Superado el conflicto entre la comisión directiva y el personal por cuestiones de honorarios, ya funcionan las tres áreas de producción. El «mar de fondo», no obstante, no se ha calmado y seguramente teñirá a la asamblea prevista para antes de fin de mes

La felicidad de los operarios del Taller Protegido por poder volver a trabajar en Plaza San Martín
El miércoles de la semana pasada por la noche, en la sede de barrio Brown, se realizó la reunión prevista entre la comisión directiva y el personal del taller protegido del Grupo Esperanza que se encontraba realizando una medida de fuerza. La solución llegó, y los operarios volvieron al trabajo ayer jueves, en las tres áreas productivas con que cuenta la institución: la huerta, la gestión del estacionamiento medido y la fabricación de bolsitas.
La reunión fue extensa y sirvió para que las partes involucradas llegaran a un acuerdo. Las profesionales cobraron los horarios atrasados que estaban reclamando, hubo un reajuste sobre esos valores y, así, al menos por ahora terminaron las fricciones. Todos coincidieron en que se logró lo más importante: el retorno de los operarios a la producción.
Sin embargo, el «mar de fondo» que existe en las relaciones internas de la institución no ha desaparecido y, muy probablemente, teñirá la próxima asamblea de renovación de autoridades a realizarse el lunes 29 del corriente mes de noviembre.
Finalizado el encuentro, el presidente del Grupo Esperanza, Juan Paulo Gorriz, consideró que «el trabajo volvió a la normalidad, logramos un acuerdo por los sueldos, y la institución sigue funcionando».
«Fue una situación que salió a la luz, pero que no se había hablado internamente, es todo un tema –sostuvo Górriz–, pero lo más importante es que los chicos pudieron volver a trabajar«. No obstante, aclaró que si bien las cuentas están equilibradas, «la situación económica del taller es la del país; llegamos a pagar los gastos pero no nos sobra nada, y cada vez que las cosas aumentan se complica un poco más; es una realidad».
Por su parte, las profesionales que se desempeñan en el taller coincidieron en que «lo más importante es que los operarios pudieron volver a trabajar», y aportaron algunas consideraciones generales sobre el funcionamiento. Detallaron que «muchos de los integrantes de la comisión directiva se alejaron, y hoy no se están organizando eventos, como polladas, y tampoco la rifa, que ayudaba mucho».
Explicaron las profesionales que «hoy tenemos un subsidio que alcanza para pagar los gastos del comedor, y todo lo demás está cubierto con la facturación de lo que produce el taller, tanto con la huerta como con el estacionamiento y las bolsitas».
En resumidas cuentas, cabe señalar que la coincidencia de todos los sectores en que «lo importante es que los operarios puedan trabajar» es algo significativo; y que la proximidad de la asamblea de renovación de autoridades, prevista para dentro de sólo tres semanas, es otro dato alentador. Más allá de la permanencia o no de las personas que hoy integran la conducción, la llegada de integrantes nuevos siempre le dará al funcionamiento de la institución un impulso renovado.

Una operaria trabajando en la producción de bolsas de consorcio y para residuos





