Hizo furor en la década del 70, cuando junto a Hugo Aguilar, los hermanos Puzzo, los hermanos Ascensión, Tito Andrada, el Ñeque Sánchez y Donza; peleaban para el Club Sportivo Rojas, de la mano del recordado Miguel Calderón. Cada pelea era emocionante, se brindaba todo dentro del cuadrilátero, hasta el mismísimo Juan Carlos Pradeiro, entrenador de Carlos Monzón se lo quiso llevar al Luna Park, pero el sentimiento por su familia fue más fuerte, para retirarse en 1974 bajo la ovación del público rojense. Vaya hoy nuestro homenaje a un verdadero luchador del box y de la vida

Hugo Atila dialogando con Chispa en la tranquilidad de su hogar
Datos personales. Hugo Osvaldo Atila nació en Rojas el 23 de septiembre de 1952, hijo de Eduardo Atila y Antonia Lanza. Tiene cinco hijos: Hugo Javier, Daniel, Guillermo Ariel, Diego y Natalia, y ocho nietos, que son Camila, Federico, Sol, Luna, Tania, Ainara, Taner y Simón.
Su infancia
Se crio en el barrio Aguas Corrientes, lugar donde vivió la primera parte de su vida y comenzó a incursionar el boxeo. Fue a la escuela N° 8, trabajó en la fábrica de Aulino, y tenía una activa vida social junto a sus amigos. Fue Oscar Puzzo, un gran compañero, quien le insistió para que comenzar a practicar este deporte, cuando tenía diecisiete años.
«Fue en el club Sportivo y estaban Oscar y Juan Puzzo, Amadeo y Nano Ascensión, Huguito Aguilar, Tito Andrada, el Ñeque Sánchez, Donza, Juan José Torres y algunos más. Miguel Calderón fue boxeador profesional, y era el entrenador», dijo Atila.
¿Cuál fue su primera pelea?
“Fue en Ascensión, con Lagoa, de Junín. Los dos éramos nuevos, y fue una buena pelea. Pesaba sesenta y ocho kilos, pero Miguel me dijo que bajara a sesenta y cinco para cambiar de categoría, de Mediano a Welter Junior. Pude hacerlo bien, porque entrenaba mucho, salía a correr, era muy profesional en ese sentido”.
¿Vivía del boxeo?
“No, trabajaba con mi viejo, no era profesional, en el boxeo encontré loque ninguna actividad me lo había dado, contención y eso para mí fue muy importante”.
¿Fue una época en que iba mucha gente a los festivales?
“El Sportivo se llenaba, y nosotros éramos muy compañeros, Rojas tenía un nivel muy parejo y había muchos festivales, por todas partes. Yo he ido a festivales desde Salto, Pergamino, Junín, hasta ciudades de la provincia de Santa Fe”.
¿Cómo es la carrera de un boxeador amateur?
“Se empieza compitiendo en preliminares. Después, al ganar experiencia se pasa a peleas de cuatro rounds, o de cinco, hasta llegar a la de fondo. Estuve inclusive compitiendo en un campeonato en Buenos Aires, que gané”.
¿Alguna anécdota en especial, para mencionar?
“Hubo una pelea en 9 de Julio, donde el rival era profesional y me "sacudió" a lo loco. También me acuerdo siempre de tres peleas con Adán Silva, que era espectacular. No se había hecho profesional, pero era muy bueno; lo había traído Juan Carlos Prdeiro (entrenador de Carlos Monzón), me dijo: “si le ganás hoy, hablo con la Comisión de Sportivo y tus viejos y tellevo al Luna Park”; él estaba muy bien, pero yo también estaba bien; de entrada me "primerió", entré jugando y me metió un piñón en el gañote que me hizo apoyar con los guantes en el piso. Me levanté enseguida, pero veía todo negro. Empecé a moverme, y él me respetaba mucho. Después fui al rincón, y estaba nocaut; Miguel Calderón me retó, me dio algo para abrirme los pulmones, y volví a entrar a todo o nada; o me tiraba, o lo tiraba. Y bueno, nos dimos como en la guerra durante los cinco rounds. Ahí me levantaron en andas, y hablaron a la comisión. "Una piña como ésa, en frío, no la aguanta nadie", comentó Pradeiro. Me salió todo bien, después me mandaron una carta y me esperaban en Once; pero no pude ir. Estaba la cuadra de mi casa toda llena, me acompañaban hasta el tren, pero no pude ir por la emoción que tenía mi vieja. Una historia emocionante que me cortó mi carrera, porque no sabía hasta dónde podía llegar. Me tuve que quedar, porque el doctor me dijo que era el boxeo o mi vieja. Así, peleé hasta los veinticuatro, más o menos”.
¿Fuiste a trabajar a Balcarce y te hicieron pelear?
“Sí, mi patrón me compró todo el equipo. Trabajé unos quince días, hice toda una estructura, me compraron todo y querían que haga una pelea en el festival. Así peleé en Balcarce, porque ellos querían verme. Me quedé más de un mes ahí, y después me trajeron de vuelta a Rojas”.
Hugo Atila, fue uno de los que marcó una época en el boxeo de Rojas; ¿qué le dejó, como deporte, en la vida?
“El boxeo es algo que me encanta; no me pierdo una pelea, y les he enseñado a los chicos, a los tres. El más chico, sobre todo, porque pegaba con las dos manos, espectacular. Diego, el del medio, era más estilista; y el más grande pegaba bien. Pero no se dedicaron mucho, aunque los dos más grandes hicieron algunas peleas de King Boxing”.
¿En qué ha trabajado?
“Como mecánico, con mi papá. Después, cuando él falleció, anduve en el camión, y finalmente estoy acá con los chicos, ya estoy jubilado, disfrutando de la familia”.
¿Algún ídolo del box?
“A nivel local Oscar Puzzo me encantaba, además fue un gran compañero; Huguito Aguilar también, un espectáculo; eran todos muy buenos. Y a nivel profesional me gustó Jonatan Sánchez, que logró salir, los dos hermanos son muy buenos, Y también están los Molina, tanto Titi como Lucas, los dos muy buenos”.
¿Un mensaje final?
“Quiero hacerles llegar un gran saludo a todos los chicos que practican boxeo; que tengan suerte y que sigan, que perseveren en esta actividad que es muy linda. Si tienen condiciones y se pueden ir, que lo hagan, no desaprovechen las oportunidades, porque como expresa el dicho: “el tren pasa una sola vez”, es lo mejor que pueden hacer, porque allá hay mucha más enseñanza que acá. A mi familia y amigos gracias por todo los quiero mucho”.

Toda la fiereza y la potencia de Hugo Osvaldo Atila, un boxeador sensacional