Roger es venezolano; junto a Deisy, su mujer, y a sus dos hijas de 8 y 4 años, llegaron a esta ciudad en febrero de 2018. Gracias a la solidaridad rojense y a su trabajo sin descanso pudieron prosperar; hoy tienen proyectos y están sumamente agradecidos

En Chispa. Roger junto a su esposa Deisy y sus hijas Samanta y Valeria en nuestra redacción
Datos personales. Roger Carrasquel tiene treinta y ocho años, y Deisy Alejandra Yanez, treinta y seis; ambos son los padres de Samanta (8) y Valeria (4). Son venezolanos, oriundos de Caracas, y luego de casarse lograron tener su hogar y sus medios de vida.
¿Por qué eligieron Argentina, en especial a Rojas para venir a vivir?
Pero según Deisy, «no tanto por decisión sino por desesperación» se fueron del país y llegaron a la Argentina, más precisamente a Rojas, donde habían conseguido la oportunidad de trabajar en un campo. «Estábamos desesperados por salir, y dispuestos a llegar a un sitio donde pudiéramos trabajar y, además, no tuvieran problemas porque veníamos con dos nenas. Se dio este caso: había una persona con sus padres acá, en una quinta, un campo cerca del cementerio, y nos vinimos directamente desde Caracas a Rojas; de Ezeiza hasta acá».
Ella es comunicadora social y trabajaba en un laboratorio farmacéutico, Sanofi–Aventis, más precisasmente en la gerencia de comunicaciones y responsabilidad social empresarial. Roger trabajaba en Tienda Pago, una empresa que brinda servicios de financiación a microempresas (kioscos, almacenes, etcétera). «Como adicional tenía mi negocio de venta de equipos de computación, televisores, algo así como Pardo, en Rojas, pero sin las oficinas. Ocurrió que en 2011, cuando empezaba a reunir para hacer ese negocio, hubo lo que se llama el "Dakazo", y a todas las tiendas grandes de electrodomésticos las confiscaron y empezaron a vender a precios económicos. Por este motivo la inflación empezó a crecer muy rápidamente, y yo tuve que parar mi negocio», dijo Roger.
¿Fue rápido este cambio de situación?
Deisy: “Fue gradual, y empezó a sentirlo más la gente que tenía más dinero. Como era una parte pequeña de la población, la mayoría no lo sentía tanto en ese momento; pero progresivamente fue llegando a las masas, el barril de petróleo bajó mucho de precio, no había dólares para pagar deudas del país, y el venezolano común lo empezó a ver en escasez; iba al supermercado y no encontraba productos; en inflación; el dinero de su mensualidad no le alcanzaba para comprar la comida de una semana; el desabastecimiento. En nuestro caso, por ejemplo, la desesperación fue porque no nos alcanzaba el dinero aún teniendo buenos empleos. A veces no podíamos comer bien todos los días del mes, porque no alcanzaba. Nació nuestra bebé y no conseguíamos las medicinas ni las vacunas. Los últimos seis meses que estuvimos en Venezuela los pasamos en el estado que yo nací, Táchira, porque pensábamos que estar cerca de la familia y de la frontera podía ser una manera de sobrellevar mejor la situación; encontrarle medicinas a las niñas; tener una red de apoyo familiar; pero la escasez de gasolina era más aguda por estar en frontera; y queríamos salir. En febrero de 2018 llegamos acá”.
Una decisión fuerte, con dos hijas...
Deisy: “Allá quedaron nuestros padres, nuestra propia casa, que no pudimos vender, toda nuestra vida. No hemos vuelto, y es probable que no vayamos en mucho tiempo”.
¿Cómo los recibió Rojas?
Deisy: “Estuvimos tres meses prácticamente sin conocer a Rojas, porque estábamos en ese campo, trabajando, y no podíamos salir sino un día a la semana, el domingo. Y cuando veníamos, el pueblo estaba durmiendo, o sea que no lo conocíamos. Pero después empezamos a ver una gran solidaridad; una persona que le dio trabajo a Roger y nos permitió vivir en una habitación que tenía en su casa, en el barrio La Loma, algo en precarias condiciones pero que para nosotros significó la libertad, fue la tabla de salvación, la oportunidad de ver a otras personas cerca, de empezar. Para nosotros, de verdad, significó un cambio del cielo a la tierra, estar en ese cuartico frío. Demasiado agradecimiento con esta persona”.
Roger: “Mi primer trabajo fue como albañil con el señor Jorge Benítez, alguien que me dio una mano y no tengo cómo agradecerle. Nos dijo mira, vente, ahí tienes, nos buscaron estufa, heladera, las cuchetas, los colchones, y no fue «mira, me lo debes», no, nada que ver. Cuando salimos de allí nos dijo, «lo que necesites, llévate». Y gracias a Dios, ya pudimos ir a comprar lo que necesitamos. Trabajé con él casi tres meses, y luego encontré al señor Enzo Canelo en la plaza, me preguntó qué hacía, se lo comenté, y me pidió el currículum. Me dio trabajo, esperamos la documentación que nos faltaba para hacer las cosas de manera legal, y el 18 de junio de 2018 empecé a trabajar ahí, en la ferretería Canelo, hasta el 15 de diciembre del año pasado”.
En poco tiempo han hecho mucho...
Deisy: “Ahora vivimos en barrio PyM, gracias a la solidaridad de un rojense que nos permitió alquilar allí sin más respaldos que nuestra palabra. Normalmente piden un fiador, un garante, pero nosotros no conocíamos a nadie y el señor Oscar Hernández, el de la ferretería, nos dio esa oportunidad. Así hemos ido construyendo lo poco que tenemos, obviamente con trabajo, pero también gracias a la solidaridad”.
Finalmente, Roger, recalaste en una de las empresas más importantes de Rojas...
Roger: “Sí, desde el Molino Cabodi llegaron a Canelo ofreciéndome el puesto. Si estaba disponible y quería, el puesto era mío. Entregué el CV, les dije que estaba disponible, me mandaron a hacer los exámenes y el 28 de diciembre empecé a trabajar en la sección de compras”.
En poco tiempo han logrado construir mucho, y pensar en un futuro para las nenas...
Deisy: “Exactamente; eso es una de las cosas que agradecemos de estar aquí, que podemos imaginar un futuro, algo que en Venezuela no se podía. Es como que no tienes derecho a pensar en el futuro”.
Roger: “En el 2006, 2008, uno podía proyectar a tres años; pero cuando nos vinimos, no sabíamos si podríamos llegar a final de mes. Es desgarrador, porque después de haber visto que se podía, ya no se puede”.
¿Qué sienten cuando escuchan a los medios nacionales decir que «Argentina puede llegar a ser Venezuela»?
Deisy: “Decimos que ojalá que no, que no suceda, que Dios no lo permita y que no lo permitan los argentinos tampoco. Lo que ocurre en Venezuela, para nosotros, es un secuestro de las instancias de poder por una banda de delincuencia organizada internacional. Eso no trae cosas buenas, y a la vista está la cantidad de migrantes que hay en estos momentos. En el mundo es la segunda ola de migración más grande, actualmente; pero la población venezolana, por la falta de historia de migración, no está acostumbrada a pedir estatus de refugiados, o cosas así; por eso no existen cifras oficiales, pero son más de seis millones los venezolanos fuera del país”.
¿Algún proyecto para lo inmediato?
Deisy: “Yo trabajo por internet; cuidando a las niñas pequeñas no he podido salir a buscar un trabajo presencial, y trabajo en marketing digital. Pero quería hacer algo más para colaborar con el presupuesto familiar, y tenemos la idea de vender comida venezolana, una oferta que no existe aquí. A fines del año pasado pudimos tener las condiciones para hacerlo y hoy vendemos arepas, varios platos de la comida venezolana. Como para que varíen el menú, y nosotros podamos aportar un poco más al presupuesto familiar. Empezamos en marzo del año pasado; hicimos una pausa en noviembre, y retomamos en febrero. Gracias a Dios ha gustado mucho: aunque somos varios venezolanos, nuestro principal cliente es el argentino. Les encantan los pequeños, les fascinan, y como a mí me interesan los temas de ecología, de desarrollo sostenible, hemos estado dándole la vuelta para que Venesabores sea un poquito más sostenible, y su huella ecológica sea menor. Estamos pensando, entonces, en la reducción del uso del plástico en nuestros empaques. Es una tarea muy difícil porque el sustituto es muy costoso; pero dándole vueltas a eso nos encontramos con Angelo, de El Dragón Dorado, que tenía esta iniciativa de recolectar tapitas, venderlas y con eso ayudar a Cala. Yo podía ayudarlo a difundir eso, y entonces buscamos a otra gente para que nos ayudara, nos acompañara, y encontramos a los Amigos del Río. Les comentamos la idea, les encantó y se sumaron; así que desde hoy iniciamos esta campaña de recolección de tapitas de plástico; hasta el 31 de este mes vamos a estar recibiendo, y con la venta de eso vamos a ayudar a Cala. Los sábados 17 y 24 vamos a estar una hora en la plaza San Martín y ellos en el depósito que tienen en el Velódromo, recibiendo las tapitas para quienes no puedan acercarse hasta el galpón de El Dragón Dorado. Es para poner un granito de arena para ayudar a Cala y también para que baje la contaminación de plásticos en el pueblito, que es un tema sensible”.
¿Algo para agregar?
Deisy: “De mi parte, agradecida y con ganas de hacer lo que se pueda para corresponder todas las oportunidades que hemos encontrado en Rojas”.
Roger: “Muchas gracias a todos por habernos tendido la mano. Siempre agradeciendo, y también siendo un poco ejemplo: no vale ser agradecido si no enseñas también a los demás a agradecer, y que con el trabajo constante se logra lo que quieras”.

Los palitos son los tequeños y los rellenos son las arepas. Los pueden pedir a venesabores