Serán los próximos sábado y domingo. Para la segunda función aún quedan entradas. Lo recaudado será a beneficio de la compra del tomógrafo para el Hospital Saturnino Unzué

Conferencia de prensa. Marcela Matheu, Alejandro Elcoro, Néstor Hegoburu, Héctror Pieters, Miguel Rodríguez y Miguel Angel Scalise
La ciudad de Rojas se prepara para vivir dos noches de emociones y nostalgia con los recitales de despedida del mítico conjunto musical Los Truenos. Conciertos que prometen transportar a los asistentes a los bailes inolvidables de las décadas del 60 y 70, mientras los más jóvenes tendrán la oportunidad única de apreciar en vivo la música que hizo vibrar a sus padres y abuelos.
El emblemático Teatro Italia, testigo de innumerables presentaciones artísticas a lo largo de los años, será el escenario que albergue la última puesta en escena de Los Truenos. La cita está programada para el sábado 29 y el domingo 30 de julio, comenzando puntualmente a las 21 horas.
La decisión de poner fin a su carrera musical ha sido un tema ampliamente comentado en la comunidad rojense. Sin embargo, para el público, estos conciertos de despedida se convierten en una oportunidad única para revivir la magia de épocas pasadas y rendir un merecido tributo a esta querida banda que ha sido parte inseparable de la historia musical local.
El evento ha generado gran expectativa entre los rojenses, quienes han respondido de manera masiva a la convocatoria. Las entradas, con un valor de mil quinientos pesos, se han convertido en un tesoro codiciado por los admiradores de Los Truenos. Para la primera función, las entradas se agotaron rápidamente, lo que demuestra la magnitud de la pasión que aún despiertan los acordes de esta icónica agrupación. Sin embargo, aún quedan boletos disponibles para la segunda noche, los cuales pueden ser adquiridos en Digital Sound, reconocida tienda de música y tecnología en la ciudad.
Los recitales contarán con la participación de destacados artistas invitados, quienes se sumarán a la celebración y contribuirán a enriquecer el espectáculo. La lista de colaboradores especiales aún no está completa, aumentando el misterio y la emoción en torno a estas últimas presentaciones.
El legado musical de Los Truenos ha dejado una huella imborrable en la memoria colectiva Rojense. Desde su formación, la banda supo conquistar el corazón de miles de seguidores a través de su estilo y carisma únicos. Con un repertorio que abarca desde baladas románticas hasta ritmos bailables y enérgicos, la agrupación se ha convertido en un referente fundamental de la cultura musical local de aquellos días.
La iniciativa de realizar estos recitales de despedida no solo ofrece a los rojenses un motivo de celebración, sino que también enriquece la ya variada agenda cultural de la ciudad. Los amantes de la música, sin importar su edad, tienen la oportunidad de compartir una experiencia única y trascendental, que quedará grabada en sus corazones por siempre.
Así, la comunidad de Rojas se prepara para despedir con cariño y gratitud a Los Truenos, quienes han dejado una huella imborrable en la historia musical de la ciudad. Sin duda, estas noches de despedida quedarán marcadas como un capítulo inolvidable en la vida de aquellos que han sido tocados por la magia de esta legendaria agrupación.
Héctor Pieters: «Nos despedimos, decimos "gracias" y colaboramos con un objetivo común»

Fueron furor en la década del 70'. Miguel Rodríguez, Néstor Hegoburu, Hugo Candela, Héctor Pieters,
Miguel Scalise y Pirincho Reyes
Luego de participar de la conferencia de prensa con la que Los Truenos anunciaron su doble recital de despedida, uno de sus integrantes, Héctor Pieters, uno de los líderes de la mítica orquesta, efectuó declaraciones refiriéndose al evento. Señaló que «el grupo debutó el 28 de julio de 1968. Hizo una primera presentación en el Centro de Empleados de Comercio, donde hoy está la farmacia sindical, y luego en la confitería Otelo. La misma noche en los dos lugares. Hace cincuenta y seis años que debutamos con un "doblete"»
–¿Cómo nació esta agrupación?
–Un pequeño resumen; diría que cuando egresamos de la escuela Avellaneda, siete compañeros de estudio formamos un conjunto musical de cumbia. Eran «Los cumbaleños». Hacíamos temas de Los Wawanco, Cuarteto Imperial, Los Cinco del Ritmo, pero la evolución de la música, el cambio en el gusto de la gente, de la cumbia pasó a una especie de renovación, el rock nacional. Uno de los conjuntos de mayor relevancia fue Los Iracundos, y uno de los integrantes dijo –o cambiamos, o desaparecemos–. Eramos siete, y el grupo se redujo a cinco cuando se fueron dos miembros que ya no nos acompañan en la vida: Víctor Hugo Zambuto y Juan José Eroles. Yo hacía percusión y pasé a la batería; Miguel Scalise en bajo; Enrique Fernández en la guitarra; Miguel Rodríguez en órgano y acordeón, y la voz de Néstor Hegoburu. Por esas rarezas del destino, los cinco vivimos y cuatro estuvimos siempre en Rojas. Enrique Fernández hizo una buena carrera en bancos, está en Río Colorado y le cuesta viajar; por eso va a estar presente en el recuerdo. Después se incorporó Cacho Carrizo, una excelente persona y músico.
Teníamos lugares donde, si estaban Los Truenos, se llenaba. La Rojera, por ejemplo; cuando venía algún artista de jerarquía, nosotros estábamos en la parte bailable. Debemos agradecer que la gente de Rojas siempre nos apreció y nos quiso mucho. Nosotros, a partir de esmerarnos y de dar todo lo mejor de cada uno, le dábamos a la gente de una zona muy amplia, entre ciento cincuenta y ciento sesenta bailes por año. El 15 de diciembre ya teníamos bailes hasta Reyes, y los carnavales eran diez, quince o veinte días de baile todos los días.
¿Por qué la gente nos respetó? Porque nosotros también respetamos al público. Vestimenta de primera, impecable. Una de las primeras fotos que nos sacamos fue en las montañas del Polígono. Después agregamos luces, fundamentalmente eso. Después pasó el tiempo. Miguel y Néstor siguieron, pasó el tiempo, y diez años atrás, otro conjunto nos hizo una especie de homenaje. Entonces, dijimos que íbamos a actuar a beneficio de la cooperadora del hospital. Hace poco, en octubre último, volvimos a juntarnos y decidimos actuar en pos de un objetivo como es el tomógrafo para el hospital; por supuesto que ayudados por la dirección de Cultura de la municipalidad, el Rotary Club, el teatro Italia y músicos que van a colaborar.
–¿Por qué Los Truenos, el nombre, y cómo era la logística para estar en tantos bailes al año? ¿Estudiaste música?
–Yo fui un gran músico tocando el acordeón en la empresa Belgrano; subía en la escuela 16 y el pasaje deliraba con La Cumparsita, Don Juan y Desde el Alma. Daba un segundo recital en la terminal de ómnibus, y el viejito Blas, que vendía caramelos, pasaba la gorra. Yo viajaba gratis y comía caramelos gratis. Tocaba pésimo, pero a mí me sirvió. Fue por decantación; de los siete miembros de Los Cumbaleños quedamos cinco y le pusimos Los Truenos en medio de un conflicto. En esa época se usaban esos nombres, como Los Atómicos, Los Invencibles, esas cosas. Grabamos la primera tormenta en vivo en una casa donde yo vivía, con un poco de lluvia y la cadena del inodoro de mi casa, que hacía un ruido como de chaparrón espantoso. Usamos eso en la primera época, cuando apagábamos las luces y aparecía esa tormenta impresionante. Por supuesto, nunca dijimos el origen de ese sonido tan aterrador. Se hacía un juego de luces y arrancábamos con la primera canción del recital.
Uno de los vehículos que más usamos fue la Estanciera de Julio, una maravilla. Iban tres adelante, cuatro atrás y los instrumentos en la parte trasera. De los de adelante, el del medio era el más perjudicado por la palanca de cambios, esas cosas; el mejor lugar era el de la derecha, pero ése era el que cebaba mate. Ibamos todo el tiempo tomando mate. Y hubo otro vehículo, una camioneta doble cabina Jeep Gladiator con llantas cromadas, una hermosura. También viajamos en un colectivo Bedford, con algunos colaboradore que, con tal de entrar gratis al baile, nos ayudaban a armar las columnas y demás. Yo agradezco mucho, porque gracias a esto pudimos estudiar.
–¿Qué te dejó la música?
–Fue un trampolín enorme para poder graduarme en la primera promoción de agrónomos de Pergamino, y en la facultad de La Plata. Con esos dos títulos, si no me iba bien era por mi culpa. Siempre voy a reconocer eso, es lo que me dejó.
–¿Un mensaje final?
–En dos o tres días vendimos las entradas para el sábado; por eso agregamos la del domingo. Vamos a tratar de ser puntuales para que no se haga tan largo. Empezarán los músicos invitados; luego habrá una «impasse» para homenajes, palabras de despedida y agradecimiento, y finalmente la presentación a todo ritmo. La música es el idioma universal; la gente disfruta de la música más allá del idioma; entonces, es una de las pocas cosas que las personas pueden compartir más allá de tener grandes diferencias en otros aspectos. La música es maravillosa; nos despedimos, decimos gracias y convocamos a la vez a un objetivo común que es la adquisición de un tomógrafo para el hospital.