Enrique Salez. “Estoy orgulloso de haber sido parte de ese automovilismo y motociclismo artesanal, cuando se hacía todo a pulmón”

Otro de los deportistas que han marcado una época dentro del motociclismo y el automovilismo en nuestra ciudad ha sido Enrique Daniel Salez, hijo de Ramón “Rayo” Salez, quien corriera en el Turismo Carretera con un Ford de la Agencia de Juan Gálvez. Primero lo hizo con las motos compitiendo en el Campeonato Bonaerense y en el CAM (Campeonato Argentino de Motos), en varias categorías y luego en el Turismo Nacional con un Ford Sierra. Recorrió casi todo el país dejando bien representado a nuestro pueblo, pero fundamentalmente rescata el trabajo en el taller de su padre, que con esfuerzo y paciencia se pueden lograr los objetivos. Además el cariño y especial sentimiento para con el Club Pescadores de Rojas, del cual fuera presidente como así también su padre

 

Datos personales. Enrique Daniel Salez; nació el 30 de noviembre de 1966; padres: Dora Guevara (ocho hermanos, es una de las más chica de las cuatro mujeres) y Ramón Salez (hijo de inmigrante sirio que llegó al país a principios de 1900 escapando de la guerra; fue el más pequeño de siete hermanos). Hermana: Patricia. Hijos: Emilio (22) y Juan (8). 

 

¿Qué recordas de tu infancia, el barrio, la escuela, y cuándo nació la pasión por los motos y los autos?

“En mi familia el deporte motor estaba muy instalado porque mi padre recién había dejado de correr en el Turismo de Carretera, corrió desde 1963 a 1966 y cuando nací dejó de correr. Pero la impronta del TC y lo que representaba para esa época y para el deporte de Rojas, con las cupecitas, mucha gente en los talleres, los grupos de apoyo, estaba instalado en nuestra casa. Mi padre corría con Ford y en ese momento estaba la Agencia de Juan Gálvez en nuestra ciudad, ya que el mismo Juan le dio una mano muy grande para que pudiera correr; por otro lado el Chevrolet con el “Chano” Aloé, y yo desde muy chico escuchaba todas esas anécdotas. También fueron muy importantes las figuras de mis primos que vivían al lado de mi casa, un hermano de mi padre, Camilo era peluquero, y los dos hijos: Oscar y Raúl, y también eran muy fierreros, con las motos, con algún auto y yo mamaba todo eso, me crie desde chico en un ambiente donde el automovilismo era el tema de todos los días. El taller era primordial, porque no solamente pasaba por manejar un auto o una moto, sino la preparación, se sentía un gran orgullo por eso. Mi carrera deportiva fue siguiendo esa línea, el orgullo de atender la parte mecánica. Recuerdo de mi infancia todo aquello, además jugaba arriba de la cupecita, ya que mi padre la vendió muchos años después. A los once años armé mi primera moto, una Puma 98, la hice con lo que me regalaron, un tanque, un manubrio, un acelerador, un escape; así armé mi primera moto con la ayuda de mis primos y mi padre”.

“Recuerdo el barrio, el haber nacido y crecido frente a una plaza, como la Plaza Rivadavia, fue maravilloso, con los chicos del barrio estábamos todo el día jugando, la plaza era el lugar donde empezábamos a descubrir algunas cosas de la vida; todavía mis amigos de aquella época siguen siéndolo hoy. La escuela primaria la hice en la ENSNA y la secundaria en la Escuela Técnica; también fui a Buenos Aires para estudiar un poco de Ingeniería Electrónica y después guiado por la pasión de los autos y las motos regresé a Rojas para poder sacarme el gustito. Encima mi padre estaba en la Comisión del Club de Pescadores y organizaba las competencias, tanto de autos (cafeteras, la Fórmula 2, Fórmula Renault Bonaerense)  y motos, él era el organizador, el Comisario Deportivo, Técnico; yo lo acompañaba y siempre mamé todo eso, era imposible que no me gustaran los fierros”.         

 

¿Cuál fue tu debut con las motos, que tipo de competencia era?

“Desde muy chico practiqué Yudo, hasta llegar a rendir para cinturón negro, cuando me fui a estudiar a Buenos Aires seguí practicándolo en el Club Ferrocarril Oeste. Tuve que dejar porque me quebré la clavícula en una carrera de motos. Anduve mucho con el Yudo, hemos viajado a otros países, fue una experiencia muy linda también. Pero a los 15 años íbamos con mi primo a ver las carreras de motos a la Laguna de Gómez en Junín los domingos o el nocturno en el Club Provincial de Pergamino los viernes por la noche en la década del 80, fue maravilloso. Esas fueron las primeras carreras que yo vi, ahí nos entusiasmamos con Raúl, había que subir a alguien arriba de una moto, y me tocó a mí por ser el más chico. Armamos una Legnano 50, en esa época volaban en la categoría 50 libres, realmente las motos andaban muy rápido, había muy buenos pilotos y se veía mucho la calidad técnica de los mecánicos, porque no había nada importado, era todo fabricación nacional. Volviendo a mi infancia, las motos eran la continuación del automovilismo que yo había visto de chico, consistía con inteligencia lograr una diferencia con sacrificio y trabajo, más que con dinero”.

“Nos dio una mano Alfredo Bianchelli de Junín, y armamos la Legnano 50, pero estábamos lejísimo, yo como piloto y Raúl como preparador. Pero desistimos de eso y comenzamos a armar otra moto, donde se suma Carlitos Benítez (que andaba muy bien en la 125), para el Campeonato Venadense, con motores que se llamaban Injertos, abajo era el viejo Zanella cuatro marchas y arriba un cilindro Zapucay, que lo torneaban y lo hacían redondo. Fuimos a correr un poco irresponsablemente, me chocaron de atrás y me quebré la tibia y peroné, me llevó un año para recuperarme. Regresé en el Campeonato Bonaerense en una nueva categoría, la 135 Stándart Exterior en 1987, que era para principiantes y ahí se pudo emparejar, porque éramos todos iguales, donde pude hacer mis primeras armas. Se hizo una carrera en Jorge Newbery que me tocó ganar”.

“Después llegó la etapa de la Categoría 200 Libres, me abrió las puertas a otro mundo del motociclismo, se corría en Buenos Aires en el Certamen Argentino de Motociclismo. En 1992 terminamos de armar la 200, se trabajó muchísimo en la preparación, noches enteras tratando de que no se rompiera, porque andaban rápido, pero se rompían. En esa categoría competían grandes pilotos, pero yo me había hecho amigo de Gustavo Darder, Tuqui Amén, amigos que hasta el día de hoy conservo, empezamos a ir al CAM, de a poquito empezaron a salir las cosas, la moto no se rompía más, con repuestos nacionales y el trabajo hecho por nosotros. Con el CAM (Certamen Argentino de Motos), viajamos por todos lados, norte de Santa Fe, Córdoba, Chaco, Formosa, por supuesto con la compañía incondicional de mi padre, no recuerdo haber corrido una carrera y que no haya estado, siempre acompañándome, si bien no gané ninguna carrera, ganaba algunas series, pero era muy difícil competir contra motociclistas que tenían sus preparadores”.

“Aparece el motociclismo de asfalto, era otra cosa y se forma la categoría Susuki 250, una monomarca, ahí nos picó el bichito, empezamos a hacer rifas, peñas, porque la verdad que en ese sentido siempre tuve mucho apoyo de la gente, y se lo debo todo a ellos. También Jorge Sartori que desde que empecé me hacía el escapecito, Jorge siempre estuvo presente poniendo todo su conocimiento, como tantos otros, sin ellos no podría haber hecho nada”.

“Finalmente pudimos comprar la RGB que la presentamos en el Centro Español, vino Gustavo Darder a darme una mano para poner a punto la moto. En esta categoría viajábamos mucho porque se corría donde se hacían las carreras del TC 2000 y Turismo Nacional por todo el país. La primera carrera fue en Posadas, como experiencia fue válida, y a partir de ahí todo el 94 y 95 participamos de todas las competencias. En 1995 peleaba los primeros puestos del campeonato, llegué a la última carrera en San Martín, Mendoza, con posibilidades de campeonar, pero por esas cosas del destino, no se pudo dar por un problema en la rueda trasera, llegamos tercero”.

“Al año siguiente paso a la categoría Super Bike, con una CBR 600, era otra cosa, muy rápida. También corrí alguna carrera con una CBR 900 que me prestaron y anduve entreverado; pero ahí ya estábamos mirando el Turismo Nacional. Además tuve la oportunidad de correr en el CAM en la Categoría 250 Internacional, cuando se arma esa categoría compro una CR 250, fue algo muy lindo y teniendo esa moto alguna carrera de Cross también corrí con Lisandro Roqués con su Kawasaki”.

“Mi viejo siempre me apoyó en todas mis decisiones y mi vieja sufría mucho, pero a decir verdad tampoco nunca se opuso a nada, nunca fue a una carrera, pero siempre me alentó a seguir y a los dos les estoy eternamente agradecido, los quiero mucho”.          

 

¿También corriente en Turismo Nacional?

“Compramos un Ford Sierra Clase 4 del “Flaco” Solmi de Urquiza (Pergamino), para competir en el Turismo Nacional, también fuimos unos irrespetuosos meternos sin nada de experiencia, pero sí mi experiencia en el conocimiento de los circuitos me ayudó muchísimo, ahí comenzó otro mundo totalmente distinto. Corrí dos años en el Turismo Nacional, en el segundo año quitan la Clase 4 y la 3 donde estaban las Cupé Fuego, los R 18 y la Cupé Sierra, los mezclan con los Ford Escort, Pointer, y por ende había mucha diferencia con autos más modernos y se hacía más difícil para competir. Entonces pasé a correr el Pro Kart 2000, se corría en el Autódromo de Buenos Aires, en La Plata, eran los viejos TC 2000, le compramos la caja a “Pucho” Sáenz, era la vieja caja de Turismo Carretera, entonces nos quedaba el Ford Sierra tipo TC 2000. Pero como se rompía muy seguido decidimos comprar un VW Gol a Gabriela Damoli, que corría con el seudónimo Rex, el motor me lo empezó a hacer Luis García, que estaba haciendo autos de rally, incursionando en el Turismo Nacional. Fue una experiencia hermosa, en La Plata, en Mar de Ajó anduvimos bien, porque corrían más de 40 autos, clasificando entre los quince primeros lugares. Pero todo se terminó cuando en el 2000, en el automovilismo y las motos se empieza a comprar todo y los números se hacían imposible para nosotros, para poder seguir manteniendo la actividad. Agradezco a Juan Laporta (que no está entre nosotros) que no se quejó nunca de los ruidos y nos apoyaba con la publicidad de Molinos Cabodi, a Ricardo Almar e Hijos SA, a “Vicky” González, diputado; a Hernán Biocca y a toda la gente que aportó lo suyo para que pudiera competir tanto en moto, como en auto y poder representar a Rojas, fue un verdadero orgullo”.   

 

¿A tu padre lo hemos visto arriba de un tractorcito cortando el pasto del Club de Pescadores; quien fue Ramón “Rayo” Salez?

“Es imposible no mencionar a mi padre por muchos motivos, con referencia al Club de Pescadores, yo me crie en ese lugar, todos los días después de almorzar mi viejo se subía al tractor a cortar el pasto, a plantar una plantita, cuando no había ni siquiera un árbol. Recuerdo que cargaba los bidones de agua, porque en el Club había agua salada, yo le ayudaba a regar las plantas para ver si crecían, fue todo un tema forestar Pescadores. Tengo un sentimiento muy especial hacia el Club de Pescadores, por el sacrificio y la lucha por conseguir las cosas, como cuando se hizo la pileta”.  

 

¿Vos también fuiste presidente del Club de Pescadores?

“Mi viejo fue un apasionado del Club de Pescadores y cuando fallece en el 2008, en 2010 Osmar Vivero había dejado, hubo una inundación muy grande, el club estaba muy mal, se armó un grupo de gente y me llamaron para que tomara las riendas de la institución. Por suerte nos fue muy bien, hicimos el circuito de karting, donde se hicieron muchas carreras de karting y de motos. El automovilismo no se pudo hacer más por las trabas de la Federación, por el circuito de tierra, por lo peligroso, comenzó el auge de los autódromos de asfalto en toda la zona. Pero Pescadores está enclavado en un lugar premiado por la naturaleza junto al Río Rojas y tiene que estar preparado para recibir el turismo, que le dará los réditos necesarios como para poder mantenerse y crecer en el futuro”.

 

¿Fuiste premiado en varias Fiestas del Deporte?

“Las Fiestas del Deporte eran muy esperadas por toda la gente del deporte, fue un placer y un orgullo estar nominado varias veces y premiado con los Cumbres de Plata y de Cristal. Fue un reconocimiento muy lindo y una verdadera caricia al alma, que hoy pasados los años los valoro aún más. Agradezco a Rodolfo Martínez, director de Deportes de la Municipalidad de Rojas de aquella época y al periodismo en general por haberme tenido siempre en cuenta”  

 

¿Qué te dejo el automovilismo y las motos en tu vida?

“Tantos las motos, como los autos, pero primero si tengo que hacer un balance es completamente positivo, porque tengo amigos que hoy conservo y volví a encontrar después de muchos años a través de las redes sociales, y es algo inexplicable, porque gente que luchó por un montón de cosas, que soñó con un mismo objetivo que uno y compartirlo se genera un vínculo muy especial. Lo más importante es la gente y los lugares que conoces, el haber compartido tantos fines de semana con mi padre, con mis primos, con amigos que me acompañaban las carreras. El asadito que hacía mi padre y los corredores venían a compartir un pedazo de carne con nosotros, esa camaradería era lo más lindo. A nivel personal dejé de hacer muchas cosas, de comprarme lo que me gustaba o no salir, hacíamos un gran sacrificio, mucho esfuerzo,  y que con paciencia y pasión se pueden lograr las cosas. Los dos deportes fueron una gran enseñanza de vida”.    

 

¿Un mensaje final, lo que vos quieras decir?

“Agradecer a Chispa que siempre ha estado en todas las presentaciones, las peñas, a los otros medios también, a la Municipalidad sin distinción de gobiernos. Estoy orgulloso de haber sido parte de ese automovilismo, de ese motociclismo artesanal, algo maravilloso, cuando se hacía todo a pulmón en el taller. Porque más allá del logro, de una victoria, o que te vaya bien como piloto, era lograr superarte en el medio mecánico. Ir a probar con Gustavo Darder al Zonda de San Juan o a Río Cuarto, para tratar de mejorar, eso hoy no se ve, hoy se compra”.

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