Misa en homenaje a Marcelo Zúcaro

El 4 de abril a las 16 horas se realizará una misa por los 13 años del fallecimiento de Marcelo Zúcaro en el cementerio local, con la presencia del Monseñor Héctor Cardelli, la comunidad está invitada a compartir un momento de recordación y recogimiento.

 

 

Sembrar la semilla….
“Lo que hizo Marcelo no se pudo explicar con palabras”, dijo una vecina, mientras otra asentía. Todas eran palabras hermosas, llenas de sinceridad, de amor. Pero de la boca de Miguel salió esa frase tan dulce como milagrosa: “Marcelo sembró una semilla en nuestro pueblo”, mientras la voz se le quebraba. Era el resumen de una obra magnífica de este rojense que en su corta vida predicando la palabra de Dios dejó un sello imborrable. Nada menos que eso. Por eso vaya este humilde salmo para enarbolar lo único que un ser humano puede dejar en esta tierra.
Convertir almas es como cultivar:
plantamos semillitas de la Verdad de Dios
en la tierra desierta de los corazones vacíos,
y el grande y tibio sol de Su amor,
con el Agua de Su Palabra,
hacen que esas semillitas broten
con el milagro de una vida nueva…
Claro que tenemos siempre la esperanza
de ganar a otros a la fe en Cristo,
pero en realidad es tarea de Dios y obra del Espíritu Santo.
Sólo podemos ofrecerles la Verdad
y mostrarles el amor del Señor,
pero no podemos forzar los resultados ni decidir por ellos.
Que decidan creer, recibir y seguir esa Verdad o no,
es algo que queda entre cada individuo y Dios…
Una persona siembra la semilla,
puede que otra la riegue,
pero el que da el crecimiento es Dios.
No podemos hacer más que intentar preparar la tierra,
ablandarla con nuestras lágrimas y oraciones
y sembrar en ella la semilla,
pero depende de la persona recibirla o no,
y sólo Dios puede que eche raíz, crezca y dé fruto…
Nuestra misión, es simplemente
“ir andando y llevando la preciosa semilla”
y plantarla en corazones fértiles,
fructíferos y receptivos.
Puede que no siempre veamos la cosecha
con nuestros propios ojos,
pero en tanto hayamos hecho nuestra parte fielmente,
podremos dejar el resto en manos del Señor…

Por Fabricio Cavalcabué

 

 

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