El presidente se refirió al 98° aniversario del Centro Español, recientemente cumplido y festejado, y a la actualidad de una institución que se acerca a su centenario en pleno proceso de crecimiento

Edgardo Vilar, presidente del Centro Español
El Centro Español cumplió noventa y ocho años y, para celebrar tan magno acontecimiento, este último sábado hubo una fiesta realizada en la sede de la institución. La fecha real del aniversario fue el 15 de junio, aunque el festejo fue pospuesto para el 22 de julio y se llevó a cabo con una sede colmada. «Tuvimos la suerte de que se llenara el salón; la concurrencia fue muchísima, y la cena estuvo acorde al aniversario; fue muy emotiva y reconocida por todos», afirmó Edgardo Vilar, el presidente de la entidad.
–¿Quiénes estuvieron presentes?
–Vinieron muchos socios, ex presidentes, gente de la comisión directiva actual y muchos allegados que siempre participan de las distintas actividades que realizamos. Además hubo un lindo show a cargo de Javier y su Banda, que hizo que la gente se divirtiera hasta casi las cuatro de la mañana.
–¿Cómo llega el Centro Español a este aniversario?
–Hace cinco años que estoy en la presidencia, y en este tiempo tuvimos la suerte de tener la personería jurídica al día, con el certificado de vigencia. Esto es importantísimo porque nos permite hacer cualquier tipo de trámite sin limitaciones. Tenemos hasta el último balance presentado y aprobado. Además, hemos cumplido con todos los requisitos pedidos por los bomberos de la policía de la provincia de Buenos Aires; tenemos todos los elementos de seguridad en condiciones y la habilitación al día. Están los matafuegos, las luces de emergencia, los artefactos de gas totalmente controlados, los tableros eléctricos en perfectas condiciones, las puertas de emergencia... Por eso podemos hacer en este club cualquier tipo de evento. Y en cuanto a obras, más allá del mantenimiento general del club, que no es sencillo porque hablamos de un edificio de más de cien años, tuvimos que reemplazar el piso del salón rojo, que estaba muy deteriorado por el tiempo. Hicimos una inversión muy grande; se colocó un montón de maderas nuevas y se hizo un tratamiento especial, un laqueado, que le da un gran realce al lugar. Para eso tuvimos una ayuda de parte de la Sociedad Española y otro aporte de La Milonga de Rojas. Pero la obra principal fue el baño para personas con discapacidad; lo hemos logrado gracias a la colaboración de una persona, mi hija Juliana, que hizo todos los trámites necesarios para que el gobierno de la provincia de Buenos Aires nos diera un subsidio de seiscientos mil pesos. Lo logramos y también fue aprobada la rendición de cuentas por esto. Por supuesto que la obra costó el triple, pero pudimos hacerla. Tengo que agradecer a quien hizo el proyecto, consiguió los albañiles y plomeros, quien trajo los artefactos de Buenos Aires: mi otro hijo, Germán. Son las dos cosas más importantes, que creo que merecen la atención porque necesitamos que el club no tenga limitaciones y que pueda disfrutarlo todo el que quiera. Hoy tenemos un club accesible para todo el que quiera usarlo.
–Se nota que es un club muy lindo y que está en crecimiento, a pesar de todo...
–Le hemos dado un toque de jerarquía. Lo tenemos en condiciones en todos los ámbitos; cuesta trabajo y dinero hacerlo, pero todo dirigente, cuando está en un lugar, tiene que bregar para que todo esté de la mejor manera posible, y para eso hace falta obtener recursos que salen de los socios, de los eventos, de los subsidios, de colaboraciones. Lo hacemos para que el club pueda seguir vivo de la mejor manera.
–¿Hay otros servicios que preste el club? ¿Cede el espacio para otras actividades?
–Al club lo han usado para varias cosas; hubo eventos de Cultura, de danzas, fiestas que organizan los socios, todo eso al club le sirve y además le brinda beneficios a quienes organizan las cosas.
–Estamos a dos años del centenario. ¿Cómo es su continuidad?
–El dueño del edificio es la Sociedad Española, con la que tenemos un vínculo para poder hacer todo lo que hacemos. Hace varios años que estoy en el club, y creo que uno va cumpliendo su ciclo. Le he dado todo lo que pude; se lo estoy dando; pero mi mandato termina en junio del año que viene, y creo que tendría que haber otras personas que se hagan cargo. Eso espero. Los ciclos se cumplen y tenemos que dar un paso al costado para que llegue gente con más ímpetu. Me gustaría llegar al centenario, pero tengo muchas actividades y me gusta hacer todo responsablemente. Me gustaría, por ejemplo, poder estar todo el tiempo más cerca de mis hijos, y no lo puedo hacer.
–¿Quién es el presidente de la Sociedad Española?
–Mario Aguer. Tenemos un contacto muy fluido, muy bueno, y el próximo proyecto que tenemos ganas de concretar es rediseñar toda la iluminación del salón rojo para darle la jerarquía que se merece. Estamos evaluando esto.
–La terraza siempre fue fundamental. ¿Cómo sigue el uso de ese espacio?
–La terraza es un lugar muy lindo para Rojas; el edificio en sí es importante, y merece ser reconocido. Pero en la terraza hemos organizado eventos, y la gente los disfruta. También tenemos que agradecer a quien está a cargo de la conserjería, Mónica Valdez, que lleva esto muy bien y ayuda a que el club tenga una concurrencia masiva.
–¿Por qué la gente debería acercarse al Centro Español?
–Porque es un lugar que da para que lo utilice la mayoría; porque es una colaboración grande que la institución necesita para mantenerse; porque tiene beneficios, en caso de que necesiten el alquiler del salón o de la parrilla y les sale mucho más barato; pueden venir a hacer lo que quieran a cenar, o sin consumir nada, el club está disponible para que vengan y lo disfruten. Si son socios, mucho mejor. Y estamos abiertos a todas las propuestas de los socios; con todo gusto las tomamos y las llevamos adelante de acuerdo a lo que nosotros pensamos.

La pulcritud del Salón Rojo del Centro Español

Baños para discapacitados, la última gran obra de la institución