Rojas, en el diario La Nación

El matutino de los Mitre publicó una extensa y conceptuosa nota de Flavia Tomaello que pone de manifiesto el perfil cultural de nuestra ciudad; destaca que «tiene editorial propia, biblioteca con más volúmenes por habitante que cualquier otra ciudad de la provincia, teatro, cine y un público ávido de "vernissages"» y rescata a Lito Labrada y a Mario Aguer como creadores del proyecto Historias de Rojas

 

Templo parroquial San Francisco de Asís, de noche

 

Nuestra ciudad, y más concretamente el proyecto Historias de Rojas, han tenido por estos días un importante reconocimiento por parte del diario La Nación, de la Capital Federal.

En su sección «Lifestyle» y con la firma de Flavia Tomaello, el conocido matutino porteño publicó una nota a dos páginas, con abundantes fotos, en la que rescata aspectos de la ciudad y a algunos de sus protagonistas, como el recordado Ariel «Lito» Labrada y Mario Aguer, los responsables de pergeñar y realizar el proyecto Historias de Rojas, que hoy tiene un sitio web con más de cien trabajos y un libro impreso.

Señala Flavia en su nota sobre Rojas que «inspirados en una frase de Umberto Eco, Ariel "Lito" Labrada y Mario Aguer se embarcaron en una obra monumental: registrar la historia de Rojas en papel. El autor de "El nombre de la Rosa" solía comentar que conservaba en un disco duro portátil de 250 megabytes toda su obra, "pero –decía– me alegro de que aquellos libros estén todavía allí, como garantía para cuando los instrumentos electrónicos fallen". Hace más de trece años, Labrada y Aguer concibieron la idea de editar un libro con la historia de Rojas. Para concretar el proyecto convocarían a veinticuatro autores, cada uno a cargo de desarrollar un tema diferente, y luego reunirían todo en una obra. Sin embargo, la idea cobró vida propia: de libro pasó a página web; la convocatoria desbordó las expectativas y cientos de relatos y anécdotas fluyeron sin cesar, capaces de enumerar sucesos políticos, aventuras económicas, hechos sociales, gestas deportivas, secretos y curiosidades».

Continúa el relato sobre el nacimiento de Historias de Rojas: «Para 2018 la idea se convirtió finalmente en libro con casi seiscientas páginas de palabras ocurridas en Rojas. Ubicada a 260 km al noroeste de la Capital Federal, tiene su origen en el fuerte Guardia de Rojas, fundado en 1777 por el sargento mayor Diego Trillo en la confluencia del río Rojas y el arroyo Saladillo de la Vuelta, pero dos años más tarde, por una inundación, se mueve el asentamiento a la actual esquina de Alem y 9 de Julio. El primer negocio de la ciudad abre veinte años después. Se trató de la pulpería de Andrés Martínez en las cercanías de la esquina de avenida Guardia de Rojas y Malvinas Argentinas».

Seguidamente, la mención de uno de los rojenses célebres que forman parte del monumental trabajo de Labrada y Aguer. «Fue allí, un 24 de junio de 1911, que nació Ernesto Sabato. Según relata Ariel Labrada, uno de los autores del multitudinario libro, "todo empezó con un calabrés pobre y analfabeto que llegó en el año 1900 a la Argentina: Francisco Sabato. Su esposa, Juana María Ferrari, era quien leía y escribía lo que él necesitaba". Juntos recalaron en Rojas un par de meses después de asentarse en Buenos Aires. Francisco hizo trabajos varios hasta que logró montar una carnicería. Para 1907 cambió de rubro y se dedicó al pan, para abrir una década después un molino harinero y así ampliar su panadería con una fábrica de pastas. El negocio se ubicaba en lo que hoy es la calle Pueblos Originarios al 300, esquina Muñoz, lindante con la casa familiar, en el 471 de esa misma calle. Allí nacieron los once hijos del matrimonio (Ernesto fue el décimo). Hacia finales de 1922 se instalaron en la casa que hoy sigue en pie, dando la vuelta por Pueblos Originarios en el 267. Una vivienda con altillo en el que el futuro escritor gustaba de pasar horas recluido. La primera de las casas familiares fue demolida por uno de los hermanos, Lorenzo, quien una vez recibido de médico, regresó a su pueblo natal y estableció allí su consultorio», consigna Flavia Tomaello en su trabajo.

Luego se detiene en la descripción de la casa definitiva, señalando que «es hoy una propiedad privada, pero desde el exterior una placa deja constancia de la presencia de la familia Sabato allí. Se trata de un petit hotel de principios del siglo XX, con amplios ventanales, rejas con un importante trabajo de herrería para la época y una escalinata de ingreso que distribuye el ingreso», y consigna a continuación que «si a algún sitio volvió sistemáticamente Ernesto Sabato fue a su escuela primaria Número 1 "Domingo Faustino Sarmiento". El edificio se encuentra en la calle Alem, en el mismo lugar en que se emplazaba la construcción que la antecedió y que databa de 1862, pero que debieron demoler por su precariedad. La nueva sede se inauguró en 1913, estuvo pensada para recibir a quinientos alumnos, además de que preveía patios abiertos y cubiertos y vivienda para el portero y para el docente a cargo de la dirección. Hoy integra el Patrimonio Histórico y Cultural Provincial».

El molino Cabodi forma parte también de la crónica sobre Rojas. La nota da cuenta de que «en 1853, el francés Sebastián Roques radica una tahona en lo que por entonces era un reducido caserío en Rojas, fundando lo que sería, con el correr de los años, uno de los primeros y más importantes molinos harineros del país, símbolo de la molinería argentina: Molinos Cabodi, fundada en 1853 y entidad de capitales nacionales más antigua en la localidad. En 1897, Sebastián Roques le vende el molino a su yerno Juan Cabodi quien, junto con otros socios, le da un nuevo impulso. Sigue en funcionamiento siempre en manos de la misma familia».

Finalmente, Flavia incluye una mención a un hotel instalado en la que fuera propiedad original del matrimonio formado por Luis Aladro y Luz Chiessa (hoy en manos de Gabriela Martin) y culmina refiriéndose a Rojas como «una caja de Pandora cultural que también tiene editorial propia, biblioteca con más volúmenes por habitante que cualquier otra ciudad de la provincia, teatro y cine, un público ávido de "vernissages" y una misteriosa casa con símbolos masones de la que nadie cuenta demasiado».

La conclusión, una frase extraída de «La resistencia», el libro publicado por Ernesto Sabato en el año 2000: «El niño sigue jugando en la glorieta de la plaza, donde seguramente mañana tocará la orquesta o habrá un concierto de guitarras como antes en Rojas.» «Como una profecía cumplida», finaliza escribiendo Flavia Tomaello.

 

Centro Cultural Ernesto Sabato

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