A pocos días de cumplirse ocho meses desde el crimen, el diario América 24 publicó una nota firmada por Luciana Arias donde pinta la situación de la familia Bahillo, reconstruye el incalificable hecho y saca a la luz el entramado de encubrimiento e inoperancia que, muy probablemente, no será juzgado junto al autor material

Con la firma de Luciana Arias y el título «Si algún día no vuelvo, rompan todo": empieza el juicio contra el femicida de la joven que denunció a su ex novio policía y murió apuñalada» publicó el diario América 24 una nota sobre el crimen de la jovencita rojense que conmocionó al país todo.
El texto publicado es el siguiente:
El juicio por el femicidio de Ursula Bahillo ya tiene fecha. Había denunciado al policía Martínez por violencia de género y amenazas reiteradas. Tenían pedido un botón anti pánico que nunca llegó. Las fallas del Estado y la desesperación de su familia.
Por Luciana Arias | 29 de septiembre de 2021.
El cuarto está tal cual ella lo dejó. Sobre la mesita para la tele quedaron un sombrero, su perfume y un barbijo. Las cortinas están cerradas. Varias perchas dispuestas sobre el barral muestran el buzo de egresada del secundario, su vestido de comunión, un delantal rojo de jardín de infantes. Arriba de la cama tendida está su mochila y algunas prendas de niña meticulosamente planchadas y apiladas. Sobre ellas un par de zapatitos de bebé. Además se ven peluches, pulseras, anillos, chocolates. Son los regalos que Patricia Nasutti recibió durante estos siete meses sin su hija.
Tras el femicidio de Úrsula, Patricia perdió 45 kilos. «Los adelgacé moviendo cielo y tierra. Todos los días levanté la bandera de Úrsula Bahillo y su memoria porque ella tenía ética y moral, nombre y apellido. Estaba esperando esta fecha con mucha ansiedad».
La fecha que tanto necesitaban conocer Patricia y su marido Adolfo Bahillo es la del 3 de diciembre, cuando empezará el juicio oral y público que el Tribunal Oral en lo Criminal Nº1 de Junín llevará contra Matías Ezequiel Martínez, el policía bonaerense acusado por el femicidio de su única hija.
Úrsula apareció asesinada el 8 de febrero pasado cerca de las 20:30. Su cuerpo estaba entre pastizales en un campo a la altura del paraje Guido Spano, a unos 13 kilómetros en las afueras de la localidad bonaerense de Rojas, donde vivía la joven de 18 años junto a sus padres. A pocos metros encontraron un cuchillo. Ahí también detuvieron a Martínez, que estaba a metros, en el interior de su auto.
¿QUÉ HIZO EL ESTADO ANTE LAS DENUNCIAS DE ÚRSULA BAHILLO?
Úrsula y su familia habían pedido ayuda. Pero ninguno de los organismos del Estado actuó a tiempo para evitar el femicidio. Martínez tenía al menos cinco denuncias por violencia de género. En la última, la joven había solicitado el botón antipánico. «Tuve una reunión con la jefa de seguridad, me prometieron el botón y nunca llegó». En el municipio de Rojas no se lo dieron porque no contaban con esos dispositivos en funcionamiento, y según el área de Género y Diversidad local, no habrían recibido el oficio judicial con la aprobación.
Patricia y Adolfo luchan para que el femicidio de Úrsula no quede impune. Era su única hija tras diez años de buscar ser padres.
Un mes antes del asesinato, el 9 de enero, Patricia había hecho una denuncia en la Comisaría de la Mujer y el juez de Paz local, Luciano Callegari, le impuso una medida perimetral a Martínez. El 1 de febrero volvió a denunciar, sin embargo el juez lo desestimó. «Nunca creí estar denunciando a alguien por violencia de género. Quiero ser la última», escribió Úrsula en Twitter.
Los hostigamientos seguían y Úrsula se acercó a la Comisaría de la Mujer cuatro días más tarde. Lo denunció por desobediencia de medidas y amenazas. Los dos días siguientes amplió sus denuncias ante la ayudantía fiscal, la Comisaría y el juzgado de Paz. Ella y su familia vivían con miedo. «El asesino no soportó que ella lo dejara. Dejó una carta despidiéndose de sus hermanas y sus padres», dice Patricia.
Según se conoció tras peritaje de los teléfonos celulares de Úrsula, Martínez engañó a la joven el día del crimen: le pidió un encuentro para aclarar algunas «cosas». Un tío de Martínez, también policía, alertó al 911 diciendo que su sobrino le confesó en un llamado que «se había mandado una cagada».
VIVIR CON CUSTODIA POLICIAL
Desde fines de febrero, veinte días después del femicidio, los padres de la joven viven con custodia policial en la puerta de su casa. Tras los incidentes, «le habían puesto efectivos a todos: al intendente, a la fiscal, menos a nosotros. Me mataron a mi hija de 30 puñaladas y le pusieron custodia al asesino».
Cada vez que Patricia entra o sale, incluso cuando viaja para acompañar a familias de otras víctimas de femicidio, lo hace con personal de la Policía Federal. «Vamos a Posadas, Misiones, con un sacerdote de Rojas. Somos muy católicos y Úrsula iba mucho a misionar».
«Después de lo que pasó mi marido estuvo casi tres semanas sin caminar porque tuvo una afección en el sistema nervioso central». Adolfo terminó cerrando su negocio, que era la fuente de ingresos familiar.
EL RECUERDO DE ÚRSULA
Patricia y Adolfo buscaron tener un hijo durante diez años. «Úrsula era la luz de nuestros ojos, una nena súper cariñosa, estaba siempre con quien la necesitaba. Yo la defendí hasta lo último». Los dos aún la esperan a la hora de la cena. «Siento que en algún momento va a entrar, que esto es mentira. No puedo creer que tuve a un asesino sentado tantas veces en mi mesa», dice.
Úrsula tenía planes. Estudiaba dos carreras en simultáneo: Psicopedagogía y una formación como acompañante terapéutica. Además, se había anotado para cursar la carrera docente.
En el lugar donde encontraron su cuerpo la gente fue dejando objetos: rosarios, chupetes, muñecos. Patricia armó una garita donde los guardan. «Le pusimos colores, lo fileteó una artista de acá». También la recuerdan en la plaza central de la ciudad y muchos comerciantes de Rojas mantienen su foto en las vidrieras. «Con mi dolor como mamá la hice visible», dice.
En su casa de Rojas la mujer conserva el título analítico que Úrsula iba a presentar para iniciar la carrera docente el 9 de febrero, un día después de que la mataron. También quedó dentro de un folio en esa habitación, su espacio sagrado.





