Haciendo gala de la arbitrariedad que surge de un estado de excepción absolutamente injustificado, el municipio permitía que el centro cultural abriera «como bar» pero no que dejara actuar a músicos sobre el escenario. ¿Quién asesora al gobierno municipal?

Da vergüenza ajena la decisión municipal de suspender el evento de rock programado para el sábado pasado por el centro cultural La Minga, tomada cuatro horas antes del inicio del espectáculo y después de quince días de trabajo (y gastos) en la organización.
Tal decisión es inadmisible, propia de la arbitrariedad que nace de un estado de excepción también injustificado, aunque con claras intencionalidades políticas. Pero todo es más grave aún si se tiene en cuenta que, según informó el centro cultural a través de un comunicado, la prohibición fue solamente para la actuación de los músicos; podían abrir normalmente, pero no permitir que tocaran las bandas de rock. Un absurdo propio de quien está en condiciones de tomar decisiones de manera discrecional, totalmente alejadas de la legalidad y de la lógica.
El colectivo «minguero» manifestó su «enojo y repudio hacia las autoridades municipales por suspender el evento musical que veníamos organizando y dándole difusión hace unos quince días; a tan solo cuatro horas de su inicio, con toda la movida, logística y gastos que eso implica».
Señalaron los organizadores que, ante el reclamo y pedido de explicaciones, los inspectores municipales que comunicaron la suspensión «consultaron con superiores y nos permitían abrir pero sin músicos sobre el escenario». Una decisión, como se ha dicho, carente de lógica y de legalidad. «Acá mando yo, y si no te gusta, tenemos gases y balas de goma» es el mensaje subliminal de la prohibición; muy a tono con el modelo de país que pretende imponer «Pandemia» Fernández, reemplazando al pan por el garrote para acompañar al circo.
«Esto indigna mucho más cuando hace sólo una semana se pretendió hacer un "Festival de la mujer", con apoyo de la secretaría de Cultura, que se dio de baja no por protocolos, sino por la protesta local por lo ridícula y ofensiva que resultaba la propuesta», enfatizaron desde La Minga en el texto mencionado.
El centro cultural, finalmente, decidió no abrir sus puertas. «Un encuentro de música en vivo no se puede hacer sin músicos, además de ser un espacio que convive y coexiste con les artistas y sus propuestas», sostuvieron.
POCO DIÁLOGO CON CULTURA
La Minga manifestó en su comunicado «la preocupación por el funcionamiento de la secretaría de Cultura y su falta de respuestas ante este tipo de atropellos. Para un espacio autogestionado como el nuestro resulta lógico y pertinente tener un trato y diálogo fluido con autoridades municipales del sector de Cultura, aunque por momentos se está tornando cada vez más difícil».
«Seguiremos por nuestro camino, como lo venimos haciendo desde hace mucho, así como también esperamos más puentes y menos obstáculos para con los artistas y los centros culturales», concluye el comunicado.