El tendal que dejó... ¿la cuarentena? ¿o las decisiones políticas?

Locales cerrados, gente sin trabajo, comerciantes endeudados, servicios impagables, salarios miserables, fue lo que nos dejó un año de... ¿un año de qué? ¿Qué fue lo que nos trajo hasta acá?

 

Locales cerrados y con persianas bajas, consecuencia de la crisis económica que atrviesa nuesto país, a un año de la cuarentena.

 

Números establecidos por las más variadas consultoras, e inclusive por universidades, dan cuenta de que «la Argentina es un terreno minado de empresas y comercios cerrados, trabajos perdidos y familias empobrecidas». Y Rojas, lamentablemente, no es la excepción.

Esta situación, evaluada cuando se está cumpliendo un año de la instauración de la cuarentena, empieza a descubrir su verdadera naturaleza: que es el resultado de decisiones políticas, no sanitarias. Cuando un gobierno considera que si Cargill vende porotos es una actividad esencial, y mientras obliga a don José a cerrar su localcito de venta de instrumentos musicales, está decidiendo claramente quiénes son los beneficiados y quiénes los perjudicados por un estado de excepción, digámoslo así, impuesto a fuerza de marketing y atado con un hilo muy delgado a la constitucionalidad.

La realidad es que, como todo aquello digitado por el capitalismo financiero, en la Argentina de 2020/21 hubo sectores concentrados que se beneficiaron enormemente y, a la par, grandes porciones de la población que cayeron en la pobreza y la miseria. Los comercios, los emprendimientos familiares y las PyMEs hicieron punta en el derrumbe.

Mientras, la bicicleta financiera sigue funcionando alegremente con tasas que son el doble de las que hubo en el período 2003/2015 (haciendo inviable cualquier proyecto productivo); el tipo de cambio margina del consumo a la enorme mayoría de la sociedad; el gobierno colabora con esto convalidando paritarias donde los salarios siempre pierden con respecto a la inflación y los formadores de precios descerrajan todo el tiempo aumentos demenciales ante la displicencia estatal.

 

Decisiones políticas

Basta una recorrida por las calles céntricas y no tanto de Rojas para advertir que es rara la cuadra donde no hay al menos uno, y a veces más locales cerrados. Allí donde hasta hace poco más de un año florecían la esperanza, los sueños y la alegría de vislumbrar un futuro mejor, hoy reinan el silencio y la oscuridad.

Claro que la suerte no fue igual para todos. Los comercios que venden alimentos, aún los pequeños y los familiares, vieron algún beneficio gracias a que pudieron seguir funcionando y aumentar sus precios (aunque por supuesto que no tanto como las grandes cadenas de supermercados). No «pasaron al frente» pero al menos sobrevivieron, y quizás pudieron conservar a un par de empleados. No es poco.

Al mismo tiempo, otros comercios que no tuvieron la suerte de ser considerados «esenciales» debieron cerrar sus puertas, y sus propietarios hoy acumulan deudas impositivas, de servicios, con los proveedores e inclusive de sus empleados que se quedaron sin trabajo. Sin créditos (o con ellos pero a tasas impagables), sin ahorros y con una población empobrecida e incapaz de reactivar el consumo, ¿qué futuro puede planificarse?

Parece evidente (¡debería serlo!) que toda actividad es esencial para quien vive de ella. Sin embargo no lo consideró así el gobierno cuando declaró a montones de rubros como «no esenciales» y condenó a gran parte de la población a la pobreza y la desesperación. Hemos destacado en otras oportunidades los enormes perjuicios que sufrieron en Rojas los trabajadores de la cultura, impedidos de realizar su actividad y «consolados» con algunos subsidios, que no les alcanzaban para pagar las boletas de la luz a los niveles de saqueo establecidos por Macri y congelados por Fernández. Los establecimientos educativos, las instancias de capacitación, todo fue víctima de aquella decisión política primigenia que consideró que exportar soja es esencial pero formar a un actor no lo es.

La situación está muy lejos de ser auspiciosa. Las perspectivas, si todo sigue por el camino que va, son negras. Todos los pronósticos apuntan a que será «dificilísimo superar la crisis», pero es obvio que será imposible si quienes tienen el poder trabajan para que no la superemos. Sin embargo la historia ha dado infinitas muestras de que está viva y, allí donde parece inevitable el naufragio, renace con otras formas y con fuerza renovada.

Ver la realidad tal cual se constituye así en el primer paso, necesario, para torcer este rumbo apocalíptico. Comprender que hoy, lamentablemente, la política ha cerrado filas para destruir la producción y el trabajo, y que el gobierno actual sostiene y profundiza los daños estructurales provocados por el anterior, debe ser el punto de partida. Hacia dónde nos dirigiremos es algo que, hoy, es impredecible; pero habremos avanzado algo si logramos poner en claro, al menos, por dónde no queremos ir.

 

Locales en alquiler y cerrados consecuencia de la pandemia, sobre calle Francisco Roca

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