Raúl Rigo. «Fue una época maravillosa del boxeo, en cada gimnasio había muchos chicos practicando»

Luego de una extensa carrera como dirigente, fue vicepresidente y presidente de Club Sportivo Rojas. De chico jugó al fútbol en El Huracán, también practicó pelota a paleta y disfrutaba de la pileta de natación de la entidad de Alem y Paso. Pero su pasión fue el boxeo y los caballos de carrera fueron más. También fue parte de la Sub Comisión de Boxeo, donde brillaron la generación de los Aguilar, Puzzo, Ascensión, Sánchez, Atila y Andrada, entre otros. Sigue ligado al boxeo como jurado profesional. Protagonista de una época que seguramente no se repetirá. La diosa fortuna le digo varias veces, sí, ganando varios autos 0 km y hasta un pura sangre de carrera. A continuación la nota con un personaje muy querido por su quehacer como comerciante y especialmente como dirigente con un gran empuje y positivismo en pos de la comunidad

 

Raúl Rigo en su domiciloi de Avenida Larrea, frente al Parque gral. Alvear

 

Datos personales. Andrés Raúl Rigo nació en junio de 1950, hijo de Andrés Rigo y Amada Grattone. Tiene dos hijos, Leo y Luciano, y dos nietas, Renata y Trini.

 

¿Dónde naciste y criaste?

«Antes no se acostumbraba a ir a las clínicas por los partos; nací en la Fonda de Afuera, mi mamá fue asistida por el doctor Vermal, y me fui a vivir frente a la escuela N° 1, calle Francisco Roca, donde ahora está la fiscalía. Ahí viví toda la vida, y empecé la primaria en la 1, pero cuando empezó el Polivalente de la Nicolás Avellaneda, me pasé ahí. Hice el secundario también ahí, y me recibí de perito mercantil en 1967».

 

¿Tenías alguna inclinación deportiva?

“De chico jugué en las divisiones inferiores de El Huracán, con Luis Barbieri, que era arquero, y con Píccolo, que jugaba de 4 y después se fue a Platense. Barbieri se fue a Racing, y después estuvo en Loma Negra. Además, como prácticamente me crié en Sportivo, iba a jugar a la pelota a paleta. Al básquet no, pero tengo un recuerdo hermoso de cuando iba a la pileta: era amigo de Juanchi Granelli, y su madre era la encargada. A veces no nos dejaba entrar, porque los menores recién podían ir después de las 3 de la tarde. Uno de los que iba, Juan Gálvez; cuando venía a Rojas y era verano, iba a la pileta y lo conocí personalmente. Un ídolo del automovilismo”.

 

¿Tu papá fue dirigente de Roberto Cano?

“Cuando era joven vivía en Cano, tenía una panadería ahí; y siempre estuvo ligado al club. Falleció el 15 de junio de 1980, siendo presidente de San José de Roberto Cano. Tenía un equipo muy bueno en esa época. Y después agarró Bernetti, que estaba junto con Primo Zalocco, otro señor de apellido Mosca”.

 

¿También fuiste presidente de Sportivo?

“Fui vie presidente y presidente de Sportivo, alrededor del 94. Una época hermosa, cuando el presidente era Hugo García. Estaban el Colorado Boixart, Carlitos Mantoani, Caballini, y teníamos de secretario rentado a Fito Bethular; muchos años estuvo ahí”.

 

¿Una época en que socialmente se hacía de todo?

“Sí, claro. Me acuerdo de que cuando vino Valeria Lynch, nosotros pensábamos que no iba a haber gente, y se agotaron las entradas. También trajimos a María Marta Serra Lima; todos los artistas que traíamos, terminaban de actuar y se iban al hotel Victoria; pero ella prefirió quedarse a comer con nosotros un asadito en la parrilla”.

 

¿Cómo empieeza tu relación con el boxeo?

“Siempre me gustó el boxeo, en la época en que enseñaba Miguel Angel Calderón. Estaba el Negro Torres, que era la figura estelar, y después empezaron los Puzzo, los Aguilar, Atila, Sánchez, los Ascensión. Entrenaban en el gimnasio, al lado de la cancha de bochas. Tito Andrada era otro que iba; una época divina en el boxeo. Los festivales eran espectaculares, y se llenaba. Venían boxeadores de la zona, y cada tanto traíamos otros de Unidos de Pompeya”.

 

¿Quiénes trabajaban con vos?

“En ese momento estaban Alberto Correa, Jorge Cavalcabue, yo, y colaboraban como jurados Angel Maggiolo, Héctor Ferrini, Pucho Caggiano, Pancho Boveri, y árbitros como Cavalcabue y Camarasa. El Tano Goicochea supo hacer de referí también”.

 

¿Era totalmente amateur?

“Sí, totalmente amateur. Pero los festivales eran divinos. Y todos tuvieron posibilidad de mostrarse a nivel profesional, porque había muy buen nivel en el amateurismo. Yo todavía sigo ligado al boxeo porque tuve la suerte de hacer el curso de jurado profesional, así que con Serafo Solari, cuando hay boxeo profesional en la zona, nos convocan”.

 

¿Qué pelea recordás más?

“Eran peleas terribles, sangrientas. Me acuerdo de las del Nano Ascensión con Quintana, de Junín, pelearon siete u ocho veces, unas peleas hermosas, no caía ninguno. Terminaron siendo muy amigos. Los boxeadores se brindaban, practicaban toda la semana, un amor al boxeo terrible. Rubén Hugo Aguilar tenía una técnica bárbara, pero era flojo de mandíbula, era su problema. Era un estilista. Las peleas de Tito Andrada también, quien lamentablemente no hace mucho tiempo falleció”.

 

¿Seguís vinculado con el boxeo?

“Sí, seguí vinculado, y viene a Sportivo Daniel Van der Becken, que ya era jefe de prensa del Luna Park. Vino con David Sbarsky, que era su socio; ahí empezaron a traer boxeo profesional: el mismo que se hacía el sábado en el Luna Park, venía después a Rojas. Vinieron periodistas como García Blanco, Walter Nelson, Nicolini, Ulises Barrera, Osvaldo Caffarelli, vinieron todos. Eso fue en la década del 80, yo estaba en la subcomisión de boxeo, y ellos traían el festival organizado; unas peleas hermosas. Hasta Monzón vino, y lo trajo a Jara, que peleó acá y ganó por puntos. Monzón se quedó a comer con nosotros, y no tenía problema en comer cualquier cosa; lo único que quería era vino Etchart Privado. Después jugamos unos partidos al chinchón con Pradeiro, Chiche Barzaghi, Monzón y yo. Una época hermosa. García Blanco era muy aficionado a los caballos de carrera. Yo tenía algunos en esa época, así que cuando yo iba al Luna Park, íbamos al hipódromo. El tenía un caballo que se llamaba Pelotari, que le salió bueno, ganó el Gran Premio Nacional. Me acuerdo de que comentaba los partidos con José María Muñoz, y un domingo que se corría el Nacional, no fue a transmitir, se fue al hipódromo; y ni bien su caballo cruzó el disco, ganando el Nacional, le decía a Muñoz «ganó el mío, ganó el mío»; por la radio. Cosas que quedan”.

 

¿Una nota de color que recuerdo: al ser comerciante, y tener relación con todo el mundo, compraba todas las rifas y ganó de todo?

“Sí, me gustaba comprar rifas. Recuerdo que la primera que saqué fue una tortuga del jardín de infantes, que me vendió María Victoria García. Después gané una rifa que me vendió Carlitos Troilo, de un potrillo de carrera; el número 45. Lo fui a ver a Jacinto Cuello, que cuidaba caballos, y lo trajimos al stud. Corrió catorce o quince carreras y ganó tres. Se llamaba Feedback. También me saqué un auto en la rifa del hospital, y en Sportivo, otro auto, un Peugeot. Se sorteó en el escenario, en el club, e íbamos quedando cada vez menos. Finalmente quedamos Saporito, el Ñato Bicocca y yo. Saporito propuso que lo compartiéramos, pero el Ñato no quiso. Sacan el número, y era el de él; se quedó afuera y nos abrazamos con Saporito. Otro auto que saqué fue en una rifa de Newbery. En total fue un potrillo, y dos autos y medio; tuve suerte, no me puedo quejar”.

 

¿Qué piensa sobre la decadencia actual de la actividad? ¿Podría resurgir?

“El problema es que cambió todo; sobre todo, cambió la juventud. Antes, en cada gimnasio había diez, quince chicos practicando; ahora no, ha cambiado muchísimo. Pero siguen saliendo. Junín, por ejemplo, en este momento tiene dos chicos que son campeones argentinos, Sosa y De León. Ellos dos estaban en el gimnasio de Arano, y ahora están practicando con Látigo Coggi. En Pergamino no hay figuras de primer nivel, pero en Rojas está Ronan Sanchez; el otro día lo vi, y me encantó; una de sus mejores peleas, porque salió con un plan que cumplió a la perfección. Tiene unas condiciones bárbaras, y creo que puede llegar a hacer carrera. Ojalá se quede allá, porque acá no es lo mismo, no tenía mucha continuidad”.

 

¿Cuál hubiese sido tu sueño, como dirigente?

“Creo que en Sportivo cumplimos un ciclo muy importante, con Hugo García a la cabeza. Siempre tenía ideas muy buenas, y un grupo de apoyo muy fuerte. Un día hicimos una cena, habíamos vendido todas las tarjetas, y seguía viniendo gente. Estaba Juan Nieto de conserje. No teníamos sillas, y nos tuvimos que cruzar enfrente, a la casa del maestro Bertolotti, y nos dio las sillas de su casa. Cosas que no se van a volver a repetir. Esta comisión que está ahora en el Club Sportivo merece apoyo, porque está todo muy difícil. Yo quiero saludar a todos los amigos, a los pelotaris, a los aficionados al boxeo, y a mis setenta y un años les agradezco a todos, por el respeto que me merecen”.

Con los Calvente. Raúl Rigo, Caño Martínez, Emiliano, Gustavo y Franco, con una de sus pasiones, las carreras de caballo

 

Tocado por la varita mágica de la fortuna.

Así titulaba Chispa una nota realizada a Raúl Rigo en la edición del jueves 31 de diciembre de 1990.

“A los 17 años se alegró por su primer acierto, adquiriendo el primer premio de una rifa de la Cooperadora de la ENSNA, que le vendió María Victoria García. Con el tiempo no se imaginaría que la diosa fortuna golpearía una y otra vez su puerta. Tan es así que, al día de hoy, Raúl Rigo, comerciante, vicepresidente de Club Sportivo, más conocido que “la ruda” en Rojas y también en la zona, con declaradas simpatías por el pugilismo, al cual está ligado no ya como espectador sino también haciendo de Jurado en la Federación Argentina de Box, tendría por aquel motivo que responder a la requisitoria periodística. Porque, en verdad, su suerte es para contarla, para dejarla escrita, por haberse constituido en hombre récord en esto de ganar rifas.

Veamos:

El primer gran acierto: le compró a la esposa de Carlos Guaraglia una boleta de una rifa de Newbery (terminación 197) y se sacó el Dodge 1.500.

El segundo en importancia fue en un sorteo de Sportivo: otro auto Peugeot 504.

A fines del año pasado le regaló la boleta de una rifa de Sportivo – Argentino, al arrecifeño Marcelo Platero, empleado de Pioneer, que se estaba por casar: se llevó el Ford Escort que era el primer premio.

Este año, en el primer sorteo de La Rifa de Todos del Hospital Unzué, tenía el número que salió premiado, recibiendo un Fiat 147.

Pocos días atrás, al sortearse la rifa de Argentino – Sportivo, acertó el premio mayor: otro Fiat 147, ahora gasolero.

En otra rifa se ganó un caballo de carrera, “Feedback”, cuyo cuidado se lo confió a Juancito “Coqueta” Cuello. El pura sangre ganó tres carreras en Palermo y fue segundo en San Isidro. Decidió venderlo este año.

Acertó una rifa de Sportivo para Navidad, con dos televisores color.

Su primer TV color lo tuvo a través de una rifa de El Huracán: el premio era dinero pero prefirió canjearlo por el aparato.

En Salto acertó el premio mayor de un sorteo de Compañía General; una vidriera como allá le dicen que, entre otras cosas, comprendía un TV color, una radio, artículos para el hogar, una bicicleta, sillas, sillones, mesas, sábanas, etc …

Queda una sola pregunta … ¿Cuál será el próximo acierto?”.

 

Raúl Rigo junto al ex Campeón del Mundo, Carlos Monzón, cuando visitara nuestra ciudad en 1980

 

Raúl Rigo en la escalera del cuadrilátero de Sportivo Rojas

 

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