El párroco y sus misas en lugares no tradicionales

Una modalidad que no empezó ayer: el año pasado, cuando todavía estaba Francisco Benítez al frente de la parroquia, partió desde el basural la procesión de la fiesta patronal. Ahora, Gustavo Albrecht oficia en ese mismo lugar y también en el asentamiento de barrio La Loma, entre otros sitios no habituales. Albrecht y su vida franciscana...

 

El padre Gustavo Albrecht oficio misa en el basural  mismo basural y también en el asentamiento del terraplen

 

La entronización como papa del obispo argentino Jorge Bergoglio, hoy Francisco I, significó la llegada del primer jesuita al máximo cargo jerárquico de la Iglesia Católica. Los seguidores de San Francisco de Asís, entonces, tienen un respaldo para desarrollar sus prácticas religiosas acordes a esas visiones que no son las que la feligresía acostumbraba a ver hasta ese momento.

En Rojas la nueva modalidad fue «estrenada» el año pasado, cuando todavía con Francisco Benítez como párroco partió desde el basural la procesión del 4 de octubre, fiesta patronal de Rojas en honor de San Francisco de Asís.

Ahora la modalidad continúa bajo la conducción del nuevo párroco rojense: el sábado pasado fueron oficiadas misas en el mismo basural y también en el asentamiento instalado detrás del terraplén, en barrio La Loma. La particularidad es que Gustavo Albrecht no sólo adhiere como convicción personal a las posturas de esta corriente ecleseástica sino que él mismo ha llevado una vida franciscana, desprendiéndose de todas sus posesiones terrenales (que no eran pocas) para ejercer el ministerio teniendo siempre a los más necesitados como sujetos principales de su acción.

Gustavo Carlos Albrecht nació en la Capital Federal, pero siendo muy chico se radicó en San Nicolás junto a su madre y a tres hermanos. Hoy tiene cuarenta y siete años, y es sacerdote desde hace dos; fue ordenado en Rojas, poco antes de que Francisco Benítez fuera trasladado a otra ciudad y lo dejara como cura párroco.

De familia muy humilde, comenzó a trabajar desde muy pequeño y, a base de esfuerzo y de capacidad, fue consiguiendo mejores empleos hasta llegar a convertirse en alto ejecutivo de una empresa multinacional francesa que tiene una planta de producción en San Nicolás.

Su situación económica mejoró notablemente, al punto de que logró tener una casa propia enorme; una mansión que ocupaba una manzana completa. Estaba de novio, a punto de casarse; viajaba por el mundo y el dinero había dejado de ser una preocupación.

Sin embargo, hubo un hecho que cambió su vida: un encuentro, en un semáforo ante el que había detenido su vehículo, con un pordiosero que vivía en la calle y le pedía una moneda.

Para Gustavo fue un shock; pensó en un instante en todo lo que tenía, el dinero, su enorme casa, su riqueza, mientras esta pobre persona no tenía para comer y vivía en el banco de una plaza.

La situación lo conmovió al punto en que inmediatamente comenzó a vender sus bienes y montó un comedor con un sacerdote de San Nicolás. Además, empezó a trabajar asistiendo a personas en situación de calle.

Poco después, a instancias de su novia (que notaba cosas extrañas) hizo un viaje al Caribe; pero no pudo disfrutarlo. Pensaba en los rostros de las personas que, carentes hasta de lo más necesario, iban a comer al comedor. «Quizás Dios me estaba llamando para otra cosa», reconoció Gustavo.

A pesar de que su riqueza crecía, y de que estaba realmente enamorado de su novia, sentía un gran vacío en su vida. Y lo que lo ayudó fue una charla con el obispo. Esto fue en el año 2014.

Como consecuencia de esa charla entró en el seminario, y para fin de año Gustavo ya se había desprendido de todos sus bienes. Sus familiares y amigos no fueron demasiado comprensivos con su decisión; tampoco su novia, y así fue como, además de que ya no era rico, se quedó solo.

Tuvieron que pasar dos años para que todos advirtieran que Gustavo ahora era pobre pero estaba feliz con su nueva vida y que había encontrado en el sacerdocio su verdadera vocación. Las carencias son sobradamente compensadas a diario por las sonrisas de quienes lo rodean.

La feligresía lo recompensa todos los días con su agradecimiento, y Gustavo no para de moverse, de visitar distintos barrios, de viajar a las localidade (incluida Carabelas, donde hay otra parroquia) y de hacer aquello para lo que se siente llamado... como oficiar misas en lugares no tradicionales, el basural y los asentamientos irregulares. Vida franciscana.

 

El padre Gustavo en el asentamiento instalado detrás del terraplén

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