Angelo Zanotto de Venezuela a Rojas

Angelo Zanotto es venezolano; tiene veintiséis años, y vino a la Argentina hace alrededor de tres años. Es oriundo del estado de Lara, «la provincia más linda de Venezuela, porque tenemos todo cerca: montaña, playa, el centro, de todo; es increíble», explicó. Se afincó en nuestra ciudad en 2019 y con la ayuda de empresarios pudo concretar el proyecto del “El Dragón Dorado”, una planta recicladora de chatarra ferrosa y no ferrosa, cartón y plástico

 

Planta recicladora industrial El Dragon Dorado, ubicado sobre Ruta Nacional 188

 

¿Por qué elegiste Argentina?

«Todo lo que representa Venezuela hoy en día, del gobierno, por así decirlo, es lo que me impulsó a venir. Yo trabajaba allá de lo mismo que hago acá; pero empezaron las restricciones. Primero se prohibió trabajar con metales; luego con el hierro, y finalmente con el cartón. Se lo apropiaron, lo agarraron para ellos. Yo lo predije antes de que ocurriera, entonces decidí vender todo e irme a otro país a montar la misma empresa. Decidí Argentina porque para mí es el país más lindo de Latinoamérica, aparte de Venezuela; y el de más diversidad cultural».

“Llegué a la Argentina junto a un amigo, pero en Capital Federal me separé. Montar un negocio como el mío en Buenos Aires es imposible; hay gente que hace cien años que lo está haciendo, y entonces, como tenía un amigo venezolano en Rojas, vine acá. Me invitaron a un cumpleaños, me vine, me gustó y me quedé; volví a buscar mis cosas y a los tres días ya estaba viviendo acá».

 

¿Qué es lo que más lo ha impresionado de Rojas?

“La actitud familiar que tienen todos. Mucha gente me ha tratado como familia, me invitó a su casa como si fuera un familiar más. Es curioso, porque en Venezuela, y seguramente en todo el mundo, tenemos la visión de que el argentino es una persona egoísta, soberbia, que no le importa nada, y por lo menos Rojas no es así. Me he encontrado con gente muy buena, y realmente, hoy no existiría esto si no fuera por esas personas”.

 

¿Por qué El Dragón Dorado?

“Arranqué con todo en 2019. Antes había trabajado un poco, para conocer a la gente y a su cultura, y luego empecé trabajando dentro de los cuatro bulevares. Tuve problemas por eso, pero luego me trasladé acá, a este galpón, y es lo mejor que pude haber hecho. El galpón está ubicado en la ruta 188 kilómetro 110, prácticamente en la intersección con Fuerte Federación; donde estaban los de la fábrica Almar, Daniel y Raúl Seletti, me dieron una gran mano, confió en mí, y además soy amigo del hijo, de Fausto. Con ellos todo bien, todo excelente; inclusive me bancaron durante la cuarentena. Lo del Dragón Dorado viene porque cuando estaba iniciando todo esto en Venezuela, con un primo decidimos ponerle un nombre, y ese nombre debía tener que ver con la prosperidad, para que el negocio creciera. Entonces, plagiamos a los chinos: los mercados allá son todos «dragones», y lo del oro es para atraer la prosperidad.

 

¿Cómo funciona, en qué consiste el Dragón Dorado?

“Nosotros trabajamos con diferentes materiales, y uno de los más movidos son el cartón y el hierro, son los dos fuertes, aunque también están el aluminio, el cobre, el plomo, el bronce, las baterías, los periódicos y revistas, y en algún momento trabajamos también con el plástico, cosa que ahora está parada pero pensamos volver. Además de lo económico, en el Dragón Dorado buscamos la ecología, es nuestro segundo objetivo; por eso próximamente estaremos también con el plástico y el vidrio”.

 

Una vez que entran los materiales, ¿cuál es el proceso que se sigue?

“Básicamente, el cartón, el aluminio y los papeles se procesan en una enfardadora industrial de 120 toneladas que fabricaron los chicos de Almar. Me dieron una mano increíble, me financiaron, me ayudaron un montón y estoy muy agradecido. Entonces, esos materiales se van tirando a la máquina y se van compactando hasta que miden más o menos un metro cúbico. Luego se junta una cantidad para cargar un camión, y se lleva a la empresa que lo usa para hacer materiales nuevos”.

 

¿Qué se puede agregar sobre el negocio?

“Que llegar a la Argentina, y a Rojas, fue la mejor decisión que tuve, económicamente. Si me hubiera quedado en Venezuela, estaría quebrado. Hago esto desde los quince años; tuve que dejar de estudiar, porque llegó el momento en que, o estudiaba, o seguía con mi proyecto; me sacrifiqué y no me arrepiento. Estoy muy feliz por eso; lo demás ha sido sangre, sudor y lágrimas. Espero poder seguir en Rojas durante mucho tiempo, porque acá está mi hogar”.

 

¿Qué proyectos hay para el futuro?

“Todavía somos pequeños en relación con lo que queremos buscar. Nuestro objetivo es industrializarnos totalmente, comprar nuevas máquinas, para que el trabajo se vuelva cada día menos pesado. Que sea todo mecanizado, para reducir riesgos y esfuerzos. Después, seguir creciendo a nivel provincial, por lo menos. Tratar de que el reciclaje y la traída de material sea de toda la zona”.

 

...lo cual significa, además, puestos de trabajo...

“Sí, por supuesto. Espero yo poder darle trabajo a veinte, treinta personas; llegar a ese objetivo”.

 

¿Extraña algo de Venezuela? ¿Qué opina de lo que se ve acá por televisión sobre su país?

“Lo que se ve acá por televisión, diría que puede ser la cuarta parte, con suerte. Gracias a la dictadura y a la represión no hay libertad de expresión allá. La gente no puede grabar; un periodista no puede ir a un lugar y decir que hay escasez, porque va preso. No se puede denunciar la corrupción, nada contra el Estado. Entonces, la realidad es peor que lo que se ve. Hay desabastecimiento. Es verdad que hay unos mercados, que se llaman bodegones, que tienen de todo; pero carísimo. ¿Qué importa que haya toda la comida del mundo, si no se puede comprar? Una compra te puede salir cien dólares, pero para ganar esos cien dólares tienes que trabajar diez meses. Es una locura. Es lo que se ve ahora. Hay gente que tiene mucha plata porque está metida con cosas ilegales, con el gobierno, con corrupción, y pueden comprar lo que quieran. Pero la realidad es que gente mayor, que debería estar jubilada, sigue trabajando porque si no, no puede vivir. Y la gran mayoría de las personas hoy viven de los que están afuera del país. Yo, por ejemplo, mando remesas para mis papás y mis abuelos; les mando dinero para que puedan vivir. Obviamente, lo que más extraño es la familia; la comida de mi vieja. Pero sacando ese tema familiar diría que extraño la cultura. El argentino no es tan diferente, pero siempre hay diferencias, y es lo que más me llega a pegar; la manera en que se hacen las cosas. Los venezolanos somos terriblemente borrachos, en el sentido de «mala copa»; por ahí, un domingo a mediodía empezamos con una cerveza y se arma una comida, con cualquier excusa, mientras el argentino por ahí se toma un mate, algo más «tranqui». Me ha afectado esa manera de pasar los días de descanso”.

 

¿Un mensaje final?

“Insisto en que estoy muy agradecido con Rojas en general, con los chicos que han trabajado conmigo, con las personas que me han dado una mano para poder seguir. Los chicos de Almar, la gente de Pepe Ferré, de El Resero, los Seletti, gente que puso un granito de arena para ayudarme y les estoy muy agradecido”.

 

Angelo junto a los bultos de latitas de cerveza listos para ser reciclados

Categoría: