A cinco meses del crimen, mantienen vivo el recuerdo de Úrsula Bahillo

Hoy, jueves 8 de julio, se cumplen cinco meses desde el crimen en el que encontró la muerte Úrsula Bahillo a manos del oficial de la Policía Bonaerense Matías Ezequiel Martínez. Amigos, allegados y familiares de la víctima buscan que este hecho permanezca en la memoria, y con ese fin realizan habitualmente distintas actividades

 

Hoy será pintado un nuevo mural, que se sumará a los que un grupo numeroso de personas viene produciendo los días 8 de cada mes en diferentes lugares de la ciudad. El de hoy será en un muro de la ex fundición BARF, sobre avenida Fortín Mercedes.

Y como parte de este ejercicio de memoria cabe traer nuevamente a la consideración pública declaraciones del padre de Úrsula, Adolfo Bahillo, quien viene bregando para que no sólo el asesino reciba las sanciones correspondientes sino también todos aquellos que, por complicidad o inoperancia, permitieron (o no impidieron, debiendo hacerlo) la comisión del crimen.

 

Decía Adolfo Bahillo:

«No soy de hablar mucho, porque me gusta más la acción; pero quiero agradecerle a toda la gente de Rojas, e inclusive a muchos que no son de Rojas pero siempre están apoyando, por la fuerza que nos dan para seguir. Porque es necesario seguir.

«Independientemente de que Martínez pague lo que hizo, porque lo va a pagar, quiero que todos los que fueron partícipes necesarios para llegar a esto, que fue el femicidio de Úrsula, la paguen de la misma forma; todos: jueces, fiscales, políticos... todos; hasta las últimas consecuencias. Es lo único que quiero. Y que sirva para que se modifiquen ciertas leyes, ciertos puntos negros que siempre quedan, y dejan a propósito, para que se puedan esconder quienes deben impartir justicia y garantizarnos los derechos, para que esto no vuelva a ocurrir con otras chicas y chicos. Que de una vez por todas se pueda terminar con esto.

«Si se quisiera, sería posible hacer cosas para que antes de una muerte, de un femicidio, se le pueda brindar apoyo, tanto a la víctima como al entorno, a la familia. Que le puedan brindar apoyo para que la persona que la está sufriendo se sienta protegida y se decida a hablar. Lamentablemente ocurre lo contrario: nadie las escucha, "vení el lunes porque el fin de semana no trabajan", pedalean, esconden, y la gente se cansa de golpear puertas y no ser escuchado. Es en esa parte donde hay que trabajar, porque en estos casos, un minuto es una vida. No hay que pensar que no va a pasar nada; en Rojas hubo varios casos así, y hoy sufrimos uno más. En otras épocas los caratulaban con otros títulos judiciales, pero eran lo mismo. El de Úrsula no fue el primero.

«En otras épocas era muy común escuchar a gente que decía: "algo habrá hecho". Esos mismos hoy dicen "a mí no me va a tocar"; pero yo les digo que esto es algo que le puede pasar a cualquiera, por más comunicación que tenga con los hijos. El grado de manipulación de las víctimas es tan grande que puede llegar a cualquier extremo. Esperemos que, de una vez por todas, haya justicia; pero una justicia plena. No solamente para el asesino, porque acá hubo una asociación ilícita; muchos partícipes que hoy están escondidos, con licencia, viendo a ver cómo zafan, tratando de ocultarse, también tienen que pagar. Vamos a seguir hasta las últimas consecuencias, es lo último que me queda por hacer en mi vida.»

 

Ursula junto a su padre Adolfo Bahillo

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