Un domingo de alto vuelo

El aeroclub fue el escenario de un festival al que asistieron miles de rojenses, treinta y cinco aviones y varias entidades de bien público que armaron un patio de comidas y vieron arrasadas sus existencias gastronómicas ante el paso de la multitud. Hubo momentos emotivos, otros sorprendentes, vuelos de bautismo y la presencia de máquinas importantes que le permitieron a la concurrencia, además de disfrutar, aprender mucho sobre estos asuntos de la aeronáutica

 

Espectacular postal desde el cielo del Aero Club Rojas totalmente colmado de gente y aviones

 

Tal como se preveía, el Aeroclub fue sede este domingo de un festival «de alto vuelo» al que asistieron invitados de numerosos puntos del país y fue presenciado por una verdadera multitud. Alrededor de treinta y cinco aviones, parapentes, paramotores y aeromodelos, una completa demostración del «zoo» aeronáutico que sirvió para materializar los dichos del ingeniero Héctor Pieters, previos al evento: «el domingo, todo lo que vuela va a parar al aeroclub».

Entre las diez de la mañana y el atardecer fue incesante el despegue y aterrizaje de máquinas; algunas, en busca de realizar demostraciones, diferentes maniobras, acrobacias; y otras, llevando a decenas de rojenses a sus vuelos de bautismo. Al menos dos aviones Cessna se ocupaban de estos «paseos aéreos» (de los aeroclubes de Rojas y Pergamino) y, de a ratos, eran tres. Todo esto se vio matizado por la presencia de un surtido patio de comidas a cargo de diferentes instituciones de bien público.

Todo comenzó por la mañana. Había bastante gente, los organizadores estaban contentos por la respuesta de la comunidad a la convocatoria, aunque no sabían que aún faltaba llegar aproximadamente el ochenta por ciento de la concurrencia que finalmente hubo.

Todo comenzó con una parte protocolar emotiva; sencillo acto en el que fueron homenajeados los ex combatientes de Malvinas, al cumplirse cuarenta años desde el conflicto bélico en el sur argentino. De este reconocimiento, realizado frente al monumento que recuerda a los veteranos, participó Leandro de la Colina, el hijo mayor del comodoro Rodolfo Manuel de la Colina, fallecido en 1982 al ser derribado por los ingleses el avión en que cumplía con una misión de reconocimiento fotográfico. El aeroclub rojense lleva hoy el nombre de este recordado piloto militar.

El acto fue breve pero emotivo, con lo cual contribuyó la Marcha de las Malvinas que sonaba desde el sistema de audio mientras las autoridades del aeroclub, junto con Leandro de la Colina, realizaban el homenaje.

A partir de ese momento fueron llegando los aviones desde varios puntos de la zona y del país, los cuales quedaron en exposición alrededor de la cabecera de la pista, a la vista del público pero lejos de su alcance ya que la zona de operaciones estaba aislada por un vallado puesto ahí para prevenir cualquier tipo de accidente.

El avión «estrella», el más esperado, fue un Harvard Texan T-6, que sirvió como entrenador de pilotos en los Estados Unidos durante la segunda guerra mundial. Hoy, en Argentina, hay una sola unidad que está en manos privadas; sus dueños aceptaron la invitación y el T-6 estuvo en Rojas el domingo.

Pero no fue el único. Entre los alrededor de treinta y cinco aviones hubo varios importantes, entre ellos un turbo hélice aplicador, algunos Vans RV (como el construido por Pablo Fernández, que es un RV 8), un Seneca bimotor, ultralivianos y los Cessna 172 de distintos aeroclubes (utilizados para los vuelos de bautismo).

Alternativamente, los aviones iban realizando pasadas a baja altura por el sector donde se encontraba el grueso de la concurrencia, esto es, desde la entrada al aeroclub hasta la zona de las oficinas y el galpón (donde estaban los puestos del patio de comidas).

Tales pasadas incluían ascensos verticales, caídas «en picada», vuelos en tirabuzón y todo un arsenal de maniobras aéreas que arrancaban los aplausos de la concurrencia.

Ya entrada la tarde, y habiendo vendido absolutamente todo lo que tenían y lo que pudieron conseguir después, los integrantes de las entidades que gestionaron el patio de comidas se sumaron a los miles de asistentes que disfrutaron del festival aéreo, en un día muy lindo; quizás algo ventoso, pero con temperatura agradable y sol. Algunos, inclusive, realizaron sus vuelos de bautismo.

Es que la concurrencia superó absolutamente todas las previsiones. Para dar un ejemplo: los bomberos de Rafael Obligado, que tuvieron a su cargo la venta de choripanes, habían barajado la posibilidad de asar cien chorizos. Finalmente se decidieron por doscientos; luego añadieron cuatrocientos más, y así y todo, alrededor de las dos de la tarde se quedaron sin nada. Fueron varios miles de rojenses los que presenciaron el fetival.

Similar suerte corrieron los panchos y gaseosas de la parroquia San Francisco de Asís, las empanadas del hogar de ancianos, las tortas y los churros de LALCEC (excepción hecha de unos pocos flancitos con dulce que sobraron) y el pochoclo del Taller Protegido.

Otro de los momentos emotivos fue la bendición, por parte del sacerdote Angel Cucchetti, del Piper PA11 del aeroclub rojense, recientemente restaurado «a cero horas». Esta máquina quedó a partir de ahora a disposición de la Escuela de Pilotos que funciona en el aeroclub, y será utilizada para entrenar a todos aquellos que deseen convertirse en pilotos privados, de la mano de varios competentes instructores con los que cuenta la institución.

Mientras continuaban los vuelos de bautismo las exhibiciones aéreas fueron haciéndose más complejas; ya no eran individuales sino que comenzaron a realizarse en conjunto, hasta el vuelo en escuadrilla final, del que participaron cinco aviones encabezados por el de mayor importancia que, en este caso, fue el Texan T-6.

La escuadrilla pasó varias veces frente al público realizando diferentes maniobras, y finalmente se dispersó para permitir que cada participante volviera a su lugar de origen.

Para ese momento ya empezaba a caer el sol y también los miles de rojenses que habían disfrutado de un domingo absolutamente diferente iniciaron el retorno a sus casas. Queda como fruto la enorme satisfacción de los organizadores, gratamente sorprendidos por la respuesta recibida de parte de la comunidad. Un festival aéreo similar a otros realizados en años anteriores, cuyo éxito permite imaginar su continuidad, incorporado a una agenda anual de eventos junto al Hot Rod, al motoencuentro de Fierros Viejos, a la Fiesta de la Galleta y a otros más, capaces de darle forma al viejo anhelo rojense de contar con una oferta turística atractiva y distribuida a lo largo del año.

 

 

El cielo de Rojas se vistió de aviones y avionetas, un verdadero espectáculo para la vista

 

Juani Olari: «Esto nos da fuerzas para seguir adelante»

 

El presidente de la Asociación Aeronáutica Rojas, Juani Olari, expresó su satisfacción por el éxito logrado al término del festival aeronáutico realizado el domingo: «Estamos contentísimos; hemos superado las expectativas en mucho. Pensábamos hacer un lugar de estacionamiento pequeño, y hoy tenemos autos estacionados hasta a mil metros del aeroclub; todo lleno de autos y de gente. Las instituciones vendieron todo lo que tenían; es un éxito impresionante», dijo.

Comentó Olari que «vinieron aviones importantísimos; chicos en paramotor que vinieron desde Zárate, ultralivianos desde Arrecifes, en medio de dificultades porque para estas máquinas el viento es un obstáculo complicado; les costó mucho llegar, pero están acá».

«La gente, realmente, se ha comportado de diez. No se ve un papelito en el piso, fueron un éxito los vuelos de bautismo, las instituciones apoyaron, lo mismo que las empresas de Rojas, la municipalidad, bomberos, policía. No tengo palabras, estoy emocionado, nos han dado un espaldarazo impresionante, el aeroclub fue abrazado por la comunidad de Rojas», añadió.

Sobre los aviones llegados para el festival destacó Juani Olari que «la "estrella" es el Harvard Texan T-6, un monomotor de la segunda guerra mundial que instruía a pilotos para la guerra; tenemos el turbohélice de Freddy Perticarari; y como aviones mayores, varios Vans RV 8 como el de Pablo Fernández, algunos llegados desde La Pampa; hay Piper, Cessna, un Seneca bimotor, ultralivianos, de todo. El día se portó de diez, un poquito de viento pero no molestó, fue un día primaveral en todo sentido».

«Esto nos da fuerzas como institución y como rojenses. Si la gente de Rojas nos apoya, nos brinda este acercamiento, la institución va a poder seguir adelante. Muchos dicen que en Rojas no hay nada, pero sí hay cosas, y esto es una demostración. Las instituciones están esperando que Rojas se movilice. Hoy nos toca a nosotros, pero hay otros como los de las bicicletas que estuvieron la semana pasada, algo muy lindo y nosotros los vamos a apoyar. Es la forma: como presidente del Aeroclub los felicito a todos», dijo después.

Finalmente, recordó que «tenemos abierta la campaña de socios, con una cuota social mínima. El Aeroclub está para disfrutar, y el que quiera se puede acercar, hablar conmigo o contactarse por el Facebook. Hay muchas actividades que se pueden realizar: radiocontrol, parapente, paramotor, manejo de drones, piloto privado, piloto comercial, aeroaplicador, un montón de cosas. También hacemos barriletes cuando el viento está fuerte como hoy. Están todos invitados».

 

El Texan T-6

El North American T-6 Texan fue un avión de entrenamiento avanzado monomotor utilizado para entrenar a los pilotos de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos, de la Armada de los Estados Unidos, de la Royal Air Force y otras fuerzas aéreas de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth) británica durante la Segunda Guerra Mundial y los años posteriores, y también sirvió en muchos otros países. Diseñado por la compañía estadounidense North American Aviation en los años 30 del siglo XX, el T-6 es conocido por varias denominaciones distintas, dependiendo del modelo y las fuerza aérea que lo utilizaba. El USAAC lo designó AT-6, la Armada estadounidense SNJ, las fuerzas aéreas de la Commonwealth lo llamaron Harvard. Ahora es un avión militar histórico muy popular en las exhibiciones.

 

El North American T-6 Texan fue un avión de entrenamiento avanzado monomotor utilizado para entrenar a los pilotos de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los EEUU

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