Numerosas actividades diferentes, inclusive algunas ilegales, pusieron de manifiesto que la población sigue muy atenta al caso y a la anhelada justicia que aún no llega.

Adolfo Bahillo y Patricia Nasutti, padres de Ursula
El sábado fue 8 de mayo; se cumplían tres meses desde el brutal crimen de Úrsula Bahillo; y la fecha no pasó desapercibida por varios motivos, entre ellos que muchos decidieron que no sería un día más. Los padres de la víctima, Adolfo Bahillo y Patricia Nasutti, convocaron a una marcha que se realizó en la plaza San Martín, al caer la tarde. Durante todo el día trabajaron amigos de la jovencita asesinada en la elaboración de un mural, sobre una de las paredes que limitan a la plazoleta Martín Miguel de Güemes. Y también aportaron lo suyo voluntades clandestinas que, luego de que el gobierno local retirara todos los carteles y limpiara las pintadas del monumento, la plaza y sus alrededores, vandalizaron el edificio municipal, manchándolo con pintura y rompiendo vidrios, entre otros daños (como un principio de incendio).
El acto realizado en la plaza contó con una discreta cantidad de personas que escucharon los dos únicos –breves– discursos: los de los padres de Úrsula.
La «pintada» del mural, en tanto, no mostró aglomeraciones casi en ningún momento, pero sí el paso de numerosos jóvenes que, sin proponérselo, se fueron turnando para colaborar con las artistas que convocaron y diseñaron la imagen: Cecilia Calvet y Celeste Mengoni.
Sobre el vandalismo queda poco por decir: fue una mera respuesta a la decisión municipal de quitar los carteles y limpiar los «graffiti». El hecho de que hayan reemplazado el fruto desordenado de la expresión popular por una serie de carteles muy prolijos y notoriamente costosos, con leyendas del tipo «Justicia por Úrsula» (aunque ninguno dice «De la policía quién nos cuida», como los anteriores de las paredes), no fue suficiente para evitar lo que a todas luces es una reacción emocional, muy poco eficaz y hasta delictiva, si es que se pretende analizarla desde ese punto de vista.
La síntesis de este 8 de mayo, si se quiere, es la suma de una gran cantidad de acciones diversas, concurridas y desiertas, extensas y breves, legales e ilegales, todas apuntando al mismo fin: que el crimen de Úrsula y los consecuentes pedidos de justicia para todos los involucrados sigan muy presentes en la conciencia de la población.
Acto y marcha en la plaza San Martín
Con motivo de cumplirse tres meses desde el asesinato de Úrsula Bahillo, los padres de la víctima convocaron a un acto y marcha que se realizó el sábado en la plaza San Martín.
Dicho acto fue breve, y los únicos oradores fueron Adolfo Bahillo y Patricia Nasutti, los padres.
La concurrencia fue discreta, pero así y todo fueron muchos los vecinos que se concentraron, sobre todo, en el momento de la marcha para pedir justicia.
Patricia habló en primer término y, entre otros conceptos, informó sobre la realización de una denuncia penal para que se esclarezcan varios aspectos; algunos que tienen que ver con la comisión del crimen (como la presunta inexistencia de botones antipánico en la municipalidad), y otros relacionados circunstancialmente con el hecho pero no menos merecedores de investigación, como el incalificable robo de un anillo que lucía la joven, sustraído luego de que alguien le cortara el dedo al cadáver.
Esta denuncia fue realizada por la madre de la víctima en la Ayudantía Fiscal de nuestra ciudad en forma privada (por «derecho propio», según se informó), sin que por el momento haya sido agregada a la causa principal por el femicidio, que patrocina el abogado juninense Emiliano Basso. Dicho letrado, vale aclararlo, le expresó a este medio que está al tanto de la realización de la denuncia, pero que no conoce sus términos. La IPP se tramita por ante la UFIJ N° 5 del Departamento Judicial Junín a cargo del agente fiscal doctor Sergio Terrón.
Al respecto señalaba Patricia durante el acto que «es inadmisible que en Rojas hubiera dos botones antipánico que estaban rotos, es inadmisible que desoyeran nuestro auxilio, nuestro socorro, para que no nos maten a nuestra hija» y también que «después que la mataron a Úrsula, el intendente y la policía local fueron a custodiar el lugar, luego de la autopsia que le hicieron a mi hija, en nuestro dolor como padres, le cortaron el dedo para robarle este anillo, que tengo puesto, quiero que lo sepan. Con una denuncia apareció».
A continuación fue Adolfo Bahillo, el papá de Ursula, el que se expresó para manifestar, entre otros conceptos, que su compromiso con la justicia va más allá de la triste e injusta muerte de su hija; que su compromiso también es con todo aquel que sufra violencia, sin importar su género, para que los organismos gubernamentales y autoridades protejan realmente a estas víctimas, actuando conforme a las responsabilidades que tienen y a las leyes que ya existen, «para que no ocurran más muertes crueles e injustas como la de Ursula».
Un nuevo mural recuerda a Úrsula
Hasta bien entrada la noche del último sábado trabajaron amigos de Úrsula Bahillo en la realización de un mural que, a tres meses del crimen, la recuerda en la plazoleta Güemes.
La iniciativa fue de las artistas Cecilia Calvet y Celeste Mengoni. Ambas lanzaron la convocatoria y numerosos amigos y allegados de Úrsula respondieron, permanecieron en el lugar colaborando con los trabajos desde las 10 de la mañana, y lo terminaron a última hora, cuando el sol ya había abandonado el cielo y el frío se hacía sentir.
El tiempo pasa, pero la bronca y la indignación no retroceden, alternándose con la tristeza y el desconsuelo. «Con Celeste pensamos acciones desde el arte para visibilizar el caso de Úrsula, porque nos parece importante que se siga manteniendo en la memoria a través del tiempo. Y, por supuesto, lo que queremos es que se haga justicia», afirmó Cecilia.
«Es un caso que nos atraviesa a todas, como mujeres y queremos que siempre esté presente. Creemos que deberíamos despertar un poco, porque el de Úrsula no es un caso aislado; es parte de un sistema que nos oprime, que es violento. Ella fue víctima de eso», agregó.
«Nada justifica la violencia; y mucho menos una muerte, un femicidio. Sin embargo venimos perdiendo mujeres, compañeras, madres, primas, abuelas... y la violencia está siempre presente, porque vivimos en un sistema violento, un entorno patriarcal que nos violenta», dijo después.
Finalmente, explicó que «nuestra lucha va a seguir siempre; en este caso, nuestro aporte es desde el arte y apunta a visibilizar todas estas cosas».

Nuevo mural de Ursula en plazoleta Güemes