TAFS: Cena de camaradería en Centro Español

El sábado 15 de febrero se realizó la cena aniversario en el Salón Rojo del Centro Español, con motivo de celebrar las Bodas de Titanio del Teatro Tafs, con la presencia de dirigentes, actores y allegados a esta querida y respetada institución, fue una grata reunión donde todos compartieron anécdotas vividas en las tablas, a través de tantos años de pasión por el teatro independiente. Chispa dialogó con Hugo Matheu, Claudia Labrada y Carlitos Carrasco, uno de los cofundadores del Tafs.

 

Festejo final. Los presentes en la cena 70 aniversario en el Salón Rojo del Centro Español.

 

Hugo Matheu. “El TAFS ha sido la gran pasión de mi vida”

“Es muy gratificante estar durante 70 años, toda una vida acá, empecé con el teatro en el año 1964, hicimos una obra de Casona, nos dirigió Arturo Félix “Tuto” Rodríguez, después Lanzillota y tantas obras que vinieron. Parece mentira que setenta años de historias se hayan compartido, pueda ser que esto siga, hay mucha juventud, hay mucha gente trabajando y eso para el teatro es muy bueno”. “Esta noche es una noche de reencuentros, recién me abracé con Juan Carlos Eroles con el cual tuve el gusto de compartir muchas obras con él”. “El Tafs ha sido un cable a tierra importantísimo, ha sido una gran pasión en mi vida, es muy interesante la actuación, en el teatro no hay edades, ni lindos, ni feos, hay buenos o malos actores, nada más”.

 

Claudia Labrada. “Mi padre era escenógrafo, y cuando era chica jugaba y corría por todo el teatro”

“Tengo recuerdos hermosísimos del Teatro Tafs de chica, tanto mi papá, como mi madre fueron cofundadores del teatro, (Lito Labrada y Mabel Manjarín); nací en 1961 y ese amor por el teatro lo heredé de mis padres. El TAFS en mi casa fue siempre motivo de conversación, desde que tengo uso de razón”. “Tengo que contar un secreto, hasta hace cinco años era solo una espectadora, era acompañante de mi familia cada vez que se presentaba una obra o un evento; comencé en los talleres de Leo Martínez, y a través de la pasión que te va llevando finalmente terminé actuando y estoy muy feliz de poder hacerlo”. “El teatro te hace hacer de muchos amigos, fundamentalmente cada vez que se hacen obras en el subsuelo, al finalizar uno sociabiliza con mucha gente. Lamentablemente mucha gente vinculada al teatro se ha ido de este mundo, pero deben estar muy contentos al ver la continuidad de las presentes generaciones”. “Recuerdo cuando venían directores de teatro de otros lados y hacían cosas maravillosas, en especial a Osvaldo Rey, con una obra denominada “Que siga el corso”, con textos de Hugo Matheu y música de Osvaldo Iribarren, mi padre era el escenógrafo y recuerdo que yo jugaba y corría por todo el teatro; recuerdos imborrables de mi infancia”. “Lo importante es que el Teatro Tafs continua en pie después de 70 años, no todos los teatros independientes pudieron continuar, seguramente el tener el edificio propio, esto nos dio esa permanencia en el tiempo”.   

 

Carlitos Carrasco. “El teatro me formó más como persona, que como actor”

“El TAFS para mí fue muy importante, porque me proyectó a ser una persona, yo era una persona de campo a la cual le costó sociabilizar mucho, cuando comencé con el teatro cerca del año 1950, junto a Coco Gutiérrez y Enrique Abril; los tres hicimos “Los tres chiflados del mal humor”. Ahí me di cuenta que mi vida había cambiado y empecé a hacer alguien a comunicarme con la gente, el teatro me dio una identidad”.

“Hicimos un montón de obras de teatro, porque cuando hicimos “Los tres chiflados del mal humor”, no existía el TAFS, éramos otro grupo de muchachos que hacíamos obras de teatro y sketch, que nos dirigía Orestes Collarino, teníamos tan solo 12 o 13 años y ahí aprendíamos a presentarnos adelante de la gente, eso me sirvió para ir a pedir trabajo, me ayudó mucho en la vida”.

“Antes había que usar mucho la creatividad, para copiar una voz ahora hay alguien atrás que te ayuda, antes no, lo tenías que hacer vos. Me gustaba hacer imitaciones de voz, pero no había televisión, además yo vivía en el campo y al cine no venía nunca, pero al menos teníamos una radio y de esa manera me la podía rebuscar. Imitaba a los periodistas de los noticieros, de los que hacían las publicidades, todo a pulmón como la canción de Lerner”.

“Me considero un artista de humor, considero que es muy difícil hacer reír a la gente, pero cuando lo conseguís es muy placentero”.

“Entre las anécdotas más risueñas recuerdo cuando estábamos haciendo la obra “Una libra de carne”, la hicimos en el Teatro Nacional Cervantes en Buenos Aires, también tuvo una importante repercusión en una revista que se llamaba Mundo Argentino, donde salió publicada la fotografía donde estábamos Charol Araldi, el Negro Almar y yo. Trabajaba un actor rojense de apellido Ibáñez, tenía que hacer dos papeles de abogado, pero él mismo, donde se cambiaba el saco, pero en uno de esos cambios, se tenía que poner un bigote, con tanta mala suerte que el bigote se le quedó pegado a la manga del saco; se dio cuenta, pero cuando se lo puso, lo hizo al revés y ahí es donde nosotros no aguantábamos la risa (el gordo Manzanos nos decía no te rías) y el público también estalló al darse cuenta”.

“Estoy muy contento y orgulloso del Teatro Tafs en estos 70 años de vida, más que nada porque además de pasar grandes momentos, hemos trabajado mucho para que el TAFS (hicimos junto a Roque Di Florio y Diguilio, el escenario flotante) sea lo que es hoy en día. Quiero hacer llegar un gran saludo a toda la gente, actores, dirigentes y fundamentalmente a quienes tienen la responsabilidad de mantener vivo a esta entidad que le ha dado mucho a la cultura de nuestro pueblo, muchas felicidades y adelante”.

  

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