Ángel Cuchetti arribó a sus cincuenta años como sacerdote y a través de una nota en las redes sociales quiso compartir este momento de dicha y felicidad con toda la comunidad, agradeciendo a todos los fieles de Dios por su acompañamiento durante tantos años.

El padre Angel Cuchetti muy querido en nuestra ciudad, cumplió sus Bodas de Oro sacerdotales
GRACIAS
“He recorrido muchos años y caminos junto al pueblo de Dios compartiendo el silencio de la Fe, siempre en común unión con otros sacerdotes, religiosas y pueblo de Dios caminando a la par, y con la gracia de Dios y la Virgen para hacer, de un hombre, un hombre al servicio de los hombres.
Gracias a mis padres María y Modesto, quienes fueron mis primeros ejemplos en la Fe y la vida Cristiana.
A mis hermanas María Rosa y Mirta, a mis sobrinos Fernando, Mario y Cristian y a la tía Miguela, quienes con su acompañamiento y apoyo incondicional en vida, Fe y bienes materiales familiares han acompañado la vida que he elegido hace sesenta años habiendo aportado de todas formas y en cada situación a las misiones y peregrinaciones.
Gracias a todas las familias y personas de Rojas, de la Diócesis de San Nicolás y de muchos lugares que me siguen acompañando, de quienes recibo respeto, afecto, respaldo y comprensión... y a todos ellos incluyo en todos estos años de caminar, llevar y compartir la Fe en Dios Padre a los "Esclavos de la Virgen", quienes acercaron a nuestra Madre Santísima a toda América Latina.
A quienes desde la nada eligieron acercar el rostro amoroso de la Virgen al inabarcable pueblo de Dios que sufre muchas veces la forma más profunda del dolor humano.
A cada peregrino que dejó todo para llevar a la Virgen a curar y cuidar la vida de tantos otros.
A Vicente Rodríguez de Hunter, primer esclavo y peregrino, a quien considero otro padre. En él nombro a muchísimas personas visibles e invisibles que caminan en la Fe, la misericordia y el amor buscando permanentemente la verdad, la justicia y la paz.
Al Padre Sánchez que me recibió en Rojas en 1974 cuando yo aún era diácono. Al Monseñor Carlos Ponce de León que me ordenó en 1975.
A todos los papas, cardenales, obispos y sacerdotes que bendijeron la comunidad de Hunter como obra de Dios y de la Virgen, comunidad que marchó siempre desde Luján hacia cada santuario o lugar.
Gracias a los sacerdotes de otras diócesis con los que sigo compartiendo la vida pastoral; a los sacerdotes que sirvieron en la comunidad de Rojas, con quienes conviví y compartí las tareas pastorales contando con su invalorable respaldo y cumpliendo con el mandato de Jesús: "Vayan de ciudad en ciudad y de dos en dos", por vivir el espíritu esencial de la iglesia que es misionera por naturaleza, reafirmado en la Conferencia Episcopal Latinoamericana del año 1979.
A los padres Rafael Tello, Aníbal, Denis, Julián, Hugo, Jesús y todos aquellos con quienes compartí la casa parroquial.
Al Padre Luis, y al padre Miguel, ordenados por Mons. Castagna (Diócesis de S. Nicolás) y al Padre Juan Barrera -al que llamamos negro Manuel, que hoy habita en la casa del Padre- ordenado por Mons. Ogñenovich (Diócesis de Mercedes).
A los sacerdotes de la Cofradía María Estrella de la Evangelización.
En Edgardo Angeleri y flia. (ya en casa del Padre) nombro a los miles que sostuvieron y sostienen con su Fe, con su tiempo, con sus bienes, incondicionalmente, la tarea pastoral de tantos sacerdotes, muchos que ustedes conocen y muchos otros que no, en favor del pueblo de Dios.
Gracias a las instituciones de la ciudad que siempre me han hecho y continúan haciéndome partícipe de sus luchas y esfuerzos comunitarios y personales, acompañando la vida de los ciudadanos para contribuir al bien común.
Gracias a las autoridades que me han respetado.
Gracias a los profesionales de la ciudad que han tenido la consideración de brindarme su amistad y apoyo.
Gracias a todos los tantos, aquellos cercanos y lejanos que en su humilde condición intentan vivir el Evangelio de Jesús en su pobreza, en su enfermedad, en su soledad, privados de su libertad, de quienes tanto he recibido y aprendido.
Y a todos los que sin creer en Dios o pertenecer a otras religiones respetan y comparten los valores de solidaridad, empatía e interés por la vida de sus semejantes, entre los cuales tengo muchos amigos.
Con afecto les doy la bendición de San Francisco:
QUE EL SEÑOR LOS BENDIGA Y LOS PROTEJA.
HAGA BRILLLAR SU ROSTRO SOBRE USTEDES Y LES MUESTRE SU GRACIA.
LES DESCUBRA SU ROSTRO Y LES CONCEDA LA PAZ.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Gracias”.
Padre Ángel José Cucchetti