Fueron parte de una generación de boxeadores que acaparó la atención del público rojense y de la región, participando de innumerables festivales y hasta representándonos a nivel provincial y nacional. Nano era un personaje extrovertido, muy simpático y en el ring “había que matarlo para poder ganarle”, nos decía su hermano Amadeo. El cabezón, todo lo contrario, más serio, más osco, pero con una técnica exquisita, debutó a los 13 años y llegó a pelear con José María Flores Burlón y el recordado Rubén Loyola. Ambos continúan vinculados al box, Nano haciendo escuela en la ciudad de Pergamino y Amadeo como árbitro de box. Una rica historia de vida, de mucho sacrificio y lucha, porque desde pequeños se vieron frustrados por la partida de su padre Arnaldo, pero con el orgullo de seguir sus pasos a través de lo que más aman en sus vidas: el boxeo

En Uruguay. Oscar Puzzo, el Negro Alberto Correa, Miguel Saucedo, Ramón Fernández y Amadeo Ascención
Amadeo Ascención. “Soy un agradecido de lo que me ha dado el boxeo en la vida”
Datos Personales. Amadeo Ascensión nació en Rojas en enero de 1953, hijo de Aurora Orejuela y de Arnaldo Ascensión. Es el cuarto de seis hermanos; Roberto y Beatriz (ya fallecidos); Arnaldo, Juan y José Carlos, los menores.
¿Dónde naciste?
“Nacimos todos en Rojas, pero mi viejo, por razones de trabajo, estaba en un paraje que se llama Cuatro Caminos y pasamos a Los Indios. Cuando yo tenía diez años falleció, y nos vinimos a Rojas con mi mamá. Juan y José estuvieron en el Instituto Morzone, en Rafael Obligado, y los demás nos vinimos para acá”.
¿Fue una infancia dura, perder al padre siendo tan chicos y teniendo que hacerse cargo de la familia?
“Exactamente. Cada uno tomó su camino, a pesar de que estábamos todos juntos. La situación era demasiado pesada para mi mamá sola, y entonces los chicos empezamos a trabajar, como pasaba en tantas familias en esa época. El único medio que teníamos era el trabajo, porque no pudimos estudiar. Empezamos así”.
¿Cómo nació la pasión por el boxeo?
“Mi padre se había dedicado. Vivía en Buenos Aires, y siendo un muchacho empezó a practicar boxeo, creo que con Zacarías. Después por motivos personales se vino a Rojas. De nosotros, el primero que empezó fue Nano, en Sportivo, donde estaba un señor Pérez como entrenador. Yo empecé con él, entrenado por Miguel Calderón, cuando tenía trece años. Fue en la pileta de Sportivo. Me llevó Nano, porque yo tiraba más para el fútbol que para el boxeo. Había unos cuantos muchachos, estaba el Negro Torres, Oscar y Juan Puzzo, Oscar Pérez... yo empecé con todos ellos. Y al mes, Calderón me propuso pelear. Yo acepté, a mis trece años, y debuté en Rafael Obligado”.
¿Justamente ésa era la pregunta, sobre su debut?
“A los trece años, en Rafael Obligado. Muchos años después, yendo a Junín como entrenador, me encontré con un hombre que me preguntó quién era yo. Le dije, y resultó que era el mismo con quien yo había debutado en Obligado. Pastorino se llama, tiene diez o quince años más que yo. Volvimos a pelear en la cancha de paleta de Sportivo, y le gané bien”.
¿Cómo fue su paso por el fútbol?
“Hice las divisiones inferiores en Boca. Yo hacía las dos cosas, pero me gustaba más el fútbol por el tema del juego en equipo, de los amigos. Entonces practicaba boxeo, pero los fines de semana me iba a jugar al fútbol, siempre en Boca. A los catorce años ya había hecho cuatro o cinco peleas, todas ganadas, y me llevaron a la zona norte, que estaba en Pergamino. Ahí no me dejaron pelear porque era menor. Pelearon todos los demás del gimnasio, y yo no pude por la edad”.
¿Cómo era, como boxeador, en cuanto al estilo?
“La mayoría de mis peleas fueron de fondo. En los festivales había tres preliminares a tres rounds, un semifondo a cuatro rounds, y la de fondo a cinco rounds. La mayoría de mis peleas las hice de fondo, a los dieciséis años era fondista y todos me decían que tenía muchas condiciones. La categoría era medianos, setenta y dos kilos. Siempre hice mucha actividad física y tenía buen estado”.
¿Qué recuerda especialmente de aquella época de los 70, de gran auge del boxeo en nuestra ciudad?
“Yo empecé de chico y siempre peleé en Sportivo. A los dieciséis fui por zona norte como campeón a pelear a Rosario, donde me descalificaron mal peleando ante el campeón de Capital Federal. Él me pegó un cabezazo y el árbitro me descalificó a mí. Ese boxeador, Camilo Gaitán, llegó a la final. Al año siguiente, diecisiete años tenía, fui representando a la Argentina a un certamen en Uruguay. No me fue muy bien, porque era un chico nuevo y tuve que pelear con boxeadores que habían ido a las olimpíadas con el Negro Torres, con Guilloti, eran campeones amateur, y no me fue bien”.
¿Pero hizo buenos papeles peleando con rivales espectaculares como Flores Burlón y Rubén Loyola?
“Sí, yo seguí y a los dieciocho años ya había peleado con casi todos. Me llamaron para pelear con José María Flores Burlón en Chacabuco, fui, y había ganado bien la pelea, pero me la dieron empatada porque él era local de ahí, venía ganando y era muy conocido. Al poco tiempo me llaman de Pergamino; yo tenía un hobby, salir a cazar liebres, y me trajeron desde Sol de Mayo para pelear con Flores Burlón en Pergamino. Me bañé, me fui, peleamos a cinco rounds y también me la dieron perdida, aunque no había perdido. Así seguía mi carrera. En Sportivo no había perdido nunca hasta que llegó la pelea con Rubén Loyola, el 1 de diciembre de 1973. En el primer round me saqué el dedo y perdí por puntos. Después volví a pelear con Flores Burlón cuando yo estaba mal anímicamente, me había sacado el dedo pulgar de la mano izquierda, y ahí me ganó por puntos, me ganó bien. De las tres, fue la única pelea que me ganó”.
¿Y la triste experiencia de Loyola?
“Nosotros peleamos en diciembre, y fue la última pelea que él hizo como amateur. Ahí me propuso que me fuera con él. Era de Venado Tuerto, pero hizo toda la carrera en Pergamino, se fue a Buenos Aires y se hizo profesional. No sé si fue la segunda o tercera pelea que hizo como profesional, con un tucumano, cuando peleó ocho rounds cuando tenía que pelear cuatro o seis; recibió muchos golpes, se desvaneció camino al vestuario, lo llevaron a Junín, y falleció. Uno queda "tocado" cuando le pasa algo así a un colega, tan joven, porque tenía diecinueve años, uno menos que yo. Un año después, en el 74, me llaman a pelear en Salto, y por mis condiciones querían que representara al club. Salí apurado a pelear, y en el primer round pego mal en la cabeza de mi contrincante y me quiebro un dedo de la mano izquierda. Gané por abandono en el quinto round, pero estuve todo el año parado por el problema de la mano. Así se fue dilatando mi carrera, y finalmente abandoné. Lo mío fueron siete años seguidos de boxeo; empecé a los trece, y a los veintiuno tenía toda mi carrera hecha. Con sesenta o setenta peleas fui a pelear campeonato de novicios, fui a Buenos Aires, a Uruguay, y nunca saqué una licencia cuando estaba listo para ser profesional. También tenía cuestiones de familia, me había juntado con Nélida Benavídez, mi esposa, y había nacido mi hijo Raúl; entonces me dediqué a mi familia, a trabajar, y el boxeo quedó a un lado. Después llegarían otros dos hijos, Iván y Verónica”.
¿Después siguió como árbitro?
“Yo tenía veintisiete años; en ese momento Jorge Cavalcabue había hecho el curso en Buenos Aires como árbitro federado, y empecé con él. Hacíamos toda la zona, peleas amateurs y profesionales. Así me fui haciendo como árbitro, hasta que cursé como árbitro en la Federación Argentina de Boxeo, en Buenos Aires”.
¿Qué te dejó el boxeo en la vida?
“Dinero, seguro que no; siempre tenemos que trabajar, sobre todo los del interior. Pero la cantidad de gente conocida, amigos, cosas que el boxeo siempre te deja; no es algo que haga enemigos. Yo he peleado con Flores Burlón, que tiene más o menos la misma edad que yo, y cuando nos cruzamos somos grandes amigos. Eso fue como boxeador; y como árbitro, no tengo palabras para agradecer. Tengo amigos por todos lados, gente que anduvo por el sur, por el norte... Tuve la suerte de dirigir muchas peleas por televisión, peleas principalmente con Mario Arano, en el apogeo de Lucas Matisse, aunque dirigí a muchísimos boxeadores. Por suerte, el boxeo me dejó recuerdos hermosísimos, como boxeador y más que nada como árbitro”.
¿Qué mensaje le dejaría a la juventud?
“Del boxeo siempre se dijo que saca a los chicos de la calle. El mensaje es que lo tomen como es: un deporte. Es para hacer amigos. Nosotros éramos y seguimos siendo un grupo de amigos, en toda la zona. Que lo tomen así. No sé si van a ganar plata o no; el boxeo está muy decaído a nivel mundial, y la pandemia terminó de tirarlo abajo. Pero el que quiera iniciar esta práctica, que se la tomen en serio. Hoy están dadas todas las posibilidades; no suban a pelear sin licencia, eso es el comprobante a nivel mundial. Eso no miente. Hagan las cosas bien, cumplan con su revisación médica antes de subir al ring. Son cosas que hay que hacer”.
Un saludo final...
“Que estoy muy agradecido. Ya tengo mis años, pero todo lo que hice, lo hice en Rojas y me conoció muchísima gente de afuera. Creo que he dejado un buen recuerdo representando a mi ciudad, y si tuviera que volver a hacerlo, lo haría. Siempre representando a mi ciudad, Rojas”.
Nano Ascención. “Mi pasión por el boxeo nació por mi papá, porque quería ser jockey”
Datos personales. Arnaldo Ascención; nació el 16-12-1949; hijo de Arnaldo Ascención y Aurora Urrejola; hermanos: Ruben, Marta, Roberto, Amadeo, Beatriz, Juan y José. Casado con María Rosa López; hijos: Mauro, Emil y Maira. Mauro es papá de Sofia y Emil de Nahiara, sus dos nietas, esperando un tercer nieto.
¿Cómo nació la pasión por el boxeo?
“Mi pasión por el boxeo nació porque me falto mi papá, iba a ser jockey, pero al faltarme papi me acerque a un gym, y probamos de hacer guantes con otros amigos, y de ahí no paré”.
¿Quién te formo boxísticamente?
“Tuve pocas personas técnicas que me ayudaron a entender el boxeo, una de ellas fue Igilio Gonzales, que para mi estilo de vida era un hombre muy respetuoso y además era una persona que te hablaba de la vida”.
¿Cuándo debuto y contra quien fue la primera pelea?
“El debut fue más o menos en el año 66, a los 15 o 16 años, no pensaba boxear tan pronto pero faltaba un peleador para completar una pelea y fui, fue contra un tal Aguirre, pelea que gane”.
¿Cómo fue su trayectoria boxística?
“En la categoría mini mosca me desarrolle. Recuerdo haber viajado a Uruguay dos veces, pelee en el Luna Park y estuve viviendo en Buenos Aires. Luego volví a la ciudad de Rojas, y desde ahí empecé a viajar a ciudades aledañas como Pergamino, Junin, Salto, Chacabuco y otros. En el Año 1968 gane la Zona 2 y tuve que viajar a Buenos Aires para una eliminatoria que clasificaba a Munich (Alemania), me toco pelear contra el señor Bicario y perdí. Volví a Rojas y pelee contra Rodriguez de Junin, con Quintana hicimos como 20 peleas, también pelee contra el ex campeón Cesar Víctor Palma, fue un verdadero orgullo”.
¿Cuál pelea le marco más?
“Contra Cesar Víctor Palma, por la excelencia de persona que es, me marco su forma de ser. En realidad todas las peleas me dejaron algo, porque arriba del ring cada cual quiere sacar su provecho, pero cuando te bajas del mismo, el boxeador es un ser humano como cualquiera y lo que más prevalece es la amistad”.
¿En qué categoría peleaba?
“Arranque en mini mosca, después pase a mosca, y termine peleando en gallo, 55 kg más o menos”.
¿Qué significa el gimnasio de los Hnos. Molina?
“El gimnasio lo creo mi hermana, así que lo que puedo sentir es el amor más grande, lo llevaron adelante mi cuñado y sus hijos. Yo siempre les di una mano en lo que pude, y creo que es el gimnasio que más ha perdurado en el tiempo en Rojas. También está el gimnasio de mi hermano Amadeo, pero el orgullo es familiar, ya que gracias a ellos se mantiene vivo este deporte en nuestro pueblo. Donde me paro a charlar todos me felicitan de que continue con el boxeo y que se siga apoyando al deporte, quizá sea un lugar donde alguien como yo en su momento pudiera salir de la calle”.
¿Quién fue tu ídolo del box y porque?
“Creo que no hay nadie como Carlos Monzón, excelente deportista. No hay boxeador que haya logrado lo que el logro”.
¿Qué te dejo el boxeo en tu vida?
“Me dejo todo, todo lo que hoy tiene sentido para mí fue gracias al boxeo. No me dejo plata, ni trofeos, pero por ser del montón, doy las gracias ya que tuve la suerte de cruzarme con grandes personas. También tengo el orgullo de haberle podido dar batalla a todos arriba del ring. El boxeo me formo como persona y creo que el orgullo que siento de haber podido formar una familia y de que esa familia me valore y me respete como lo siento no tiene precio. Hoy disfruto de las simples cosas, unos mates, algún que otro asadito, jugar y bromear con las nietas, o los animales, pero lo que no puede faltar es la familia y el amor en cada reunión”.

Otra de las glorias del boxeo rojense, Hugo Aguilar, levanta el brazo victorioso de Amadeo Ascención

Toda la técnica y destreza del cabezón Ascención para esquivar los puños de sus rivales

Antes de la pandemia el Gimnasio Hermanos Molina le entregó un reconocimiento. En la Foto junto a Hernán y Titi Molina y el periodista Walter Nelson en Casa de la Cultura Rojas

Nano Ascención junto a Carlos Quintana, con quien hizo más de veinte peleas, esta fue en 1974 en Club Sportivo Rojas