Reflexiones de la Dra. Romero Acuña sobre salud mental en época de pandemia

La abogada María del Carmen Romero Acuña, de la ciudad de Santa Fe, preside la Asociación Civil sin fines de lucro, ASAPEM, la cual nos hizo llegar un interesante artículo. Sin pretender tocar cuestiones técnicas o científicas, que desconozco, ya que no soy personal o profesional de la salud, solo refiero a las vivencias de las familias en las cuales uno o más de sus integrantes tienen problemas de salud mental, expresaba la profesional santafecina

Dra. María del Carmen Romero Acuña

 

Cuando comenzó la cuarentena por el Aislamiento social preventivo obligatorio, ordenado por el Gobierno nacional a los fines de combatir el COVID 19, muchos familiares nos preguntamos, que haríamos para sobre llevar el encierro, siendo que el aislamiento era absoluto y nuestros familiares estaban organizados con una rutina, salida a su psicólogo, a su psiquiatra, con su acompañante terapéutico, a sus talleres, deporte, yoga, etc, y todo eso debía suspenderse mientras duraba el aislamiento.

En un primer momento, imagino que a otros como a mí, nos conmocionó la situación, hubo quienes por su propia patología no creían en la existencia de este “enemigo invisible” que no podemos ver ni tocar, pero que tiene la lamentable virtualidad de dañar a las personas humanas; otros por el contrario buscaron meterse para adentro y no querían salir ni siquiera a su propio jardín por temor a ser alcanzados por este mal.

Transcurrieron unos días en estos dilemas y tratando de contener a nuestro ser querido, se dictó otra medida, a la cual elogio, en la que se consideró a las personas con problemas de trastorno de conducta, autismo y demás y entonces permitieron una salida en dos momentos del día, cuando sea necesario para resguardar la salud mental del paciente o de su familia. Esto resultó un alivio, al menos así lo consideré yo, y logró destrabar momentos realmente inquietantes que se fueron planteando.

En estos tiempos donde nos ponemos a reflexionar, sencillamente porque tenemos mas libertad individual para hacerlo ya que no destinamos nuestra actividad fuera de casa y por eso ahorramos energía en ello, sentimos que más allá de todas las propuestas de trabajos o actividades,  que le  hacemos a nuestro familiar  como, pintar una puerta, dibujar, escuchar música, mirar una película, arreglar las plantas del patio, aprender inglés online, jugar un juego, etc, etc, etc, a todos nos responde, con un no tengo ganas, mañana, más tarde, después, entonces nos sentimos defraudados, amargados, todo el esfuerzo que ponemos y no sirve!! Tales las expresiones que escuchamos de otros familiares respecto de su hermana/o, hijo/a, nieto/a, amigo…

Creo realmente que la negatividad, muchas veces está en nosotros y la trasladamos al paciente, creo que ya sabemos que no le va a agradar una propuesta y la hacemos con poca efectividad, con un negativismo que invariablemente conducirá al rechazo.

Hoy reafirmo, desde mi humilde y particular opinión por supuesto, que el negativismo es la peor conducta que nos puede guiar en la contención de nuestro querido paciente.

Si desde el inicio estamos pensando con tristeza, con amargura que esta actividad no dará frutos en el otro, es casi consecuencia de esta conducta el fracaso.

Pero si trasladamos con alegría, las ganas de encarar una obra, una vuelta a la manzana, una ida al almacén, la hechura del barbijo con el pañuelo que le gusta seguramente la respuesta va a ser otra, o quizá no lo sea hoy pero eso no puede desalentarnos porque sabemos que la voluntad del otro debe conmoverse ya que su patología lo impulsa de otra manera.

No nos hemos detenido a pensar que probablemente nuestro familiar sabe más que nosotros cómo manejarse en el encierro, ya que ha debido estar internado en algún momento de su vida, a los fines de ser estabilizado por algún episodio o crisis de su personalidad o de su conducta?

De donde surge otro concepto que debemos manejar y es la confianza en el paciente. Obviamente hablamos del paciente estabilizado, bajo tratamiento de su equipo terapéutico,  y que toma regularmente su medicación indicada por el o la psiquiatra.

Tendemos, como familia, a la sobreprotección de la persona con una afección, si son pequeños porque su corta edad, y si son adultos por su cuadro terapéutico.  No es fácil encontrar el equilibrio, entre la protección y comprensión de la persona que diariamente toma una medicación que si bien es imprescindible para su sostén, tiene otras consecuencias como somnolencia, dificultades en la motricidad, etc. y la responsabilidad que debe asumir como integrante de la familia y de la sociedad.

Encontrar ese equilibrio, entre aquello que podemos exigir, aquellas actividades que sabemos puede realizar y en las cuales debemos insistir desde el afecto, con cariño, con alegría, con confianza y actitud positiva es probablemente la tarea más difícil pero sin dudas las más hermosa porque no solo nos hace mejores personas a los familiares que acompañamos el desarrollo de nuestro querido portador de un trastorno, sino que eleva la capacidad de producción del  otro, en posibilidades que no tiene límites.

Hace unos años nos visitaron representantes de A.P.E.F, una asociación que trabaja con familiares de personas portadoras de esquizofrenia en la Ciudad de Buenos Aires, y lo hacen con gran esfuerzo y seriedad, y ellos con su experiencia de muchos años, nos decían:  no tiene límite la capacidad de superación y de mejoría de una persona con esa patología, solo hay que dejarlo crecer y darle herramientas, acompañarlo con todo su tratamiento y equipo terapéutico y alentarlo en su desarrollo, así como toda persona humana, no tiene límite en su evolución personal de la misma manera una persona con una discapacidad de aquel tipo no la tiene, pero también está en nosotros convencernos de esta afirmación.

Nunca digamos no puede, no quiere, nada le gusta, siempre digamos lo va a intentar, lo va a poder lograr, algo le va a interesar, todos tenemos talentos solo hay que detectarlos.

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