que otro frente comercial. A sabiendas de la cantidad de perros callejeros que hay, no se pueden dejar las bolsas repletas de basura al alcance de los animales. Generalmente las confiterías cierran sobre el filo de la medianoche y no tienen en cuenta que hasta el otro día no pasa el servicio de recolección. O hacen los canastos más grandes y con tapa o sacan la basura en horarios que le permitan a los recolectores poder levantarla. Un poco de voluntad porque si no siempre hay alguien que se perjudica y a nadie le gusta juntar basura ajena.


