Lidia Boveri, hija de Marino: suscriptores de Chispa desde sus primeros números

Vive desde hace sesenta años en Merlo, Buenos Aires, y sigue recibiendo el semanario al que espera «como una golosina». Vive sola y tiene deseos «de ver un país mejor, con buenos gobernantes».

 

 

Lidia Boveri es rojense, pero vive en Merlo, provincia de Buenos Aires, desde hace sesenta años. Es suscriptora de Chispa, una costumbre que heredó de su padre, Marino Boveri, quien recibió el periódico desde sus primeros números.

«Mi papá recibía el Chispa desde que salió, cuando era soltero. Después nos vinimos a vivir a Merlo, y por un tiempo no lo recibimos. Pero en el año 99 fuimos a Rojas, a la fiesta de egresados del colegio, y nos reencontramos con mucha gente. Ahí decidí recibirlo de nuevo, y lo espero como si fuera una golosina, me gusta mucho leer el Chispa», explicó Lidia.

Lidia Boveri está jubilada, y la lectura de Chispa la mantiene en contacto con la actualidad de su ciudad natal. «Me gusta mucho leer las noticias sociales, todo lo que tiene que ver con el teatro, con el arte, ese tipo de cosas. La parte deportiva casi no la leo. Tengo mucho tiempo libre, y me dedico a barrer como si fuera un hobby (ríe...). La gente me ve barriendo, me pregunta cómo me va, y yo le digo "la bruja, si no barre, escarba"... Pero también me gustan mucho los animales; estoy en una entidad de bien público, que ahora, con el tema de la pandemia no puede estar abierta. Entonces voy todos los días a cuidar una gatita hermosa, divina, cariñosa, que quedó varada ahí. Le doy de comer, riego las plantas, estoy con ella».

Lidia vive sola desde que fallecieron sus padres, hace muchos años. Cuenta que «mi hermana Teresa contrajo poliomielitis en el año 56, fue el único caso en Rojas, y a raíz de la enfermedad de ella, nos fuimos viniendo de a poco a vivir acá. Cuando supimos que su enfermedad no tenía arreglo tuvimos que quedarnos para estar cerca de ella, que estaba internada en un pulmotor, en el hospital María Ferrer. Estuvo veintiún años ahí, y estuvo muy aferrada a la vida, la pasó bien, dentro de su situación».

A causa de las restricciones por la cuarentena, Lidia dejó de venir a Rojas hace más de un año; pero su costumbre era venir siempre. El problema principal es que hoy en día funciona un solo colectivo por día, y el de regreso la dejaría en Moreno alrededor de las diez de la noche. «No me gusta llegar tan tarde porque está muy peligrosa la zona. Pero cuando pueda voy a ir, y mientras tanto me mantengo en contacto con la gente que conozco, la chica de Rubió, Burgués, los Boveri, Teresita Llort... siempre hablo por teléfono».

Sobre los temas que le interesa estar actualizada comentó que «es la política, lo que nos afecta a todos, este problema con los políticos que no sirven para nada. Las cosas hay que decirlas, yo no me las callo; es feo lo que está pasando, muy feo. Yo estoy esperando al 2023 para que vuelva Cambiemos, que reconozco que hizo macanas, pero sin intención. Estos que están ahora, en cambio, son autoritarios, no podés hablar, no reconocen una falta».

Finalmente, envió un saludo «a todos mis amigos, con quienes estoy siempre en contacto. Tengo muy buenos recuerdos de todos, de cuando éramos chicos, íbamos a la escuela y teníamos muchas ilusiones, algo que ahora uno ya no tiene, porque la vida te patea mucho. Cuando era joven, era muy romántica, soñadora... y por eso me quedé solterona. Leía todas las novelitas románticas, me gustaban los actores románticos, creía que el matrimonio era un ramo de rosas y todo era pureza; que iba a conseguir un novio cariñoso, fiel, morocho, alto, de bigotes, que me iba a susurrar al oído y me iba a regalar flores blancas. Y si tenía una estancia, tampoco me iba a enojar... Pero no lo conseguí, ¿sabés por qué? Porque no existe. Lo que yo espero, lo que quisiera antes de partir para la otra vida, que el país se ponga de pie y que tengamos gobernantes dignos. Si no lo veo desde acá, lo veré desde otra dimensión».

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