Luego de varios años de letargo, esta antigua construcción que fuera museo y centro cultural está siendo refaccionada; alberga a un restaurante y hay planes para reactivarla como escenario de diferentes propuestas artísticas. Dio detalles Rodolfo Almar, uno de los miembros de la familia

Muy linda quedó la tradicional esquina de Iribarne y Juan G. Muñóz, donde funciona Fundación Rojas
La vieja casona de los Almar, convertida en su momento en museo histórico y centro cultural, vivió unos cuantos años de letargo pero comienza a despertar. Conocida todavía como la «Fundación Rojas», nombre que durante mucho tiempo hizo referencia a la institución que la administraba –y que hoy ya no existe, o al menos, no tiene vigencia legal– alberga a un restaurante que funciona los fines de semana, está siendo refaccionada y hay planes para reactivarla también como escenario de diferentes propuestas artísticas.
Consultado sobre estas novedades dijo Rodolfo «Rolo» Almar que «la Fundación es la base de la historia de la familia, y en base a eso tratamos de mantenerla como a todas las demás cosas de la empresa. Ahí nació toda nuestra historia; a partir de ahí se hizo la compra por parte de todos los primos; compraron el inmueble, lo restauraron y armaron un centro cultural, que es lo que intentamos ahora que se mantenga en el tiempo».
Relató luego Almar las complicaciones que paralizaron el funcionamiento del lugar. «La empresa es el único benefactor de la casa, y hemos pasado años difíciles. Siempre la mantuvimos en condiciones, limpia, pero la casa se fue deteriorando. Es una construcción de 1897, cuesta mantenerla y solamente lo hacemos nosotros», afirmó.
Reconoció luego que «tampoco le encontrábamos la vuelta al lugar, a alguna actividad cultural que permitiera mantenerlo abierto. Lo preservábamos pero no le encontrábamos un sentido. Cuando yo empecé con el restaurante, la primera experiencia fue hace cuatro años y anduvo muy bien; pero se necesita a alguien que conozca del rubro y por suerte pudimos juntarnos con Manga (Menéndez) y su mujer, y llevamos al Alem a la Fundación».
«A partir de ahí empezó a haber vida en la fundación. Está abierto todos los fines de semana, va gente, sobre todo en verano está todo el patio para el restaurante, y está funcionando muy bien. Eso nos dio el pie para aprovechar el empuje que da la gente, refaccionar la casa y tratar de encontrar el sentido de la Fundación. Hay que ver cómo mostrar el museo, que está como se vivía a principios del siglo pasado. Eso es interesante, y nos enseña de dónde venimos, adónde vamos y por qué. Es importante tenerlo abierto pero no encontramos todavía la forma de canalizarlo y que eso se pueda mantener en el tiempo», relató Rodolfo Almar.
Puso de manifiesto que «en realidad, la Fundación hoy no existe como fundación; no está la personería jurídica vigente, y entonces lo manejamos como una empresa. Mi hermana Livia es la que mantiene las plantas; Mónica está haciendo la dirección de obra; los chicos de Molina son los albañiles que realizan la construcción y Fabián Almada es el pintor. Lo vamos haciendo entre todos y tratamos de sacarlo adelante».
«Lo importante es que vuelva a cumplir la función cultural para la que fue pensada; traer eventos, lograr que sea parte de la cultura de Rojas y que la gente la pueda aprovechar. Hemos hablado muchas veces con la municipalidad, con la dirección de Cultura. En el gobierno de (Martín) Caso logramos que la municipalidad hiciera eventos; Griselda Zecca, la directora, lo aprovechó mucho y armó varios eventos. También estuvo el Fotoclub trabajando un tiempo ahí, y hubo algunos talleres de costura. En este gobierno no hemos tenido todavía la suerte de poder complementarnos, pero estamos ahí, expectantes y abiertos a sugerencias. Lo básico, ahora, es que está el restaurante, funciona bien y eso nos da pie para ir pensando en otras cosas», expresó.
Finalmente, reiteró que «estamos abiertos a inquietudes, a ideas, a proyectos que se puedan asociar. La Fundación está disponible, lógicamente dentro de la lógica de la civilización, con gente que tenga un compromiso y una línea de trabajo para adelante. El restaurante ocupa un lugar, pero tenemos toda la semana. Éste es un poco el proyecto; no queríamos dejar que la casa se viniera abajo, y ahora se está haciendo. Tuvimos ayuda: Canelo colaboró con el precio de la pintura, y mucha gente ayudó con los colores. La casa ha cambiado bastante pero creo que quedó muy bien».

Rodolfo «Rolo» Almar, expresó: «la Fundación es la base de la historia de la familia”