Si hay un personaje querible en nuestra ciudad, ese es Carlitos Carrasco, amante y apasionado del cine y del teatro. A los 14 años empezó a pasar películas en el Teatro Italia, recorrió ciudades y pueblos llevando la cultura a través del cine, entre las décadas del 50 y 60. Fue cofundador del Teatro TAFS, trabajó en el campo como boyero, fue bombero, ambulanciero, gastronómico, bañero, hizo un poco de todo en su vida; pero la clave del éxito estaba en que a todo lo que hacía le ponía pasión y amor, con esos dos ingredientes imposible fallar. Toda la gente lo quiere, aún con sus 85 años sigue soñando con un mundo mejor, optimista por naturaleza, una nota imperdible a una persona que le ha dejado mucho al mundo del espectáculo, transparente, espontáneo, alegre, humilde, un gran hombre, nació en una navidad de 1935, fue un regalo de Dios
“En casa teníamos problemas económicos y a mí me gustaba mucho el cine y no podía entrar porque no tenía plata, entonces fui a hablar con el administrador del Cine Italia y del Francés para repartir boletines por el pueblo, me dijo que sí, pero solamente podía entrar a la matiné que se hacía los domingos”.
Datos personales. Osvaldo Melchor Carlos Carrasco; nació el 24 de diciembre de 1935; padres: Ramona Farrás y Osvaldo Ezequiel Carrasco, (alias “el Gordo”); hermana de corazón: Norma Alicia Carrasco; hijos: Marina (35) y Ezequiel (32). Su pareja fue Mabel Sauret (fallecida).
¿Cómo fue tu infancia?
“Nací en Rojas, pero como vivíamos en el campo y cuando estaba por nacer, mi madre se vino al pueblo para tenerme, tuvo familia en la casa de una partera, porque antes las mujeres tenían que parir en cualquier lado, traían los hijos al mundo como se podía. Me crie en el campo cuidando vacas, ovejas, cerdos y fui al colegio en la Escuela 4 de Noviembre, hice hasta segundo grado. Después mi mamá tuvo un problema bastante jorobado, perdió el campo, nos tuvimos que venir a vivir al pueblo cuando tenía 11 u 12 años y me terminé criando acá en Rojas. En los tiempos de antes no había escuelas rurales, una señora de apellido Thompson enseñaba en la casa, porque había muchas chacras y por ende muchos chicos, entonces nos enseñaba a leer, a escribir y a hacer cuentas en una mesa grande, íbamos un montón de alumnos. La gente vivía en el campo, en las chacras, después con el tiempo abrieron la escuela y muchos chicos comenzaron primer grado, pero eran un poco grandes, en segundo grado iban chicos de 12 años”.
“Recuerdo que la Escuela de 4 de Noviembre había sido una carnicería, entonces el salón de la misma lo dividieron en tres filas, una para 1º, otra para 2º y otra para 3º grado nada más. A Rojas llegué con el 2º grado hecho, y pasé enseguida a 3º porque estaba bastante adelantado, sabía leer, escribir y hacer cuentas, lo que no sabía era historia, porque no nos habían enseñado. Fui a la Escuela Nº 1 que estaba a la vuelta de mi casa, done vivo en la actualidad en calle General Alvear, entre General Frías y 9 de Julio”.
“En este barrio viví mi infancia e hice amistades desde chico, uno de los primeros amigos fue Carozo Fernández, también Bonzo Sansirena, extraordinaria persona, el Negrito Ravagnán, el catalán Alcobé, el Negrito Sotera, jugábamos al fútbol en la calle, imitando al Boca y River, si no pasaba nadie por la calle, no había autos, no había nada. Nos juntábamos en la esquina de General Frías debajo del farol en verano y la pasábamos bien”.
“También íbamos al Polígono de Tiro y a la cancha de Argentino en el Parque General Alvear y un hombre de apellido Trigo que tenía una Tintorería, a todos esos chicos que andábamos juntos, a Bonzo Sansirena, Carozo Fernández, nos hacía practicar deportes, por ejemplo Bonzo tiraba jabalina y ganó muchos premios; a mí me gustaba saltar en alto, correr, saltaba en largo; Carozo jugaba a la paleta, al tenis y al básquet”.
¿Qué era de tu vida laboral?
“Trabajé de todo, hice toda clase de trabajos, mi primer trabajo fue de boyero en el campo, cuidaba vacas, las ovejas en la vera del camino y como pago mi padre me traía masitas del pueblo. Cuando llegué a Rojas un señor carpintero Roque Di Florio me ocupaba para cepillar madera, en casa teníamos problemas económicos y a mí me gustaba mucho el cine y no podía entrar porque no tenía plata, entonces fui a hablar con el administrador del Cine Italia y del Francés para repartir boletines por el pueblo, me dijo que sí, pero podía entrar a la matiné nada más, que se hacía los domingos. Después con el tiempo me ocuparon para trabajar en el Cine, primero para limpiar, y después para pasar películas en el Italia y en el Francés”.
“Te cuento una historia extraordinaria, un día pasan tres películas argentinas, la más importante de Luis Sandrini (El cañonero de Giles), eso se hacía porque de esa manera bajaban el precio, fue un lunes y se llenó tanto de gente el Cine Francés que quedó gente afuera, Colarino que era el administrador dijo: “quedaron como 200 personas afuera, está todo lleno abajo y arriba”, entonces habló conmigo y me dice: “usted se anima a pasar películas”; yo tenía 14 años y el que pasaba películas le dio a entender que yo estaba preparado para pasar películas. En definitiva nos fuimos para el Teatro Italia y finalmente pasé las tres películas para las personas que habían quedado afuera del Cine Francés. Fue una verdadera fiesta del cine y las tres funciones que pasé en el Italia terminaron pasada la 1 de la mañana. Las películas populares se pasaban en el Teatro Italia y las películas inglesas o norteamericanas se daban en el Cine Francés”.
“También puse un bar que se llamaba, “No va a nadar” en 1978 hasta 1984, en la esquina donde funciona ahora Center Clean, en General Alvear y 9 de Julio, tenía tres pool y trabajaba muchísimo, de las siete de la tarde hasta altas horas de la madrugada”.
“Como había sido bombero voluntario me llamaron de la Municipalidad para manejar la ambulancia del Hospital, trabajé hasta que me jubilé”.
¿El cine, el arte, el teatro siempre fueron tus pasiones?
“Sí me encantaba pasar películas y también hacer teatro, fui a pasar películas por los pueblos, era un gran negocio, en cuatro días metía más de mil personas, iba a los clubes de Rafael Obligado, Inés Indart, Rancagua, Fortín Tiburcio, se llenaba de gente, después dejó de ser un buen negocio con la llegada de la televisión, eso fue en la década del 60”.
¿Recuerdo dos cosas de Carlitos Carrasco, una cuando fuiste bañero de la pileta de Sportivo y la otra cuando encabezaste la búsqueda de Maurito Passarelli en tu camioneta con el megáfono?

“Fui tres temporadas bañero de la pileta del Club Sportivo Rojas, iba trabajaba de bañero, (le enseñé a nadar a muchos chicos) y también trabajaba de portero en la época de oro de la Confitería Bailable Cero, estuve mucho tiempo; recuerdo que Carlitos Rodríguez puso en La Voz de Rojas, una adivinanza que decía: ¿quién es el hombre más frío de Rojas?, en la edición de mañana lo sabrá y al siguiente número publicó: “el hombre más frío de Rojas es Carlitos Carrasco porque siempre está bajo Cero”, refiriéndose a que yo recibía las entradas en la planta baja de la confitería, una linda ocurrencia, después todos me cargaban lógicamente”.
“Yo tenía la camionetita con el parlante arriba del techo para pasar películas por los pueblos, me vinieron a buscar unas jovencitas, diciéndome que se había perdido un chico y si podía salir a buscarlo con el alta voz del parlante para poder encontrarlo, eran las dos de la mañana, salí y me siguió todo el pueblo, fue un momento muy triste y dramático, pero la solidaridad de la gente para encontrar a Mauro fue increíble. Finalmente me dijeron al otro día que lo habían encontrado, pero con la lamentable noticia que estaba sin vida en el río”.

¿Cómo nació la pasión por el teatro?
“Empezamos con Coco Gutiérrez haciendo una obra imitando a los árabes para los carnavales en el Centro Español, los bailes eran de jueves a domingos y el resto de los días se llenaba la sala con espectáculos de música y la gente se reía mucho con lo que hacíamos nosotros. El Doctor Dimattía tocaba el piano, el padre tenía como un Montepio frente a la Plaza Rivadavia, ellos eran de acá y después se fueron a Chacabuco, y cuando actuábamos nosotros también se disfrazaba de árabe y a la gente todo eso le causaba mucha gracia”.
“Como nos había ido bien con esta obra, luego hicimos “Los tres chiflados del mal humor”, en el Teatro Italia, fue un gran éxito, también hacíamos sketch con noticias de los pueblos de Rojas, porque en los mismos había mucha vida, carnicerías, talleres mecánicos, calcula que en Roberto Cano, por ejemplo, había hasta dos panaderías, entonces pasábamos las noticias de cosas que habían pasado y la gente se reía mucho, porque no se podían decir malas palabras, estaba prohibido todo eso”.
¿Cómo fue la historia y el periplo de la venta de la rifa del TAFS?
“Yo fui cofundador del Teatro Tafs, recuerdo que Víctor Hassan ayudó mucho en el logro de edificio propio, también el señor Otegui de Pergamino, Pozzi, ponían plata para comprar materiales y con la venta de la rifa iban recuperando lo que habían puesto. “Perico” Martínez era el administrador y apenas recibía el dinero lo invertía en materiales, excelente, de esa manera se empezó a construir el edificio del Teatro Tafs”.
“Primeramente se había hecho una rifa para Rojas y después, también idea de Víctor Hassan, Otgeui, Pozzi y Norberto Manzanos (entre otros), se hizo la rifa del auto 0 km. pero mucho más grande, eran 10.000 números que había que vender, fue en 1958. Entonces el Sr. Mafhud nos hizo un acoplado grandísimo para poder llevar el auto, que además se desplegaba y se hacía escenario a la vez. También se compró un Dodge para tirar el acoplado con el auto de la rifa, que era un Borgward Isabella 0 Km.”.
“El primer pueblo que salimos a vender fue Colón, seguimos para Ferré, después volvimos a Colón, Pergamino, Arrecifes, San Nicolás, y en San Nicolás nos dijeron vayan a vender la rifa a los pueblos que no tengan rutas pavimentadas, vayan por los caminos de tierra y ahí estuvo la clave de éxito de la venta de la rifa, porque no llegaba nadie y la gente cuando nos veía con todo el despliegue que hacíamos para vender la rifa y en favor de una institución como el Teatro Tafs, nos sacaba la rifa de la mano, nos compraban hasta dos números, la rifa costaba 100 pesos de la moneda nacional de aquellos tiempos y el auto 0 km. se sorteaba por la Lotería de la Provincia de Buenos Aires”.
“De Lincoln hasta General Villegas eran lagunas y lagunas, tenes que ver lo que era eso, hay fotos donde nos hemos encajado un montón de veces y nos sacaban con los caballos de las banquinas; dormir la siesta a la sombra de un árbol de los caminos, una verdadera hazaña para la época, la gente nos recibía con mucho cariño, se sacaba fotos con el auto, no lo podían creer”.
“Una de las anécdotas cuando llegamos a General Villegas un viernes por la tarde, fuimos a hablar con el secretario de la Municipalidad, pero no lo encontramos, entonces habíamos empezado a vender la rifa a la tardecita en la plaza y vendimos algunos números y habíamos parado en un hotel. Cuando estábamos descansando aparece una persona preguntando por nosotros y muy firmemente se paró y nos dijo: “de donde son ustedes, se me mandan a mudar inmediatamente de acá, porque son una manga de comunistas, sino los meto preso”, quisimos darle una explicación, pero estaba muy enojado, resultó ser el intendente de Villegas, así que nos echó y tuvimos que ir a un pueblito que se llama Tres Algarrobos, llegamos como a las 11 de la noche; fue una de las pocas experiencias negativas que tuvimos”.
“Estuvimos cuatro meses recorriendo distintas ciudades y pueblos, de vez en cuando volvíamos a Rojas y luego seguíamos la recorrida, llegamos hasta Carmen de Patagones en la Provincia de Río Negro y nos había quedado un solo número. Lo importante fue que con la venta de esta rifa se hizo prácticamente el 50 % del edificio de Teatro TAFS, fue un gran impulso, aunque para poder terminarlo se tuvo que acceder a un crédito”.
“Después se había pensado en hacer otra rifa nuevamente, pero con el tiempo habían proliferado mucho las rifas de autos y motos en cuotas, ya no era tan novedoso y no convenía hacer tanto sacrificio”.
“La obra que dábamos en el escenario acoplado era una parte de la comedia “Médico a palo”, también hacíamos otros sketch de diferentes actores; me acompañaron en el periplo, Elías Julián y “Pirucho” Alonso y Norberto Manzanos”.
“Algo muy lindo fue la anécdota de Carmen de Patagones donde llegamos a conocer al Gobernador de Río Negro, por una relación de un señor que conocía a los Indelman que eran de Rojas; finalmente el gobernador nos invitó a comer y le habíamos caído tan bien que nos ofreció hasta trabajo para todos, porque nos decía como van a andar tirados por cualquier lugar vendiendo rifas, increíble, pero no le hicimos caso a su invitación y regresamos para Rojas”.
“A Rojas la gente lo conocía mucho por la famosa Vuelta de Rojas donde corría el Turismo de Carretera”.
¿Después seguiste actuando, haciendo obras?
“Sí, hice muchas obras, una de las obras fue muy linda que ganamos un montón de premios, se llamaba “Memoria a contraluz”, que fue la historia de cómo se fundó la Clyfer. Cuando se estaba haciendo la obra me invitaron para ensayar, hice varios personajes, de cura y otros, y finalmente terminé siendo el intendente. Tengo grandes y hermosos recuerdos de esa obra, terminamos yendo al Teatro Cervantes en la ciudad de Buenos Aires, donde también hizo sus primeras escenas mi hija Marina Carrasco. Recuerdo la gente que fue a ver la obra fue impresionante, hasta nos dijo un directivo del Cervantes, que nunca se había llenado el teatro de la manera que fue esa vez con “Memoria a contraluz”, mucha gente de Rojas o que tenía parientes en nuestra ciudad se hizo presente esa noche, fue una experiencia imborrable”.

¿Hasta cuándo estuviste actuando?
“Hasta hace tres o cuatro años que me llamaron para hacer el Mago de Oz, en el Teatro Tafs, también la presentamos en la Casa de la Cultura y después ya no trabajé más”.
“También tuve mi paso por el cine, con “Coco” Gutiérrez, hicimos Una historia de los 40; De estilo; La herencia; El almacén; con “Coco” tuvimos una gran relación, también fuimos medios parientes a través de nuestros padres; fuimos dos amantes del cine, a él le gustaba producir y dirigir las películas y a mí me gustaba pasarlas desde chico y también la actuación. Por suerte a mis hijos también le ha prendido la llama por el cine y el teatro, Marina actuando y Ezequiel siendo un gran productor, trabajando con la televisión de Clyfer”.
¿Qué te dejó el cine y el teatro?
“Cuando yo vine del campo era muy tímido, porque había una educación muy estricta, los padres daban una orden y había que cumplirla, tipo servicio militar, entonces todo eso lo absorbía como una esponja y cuando me mandaban a hacer un mandado me daba vergüenza. El teatro aunque parezca mentira me liberó, me hizo sentir y valorar quien era yo, a partir de ahí la relación con la gente cambió muchísimo. El teatro me abrió una puerta grande para poder manejarme en la vida, me sirvió para muchísimas cosas, para conseguir trabajo. Una anécdota que puedo contar, cuando me presentaba en los lugares siendo ambulanciero, me decían doctor. Un día fuimos a llevar un paciente, me acompañó un médico, entro a terapia intensiva y me dice una persona, pase doctor y al verdadero doctor que venía atrás, no lo dejaban pasar porque se habían confundido conmigo, entonces le dije, no doctor yo soy el ambulanciero, el doctor es el otro (sonrisas). Bueno eso me lo dio el teatro, la forma y la presencia para expresarte ante la gente; el teatro y el cine son las dos cosas más maravillosas que Dios me ha dado en la vida”.
“Finalmente quiero decir que estoy agradecido de la vida, estoy agradecido de toda la gente de Rojas que siempre me saluda, chau Carlitos, a muchos no los conozco, pero eso quiere decir que uno ha hecho las cosas bien y que la dignidad y el respeto son una de las cosas más importantes para un ser humano”.
