Desde una carta al presidente de la nación hasta el «Rana» que, a sus veinticinco años, se inscribió para completar la matrícula; desde la tristeza de ver una obra paralizada por años hasta la alegría de una magna inauguración. Una larga serie de hechos que, combinando perseverancia con inteligencia y sentido de la oportunidad, tuvo innumerables protagonistas y llegó a buen puerto

Zulema Elsa Giles y Vilma Esnal, pioneras en la construcción del edificio de la Escuela Secundaria Nº 2, «Adolfina Valenzuela» de Carabelas
La de la escuela secundaria de Carabelas es una historia que, como la de tantas otras, comienza luego de la recuperación de la democracia, en 1983. La localidad sólo tenía establecimientos educativos preescolar y primario, por lo que los jóvenes, no más allá de los doce o trece años, debían trasladarse a otra ciudad si querían continuar con sus estudios.
Como hoy, no había transporte público que pasara por Carabelas. Los medios privados de movilidad eran caros, y así, la educación secundaria, con su consecuente posibilidad de continuar en niveles superiores, estaba vedada para una gran parte de la población y era complicadísima para otra.
Un grupo de pioneros carabelenses, entonces, aprovechó la oportunidad e inició acciones tendientes a que la localidad contara con su escuela secundaria. Fue un camino arduo y plagado de dificultades, no todas externas: muchos pobladores se oponían a la idea, y entre otros argumentos esgrimían el del «nivel»; un prejuicio que suponía una calidad educativa menor en un establecimiento local.
Entre los pioneros que realizaron las gestiones hubo tres mujeres muy activas: Zulema Elsa Giles, Vilma Esnal y Dora Piccinini. Zulema tiene dos hijos; la mayor, Patricia, cursó sus estudios secundarios en Rojas enfrentando grandes dificultades; Sergio, el menor, tuvo la posibilidad de hacerlo en la flamante escuela secundaria N° 2 «Adolfina Valenzuela». Vilma, en tanto, tiene dos hijas mujeres, la mayor de las cuales, Viviana, integró la primera promoción; Catalina, la menor, inició sus estudios secundarios en el edificio nuevo (1993).
Las gestiones, cabe destacarlo, habían comenzado mientras permanecía en el país la dictadura cívico–militar iniciada en 1976. El comisionado municipal de Rojas era Alfredo Olego, quien tuvo una participación activa en las tramitaciones ante quienes usurpaban en ese momento las instituciones gubernamentales de la provincia de Buenos Aires.
También tuvo una activa participación, tanto en las gestiones como en el asesoramiento al grupo de carabelenses que promovía la iniciativa, el director de entonces de la escuela técnica de Rojas, Omar Fornt. Este recordado docente apenas llegó a ver a la escuela carabelense en funcionamiento. La apertura del establecimiento fue en marzo de 1984; y en mayo, unos dos meses después, Fornt fallecía en un accidente de tránsito ocurrido en la ruta 31, tramo entre Salto y Gahan.
LAS ÚLTIMAS LÁGRIMAS Y ¡ÉXITO!
A principios de 1984, ya en funciones el gobierno democrático encabezado por Raúl Alfonsín en la nación y Alejandro Armendáriz en la provincia, la escuela secundaria de Carabelas estaba en condiciones de abrir sus puertas. Pero había un problema más: las autoridades exigían un mínimo de veinticinco alumnos para el inicio, y ese número era difícil de alcanzar.
Vilma y Zulema, junto a otros voluntarios, recorrieron la localidad completa en busca de jóvenes que quisieran anotarse en la escuela secundaria; inclusive visitaron los campos, revolvieron cielo y tierra... y consiguieron veinticuatro inscriptos.
Faltaba uno; entonces, apareció uno de esos héroes anónimos, un muchacho que ya tenía veinticinco años pero se inscribió, permitió así que Carabelas consiguiera el número de alumnos necesario para poner en marcha su escuela secundaria... y de paso completó sus estudios. Se trata de Fabián Sánchez, el «Rana», protagonista de una historia que aún se recuerda en la localidad.
El inicio del ciclo lectivo fue motivo de algarabía para muchos, pero de gran indiferencia para otros; no había menguado la resistencia de parte de la comunidad a la existencia de la escuela secundaria; algo realmente difícil de entender en términos de «diferencia de nivel», si se tiene en cuenta que los profesores eran los mismos que enseñaban en las escuelas de Rojas.
La secundaria, que funcionaba por la tarde, compartía el edificio con la escuela primaria que lo hacía de mañana. El acto inaugural se realizó allí con la presencia de las dos inspectoras de la rama; de la directora, María Inés «Negrita» Olivencia; del intendente Marcelo Gear; del delegado municipal Juan «Nani» Boveri; del ex comisionado municipal Alfredo Olego; de padres y familiares... y de los veinticinco alumnos, por las dudas, todos presentes para evitar cualquier cuestionamiento por parte de las autoridades.
LA NECESIDAD DEL EDIFICIO
En 1984 comenzó a funcionar la escuela secundaria de Carabelas, y a fines de 1988 egresó la primera promoción. Las actividades seguían realizándose en el edificio de la escuela primaria, pero esto acarreaba muchas dificultades.
Los «roces» entre ambas instituciones habían existido desde el primer momento: durante el acto inaugural, la escuela secundaria no tenía bandera para izar en el mástil, y la primaria no se la prestó; había quedado encerrada bajo llave dentro de un armario. Para solucionar este inconveniente, Nani Boveri fue raudamente, a bordo de su Peugeot 404 celeste, hasta la oficina de la delegación y llevó la bandera de la municipalidad, que fue la utilizada para la ceremonia.
Casi al mismo tiempo se formaba la comisión cooperadora, dado que en la escuela secundaria, si algo sobraba eran necesidades. Hasta las libretas de calificaciones fueron compradas por los padres nucleados en esta organización de la que Zulema y Vilma fueron grandes protagonistas.
CARTA AL PRESIDENTE
Los días pasaban, y la necesidad de que la escuela contara con un edificio propio se hacía rápidamente evidente. Entonces, Zulema no lo pensó más y le escribió una carta al presidente de la nación, doctor Raúl Alfonsín.
Zulema no abrigaba grandes expectativas sobre los resultados que podría producir la carta; sin embargo, poco después se sorprendió con la respuesta, enviada desde Buenos Aires por el secretario privado del doctor Alfonsín. Allí se manifestaba un inconveniente: la escuela era provincial, no nacional; pero también se ponía de manifiesto algo alentador: el presidente intervendría para solicitarle al gobernador bonaerense la construcción del edificio.
Las autoridades municipales de Rojas asumieron el desafío, se pusieron a disposición, realizaron las gestiones pertinentes, y todo rindió sus frutos: poco después era colocada la piedra fundamental en el terreno aledaño al de la escuela primaria, justo en la esquina de Sarmiento y Ejército de los Andes.
DIFICULTADES Y CONCRECIÓN
Las dificultades, como cabe esperar de un proyecto de esta envergadura, fueron muchas. Sinteticémoslas diciendo que la construcción del edificio comenzó, luego se interrumpió, permaneció paralizada durante varios años, y finalmente fue retomada y concluida.
La construcción comenzó en noviembre de 1988 bajo la responsabilidad de la empresa Arpeco SA; debía quedar concluida a los 360 días, pero la realidad es que los trabajos quedaron paralizados a mitad de camino. A principios de 1992, ya con Gustavo Vignali como intendente de Rojas, se destrabó la situación. El ministerio de Obras y Servicios Públicos de la provincia firmó el 16 de marzo de ese año el convenio que permitió reactivar la obra, que finalmente llegó a buen puerto. El 30 de abril se llevó a cabo la licitación con un presupuesto que ascendió a los 310.000 pesos.
Fue en el año 1992, ya con Eduardo Duhalde como gobernador provincial, cuando el edificio fue terminado y pudo ser inaugurado en el ciclo lectivo 1993 (durante el mes de mayo). La empresa Compañía Argentina de Construcciones Industriales y Civiles (CACIC) se hizo cargo de los trabajos y los terminó a tiempo.
UN SUEÑO CUMPLIDO
El 25 de mayo de 1993 se realizó el imponente acto protocolar para dejar inaugurado el edificio de la escuela secundaria N° 2 «Adolfina Valenzuela» de Carabelas. El acontecimiento excedió el marco educativo para proyectarse como fiesta comunitaria; fue como decir que Carabelas tuvo un festejo extra, más allá de su habitual jubileo vecinal de cada 2 de agosto; estaban los funcionarios públicos, gente de la educación, de la política, el clero, la policía, las instituciones, las fuerzas vivas... y el pueblo; un conglomerado de vecinos que no quisieron perderse detalle.
Era mucha gente; y –según publicaba Chispa en su edición del 27 de mayo de 1993– «aun a riesgo de olvidar involuntariamente a algunos, es bueno hacer un repaso: estaban el intendente, Mario Gustavo Vignali; el presidente del Concejo Deliberante, Nicolás Calderone, acompañado por los ediles Mario Raggi, Jorge DallAsta, Crescenciano Muñoz Sánchez, Juan Antonio Boveri y Ramón Salez; la presidente del Consejo Escolar, Martha Elena Archiprette, acompañada por las consejeras Ana Bouvier, Ana Pavón y Graciela Delbaldo; la directora de Educación Media, Técnica y Agraria, ingeniera Marta Susana Maciel; el inspector jefe, Oscar Demattei; el inspector de área, Oscar Magallanes; la inspectora de Inicial, Elvia Cejas; la integrante del Consejo General de la Mujer de la provincia, Blanca Zoppi de Bajar; el senador Marcelo Patricio Gear; el diputado Alberto Aniceto González; los delegados municipales de Carabelas y Rafael Obligado, Néstor Elisei y Miguel Borsarelli respectivamente; por el CIE, la bibliotecaria María Elena Jué; miembros del gabinete municipal como el secretario de Gobierno, Amadeo Solmi; de Obras Públicas, Héctor Romero; de Producción, Miguel Basilici; directores de Planeamiento, Daniel Boyeras; de Cultura, Jorge Goicochea; de Inspección General, Ricardo Iglesias; de Asesoría Letrada, Liliana Pérez; de Prensa y Turismo, Hugo Silveira; y secretario de Barrios, Marcelo Costanzo».
También hubo delegaciones escolares y de distintas instituciones: del jardín de infantes N° 903; de la escuela primaria N° 28 de La Verde; de la escuela reconocida San José; de la escuela de estética; de la secundaria N° 203 de barrio Progreso; de la escuela técnica; de la ENSNA; del centro de formación profesional; del CEPT de Hunter y de Bomberos Voluntarios de Carabelas, además de la que representó a la escuela anfitriona.
Del simbólico corte de cintas participaron el intendente Vignali; la directora de la escuela, Rosa Esther Gallo; la directora de Enseñanza Media, Marta Maciel; y representantes de la comunidad: Zulema Giles, Vilma Esnal y Bartolomé Roselló. La parte musical que incluyó la interpretación de Aurora durante el izamiento de la bandera, del Himno Nacional Argentino y de la marcha Mi Bandera para acompañar el ingreso y retiro de las delegaciones escolares, estuvo a cargo de la Banda de Música Municipal dirigida por el maestro Raúl Romano.
Así, como digno corolario del esfuerzo de la comunidad, del acompañamiento de las autoridades municipales y de la buena disposición del gobierno provincial, Carabelas tiene una escuela secundaria con edificio propio, que hasta la actualidad continúa formando jóvenes y que no sólo no es de «menor nivel» que ninguna otra sino que, en reiteradas oportunidades, ha sido un ejemplo, tanto en actividades escolares como extraescolares tipo ferias de ciencias, olimpíadas de matemáticas y biología, etcétera. La perseverancia, por supuesto que acompañada de inteligencia y sentido de la oportunidad, rindieron sus frutos.
«Lo hicimos y lo volveríamos a hacer»
Zulema Giles y Vilma Esnal dieron detalles sobre la manera en que lograron dotar de un edificio propio a la escuela secundaria de Carabelas. Una carta al entonces presidente Raúl Alfonsín fue el fuego que encendió la mecha, pero hubo mucho más: desde recorridas por los campos hasta «la fiesta con más gente que hubo en el pueblo»

El actual edificio de la Escuela Secundaria Nº 2, Adolfina Valenzuela de Carabelas
Zulema Giles y Vilma Esnal son dos de las integrantes de la asociación cooperadora que, en 1984, logró llegar a la inauguración del edificio propio de la escuela secundaria N° 2 de Carabelas.
«Éramos varias mujeres las que estábamos en la cooperadora, amigas porque nuestros hijos habían empezado la primaria juntos», señala Zulema, una entrerriana que llegó a Carabelas cuando tenía once años y hoy, a los setenta y ocho, sigue allí junto a su marido Enrique Quaglia y a sus hijos Viviana y Sergio. «La gente del pueblo es muy "bonachona", solidaria, participa en las cosas. En la escuela siempre tuvimos un grupo excepcional, y todos sufrimos mucho porque en Carabelas no había escuela secundaria, y entonces tenían que viajar, con frío», añade.
«Mi hija mayor hizo esa vida; iba a Rojas, y los días que tenía educación física salía a las siete de la mañana de acá y volvía a las siete y media de la tarde. Comía en la terminal comidas frías, se cambiaba ahí, era un sacrificio muy grande. Debido a eso, estábamos siempre pensando qué podíamos hacer», dijo después.
Comentó Zulema que «en un momento nos habían autorizado la escuela secundaria, pero nos pedían veinticinco alumnos; entonces, empezamos a buscar chicos casa por casa; a recorrer los campos; nos faltaba uno, y un muchacho, Fabián Sánchez, el "Rana", nos ayudó. Tenía veinticinco años, pero se anotó, y así pudo crearse la escuela. No fueron todas flores, porque no todos estaban de acuerdo, pero seguimos adelante».
Relató después las dificultades que nacían de la obligación de compartir el espacio con la escuela primaria. «Todo era compartido, los chicos muchas veces rompían cosas, y había muchos problemas. Era obvio que necesitábamos nuestro lugar. Un día yo estaba sola en casa, engripada, no salía, y siempre pensando en eso; hacía poco tiempo que había asumido Raúl Alfonsín, y entonces pensé: –tengo que escribirle una carta–. No lo dudé más, lo hice; fue el 7 de mayo de 1985. Despaché la carta desde Rojas, para que acá en Carabelas no se enteraran, porque tenía miedo de que no me saliera bien».
La acción rindió sus frutos. Cuenta Zulema que «el 24 de mayo recibí la respuesta. Contestaba el secretario privado del doctor Alfonsín, un tal Del Grecco, diciendo que si bien al presidente le había interesado mucho, esto no dependía de ellos sino de la provincia; y tenían que bajarlo. Obviamente, no era lo mismo que lo pidiera el doctor Alfonsín o que lo pidiera yo; entonces salió todo rapidísimo. Llegó a la municipalidad, nos mandaron tres planos distintos, con una escuela grande, una mediana y una chica; pero la grande era enorme, y entonces elegimos la mediana, que es la que está ahí. Ellos mandaron todo lo relativo al edificio, y nosotros seguimos recorriendo los campos, esta vez pidiendo para hacer el pavimento frente a la escuela, porque la calle era de tierra».
«Recuerdo que apenas terminábamos de lavar los platos, ya salíamos para el campo. Y ni uno solo de los chacareros nos dijo que no. Todos nos apoyaron. Nos regalaron hasta un quintal de soja, que ellos mismos trasladaron hasta la cooperativa. Felizmente pudimos hacer el pavimento, y así, junto con Vilma (Esnal), seguimos trabajando porque todo recaía sobre la cooperadora; hasta los boletines y las tizas. Entonces, pedimos permiso al club Unión y armamos una especie de confitería para que los chicos pudieran ir a bailar, y las madres estábamos ahí. Era entre las 20 y las 24, y entonces, a la medianoche los padres iban a buscar a sus hijos y nosotras nos veníamos con todas las cosas, el hornito, el calentador, todo. Lo hicimos y lo volveríamos a hacer otra vez; fue muy lindo, estoy muy contenta con eso», enfatizó Zulema.
Recordó a María Inés Olivencia, «Negrita», a quien consideró «una muy buena persona, la primera directora que tuvo la escuela cuando fue creada en 1984. Y la que estaba cuando inauguramos el edificio era Rosita Gallo. La municipalidad se portó muy bien, con Marcelo Gear como intendente, aunque en la inauguración estuvo Gustavo Vignali. También nos ayudó muchísimo el director de la técnica, Omar Fornt; la verdad es que muchos colaboraron y nos orientaron».
Por su parte, Vilma Esnal recordó que «recibimos muchísima colaboración, aunque también hubo gente que no la quería a la escuela. No es fácil entender los motivos, hablaban de los profesores, pero los profesores de acá eran los mismos que estaban en Rojas. Era menos lo negativo, pero existía, y eso nos desilusionaba un poco».
Expresó además un reconocimiento especial «al señor Abraham Martínez; ese señor nos dijo que lo que la escuela necesitara, ya fuera instalaciones para una reunión, o una fiesta, estaban disponibles las de ellos. También puso sus camiones a disposición. Hubo muchísima gente que apoyó a la escuela, que la quería, que la necesitaba. La Cooperativa también nos prestó sus instalaciones para hacer una fiesta, y nunca hubo tanta gente junta en Carabelas como esa vez. No recuerdo nada igual, esos galpones enormes, todo lleno y gente afuera. Eladio Fernández, el "Chango", un hombre que trabajaba en CLYFER, fue el que nos ayudó: tenía vínculos con un centro tradicionalista de Colón que se llamaba Martín Fierro, y nos conectó con ellos. Nos mandaron de todo; hasta el animador, de Colón, Carlitos Gómez. Y nosotros le pagamos con las gracias y una cena. Fueron excepcionales».
«La obra llevó casi diez años, pero finalmente ahí la tenemos. Gracias a Dios, está», finalizó diciendo.
La carta a Raúl Alfonsín
El texto de la carta que Zulema Giles envió al presidente de la nación, Raúl Alfonsín, es el siguiente:
«Excelentísimo Sr Presidente de los Argentinos:
«Dr. Raúl Ricardo Alfonsín.
«Siendo prioridad para Ud los niños, la vocación, le hacemos llegar esta carta. Somos un grupo de padres que estamos luchando por un colegio secundario, el cual tiene 2 años de vida, contando con 47 niños. Por falta de recursos estamos compartiendo con la escuela primaria, es poca la comodidad, es chica y deteriorada. Todos los niños son de hogares humildes. Como verá, Sr Presidente, necesitamos ayuda. Es una comunidad colaboradora la de nuestro pueblo, contamos con el terreno, plano, dirección de obras, albañiles, pero necesitamos lo demás, aunque sea lo más urgente, 2 aulas, 2 baños y 1 dirección. De no ser así los chicos tendrían que viajar 25 km hasta el colegio más cercano y muchos de ellos no podrán hacerlo por cuestiones económicas.
«Dr. Alfonsín: mucha será nuestra alegría si Ud. nos contestara, desde ya le decimos muchas gracias. De más está decirle que soy radical y una gran admiradora. Rogamos a Dios para que ilumine su camino para sacar adelante a esta Argenetina tan sufrida y tan querida.
«Sr Presidente, este pueblo tiene 1.280 habitantes nada más, pero se sintió el más grande y orgulloso el día que Ud pasó por él.
«Sin otro motivo lo saluda muy atte un miembro de la cooperadora.»

Inauguración. Zulema Giles, Vilma Esnal, Aroldo Toso, Bartolomé Roselló, Nani Boveri, intendente Vignali y la directora de Enseñanza Media, Marta Maciel, el 25 de mayo de 1993