Visitando la necrópolis
Puede resultar extraño que una visita al cementerio aporte material histórico, lo que se desvirtúa enseguida cuando se comienzan a observar detenidamente sepulturas, tumbas, panteones, nichos, sepulcros… (Nota archivo Chispa, 18 de abril de 1996, material de fotos actualizado).
Los Cabodi. Yola, María, Juan, Mario, el historiador Chilín y José Fernández, sepultados en esa tumba
El busto. Una curiosidad a la memoria de Catalina B. de Baguear
Historia del cementerio
La necrópolis actual se creó en 1868 y es la segunda, oficial, reconocida como tal. Así lo explica el historiador Hugo Silveira: “En los tiempos de la conquista era común usar los terrenos al lado de las capillas como lugar de entierro; de ahí que se cree que el primer cementerio fue en 1777 en el fuerte de la horqueta”, donde el arroyo Saladillo de la Vuelta confluye con el río Rojas, “El segundo cementerio habría estado en las inmediaciones de la Escuela 1”, recordando que en esa manzana se instaló el segundo fuerte, a partir de 1779. Le siguió, en 1828 “el que cronológicamente sería el tercero, en la zona del Parque General Alvear”. Más documentado está el que le sucedió –el cuarto- en 1851: “al lado del edificio municipal, en la hoy esquina de Yrigoyen y Mitre”, donde supo haber una capilla.
Sí queda claro que “el primer cementerio reconocido oficialmente aparece en 1855, en la manzana hoy comprendida por las calles Paso, Pueyrredón, Sarmiento y bulevar Moreno”. Y trece años después aparece “otro cementerio laico, segundo oficialmente y sexto en la cronología histórica que es el actual”: ocupa un poco más de tres manzanas, encerrado entre las avenidas Diego Trillo, Fuerte Federación, Helguera y calle Loma Negra; el vértice oeste está ocupado por el corralón municipal.
La tumba más antigua
Familia de Manuel Fariña, también una de las más antiguas del cementerio
A pocos metros del acceso, sobre la avenida central, se pueden ubicar las tumbas y bóvedas de mayor antigüedad. Hacia la izquierda se observa una gran lápida con reminiscencias griegas, con algunas estatuas de alto valor estético. Pertenece a la familia Ballesty (irlandeses pioneros dentro de la historia rojense) y es una de las tumbas de mayor antigüedad que pudimos detectar: de 1872, es decir cuatro años después de fundado este camposanto.
Quedan pocas estatuas: de las últimas seis, apenas un par están enteras; cuentan que un rayo las dañó considerablemente hace tiempo y, la acción delictiva del hombre, ayudó al desmantelamiento de los ornamentos del sepulcro.
Enfrente de la tumba de los Ballesty, escrituras en inglés señalan la presencia en nuestro historial de miembros de la colectividad irlandesa. “Sacred to the memory of Patrick Murphy who departed this live february 19 of 1881, to age of 50 years. May he reas in peace”, se lee. Es también la tumba de Mary Murphy, fallecida el 21 de febrero de 1886 a los 50 años. Al lado hay otra lápida donde se lee que también están los restos de Ana M. de Vilariño e hijos; el deceso de la mujer se produjo el 31 de enero de 1900 a la edad de 39 años.
Volviendo a cruzar está la sepultura de la familia Aimone-Maccario y una placa muy vieja que reza: “A la memoria de María Aimone de Carrasco que falleció el 12 de agosto de 1869 a los 27 años de edad. El recuerdo de su esposo”. Este ha de ser el sepulcro más antiguo, construido a sólo un año de la fundación del cementerio. Siempre por la avenida central y hacia la derecha se puede encontrar otra tumba muy vieja donde están los restos de Francisca A. N. de Laprida, fallecida el 14 de diciembre de 1879 a los 50 años de vida. Un poco más allá está la bóveda de los Mullally, apellido que tiene mucho que ver con la historia de Rojas. Justo enfrente, otra muy señorial, una vieja construcción de la familia de Galway cuya pesada puerta ha sido cambiada y mejorada; dentro hay nuevos cajones a la vista y, supuestamente, en el subsuelo deben estar depositados otros más. Son féretros muy viejos lo que se deduce tanto por la madera, las manijas y los accesorios, el material.
Cerca de ahí está la bóveda de la familia Oyhanarte. Descansan Celfa Oyhanarte, maestra que por la década del diez falleció a muy temprana edad producto de una enfermedad que hizo estragos en el país, la tuberculosis, también está María Elena, que fue maestra de Ernesto Sabato, nada menos. Junto a ella, Mario, el padre de Marta Oyhanarte, así como uno de los más conocidos de la familia: Juan Oyhanarte, a quién se le debe la fundación del radicalismo en Rojas el 8 de julio de 1891, exactamente doce días después que Leandro Alem gestara el partido Radical en el país (el 26 de junio de igual año); de esta forma, Juan fundó el primer comité de la provincia de Buenos Aires que todavía de Buenos Aires que todavía permanece. Fue, además, el primer periodista rojense: a su bisemanario “La Verdad”, fundado en 1881, se lo considera como la primera publicación periodística escrita: aparecía los jueves y domingos y se distribuía en Rojas, Junín, Lincoln y Colón.
La sepultura familiar se completa con un matrimonio: Miguel (hermano de Juan) y Pascuala Forgues.
Los grandes panteones
Llegando a la cruz central se encuentra la mayor cantidad de los notables panteones, algunos, compitiendo en calidad arquitectónica. Por ej., de las familias de Palazzo, Pattone, Azzaro-Roggeri, Teppa, Druet, Pedro Labiaguerre, Juan Borasi, Carlos Lennon, Carlos Franzosi, Rafael Grieco-Giovanardi; Julián Castaños, Ruggero-Acerbo; Domingo La Rio, Sansirena, Julio Olivencia Fernández, autor del libro del Polígono editado en 1923; los Barreiro; Krivocapich, Paulazzo, Aranjuez. Tanto la avenida central como la transversal que cruza a la altura de la cruz central, terminan en la puerta de dos panteones: el de la Sociedad Argentina, uno de los más lindos y espaciosos, con distintos niveles y, el más reciente, construido por la Sociedad Española, con un estilo arquitectónico muy actual.
Esta zona tiene algunas curiosidades, como nos cuenta Scalise, vecino del lugar que dedicó buena parte de su vida a la construcción de sepulturas, nichos y bóvedas. “Esta la creencia que en la tumba de los Ballesty un rayo destruyó algunos de los apóstoles, pero no está muy claro si fue así; lo que sí es seguro que en el panteón de Carlos Franzosi y familia (cercano al de Olivencia Fernández y frente de los Sansirena) una vez cayó un rayo que destruyó una de las puntas y el angelito que estaba en lo más alto de la construcción, cayendo sobre una tumba cercana”.
Dentro de tantas notables construcciones hay algunas sepulturas que guardan su riqueza histórica: la de los de Palma, con fotos de la época donde está toda la familia; Miguel Juan, fallecido en 1917, que fue el primer director de la escuela 11 y previamente maestro de grado en la 7 de Rafael Obligado; Dolores García de Palma (fallecida en 1946), Leopoldo conocido como “Polo” que murió en 1972; Nacho Stoianoff Raikoff, un sastre casado con María Dolores Bernarda de Palma que tuvo su taller en la casa pegada a la central telefónica, sobre calle Julio A. Roca. El resto de la familia vivió mucho tiempo en una gran casona demolida la década anterior, donde hoy está la plazoleta de la Juventud y se la conoció como “la casona de los de Palma”. Enfrente, casi donde cruzan la avenida central y la que conduce al panteón de la Sociedad Argentina, está la sepultura de la familia Cabodi. Descansan ahí los restos de Juan (fallecido el 16 de junio de 1950), Mario (murió el 4 de julio de 1956), Yola Cabodi de Vermal (21 de julio de 1994), José Fernández (de 1934), María Cabodi de Fernández (1988), y el historiador Juan Jorge Cabodi “Chilín”, que expiró el 5 de marzo de 1994.
Un sabio
Sepulcro de la familia Condrón. Yacen los restos de un sabio, Jorge Alberto Sábato
Cerca del panteón de la Sociedad Argentina hay una sepultura, de la familia Condron, tumba que se abrió por última vez el 12 de agosto de 1991 cuando se depositaron los restos de María Condron de Warren. Allí están sepultados los despojos de uno de los once sabios de Latinoamérica, el recordado Jorge Alberto Sabato, nacido el 4 de junio de 1924 y fallecido el 16 de noviembre de 1983. Se destaca una placa de “la Municipalidad y el pueblo de Rojas a su ilustre convecino”, otra de la Secretaría de Ciencia y Técnica “como impulsor del desarrollo científico y tecnológico nacional” y otra, de la entonces vicegobernadora bonaerense Elva Pilar Barreiro de Roulet que eligió este pensamiento: “homenaje al hombre, al ciudadano, al científico, al amigo”, bronce que data del 26 de junio de 1984 cuando vino la funcionaria, junto a Ernesto Sabato y su esposa, Matilde, a visitar el sepulcro, una llovizna y triste mañana de invierno.
Primera maestra
Aquí descansan los restos de la primera educadora rojense Jacoba Navarro de González
Muy cerca de ahí hay otra tumba, donde está Carla B. de Alvarez con una placa de la Asociación de Maestros de la provincia de Bs. As. “a su ex socia”.
En la sección 13 letra E está la tumba de Jacoba Navarro de González, con una placa donde se lee: “Este solar ha sido declarado lugar histórico por decreto No. 155/77. Magisterio de Rojas. Homenaje a los maestros fallecidos. Rojas, 11/9/1978”.
Detrás, una casualidad: la sepultura de Mercedes Solveyra, esposa de otro gran educador como fue Jaime Pons. Resignado destino el de este maestro: también debió enterrar a su hija: sobrecogerá leer el enmohecido mármol donde el notable educador escribió las palabras finales a su hija tempranamente fallecida: “Duerme hija mía querida/el dulce sueño de la muerte/mientras tu padre, en triste vida/llora tu tan amarga suerte”.
Por la misma zona hay otras dos sepulturas de vieja data: a la memoria de Joseph John, Anastasia William y Francis Bogan, en 1881. Más allá hay otra que está entre las más antiguas, en su cruz, arriba, se lee agosto 15 y muy claro el año, 1879, donde está enterrado Floro Salgado que murió a los 51 años.
Los Amichetti
El panteón de los Amichetti. Obra de notable riqueza arquitectónica
Contrastando, sobre el lateral oeste del cementerio, junto a la pared que da a la avenida Trillo, hay una nichera de construcción bastante reciente, de la familia Barea: están allí los dos hijos de Hugo Barea y Nené Amichetti: Ariel Antonio (8/5/1964- 1/11/1981) y “Batato” (1961-1993) donde hay dos placas: una de sus padres y, otra, donde se lee: “al inolvidable Batato Barea, sus compañeros, miembros de la Asociación Argentina de Actores”.
Una forma de terminar la recorrida es llegarse hasta el imponente mausoleo de los Amichetti construido en 1922 según se lee detrás de la construcción, en números romanos. Delante, junto a la puerta de doble hoja, están las placas recordando que allí descansan Josefa Amichetti, Salvador y, Felipe, socio fundador de la Cooperativa Agropecuaria Industrial, consejero de la Agrícola Ganadera, fallecido el 23 de mayo de 1969 cuyo nombre le fue impuesto a la cancha de bochas del Club Sportivo Rojas.
Al salir, otra curiosidad: el frente y acceso de la necrópolis fueron hechos por el constructor Domingo La Río, una verdadera obra de arte arquitectónica; sus restos descansan en ese lugar, en una bóveda familiar.
Para quienes hemos leído aunque más no fuera en parte la historia lugareña escrita por varios investigadores y valoramos la obra que realizó gente de 50, 100 o más años atrás, resulta emocionante el hecho de ubicar la última morada de tantos rojenses que marcaron una época de nuestra vida comunitaria: de antaño, docentes, médicos, intendentes, jueces de paz, escribanos, martilleros, periodistas… Ese fue el sentido y propósito de esta nota.