Sergio Javier Carballo, conocido popularmente como Keko, nació hace cuarenta y un años en Rufino, Santa Fe; pero siendo aún un bebé se trasladó con sus padres Alberto Carballo y Delia Suárez a la localidad de Germania, partido de General Pinto. Allí cursó sus estudios primarios y secundarios, trabajó en varias cosas, y luego se fue a Junín, donde realizó su formación superior y se graduó como profesor de historia

Keko Carballo en su taller de calle Italia, allí fabrica los instrumentos
Mientras estudiaba en Junín conoció a Leticia Pérez, una rojense que más tarde se convertiría en su pareja. Ambos se radicaron en nuestra ciudad hace alrededor de doce años y tuvieron dos hijos: Mateo y Catalina, de siete y cuatro años respectivamente.
Carballo tiene una ocupación principal, la de docente; pero, amante de la música como es, armó en su casa un taller de construcción de instrumentos y se desempeña también como luthier.
Los frutos principales de su taller de instrumentos son los ronrocos y los charangos. Y además de fabricarlos, «Keko» los ejecuta: es charanguista.
«Hace unos diez años me puse a investigar, me gustaba la música andina, me puse a tocar, y a la vez tenía curiosidad por saber cómo es el instrumento, cómo estaba construido. Los instrumentos tienen magia. Así, me puse a fabricarlos. Hay una gama muy amplia de cordófonos andinos», dijo Carballo.
Explicó que «aprendí a tocar el charango por métodos didácticos, y después me puse en contacto con los mismos profesores de esos métodos, que son grandes charanguistas, y tomé clases, virtuales y presenciales. Con ellos tuve la posibilidad de todar en otros lados, de participar de ensambles de cuerdas, fue muy linda la experiencia de aprendizaje del instrumento».
Sobre la diferencia entre ronrocos y charangos informó que «el ronroco es un instrumento más grave que el charango. Hay cuatro diferenciaciones; existe un instrumento más pequeño que el charango común, el que la gente conoce, que es escala 37: mide treinta y siete centímetros entre el traste cero y el huesito. Una cuarta más pequeño es el maulincho, un charango muy chillón, no muy conocido, pero existe; luego viene el charangón, una cuarta más grande que el charango, yo los hago de cuarenta y cuatro centímetros y medio. En la Argentina se conoce con el nombre de ronroco, pero en el resto de los países se lo conoce como charangón, o charango barítono. Y después viene otro ronroco que tiene siete notas más que el charango, es más grave y se encuerda con cuerdas de guitarra. Es confusa la situación porque en Argentina se confunde el ronroco con el charango. Yo hago el de escala en mí, y también el de escala en la, que es más grande».
Sobre los materiales dijo que «son los mismos para todos estos instrumentos. Hay maderas que son viables, o se utilizan para ciertas partes del instrumento. Por ejemplo: los cuerpos que yo hago son de madera semiblanda. Tengo algunos hechos con madera de lenga, fueguina; también otro en cedro misionero, con mango de cedro paraguayo. Otro de caja combinada, que tiene lenga, cedro paraguayo y kiri; es un instrumento muy liviano. Y las tapas en general son de pino abeto alemán. Son todas maderas importadas que se consiguen en negocios dedicados a la luthiería».
«Tardo entre un mes y cuarenta y cinco días para construir un ronroco o un charango; y luego los vendo con las redes sociales. Ahí podés contactarte con mucha gente, y por suerte tengo muchos pedidos», dijo, y añadió que «lo que está en dólares, y por lo tanto es muy variable, son los trastes y los clavijeros. Por eso yo opto por importarlos de Holanda. El pegamento es norteamericano, y todo eso tiene un costo variable y alto».
«A mi trabajo lo asocio con la identidad, y con el granito de arena que uno aporta como docente. Este instrumento tiene una identificación con Latinoamérica, con el pueblo. Ofrece un sonido muy estridente y festivo», manifestó Keko.
Sobre el futuro, manifestó que «para este año tengo pensado seguir estudiando, capacitándome, y dedicarme un poco a los instrumentos que se hacen con aros, como la guitarra. Una guitarra es tapa, aro y fondo; y los aros son maderas que se doblan en un proceso de temperatura, humedad, con un caño caliente la vas manejando y la metés en un molde. Tengo pensado incorporar eso al taller este año, y eso me va a permitir hacer charangos peruanos, cuatros venezolanos, ukeleles y guitarras. Es todo un universo por explorar, por recorrer».
«Yo exploté en la cuarentena. Fue algo complejo, todavía la estamos transitando, pero mucha gente, conocidos míos dedicados al arte, ha tenido su momento de instrospección; de meterse para adentro y conectarse con uno mismo, algo que con la rutina habitual no podían. Yo venía de vender tres instrumentos, y el año pasado vendí veinte», expresó Carballo.
Por otra parte, comentó cómo se las ingenia para conseguir maderas muchas veces difíciles de encontrar. «El año pasado me compré un ropero, y de los laterales saqué doce mangos de cada uno, de altísima calidad. Eso es prácticamente imposible de conseguir en el mercado, y si se consigue es carísimo».
El luthier tiene su página de Facebook, «Keko Carballo charangos», y participa de muchos grupos de charanguistas. «Hay una comunidad inmensa, cada grupo puede tener quince mil personas... te ve todo el mundo y ahí tenés un mercado», explicó Keko. También tiene su canal en YouTube, «Keko Carballo Charangos» donde hay videos con los instrumentos que construye. Si alguien quisiera contactarlo directamente, el teléfono es 02475 41-9643.

Keko Carballo nos muestra las bondades de cedro paraguayo, madera con la que fabrica el roncoco y charango