Las condiciones climáticas ya hicieron que se perdiera la mitad del trigo e interponen grandes dificultades para la próxima siembra de granos gruesos. Informó el ingeniero Diego Guerra, de la Cooperativa de Carabelas

La producción agropecuaria está enfrentando serios problemas climáticos. Se ha confirmado el tercer año consecutivo con efecto La Niña, hace alrededor de cuatro meses que no hay lluvias significativas y los pronósticos no son favorables.
Las precipitaciones de los últimos días, de alrededor de doce o quince milímetros (según las zonas) significaron un leve alivio para los cultivos en desarrollo pero no evitarán que los rendimientos, sobre todo del trigo, apenas alcancen a la mitad de los esperados.
El ingeniero Diego Guerra, integrante del equipo técnico de la Cooperativa de Carabelas, brindó un panorama de situación que no es alentador pero admite estrategias para poder producir en las mejores condiciones posibles.
Señaló Guerra que «estamos en un período de La Niña, con menos agua de lo normal que es lo que estuvimos sufriendo hasta hace unos dias, cuando hacía cuatro meses que no llovía. La lluvia que cayó, en el acumulado, fue de doce, trece, quince milímetros según la zona, lo cual es un alivio pero no resuelve la situación. Lo que nos puede permitir esta lluvia, y algunas posteriores, es llegar a cosecha; pero ya tenemos una merma en el rendimiento, tal vez de un cincuenta por ciento de lo esperable en un año normal».
No obstante, reconoció que «lo que más nos preocupa es lo que se avecina, y tiene que ver con la siembra de la gruesa. Dada la falta de agua en el perfil no se puede sembrar, y la estrategia de la cooperativa para nuestros productores es, fundamentalmente para el maíz, atrasar la fecha de la siembra y también bajar un poquito la densidad de plantas por hectárea. Hoy están pronosticando falta de agua para los últimos tres meses del año, y esta situación puede llegar a ser muy preocupante sobre todo en diciembre cuando el calor, sumado a la falta de agua, puede resultar un "combo" explosivo».
«Atrasar la fecha de siembra nos permitiría, en el caso del maíz, atrasar la floración y entrar en enero. Lo que comentan los pronósticos es que en enero y febrero se pasaría de una situación La Niña a otra neutral, y eso nos permitiría capturar esas lluvias para lograr mejores rendimientos que los que tendría un maíz de primera. De cualquier manera, son sólo pronósticos; pero hay altas probabilidades de que ocurra eso», agregó Guerra.
En cuanto a la merma de rendimiento de los cultivos actualmente en desarrollo aclaró el profesional que «cuando digo el 50 por ciento de merma me refiero fundamentalmente al trigo. En el caso de la cebada el daño puede ser un poquito mayor, y la arveja también se resintió muchísimo más; Rancagua es la zona donde más arveja se siembra, y ya se han dado de baja muchísimos lotes».
«Sabemos que el último trimestre del año va a ser La Niña, y eso significa que va a llover menos que lo normal; y si a eso le sumamos la mayor demanda atmosférica de humedad por las altas temperaturas, tenemos que plantear estretegias adecuadas porque si no podríamos sufrir daños importantes. Estamos preparándonos para eso», dijo después.
«Hoy, el agua útil prácticamente no existe en el perfil; o sea que tenemos que recomponer esa situación, pero como va a ser difícil que eso suceda hay que pensar en hacer un cultivo con las lluvias que vayamos recibiendo día a día. Esas lluvias van a ser escasas, por lo que la estrategia es atrasar las fechas de siembra para llegar a enero, cuando se supone que las lluvias se van a normalizar», concluyó.