Día de la Industria: Una celebración que más parece conmemoración

Mañana, 2 de septiembre, será en la Argentina el Día de la Industria; una fecha que, más que una celebración parece la conmemoración de eventos históricos sumidos en lo más profundo del tiempo.

 

La industria, en este país, no obstante, sobrevive. No mucho más que eso, pero no es poco. En Rojas tenemos algunos exponentes que no sólo se niegan a sucumbir sino que, además, cometen la insolencia de proyectar crecimiento y desarrollo hacia el futuro.

Claro que la Argentina de hoy no ofrece un ambiente favorable para tal desarrollo. Estamos en un país que ha tomado decididamente la senda de la reproducción financiera del capital, con lo cual está matando a la industria que es la fuente generadora del trabajo.

Lo expresó Pablo Fernández, directivo de una industria rojense que es pionera en la provincia de Buenos Aires: Molinos Cabodi Hermanos. «Con tasas de interés del orden del 6 por ciento mensual no hay ninguna posibilidad de financiarse», sostuvo. Y es verdad: ¿Qué emprendimiento productivo podría ser rentable con ese costo del dinero? Absolutamente ninguno.

«Reproducción financiera del capital» es una frase que permite nombrar de manera amigable a conductas que no lo son en absoluto; más preciso sería aludir a la «bicicleta» o a la «timba financiera», las formas en que en este país se permite a ciertas élites enriquecerse enormemente sin trabajar, mientras matan el trabajo y la producción.

Se ha dicho que las industrias sobreviven; sí, lo hacen, pero soportando las penurias que son las mismas de la población argentina, empobrecida hasta la miseria por los formadores de precios de productos esenciales y por el gobierno mediante las tarifas de los servicios públicos (electricidad, gas) y el precio de los combustibles. Mientras, el dinero florece en los bancos, en las «bolsas» de todo aquello apto para especular, en los fondos de inversión, en las emisiones de bonos, en las mil y una formas que tienen estos noveles «planeros» para meterse plata en el bolsillo sin derramar ni una sola gota de sudor.

Todos estos conceptos subyacen en las declaraciones realizadas a este medio por varios industriales rojenses. Se ha hablado ya de Pablo Fernández y habría que agregar a Angel Magistratti (Hierromag), quien a lo dicho sumó a la corrupción; a Ricardo Almar (Ricardo Almar e Hijos), que responsabilizó a «las malas políticas industriales» y a Nicolás Paschetta, quien prefirió a la responsabilidad antes que a la queja y enfatizó que «antes que volver a confiar en los que nos trajeron hasta acá, debemos pensar en convertirnos nosotros en protagonistas». Por esta última afirmación, quizás, podríamos comenzar a buscar la luz al final del túnel; más allá de que todos los entrevistados aportaron miradas valiosas al debate y, por supuesto, tienen razón en lo que dicen.

 

Ricardo Almar: «Somos industriales, y estamos orgullosos de serlo»

 

Destacó que, a pesar de las dificultades, la empresa está en una senda de crecimiento y ha cuadruplicado su producción, comparada con la de cuarenta y cuatro años atrás, cuando fue inaugurada la planta de ruta 45. «Hemos encontrado el profesionalismo y el compromiso de una comunidad entera», afirmó

 

Ricardo Almar hijo

 

Mañana, 2 de septiembre, será conmemorado un nuevo Día de la Industria. La fecha resulta sumamente grata para la firma local Ricardo Almar e Hijos ya que, al decir de su titular, Ricardo Almar, «somos, antes que nada, industriales; somos eso, estamos orgullosos de serlo y de poder apoyar a las familias, a los operarios, a toda la gente de Rojas que nos ha estrechado la mano».

La planta sobre la ruta 45 fue inaugurada en 1978; esto es, acaba de cumplir cuarenta y cuatro años. En este punto, Almar explicó que «la empresa ha avanzado año a año, y en este momento hemos cuadruplicado la producción, comparada con lo que fue en sus inicios. Los mercados que tenemos son los mismos que desde el comienzo, aunque los productos han cambiado». En ese sentido, destacó que «estamos en un gran momento de ampliación de productos, no sólo en los envases sino en estructuras flexibles, lo que hemos ido desarrollando durante los últimos quince años y está dando sus frutos»-

En cuanto a tecnología, expresó Ricardo Almar que «como puede, la empresa está haciendo compras en el extranjero, tendientes a mejorar nuestra calidad de producto y nuestra velocidad en la atención a los clientes. Todo lo nuevo que sale sirve para acortar los tiempos», pero reconoció que «la realidad del país hoy nos juega en contra, complicando todo esto porque las compras en el extranjero están demoradas. Nosotros vamos tratando de encontrarle la vuelta haciendo las presentaciones con muchísima anticipación».

Destacó Almar que «nosotros somos industriales, no políticos; y el problema principal, en este momento, es la política; al menos, las políticas hacia la industria».

«El objetivo es mantenerse en un mercado que ha tenido sus vaivenes en estos años, más que nada por los valores de la moneda extranjera que son los que, de alguna manera, "manejan" las voluntades y las economías del país. Hemos ido tratando de sortear inconvenientes y problemas, y la experiencia que hemos adquirido en todos estos años nos ha permitido saltar estas vallas y tener hoy en día una empresa presente, capaz de atender a sus clientes y a sus proveedores y de seguir manteniendo el servicio, como lo hemos hecho durante tantos años».

Consultado sobre el personal con que cuenta la empresa manifestó Almar que «hemos logrado tener un equipo de trabajo muy responsable, como siempre lo hemos destacado; tiene muchísima predisposición, y el ciento por ciento de la gente es de Rojas, nativa o con familia en el lugar. En ese sentido estamos bien, con una gran ocupación de personal y tratando de ir mejorando día a día»,

Informó luego sobre el proyecto de trasladar las oficinas administrativas, que hoy están en el centro de la ciudad, a la planta de ruta 45: «Hay un plan que arrancó hace unos seis años y medio para tecnificar esta planta. Trajimos la parte de confección de envases que estaba sobre ruta 188 al predio de la ruta 45, y ahora estamos en obra para traer también las oficinas del centro y estar todos juntos acá. Son las obras que se ven desde la ruta».

«El día de la industria, para nosotros, es por demás de importante porque así nos sentimos: industriales. Es lo que somos, y lo que más queremos destacar es el apoyo a toda la gente de la ciudad que siempre nos ha estrechado la mano; así pudimos avanzar en esta querida ciudad, que fue donde empezaron todos nuestros ancestros, y donde hoy estamos. El reconocimiento a este tipo de cosas, para nosotros, es más que importante, y tratamos de hacerlo saber a quienes nos brindan servicios y a los que atendemos. Hemos encontrado el profesionalismo y el compromiso de una comunidad entera», concluyó Ricardo Almar.

 

La planta Almar desde el aire, se ven los cimientos donde serán construidas las nuevas oficinas de la empresa

 

En un marco complicado, Molinos Cabodi sigue siendo una empresa sólida

 

Basada en una marca que es sinónimo de calidad y en el compromiso de su equipo de trabajo, sigue adelante sin resignar su colaboración con numerosas entidades de bien público de Rojas. Pablo Fernández, uno de los directivos, se refirió a la situación general, a los dos problemas principales que son la intervención estatal en el mercado y la falta de materia prima, y al «trabajo puertas adentro para seguir en carrera»

 

Pablo Fernández

 

La molinería, que cuenta entre sus filas a Molinos Cabodi Hermanos (la industria familiar más antigua de la provincia de Buenos Aires, creada en Rojas en 1853), enfrenta hoy dos problemas principales: la intervención del Estado en el mercado del trigo, y la falta de materia prima debido a que los productores agropecuarios retienen los granos ante la incertidumbre sobre la situación económica general. No obstante, desde la firma local aseguran que la molienda sigue realizándose en niveles normales y destacan otros aspectos de su vida institucional, como el apoyo a entidades rojenses y la gran vocación de su equipo de trabajo.

Pablo Fernández, uno de los directivos de Molinos Cabodi Hermanos explicó que «la molinería no escapa a la situación de toda la industria y de la economía en general; y este año tuvo un condimento extra en cuanto a problemas, porque entre Rusia y Ucrania producen alrededor del 30 por ciento del trigo mundial, y entraron en guerra. El precio, entonces, se vio tremendamente afectado; en febrero valía 24.000 pesos la tonelada, y hoy vale 50.000. Para la molinería, el trigo es el 80 por ciento de su costo, por lo que un aumento del 100 por ciento provoca cambios muy drásticos que la industria no tiene más remedio que traspasar a precios».

Explicó luego que «la molinería sufre los mismos problemas que cualquier otra industria en la Argentina: la inflación, una carga impositiva realmente asfixiante, y acceso al crédito mínimo o nulo. Con tasas de interés al 5 o 6 por ciento mensual, es imposible para las empresas financiarse; entonces, todo eso hace un combo bastante complicado que, como decimos siempre, hay que ponerle el pecho e ir arreglándoselas».

Mencionó Fernández los dos problemas principales que enfrenta el sector: la intervención estatal que distorsiona el mercado y la falta de materia prima. Sobre esto último consideró que «no es que falte materia prima sino que el productor, ante tamaña incertidumbre, ahorra en cereal y hace muy bien, porque tiene que defender su patrimonio. Entonces, no vende el cereal en la medida en que no lo necesite para su propio negocio, y eso hace que hoy hace que haya una oferta bastante limitada. Los molinos, entonces, cuando necesitan comprar trigo, tengan que aumentar el precio que ofertan, y eso contribuye en el mismo sentido de lo que está pasando a nivel mundial».

Con respecto a la intervención estatal en el mercado manifestó Pablo Fernández que «es un tema muy complejo. La Federación Molinera, en negociaciones con la secretaría de Comercio, se opuso de entrada a este tema, principalmente porque sabemos que no da el resultado que el gobierno busca. Esto ya pasó, ya lo hizo el secretario Guillermo Moreno hace varios años, y ahora tiene todavía menos efecto porque la harina implica el 15 por ciento del costo del pan. En otros farináceos, como las pastas, es menos; entonces, tratar de controlar el precio del pan controlando el precio de la harina no da ningún resultado. Hoy, en la estructura de costos de una panadería, es mucho más importante la energía y el gas, y también los sueldos, que la harina, lo más barato. Además es algo que no se puede controlar: el gobierno no tiene ni por asomo la capacidad para controlar que las seis o siete mil panaderías que reciben harina subsidiada estén vendiendo el pan al precio acordado».

«Es un sistema que al Estado le cuesta muchísimos recursos, y que no tiene ningún resultado palpable. Desde la Federación ya sabíamos que esto iba a ser así, y por eso le propusimos al gobierno buscar sistemas alternativos, como podría ser, por ejemplo, destinar un 20 o 30 de lo que el gobierno planea poner en el fideicomiso, a las tarjetas Alimentar para la población de bajos recursos. Así esa población podría comprar los farináceos más caros, y el gobierno se ahorraría el 70 por ciento de lo que le cuesta el fideicomiso. Como pasa muchas veces, detrás de una buena intención del Estado hay una implementación que termina en la nada y se termina gastando dinero en cosas que no dan resultado. Esto complica muchísimo al mercado. Nosotros no estamos en el fideicomiso, pero hay otras que sí, como Cañuelas, que es la más grande del sector. Pero Cañuelas no ha cobrado desde que empezó a vender harina subsidiada; entonces, también está la gran duda sobre meterse en un sistema y que el mismo Estado te desfinancie», agregó Fernández.

«El plazo de pago se suponía que iba a ser de veinte o veinticinco días; pero las empresas que entraron ya llevan sesenta o setenta días y todavía no han logrado cobrar los subsidios que les corresponden. En una economía con el seis por ciento de interés mensual, esto es tremendo. Puede ser que Cañuelas tenga otra estructura; pero si esto le pasa a una empresa mediana, como Cabodi, o a una chica, produce un descalabro financiero y económico que puede significar la vida de la empresa», abundó.

«Nosotros, gracias a un trabajo muy consciente de administración de recursos, tenemos una empresa sólida. Con mucho esfuerzo, pero estamos sólidos; mantenemos nuestro nivel de ventas y tenemos una fidelidad muy alta de los clientes, ya que la harina Cabodi tiene un prestigio de calidad y de seriedad que ayuda a vender en el mercado. Además, y fundamentalmente, por el apoyo y el compromiso que tiene toda la gente que trabaja en Cabodi. Tratamos de concentranos en eso: trabajar puertas para adentro para seguir en carrera», detalló.

Sobre las perspectivas, estimó, como es esperable, que «en la Argentina no sabés lo que va a pasar la semana que viene; yo creo que todavía vamos a vivir momentos complicados, sobre todo porque el año próximo es electoral, y eso siempre complica las cosas. Nosotros estamos haciendo lo que siempre hicimos, y tratando de reforzar lo que podemos, como la colaboración con las entidades de bien público como escuelas, asilo de ancianos, comedores escolares. Hacemos convenios con algún cliente para cambiar nuestra materia prima por pastas, pan, facturas, o lo que necesiten el Solar Feliz, el Bichito de Luz o el hogar de ancianos. Es muy fácil hacer eso, y que haya chicos con hambre en Rojas es algo que nos tendría que dar vergüenza a todos. Despolitizando esto, si cada uno pone un poco de lo que tiene podemos hacer muchas cosas; y estamos trabajando en ese sentido».

 

La industria familiar más antigua de la provincia de Buenos Aires, creada en Rojas en 1853

 

Angel Magistratti: «La construcción anda bien; está complicada la economía»

 

Dijo que sigue «invirtiendo y apostando a esta ciudad» a pesar de las dificultades y expresó su deseo «de que se termine la corrupción, algo que en Rojas existió en los últimos años, y a eso lo sabemos todos»

 

Angel Magistrati, responsable de Hierromag

 

Ángel Magistratti es el titular de Hierromag, una firma proveedora de insumos y servicios a la industria. En medio de una situación económica compleja para el país, y ante la llegada de un nuevo Día de la Industria, fue consultado sobre la actualidad de la firma y explicó que «estamos pasando por un momento de mucha incertidumbre, obviamente por la política, que no está gobernando ni prestando ninguna colaboración. En Rojas, mi familia y yo estamos apostando como siempre a la ciudad e invirtiendo para mejorar el negocio. Me las rebusco para seguir adelante en un tiempo muy difícil».

«Así no se puede trabajar; la inflación te hace perder plata todo el tiempo. Los aumentos son diarios, y como nosotros trabajamos con el dólar base, el del Banco Nación, las empresas tienen una gran incertidumbre, no te venden, todo al revés: en lugar de apoyar al que invierte y crea puestos de trabajo, te aplastan. Pero trataremos de seguir luchando, por el bien de los que trabajan», agregó.

Planificar crecimiento en inversiones, en este marco, resulta prácticamente imposible. Así y todo Magistratti comentó que «este año aposté a crecer, compré un pantógrafo, estamos haciendo trabajos con eso, y por suerte consigo material porque soy cliente de muchos años de SIDERAR y ACINDAR. En la zona, cuando no vendían, el único que recibía material era yo. Nunca paré de vender; si no, tenía que cerrar, y muchos, con este movimiento inflacionario prefirieron no vender para no perder tanta plata. Pero yo seguí en la rueda porque si no, tengo que cerrar. Siempre he vendido, jamás le dije que no a ningún cliente. La construcción, por suerte, anda bien; está complicada la economía. Esto es como una familia, pensamos fundamentalmente en los empleados».

Finalmente, a modo de reflexión dijo Magistratti que «yo soy de Rojas; invierto acá, y lo que quisiera es que cambiara la mentalidad; que hagan cosas por Rojas y deje de haber corrupción. En estos últimos años hubo mucha corrupción, lo sabemos todos, y nadie parece hacer nada; pero esto en algún momento se tiene que terminar para que haya un cambio radical en la estructura de Rojas, donde falta un montón de cosas. Todos saben esto».

 

El flamante pantógrafo de la firma Hierromag en pleno funcionamiento

 

Nicolás Paschetta: «Hemos creado un espacio nuevo de demanda laboral para Rojas»

 

El gerente de Rojas Proyecto Tres (que produce con la marca Pura Tres) se refirió al gran desarrollo experimentado por la firma que tenía siete empleados en 2009 y hoy cuenta con cincuenta y cinco. En la complicada situación que vive el país apeló al compromiso de la sociedad para buscar un cambio: «Antes que volver a confiar en los que nos trajeron hasta acá debemos empezar a pensar en ser nosotros los protagonistas», sostuvo

 

Nicolás Paschetta, gerente de Pura Tres

 

Rojas Proyecto III Sociedad Anónima es la firma que comercializa agua mineralizada con la marca Pura Tres y otros productos. Fue creada en el año 2006 y tiene su planta de producción en un predio de casi dos hectáreas situado a la vera de la ruta 188, a la altura del kilómetro 106,5.

Al arribar a un nuevo Día de la Industria el socio gerente, el contador Nicolás Paschetta, dio detalles sobre la actualidad de esta empresa que, desde Rojas, abastece a un amplio mercado ubicado en distintos puntos del país.

«Nosotros compramos la planta el 1 de septiembre de 2009, por lo que estamos cumpliendo trece años acá. Hoy estamos abordando distintas unidades de negocio: la histórica, que es la distribución de agua, tanto en Rojas como en toda la región, alrededor de quince mil clientes en trece ciudades y todos los días les entregamos los bidones retornables; tenemos también una cartera de unas cincuenta empresas a las que les brindamos servicios un poco más especializado, con algunas otras características, distribución de costos por sectores en función del consumo que tengan, etcétera. No es solamente abastecerlas de agua».

Agregó Paschetta que «en 2017 instalamos una línea de Tetra Pak, y hoy ya tenemos dos instaladas. Ahora estamos terminando una etapa más para agregar un segundo proceso. En esas líneas envasamos jugos, leches especiales como serían las chocolatadas o saborizadas, y también estamos afrontando una línea de bebibles, de frutilla y de vainilla, y ahora agregaremos también durazno, para llegar a distintos mercados».

Sobre la compra de insumos y otros elementos necesarios para la producción sostuvo Paschetta que «todo lo que compramos, por más que sean insumos nacionales, todo el mundo toma como referencia al dólar oficial. Lamentablemente no sólo estamos atados al costo en pesos de algunas cosas, como los combustibles, sino que muchos están atados al dólar y nosotros estamos en el medio de la cadena. Tratamos de amortiguar todo lo que podemos esos cambios de costos para que no se nos corte la cadena de comercialización».

«Hoy, la empresa está enfocada en envasar productos alimenticios bebibles. Y lo alimenticio sigue siendo una demanda constante, lo cual permite que, por suerte, haya ventas. A pesar de eso es difícil, porque muchas veces el precio no está validado en el mercado. Uno tiene aumento de costos, y cuando traslada eso a precios se perjudica la comercialización porque el mercado no toma esos precios; el bolsillo de la gente está muy castigado, y se priva de un montón de cosas», consideró.

Aún en la difícil situación descripta, Rojas Proyecto III sigue siendo una importante fuente de trabajo. Explicó Nicolás Paschetta que «cuando tomamos la empresa, en 2009, había siete empleados; hoy hay cincuenta y cinco. Estamos trabajando con la mayor cantidad de gente de Rojas pero también tenemos a algunas personas de la zona porque tienen algún conocimiento específico sobre lo que hacemos. Una empresa como ésta es distinta de las demás que hay en esta ciudad; es exclusivamente del rubro alimenticio, pero no deja de ser una escuela. Mucha gente que va entrando, crece en los distintos puestos manejando máquinas muy sofisticadas, y eso crea una especie de necesidad laboral distinta a la que Rojas tenía históricamente, más del rubro agropecuario. Es un espacio nuevo de demanda laboral para Rojas».

Finalmente, reflexionó: «Quiero agradecer a la comunidad por la confianza y el acompañamiento de todos estos años; no sólo a los clientes sino también a los proveedores. Compramos acá todo lo que podemos, porque creemos que ése es uno de los roles de las empresas. Espero que podamos atravesar este momento difícil del país, apostando siempre al desarrollo y al crecimiento. A pesar del paso de los distintos tipos de gobierno, tenemos que saber que el pueblo, la gente, somos los que estamos y en definitiva tenemos que cambiar la realidad si es que queremos una realidad distinta. Mi mensaje sería dejar de pensar que las soluciones están en la misma gente que nos llevó a esta situación; el cambio radica en todos nosotros como individuos de la sociedad y actores que tenemos que pensar en ser protagonistas de los cambios, sin quedarnos en el reclamo constante. Con las herramientas que tenemos, tratar de hacer las cosas lo mejor posible».

 

El crecimiento de Pura Tres esta a la vista, producción de agua, jugos y leche

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