Ricardo Membriani. Espíritu de arquitecto, alma de artesano

Una linda nota de color hemos rescatado para la presente edición, una historia de vida repleta de imaginación, creatividad y amor hacia la artesanía, hemos encontrado en la figura de un reconocido vecino rojense, Ricardo Pablo Membriani, que con sus casi 80 años no para de hacer cosas. Chispa estuvo presente en su domicilio, en su bunker, en su taller de Pueyrredón 620; en el frente de su casa tiene una particular reja adornada con la bandera Argentina y un canasto para los residuos en forma de robot muy llamativo creados por el mismo Ricardo. Además fue presidente del Club 4 de Octubre, la Asociación de Bochas de Rojas y la Escuela Especial N° 501, empleado de la firma Gear SA durante 28 años y colaborador de la Asociación Ciclista de Rojas

 

Ricardo Membriani en su taller de Pueyrredón 620

 

¿Cuándo  naciste y cómo es tu familia?

“Nací un 10 de junio de 1942, tengo 79 años, mi papá fue Pablo Casildo Membriani y Beatriz Alvo, mi mamá; en 1942 cuando nací ellos le alquilaron un negocio donde estaba La Rueda y donde es hay ahora una verdulería, sobre Avenida 25 de Mayo y Bulevar Moreno, el popular Almacén “Miraflores” de Membriani, esa esquina era nuestra. Se vinieron a vivir a Rojas porque yo había tenido una hermana que falleció por falta de atención en el campo. Nací en la maternidad de García – Chávez, cerca del kiosko de Ballesteros, había una maternidad, una partera; tengo un solo hermano Alberto casado con Claudia Baldovino, somos dos hermanos. Me casé en 1968 con Marta Estribou, hija del popular corredor de autos “Vasco” Estribou, tuvimos dos hijos, Maxi y Federico, dos nietos: Emilia y Victoria y una de corazón Felicita, hija de Celste Baleriani; nos divorciamos después de 28 años y un día charlando con Sonia Arechaga que también estaba separada, nos encontramos en la casa de Nicolás Castañón, yo era presidente del Club 4 de Octubre; me invitó a tomar unos mates (cuando fui estaba toda su familia, sonrisas) y hasta el día de hoy nunca más nos separamos, encontré en ella una persona amorosa e incondicional, nos casamos, hace 24 años que estamos juntos y somos muy felices. A su vez Sonia tuvo dos hijos con Jorge Bertero, Federico y Marilina y dos nietos: Santiago y Valentina y Olivia que está al nacer en estos días”.

 

¿Cómo fue tu infancia, la escuela y el deporte? 

“Mi infancia fue muy feliz, nosotros no teníamos nada, comparado con los chicos de la actualidad, por eso a los nietos les digo: ustedes se quejan, pero hay chicos que no tienen nada como éramos nosotros de niños. Nosotros casábamos ranas con Juan Carlos Azzaretti, Jorge Santiago, todo el barrio España, y se las vendíamos a la Farmacia de Mateo Bonora, a Amanda Corti, al Gringo Mezzelani, y las pagaban muy bien. Los juguetes los hacíamos nosotros, jugábamos al hoyo pelota, el barrilete, para San Pedro y San Pablo hacíamos grandes fogatas debajo de foco de la luz en la esquina de Moreno y 25 de Mayo, nos juntábamos muchos, éramos una tribu. También jugábamos a los autitos a piolín, lo organizaba la Casa Parroquial, se hacían en el Parque General Alvear; eran dos vueltas a la cacha de fútbol, todas las carreras las ganaba Marquitos Cúkar o Pepe Yugan. Un día Alberto Ventura dijo: ustedes ganan todas las carreras, pero nosotros lo vamos a traer al “Laucha” de barrio España (refiriéndose a mí) y le vamos a ganar. Los autitos los hacía con los cajones de Cinzano, que tenían una madera entera en la punta, recortábamos la forma de la cupé, y con una lata de durazno le hacíamos el techo, con suncho le hacíamos los amortiguadores y con palos de escoba los ejes; y con las rosetas de la luz que eran de madera le hacíamos las ruedas y con eso corríamos. La gomera no se nos caía del cuello, salíamos a cazar pájaros, palomas, íbamos a la quinta del Cura (donde está ahora Full Tito), donde estaba el horno de Mansilla, había membrillo, kinoto, manzana, y esas travesuras de chicos entrábamos para comer algo”.

“La escuela la hice en la Escuela N° 8 vieja y la terminé en la nueva, en 1949 o 1950, como es ahora, Don Luciano Cardoso era el portero. Cuando terminé la primaria quería seguir estudiando, pero como no me podían pagar los estudios entré a trabajar en la fábrica de helados Mickey, de Alberto Bahillo en calle Alem, luego pasamos a la Avenida 25 de Mayo y trabajé unos cuantos años junto a Luciano Becerro, Jorge Santiago, Omar Federici, José Rampa, Ada Rodríguez, Rosita Bellone, Nilda de Vitarelli, los Hassan. Con los años Bahillo partió a Gualeguaychú, fue un empresario visionario”.

“Cuando me recibí de Tenedor de Libros en la Escuela Cascardo, nunca ejercí porque empecé a trabajar con el Martillero Jaime Loso, luego me tocó la colimba y entré en la firma Barreiro SACIFIA, hasta que cerró sus puertas. También estuve trabajando tres años en Squillari – Balsells, (me fueron a buscar y me pagaron la indemnización para ir a trabajar con ellos). También con Cucho Boggia emprendimos un proyecto en la esquina del viejo Almacén, lo reabrimos, pero era muy esclavo (nos divertíamos mucho, la pasábamos muy bien) y luego sí comenzó mi relación con la empresa Gear SA, durante 28 años hasta mi jubilación, a los cuales le estoy muy agradecido por la confianza depositada en mi persona”.

“Estuve siete años como presidente de la Asociación de Bochas, cuando estaba el equipo del Vasco Etchepare, Rolo Amichetti, Beto Ojeda y Cigüeña Tissera, una época maravillosa de las bochas. Cuando el Vasco se fue a jugar el Campeonato Argentino a Salta, viajamos 23 personas en un colectivo, una muy linda experiencia. También presidí el Club 4 de Octubre; integré el Consejo de Administración de Clyfer con la presidencia del Dr. Puerta; también presidente de la Escuela Especial N° 501; siempre me gustó colaborar con las instituciones”.

“También jugué al fútbol en Jorge Newbery, nunca me destaqué, pero la pasé muy bien en ese lindo club”.

“En la actualidad el ciclismo me trae muchas alegrías, todos los días hago 20 o 25 kilómetros, he venido con el hijo de Sonia, Diego Arechaga, que trabaja en Pergamino, nos vinimos desde Buenos Aires en bicicleta, 16 horas. También he ido a San Nicolás y a Luján por caminos de tierra con Daniel Bonino”.          

 

¿Había que ser muy creativo para poder divertirse?

“Siempre fui curioso, me gustaba andar por los talleres, yo no estudié nada de nada, iba siempre al Taller de Alberto Antón sobre el bulevar Moreno y también a la casa de Eliseo Boz, el padre de Dorita y Juan Boz, un hombre muy inteligente y creativo que me enseñó muchas cosas, en esos dos lugares aprendí y miraba mucho sobre como armar y desarmar autos, a pintar, etc … y todo eso era cuando tenía tan solo 10 años. Ahí comenzó todo y siempre cuando tenía un poco de plata me compraba una herramienta, tal es así que en la actualidad tengo hasta un compresor, piedra, sierra, un tallercito muy completo”.

 

¿Cuáles son los objetos más importantes que has hecho?

“Lo que más satisfacciones me ha dado han sido las cosas que he hecho para los nietos, muchos juegos infantiles, como caballitos, barriletes, mecedores. Recuerdo cuando Maxi era muy chiquito hicimos una cancha de bochas, donde empezó a jugar y tenía una gran alegría. Volviendo a las cosas que he hecho, por ejemplo: porta maceteros, mesa y sillones de jardín con paneles de madera, un molino, tambor parrillero, agnafe, reposeras, banco de madera, rejas, porta residuos, llamadores, objetos en miniatura (estación de servicio, una casita, etc.), muebles en madera, ganchos para pesca y muchas cosas más”.

 

¿Un mensaje final?

“Estoy muy contento con todo lo que me ha tocado vivir, una familia hermosa, y lo más importante la relación con la gente que me ha tocado trabajar, a los cuales le estoy muy agradecido por todo lo que me han brindado. Un mensaje a la juventud, que respeten a los mayores, a los maestros, a las autoridades, a los ancianos, porque lamentablemente se ha perdido todo eso y si querés que te respeten, tenes que saber respetar. Fundamentalmente con la pandemia que estamos viviendo, que por favor se cuiden, es una manera de cuidar a sus seres queridos y que aprovechen el óseo para hacer cosas positivas, como por ejemplo la artesanía, que eso les va a llenar el alma y el corazón”.

        Ricardo Membriani junto a su esposa Sonia Arechaga, con una replica del ARA San Juan, su último trabajo artesanal

 

Sonia Arechaga disfrutando del juego de sillones hechos de pallet de madera

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