Silvia Silveira. “El teatro es como una especie de droga, cuando lo probas no podes dejarlo. El teatro es mundo fascinante, te atrapa”

En la presente edición entrevistamos a Silvia Silveira, encontramos a una mujer muy sensible, pensante, la cual se describe como atrevida y jugada a la tomar de decisiones con respecto al teatro. Con la pandemia se ha reinventado junto al Taller de Teatro Creativo haciendo radio - teatro en FM Tiempo, con cuentos de Fontanarrosa y Dolina. Además su infancia, el barrio, la escuela, sus comienzos en el teatro, sus proyectos, el futuro y su amor incondicional para con sus nietas que le han traído luz y brillo a su vida    

 

 En familia. Silvia junto a su madre Alicia Beatriz García y Hugo Silveira

 

Datos personales. Silvia Silveira, nación el 5 de julio de 1960; padres: Alicia Beatriz García y Antonio Silveira (ambos fallecidos); Hermanos: Hugo Rubén Silveira; hijas: Marianela y Lucía Grosso; nietos: Santino y Albina.  

 

¿Cómo fue tu infancia, el barrio, la escuela?

“La infancia la recuerdo de la mejor manera, muy linda, por sobre todo porque fui la nena de la casa, con mi hermano Hugo tengo nueve años de diferencia; era la nena no solo de mis padres, sino también de mi hermano. Recuerdo lo mucho que jugaba conmigo, lo mucho que yo me divertía, un montón de travesuras, mis primeros garabatos estaban en sus libros, porque mi hermano ha sido desde siempre un gran lector, entonces yo garabateaba, robaba esos libros y los escribía y ahí venía el enojo, que en definitiva terminaban siendo peleas o rencillas lógicas de cualquier hermano”.

“Con respecto al barrio, siempre en el mismo sitio, sigo viviendo en el lugar donde nací, Solís 586, recuerdo que las calles eran de tierra, el lechero, al cual le tiraba piedras al caballo y salía al trote (sonrisas), y quedaba el carro solo con los tachos y el lechero corriendo por detrás. También recuerdo a mi amiga Nora Philips, con la cual éramos las dos nenas del barrio y con la cual jugábamos un montón, haciendo tortas de barro, el ring raje, caminar por los techos de vecino, una infancia maravillosa, era bastante traviesa. Era un barrio de gente laburante, yo tenía un gran vínculo con la familia Mura, que me habían adoptado como una hija más, donde pasaba gran parte de mi tiempo en la casas de ellos, que viven en frente de mi domicilio; hemos vivido hasta vacaciones con Hilda – Pocho y Luis y Norma. Además en el barrio todavía está la familia de “Coco” Fauda, al que lo visitábamos mucho con mi mamá, porque fueron uno de los primeros en tener televisión, íbamos a ver la novela “Tres destinos, ya que a la mamá de “Coco” y a mi madre les gustaba mucho. La mamá de Nora Philips, “Porota” sigue estando y acompañando en el barrio donde nací”.  

“Con respecto a la escuela desde la primaria hasta la secundaria la cursé en la Escuela ENSNA, la primaria la hice en lo que se llamaba el Departamento de Aplicación y en el primer año de secundaria, en lo que es ahora el Centro Cultural “Ernesto Sabato”, y la parte final en le edificio nuevo frente a Plaza Mariano Moreno. Siempre me gustó la escuela, sobre todo por el tiempo compartido con mis compañeras y docentes. Recuerdo de la primaria a las maestras, Arvelia Paulazzo, Vivi Boggia y Negrita Olivera, son las que llevo guardadas en el corazón. Y de nivel secundario, la Señorita “Chicha” Pérez (Profesora de Biología), quien fue la que influyó mucho en la toma de decisión para que fuera a estudiar medicina a Rosario, era una genia”.        

 

¿Siempre te gustó el teatro, donde prendió la semilla?

“A mí siempre me gustó lo artístico, pintar, el trabajo artesanal de cosas manuales, y el teatro surge cuando vuelvo nuevamente a Rojas en el año 1989, si tuviera que decir algo sobre lo que me llevaron a ser parte de los talleres que daban en ese momento, Walter Rodríguez y Diego Albamonte, o se definirlo. Pero me pareció interesante la propuesta y empecé a hacer talleres con ellos en el TAFS, también con “Negrucha” Seta, y ya no paré. Después llegó el Profesorado en la Escuela de Teatro de Junín, a partir de ahí no me desconecté nunca. En el último año de profesorado, comencé a hacer talleres en forma particular, con períodos de ausencias por cuestiones personales, pero siempre de una manera u otra estuve vinculada al teatro. El teatro digo, es como una especie de droga, cuando lo probas no podes dejarlo, siempre querés algo más y bucear universos diferentes que te permiten involúcrate en tantas vidas y en tantas conciencias. El teatro es mundo fascinante, te atrapa”.  

 

¿Estudiaste teatro, donde te formaste?

“La formación académica fue en la Escuela de Teatro de Junín, también de todas las personas que hacen teatro vas incorporando cosas. Por ejemplo Mario Gazo me enseñó un montón, también “Negrucha” Seta cuando hice los talleres con ella, con Lila Cohen en El Caserón, aprendí muchas cosas de ellos. También de Cristian Bosco, otro gran director, otro gran maestro. Todas estas personas me formaron y el hacer te va haciendo descubrir a vos mismo; porque el teatro te lleva a un autoconocimiento profundo, vas sacando de tu interior un montón de cosas que no creías tener y que no creías capaz de hacer y eso lo logras para la búsqueda para la interpretación y composición de cada personaje que te toca. El secreto está en creer en lo que estás haciendo, cuando vos crees plenamente en lo que estás haciendo, el otro, el espectador te cree; cuando vos crees transmitís; cuando sentís de tus fibras más íntimas, comunicas al otro más allá de las palabras y para m ahí está el gran secreto, todo parte de nosotros mismos; esto me lo dijo una vez Mario Gazo y yo lo fui descubriendo, y tenía mucha razón”.

 

¿Cuál fue tu debut en el teatro?

“La primer obra de teatro que hice se llamó “Otra vez la misma historia”, de Homero César del Bruno, después hice “Mi pueblo donde está”, “Semana sin domingo” (ahí estábamos dirigidos por Tuky Teyssandier). También “El partener”, de Mauricio Cartún, dirigida por Charol Araldi, junto a Luis Castrilli y Ariel Fullana, con esta obra el recuerdo de haberla llevado al Teatro Provincial en la ciudad de Lincoln, una experiencia hermosa. Con Cristian Bosco hicimos, “Vos y yo, los dos en cama”; “Las avispadas”. El recuerdo junto a los que estudiábamos en la Escuela de Teatro de Junín, la presentación de “Irredenta” en el Teatro TFS, fuimos los primeros en formarnos teatralmente, junto a María Marta Minadeo, Carla Berrutti, Gabriela Azzaretti, Luis Stella, Mariano Torres, Milagros Iraeta y Vanesa Quintana”.  

“Pasé también por “La Minga” en la “Espera” y “Rincón, Tango, Pan”; lo último que hice fue el trabajo en “La Nona”, bajo la dirección de Victoria Boveri, en el Tafs también. En 2001 junto a Vanesa Quintana dirigimos un espectáculo infantil, con textos de Inés Falconi, que se llamaba, “Los hermanos no son cuentos”, además trabajé como asistente de dirección en “Un planeta en apuros”, (una obra de Marcelo Maggiolo, bajo la adaptación de Marcela Taparouskis), presentada en “La Minga”.         

 

¿Qué tipo de actriz te consideras que sos?

“He transitado la comedia y lo dramático en las obras que he hecho, pero creo que me siente más cómoda en lo dramático, que en lo cómico. Lo que creo es que soy atrevida, que me tiro a la pileta, que pongo lo mejor de mí. Que me la creo y pienso que eso se proyecta”.

 

¿Como ves a la cultura rojense?

“Los distintos grupos, desde las distintas ramas artísticas hacen y el hacer es decir mucho. Porque en la mayor parte de los casos todo se hace a pulmón, con un gran trabajo, con esfuerzo, y todo eso es muy válido. Cada cual desde su área trabaja poniéndole todo lo mejor que puede, las cuestiones económicas te limita, lo importante es estar haciendo y brindar a la gente un espacio artístico: la música, la danza, el teatro, la plástica, todas las disciplinas artísticas en nuestra ciudad están expresadas y cada grupo hace y le pone lo mejor de sí. Para mí eso es más importante”.   

 

¿Cómo estás viviendo la pandemia?

“Es un tiempo que nos ha sacado de eje a todos, donde cada uno desde su lugar intenta pasarlo lo mejor que puede, se han rescatado las cuestiones afectivas que a veces quedan relegadas y en estos momento es cuanto más valor cobran. La pandemia nos ha hecho ver la importancia que tiene lo afectivo, esta pandemia a los seres humanos nos ha dado una oportunidad. Soy muy optimista y creo que las cosas ocurren por algo, tener una oportunidad para rescatar momento en familia, la valoración de los amigos es muy importante, a mí me mueve el corazón más que la cabeza. Es un tiempo de oportunidad para encontrarse con uno mismo, para revisar la escala de valores, uno sin amor no puede andar y en estos momento nos damos cuenta que el amor es recíproco. Estamos más consustanciados con todo lo afectivo y emocional y no con lo intelectual o lo económico. La pandemia nos sirve para rescatar las cosas que en la vida no se compran, ni se venden”. 

 

¿Extrañas el teatro, que proyectos tenes para el futuro?

“Extraño el teatro presencial, pero yo no me quedé quieta, entonces comencé a hacer con un grupo de compañeros radio – teatro por FM Tiempo, gracias a que Boscoscuro no cedió parte de su espacio radial para difundirlo. Estamos haciendo radio teatro con adaptación de cuentos de Fontanarrosa y Dolina, y también algunos cuentos guionados por Marcelo Maggiolo. El grupo lo conforman: Marcelo Maggiolo, “Coco” Tamasi, Roxana Dorigo, Verónica Boggia, Cristina Silveira, Hugo Silveira, Graciela Traverso y yo. Tomamos todas las medidas de prevención, pero consideré que era la mejor forma de seguir haciendo teatro en tiempos de pandemia. El Taller de Teatro Creativo es un grupo con una energía increíble, con una horizontalidad extraordinaria, da gusto trabajar con ellos”.

“El futuro la verdad que no lo sé, pero desde ya que estamos con la inscripción abierta para mis talleres de teatro, espero que el 2021 podamos reiniciar. Trabajo con los tres niveles, niños – adolescentes y adultos, y para mi esa actividad es muy enriquecedora y deseo que podamos retomarla. Estamos trabajando en un proyecto con La Minga junto a Gustavo Heredia y Damián Vargas”.        

 

¿Un mensaje final?

“Un mensaje muy especial a mis nietos, que le han puesto luz, color y brillo a mi vida; con los que juego un montón, me divierto mucho, como toda abuela, estoy más que feliz de tenerlos y de compartir con ellos momentos de transformarme en una nena total. Para mis nietos Santino y Albina, decirles que los amo y que todo el amor y la alegría que me brindan no se comparan con nada. Ellos ocupan un lugar preponderante en mí”.

“Quiero agradecer todas las cosas que la vida me va poniendo en el camino, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo, a mis alumnos por haberme elegido y siempre llevar una energía positiva al otro. Difundir lo que más pueda el teatro, que llegue a la mayor de rincones posibles porque el teatro es una herramienta de crecimiento personal extraordinaria, es un espacio en el que se aprende y además se comparte desde la interioridad, se hace mucha catarsis. Hay una comunicación desde lo verbal, lo corporal, lo gestual, que nos carga de buena onda y nos permite liberar cosas que podemos tener atrapadas en nuestro interior, nos facilita nuestro desempeño en la vida cotidiana. El teatro es como la vida misma”. 

 

Silvia Silveira junto a Charol Araldi en La Nona

 

Hijas. Marianela y Lucía Grosso Silveira

 

Silvia Silveira junto a sus alumnos adolescentes del Taller de Teatro

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