
Ursula Bahillo
El pasado lunes 8 de febrero, alrededor de las 20, el oficial de la Policía Bonaerense Matías Ezequiel Martínez asesinó a puñaladas a su ex novia, la joven Úrsula Bahillo, de tan sólo dieciocho años de edad. En medio de esta tragedia, sobre la cual no cabe abundar demasiado porque se ha hablado hasta el infinito en todos estos días, cabe destacar la enorme movilización juvenil que, reclamando justicia, ganó las calles de Rojas y allí permanece aún.
El último fruto de tales movilizaciones fue un mural pintado sobre la pequeña edificación existente en la pista de la salud, justo en la intersección de las avenidas Tres de Febrero, Bicentenario y San Martín. Es que el viernes pasado, 26 de febrero, Úrsula Bahillo habría cumplido diecinueve años, y para recordarla, un numeroso grupo de jóvenes se dio cita para concretar la obra.
De esta manera, el piberío rojense demostró que sigue en la calle y movilizado, lo cual es una excelente noticia. Porque, la verdad, es un orgullo ver actuar a estos jóvenes y adolescentes que asumieron el compromiso de obtener justicia por el crimen de quien hasta hace unos pocos días era una piba más de Rojas.
Estos jóvenes nuestros reaccionaron masivamente ante el brutal asesinato de Úrsula, y no lo hicieron de una única manera, sino respondiendo a la enorme heterogeneidad del colectivo que integran. Hubo quienes utilizaron su inteligencia y creatividad a la hora de diseñar muy buenos actos públicos; y también hubo otros, que no fueron pocos, dispuestos a «ponerle el pecho a las balas», entendido esto de manera literal, cuando la primera movilización fue salvajemente reprimida por la policía.
Todo este proceso sacó claramente a la luz que Úrsula Bahillo fue víctima durante muchos meses de la violencia ejercida por el oficial de la Policía Bonaerense Matías Ezequiel Martinez. También conocemos bastante sobre la trama de encubrimientos que permitió una evolución creciente de esos actos violentos hasta que, el lunes 8 de febrero, nadie impidió la muerte –absolutamente evitable, si policía y justicia hubieran complido con aquello para lo que se supone que están– de la pibita rojense.
Desde estas columnas hemos reivindicado en numerosas oportunidades a jóvenes que respondían ante distintos desafíos intelectuales y deportivos, cuando la opinión pública sólo veía en ellos a seres peligrosos, irracionales y más dispuestos a la destrucción que a las actitudes constructivas.
Hoy, la reivindicación apunta a un asunto enteramente distinto pero no menos importante: en un pequeño pueblito del fin del mundo, los jóvenes se pusieron en marcha, y ya nadie los detendrá. Queda para nosotros, los adultos, estar muy alerta para cuidarlos, ya que se enfrentarán a poderes sin ningún escrúpulo en su camino hacia un futuro en el que, aquellos a quienes les pagamos el sueldo para que nos cuiden, no nos maten a las pibitas de 18. Entre otras cosas.

Los jovenes pintando el mural de Úrsula sobre la edificación en la intersección de las avenidas Tres de Febrero, Bicentenario y San Martín