Matías Lómonico, uno de los apellidos tradicionales de la vecina Rafael Obligado, familia de metalúrgicos, es el vendedor y corresponsal de nuestra hoja, el último viernes estuvimos charlando con él, para que nos contara sus raíces en el pueblo obligadense y como llega cada jueves a los vecinos de la localidad, fundamentalmente en época de pandemia; demuestra que cuando hay actitud y ganas en la vida se pueden lograr los objetivos

¿Cómo es tu familia?
“En Rafael Obligado nos conocen mucho por mis abuelos y el apellido Lomónico y Bassetti también con una trayectoria importante en la localidad. Mi padre se llama Rodolfo y mi madre Miriam Bassetti (ahora viven en Rojas), que junto a sus hermanos compartían la música en la época de Los Truenos, Los Spotrman, y por la metalúrgica principalmente, fabricando galpones. Además tengo tres hermanas más grandes, Romina, Jimena y Eugenia, se llaman María las tres, por mi mamá que es muy católica. Estoy casado con Juliana y no tengo hijos”.
¿Cómo fue tu época como estudiante?
“Estudié en la Escuela Media el secundario, también mi padre nos inculcó siempre el trabajo y lo ayudaba en la metalúrgica. Por distintos motivos de la vida me fui a la ciudad de La Plata, estuve viviendo desde el 2009 a 2016, trabajé mucho, pero las vueltas de la vida, y por la grave situación de las grandes ciudades, (cuando estaba por casarme sufrí varios asaltos, el último a mano armada, me apoyaron un revolver en el pecho), eso fue la gota que colmó el vaso y tomamos la decisión de volvernos junto a mi mujer a vivir a Rafael Obligado”.
¿Cómo estás viviendo esta pandemia junto a los vecinos de Rafael Obligado?
“La verdad que bien, pese a que muchas de las cosas son negativas, me encantó el pueblo como lo tomó con mucho respeto, en el caso de mi abuela, Nelly Rosa Carbone, en los casi sesenta días no salió más a la calle, como ella, la gente adulta mayor respetó mucho la cuarentena. Incluso los primeros repartos de Chispa ni siquiera les tocábamos el timbre a los vecinos, se lo dejábamos por debajo de la puerta, o en algún buzón donde la gente los viera, pero sin tener contacto. Era una forma de cuidarlos, porque no los hacíamos salir o exponíamos al contacto personal. Inclusive la mayoría de los clientes de Chispa nos llegaron a deber cinco o seis diarios, porque no se los queríamos cobrar hasta que pasará este primer período, vuelvo a repetir, fue una manera de ayudar principalmente a los adultos mayores, los de mayor riesgo ante el coronavirus. Incluso le avisábamos a la Policía que íbamos andar repartiéndolo todos los jueves, ya que no se podía salir, pero lo hacíamos muy temprano para no cruzarnos con nadie y exponernos a posibles contagios, con el permiso de la Policía para distribuirlo”.
¿Qué le hace falta a Rafael Obligado para que la gente joven no se vaya del pueblo?
“Rafael Obligado como pueblo es hermoso, tiene una entrada con una arboleda espectacular, en este momento los ocres del otoño la hacen muy particular, como así también la plaza Manuel Belgrano es muy bella. Tengo amigos que han venido a visitarla y quedan enamorados, además no podían creer que menos de una cuadra haya saludado a tantas personas, cosa que en las grandes ciudades esto no sucede comúnmente. Con respecto a la pregunta que me haces, creo que dentro de lo que es un pueblo en la Argentina, se hace todo lo que se puede para que no se vaya nadie. Por ahí hay una idea preconcebida en nuestro país, que si vas a una gran ciudad grande tenés la felicidad comprada, pero no todo pasa por ahí, con el tiempo, con los años, la experiencia te enseña a que la calidad de vida no tiene precio y eso lo encontrás en los pequeños pueblos y no en las grandes urbes. Seguramente las ciudades importantes te ofrecen otro tipo de divertimentos, lugares para el óseo, pero cuando entras en el mundo laboral, por ahí los tiempos no te dan como para que puedas hacerlo; también depende de qué tipo de trabajo tenes. Los papas de mi señora le dijeron a Juliana: “no te podía haber agarrado en un mejor lugar esta pandemia, en un pueblo como Rafael Obligado”.
¿Cómo recibe la gente Chispa los jueves?
“La verdad que repartimos Chispa porque surgió por un pedido de mi abuela que no le estaba llegando el semanario puntualmente, vinimos, averiguamos y surgió la posibilidad de llevárselos a los vecinos, me gusta relacionarme con la gente y lo hago por eso, inclusive destinamos parte del día para alcanzarle el Chispa a sus casas. Esto también me da la posibilidad de que muchos vecinos me conozcan en RO, porque volví de grande. Es muy lindo, la gente me comenta que recibe el periódico de toda la vida, que esperaba los jueves el Chispa, venían ansiosos del campo a buscarlo para enterarse las últimas noticias, ya que estaban totalmente aislados. Por ejemplo Juanita Chieri, recibe Chispa de toda la vida, y un montón de lectores más que se ponen muy contentos cuando llega esta hoja a Rafael Obligado”.
“Con la pandemia no estamos teniendo una comunicación fluida con los colectivos, así que lo vamos a buscar cuando podemos y hay semanas que se juntan dos jueves, pero la gente los pide igual. Realmente Chispa es un canal de unión entre la gente que los recibe y yo”
¿Un mensaje final?
“Son momentos que nadie los espera, que nadie los quiere vivir, pero tenemos que saber afrontarlo, a los vecinos de Obligado los vemos muy respetuosos, como vecino, como uno más, les digo que continúen respetándose así, como dice el dicho: “No vaya a ser que nademos tanto y muéramos ahogados en la orilla”.