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Junio 04, 2026
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Mayo 22, 2026
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Pedro Barragán: “si volviera a nacer sería árbitro otra vez, lo llevo en la sangre”

A los 20 años comenzó a dirigir, más por necesidad, que por intuición; pero con el correr de los años su pasión no tiene límites y con sus 66 años todavía sigue haciendo docencia. El domingo dirigió una nueva fecha del fútbol de Intercooperadoras y le contó a Chispa todo su recorrido y trayectoria dentro del arbitraje rojense. Un ejemplo a seguir para las futuras generaciones

 

Datos personales. Pedro Rogelio Barragán nació en Junín en el año 1955. Es hijo de un padre con su mismo nombre, y de Fabiana Pincén. Es viudo de Nora Cataldo, y tiene dos hijas, Claudia y Natalí, y tres nietos: Nahuel, Ever y Simón.

 

 Pedro Barragán a los 66 años continua dirigiendo fútbol todos los fines de semana

 

¿Cómo fue tu infancia?

“Yo me crié en el hogar escuela de Rafael Obligado, el instituto Morzone. Ahí estuve hasta los trece años, y luego me mandaron a seguir con la secundaria en La Plata. Pero a los dos años fui a un cumpleaños de quince, sucedió que me enamoré de la quinceañera, y no quise seguir estudiando. Pero mi vieja me puso condiciones: si no estudiaba, tenía que trabajar. Entonces me vine a Rojas, con mi esposa, y me puse a trabajar. Tenía diecinueve años”.

 

¿Te gustaba el fútbol, jugaste, hiciste divisiones inferiores?

“Nunca hice divisiones inferiores. Cuando vine a Rojas me fiché en Juventud, empecé jugando en reserva y pensaba que tenía condiciones. Soy zurdo y jugaba de 3; pero nunca llegué a jugar en primera”.

 

¿Cómo nació la pasión por el arbitraje?

“Un compañero de trabajo me sugirió la idea. En ese tiempo trabajaba en el ferrocarril; el sueldo era bajo, y yo buscaba algo para incrementarlo. Me acuerdo de que en esa época estaba Carbonilla Benítez en la cuadrilla, y hablando con otro compañero me sugirieron que me anotara de árbitro. Yo no tenía idea de lo que era, pero venía Jorge Cieri, un instructor, a la Liga; me anoté y así descubrí la pasión por el arbitraje. Todavía ni siquiera estaba formado el Colegio de Árbitros. Hicimos el curso en la Liga, inclusive con gente grande. Varias clases tuvimos que ir”.

 

¿Qué divisiones dirigiste primero?

“Las escuelitas. Así me fui formando, de la mano de Pedro Danloy, del Baby Barreiro, de Hugo Pinto, a quienes les estoy muy agradecido. Ellos me aconsejaban, yo salía con ellos y miraba, era muy observador. Siempre le presté atención a eso. Inferiores y después subiendo, hasta que llegué a la reserva. Pero en primera no; ellos me aconsejaron que me fuera, porque acá nunca iba a llegar a la primera. Les hice caso, me fui a dirigir a la Liga de Junín, ahí pude comenzar como árbitro de primera”.

 

¿Cuál fue tu primer partido como árbitro de primera?

“En la Liga de Lincoln. Fui designado con Jorge Cieri, el instructor, que me evaluó, dijo que yo estaba en condiciones, y desde ahí no me bajé más de la categoría. Pero no recuerdo quiénes jugaban”.

 

Fueron muchos años como árbitro...

“Desde los veinte años. Cuando fui al servicio militar ya estaba haciendo el curso. A veces, en los amistosos que se hacían en el regimiento, yo actuaba como árbitro; y he dirigido a varias generaciones”.

 

¿Ha cambiado la característica del jugador, desde aquellos años hasta ahora?

“El jugador se amolda a la personalidad tuya. A través de los años uno va tomando experiencia, va palpando qué jugador te puede llegar a complicar el partido. Pero es verdad, por ahí el jugador de antes era más respetuoso, y hoy ese respeto se ha perdido un poco. Se dificultan las cosas por ese motivo”.

 

Las reglas se van modificando continuamente. Pero hay otros cambios... ¿qué opinás del VAR?

“En un primer momento yo pensé que el VAR iba a ser algo positivo; pero analizando y viendo los partidos como están sucediendo ahora, se ve que surgen muchas complicaciones. Yo lo vi como un adelanto y estoy comprobando que no, no es efectivo”.

 

¿Qué es lo que te mueve a seguir en actividad, con sesenta y seis años?

“Soy un agradecido; físicamente me siento bien, mentalmente también, y yo me preocupo por estar bien. Camino, salgo a trotar, hago gimnasia, llevo una vida saludable, no fumo, no tomo, y por eso puedo seguir adelante con esto que es mi vocación. Si volviera a nacer, elegiría de nuevo el arbitraje, porque es una cosa que me apasiona. Lo llevo en la sangre”.

 

¿Existe la posibilidad de que en Rojas haya un Colegio de Árbitros? ¿Alguien de la Liga habló de esto?

“En su momento, Manuel López y Hugo De Antoni pensaron en mí para ser una especie de instructor; pero yo no sirvo para transmitir. No soy docente; lo que aprendí, lo aprendí yo pero no puedo pasarlo a otro. Agradecí la propuesta, pero no fue posible. Y la verdad es que no han salido muchos árbitros; no hay ninguna razón, pero la realidad es que no salen. La época de oro del arbitraje fue cuando estuvo Lito Barreiro. Soy un agradecido, porque él fue un maestro. Sabe muchísimo, lo sabe transmitir, y nuestra generación aprendió muchísimo de él”.

 

¿Hasta qué edad pensás seguir dirigiendo?

“Yo tuve un intervalo cuando se fusionaron las cuatro ligas de Colón, Pergamino, Salto y Rojas. Yo estoy afiliado a la de Pergamino; el límite para dirigir eran cincuenta años, y yo, como me sentía bien físicamente, pude continuar a pesar de que tenía cincuenta y tres. Fue una satisfacción para mí, pero es porque siempre me preocupé por mi vocación. Estuve un año más, después paré, y Manuel López me fue a buscar y me dijo que era una picardía que no dirigiera. Que aunque sea siguiera en la escuelita. Le dije que sí, volví, estuve un tiempo y volví a parar, después de un incidente en la cancha de Juventud. Ahí me negué a seguir dirigiendo, pero después Chochito Barreiro me convocó para un homenaje que le hicieron al Gringo Oscar Curini, y otra vez a dirigir. Agradecido al Chocho, que siempre tiene mucho trabajo porque conoce a mucha gente. El sábado iremos a dirigir a Pergamino, y siempre habrá trabajo”.

 

¿Qué te dejó el arbitraje en la vida?

“Por suerte, muchos recuerdos positivos. Gracias al arbitraje conocí muchos lugares, mucha gente, y hoy soy un agradecido porque siempre he dejado una buena imagen como árbitro y como persona. Es lo que siempre digo: soy un agradecido, y si volviera a nacer, sería árbitro otra vez”.

 

Barragán dirigiendo el partido entre la Asociación Solidaria y Santa Felisa de Intercooperadoras

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Franco Lucero debutó en la Fórmula Renault 2.0

Un muy buen arranque en la Fórmula Renault 2.0 tuvo el rojense Franco Lucero, que este fin de semana inició su participación en esta importante categoría del automovilismo nacional. El de nuestra ciudad finalizó en la séptima posición de la carrera disputada el sábado en Paraná, Entre Ríos, completando el fin de semana con el décimo lugar en la prueba corrida este domingo. De esta forma, el joven piloto de Rojas inició su presencia en la F-2 2.0, un nuevo paso en su carrera como piloto, en la cual ya se ha destacado en otras categorías

 

Franco Lucero debutó en la Fórmula Renault 2.0

 

PRIMERA CARRERA

Tiago Pernía (Gabriel Werner Competición) ganó la carrera sabatina de la Fórmula Renault 2.0, que disputa la quinta fecha de su campeonato 2021 en el autódromo Ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos. Isidoro Vezzaro (Gabriel Werner Competición) y Leandro González (Croizet Racing Jr.) completaron el podio.

De esta manera, Pernía concretó su primera victoria en la "Fábrica de Talentos", en el marco del Gran Premio Gabriel Werner; mientras que Vezzaro y González fueron sus escoltas. Más atrás finalizaron Carrera, Juan Pablo Traverso (Aimar Motorsport), Barrio, Franco Lucero (Franco Lucero Motorsport), Stang, Suárez y Bohdanowicz.

 

SEGUNDA CARRERA

Jorge Barrio (Croizet Racing) ganó de forma contundente la segunda final de la Fórmula Renault 2.0 en el autódromo Ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, en el marco de la quinta fecha del campeonato 2021. Isidoro Vezzaro (Gabriel Werner Competición) y Braian Quevedo (LR Team) completaron el podio.

Sobre el cierre, Barrio ratificó su contundencia para rubricar la victoria en el Gran Premio Gabriel Werner, donde obtuvo su quinto triunfo de la temporada en la "Fábrica de Talentos", mientras que Vezzaro y Quevedo arribaron en el podio.

El top diez lo completaron Pernía, Bohdanowicz, Brion, Longhi, Stang, Carrera y el debutante Franco Lucero (Franco Lucero Motorsport).

En el campeonato, Barrio se afianza como líder con 227 puntos, escoltado por Vezzaro con con 173, Pernía suma 159, Suárez con 145 y Quevedo con 138 unidades.

La sexta fecha de la Fórmula Renault 2.0 será el próximo 15 de agosto, en escenario a confirmar.

 

La nueva máquina de Franco Lucero

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El Chueco Di Giacomo y Pepe Delgado, historias paralelas de dos jugadores extraordinarios

Los dos nacieron en la cantera del Club Atlético Jorge Newbery, jugaron en las divisiones inferiores y juntos se fueron a probar suerte a Gimnasia y Esgrima de La Plata. El Chueco jugaba de 9 y Pepe de 5, en su momento fueron nota de Chispa, luego el futuro los separaría en sus carreras profesionales. Alfredo Di Giacomo llegó a jugar en la primera división del lobo platense, le convirtió goles a River, a Boca, a San Lorenzo, tuvo un gran momento, pero la suerte del destino lo llevó a jugar a Estudiantes de Río Cuarto, Deportivo Roca e Independiente de Neuquén, terminando su carrera en nuestra ciudad con el club que lo vio nacer, Jorge Newbery saliendo bi campeón en 1983 y 1984. En cambio Néstor Oscar Delgado, también llegó a jugar en primera muy poquito tiempo, pero tuvo su paso por el fútbol internacional jugando para Stormers de Bolivia; regresó para jugar en Argentino campeón de 1981, también lo hizo en Roberto Cano, para retirarse en el club de sus amores, El Huracán  

 

6ª División de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Pepe Delgado, el penúltimo de la parte superior derecha y el Chueco Digiácomo, el último en la fila de abajo. En 2015, 40 años después se volvieron a reencontrar

 

Néstor Oscar Delgado. “El fútbol es la vida y la muerte; cuando se juega, es vida, y cuando ya no competís más, es como algo se muere dentro tuyo”

 

Datos personales. Néstor Oscar Delgado, «Pepe», nació en abril de 1957, hijo de Néstor Oscar Delgado (se llama igual que su padre) y de Angela María Savio. Tiene dos hermanas, Susana y Nélida, y otra ya fallecida, María Luján. Está casado con Alicia Susana Vallejos y tiene tres hijos: Rebeca, Gimena y Matías. También tiene cinco nietos: Paloma, Benjamín, Dante, Pedro y Fran.

 

 

¿Cómo vivió su infancia?

«Mi infancia, como siempre lo dije, transcurrió en el barrio de las Aguas Corrientes. Más precisamente, en el baldío, que fue la mejor escuela para aprender todas las picardías sanas del fútbol; esas picardías que no te puede enseñar ningún profesor. De chico jugaba siempre con los grandes, como se estilaba en los baldíos. Hice la primaria en la escuela 8 y después me recibí de técnico electromecánico en la segunda promoción de la Escuela Técnica. Toda esa carrera la hice con el "Chueco", desde primer grado hasta que nos recibimos; una vida, prácticamente, juntos. A los once años me fui a probar a El Huracán, el club de mis amores, porque quería jugar ahí, en las inferiores. Me volví muy decepcionado, porque Martinito me dijo que ya tenía todos los jugadores y no me podía probar».

 

¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol, y qué recuerdo tenés de las divisiones inferiores?

“Como te dije, yo quería jugar en El Huracán pero no pudo ser; entonces me fui a Newbery. Jugaba de 6, y el técnico era el Chilo Parisi, el padre de Orlando. Pero no recuerdo mucho; salimos campeones, dos años seguidos en sexta, también en quinta, y creo que jugué algún partido en primera. Pero enseguida nos fuimos a Gimnasia con el Chueco, y con edad de quinta, Teodoro Keller me puso en primera en el parque, contra Huracán. No recuerdo haber jugado mucho en quinta”.

 

¿Cómo llegaste a Gimnasia y Esgrima de La Plata?

“Había uno que le decían el Perro García, tenía parientes en Rojas, y nos llevó a Gimnasia, al Chueco Di Giacomo y a mí. Vamos a la sexta división, teníamos de técnico a don Aníbal Díaz, y vivíamos en las pensiones. También en la cancha; ahí jugué en sexta y quinta, y siempre de 5. El Chueco jugaba de 9; pero después vino el tema de que a mí no me gustaba estar encerrado, entonces, cuando tuve edad para cuarta, cuando Novarini (que me quería muchísimo) dejó de ser el técnico, yo me venía. Estábamos en Estancia Chica haciendo pretemporada, y yo me escapaba porque no me gustaba estar en el encierro; no me gustaba nada estar encerrado, y no se lo recomiendo a los pibes porque no es lo mejor para nadie; entonces me venía. En ese tiempo estábamos trabajando tres veces al día con Miguel Ignomiriello; me venía, y Julio Novarini me venía a buscar a Rojas. Me llevaba, y yo me volvía enseguida. Pero Julio agarra la primera división y me lleva a entrenar con él; en la cuarta quedó José Santiago. A mí me gusta el fútbol para divertirme, y así jugaba; entonces Santiago no me tenía en los planes y seguí entrenando con la primera. Incluso el Gallego Ross, que había jugado en San Lorenzo y era el tesorero de Gimnasia (muchos no lo saben), tenía la representación de los televisores Serie Dorada y me consiguió una beca y un departamento en 49 y 13, a una cuadra de la plaza Moreno, de la catedral, en La Plata”.

 

¿Cómo siguió todo, y cuándo debutaste en Primera División?

“A la división mía, la cuarta, no la vi nunca más. Me pasaba a buscar Juanchi Taverna, lo pasábamos a buscar al Cordobés, a Tutino, entrenábamos y así hice mi debut, no por los puntos pero sí en la primera, un domingo a la mañana con Altos Hornos Zapla. Otro día, nocturno en la cancha de Gimnasia, contra Chaco For Ever. Después Novarini siguió con la primera, Gimnasia no andaba bien, una noche que jugó con Independiente en Avellaneda perdió 4 a 1. El domingo jugábamos otra vez, y yo iba a jugar de 5 por Avelino Verón; pero le pidieron la renuncia a Julio, por malos resultados, y entonces me volví a Rojas, a Newbery por seis meses. Ahí ganamos el Preparación, en el 77, teníamos un equipazo. Pero a fin de año tenía que volver, y Gimnasia tenía la obligación de hacerme contrato por dos años, ya que me había dado a préstamo siendo aún no profesional y menor. Ahí nos equivocamos; Novarini me consigue un equipo en Bolivia, me lleva un representante que a la vez era director técnico, Juan Nazareno Rizzo, y me voy a Stormers de Sucre con Oscar Sand, otro jugador de Gimnasia. Arreglo en Sucre, juego casi un año ahí, y después me voy a Independiente Unificado de Potosí, siempre con Rizzo, alguien que se portó muy mal con todos nosotros. En esa época no teníamos representante, nadie que nos guiaba, y él manejó toda la plata. Yo me podría haber ido a Chile, a Coquimbo, a Palestino, pero no tenía ganas por lo que me había pasado con este señor. Ese año, el 78, me volví. En el 79 no jugué, porque el pase era complicado para traerlo, había que pagar, no se sabía si iba a venir, un montón de problemas. En Stormers habían pagado bien al principio, pero después no cobramos más”.

 

 

¿Cuándo regresaste al fútbol de Rojas, los clubes dónde jugaste y los campeonatos logrados?

“Vengo a Argentino, en el 80. Ganamos el Preparación y salió campeón El Huracán. En el 81 salimos campeones con Argentino, el único campeonato que gané. En el 83 estuve en los Diablos Rojos, la liga de Arenales, porque en el 82 tuve una lesión en las cervicales, en cancha de Juventud, una final contra Carabelas. Estuve ese año operado, y en el 83 no estaba todavía apto, aunque me fui igual a la liga de Arenales. Después jugué hasta el 87 en Argentino; en el 88 jugué en Cano, y en el 89 por primera vez me puedo dar el gusto de jugar en el Globo y retirarme en mi club”.

 

 

La Selección de Rojas ocupa un lugar especial en tu corazón; ¿qué recuerdos te trae a la memoria?

“Claro que es algo especial, porque no sólo en el fútbol, todo deportista anhela llegar a ser seleccionado. Para mí era un orgullo enorme; uno iba los domingos, y era de bote a bote la cancha, totalmente llena. La selección me trae un montón de recuerdos, todos gratos. Es una cosa hermosa, lo más lindo es ponerse la camiseta de la selección, aunque sea a nivel local”.

 

¿Qué jugadores, o qué jugador te quedó en la retina, de tu época?

“Qué jugadores había, por favor... un millón podría nombrar. Coto Antón, Manano Papasidero, Polaco Alvarado, Chocho Barreiro, el Tula Speroni en el arco, jugadores con los que compartí en el baldío. Era otra época, todos los equipos jugaban bien, y por eso había tanta gente en la cancha. Y los que venían de afuera, ni hablar; Pelusa Martegani, Cánepa, el Negro Santillán, Rulo Giustozzi (todos estos en Argentino), Unión trajo un año a la Liebre Corona, el Tano Casiatto, unos jugadores impresionantes; y no me quiero olvidar de los de acá, como por ejemplo Lito Barreiro, que estuvo entre los mejores de Rojas”.

 

¿Qué te dejó el fútbol en la vida?

“El fútbol es la vida y la muerte; cuando se juega, es vida, y cuando ya no competís más, es como que algo se muere dentro tuyo. Para los que nacimos en un potrero, el fútbol es todo. No tengo ninguna ingrata del fútbol; todos fueron momentos felices, los baldíos, el reducido, todo. Es el único deporte que practiqué, y fue lo mejor que me pasó en la vida, más allá de la familia, por supuesto”.

 

En Stormers de Bolivia. Estadio Olímpico de la Paz, 25 de mayo de 1978, Stormers 3 – Municipal 1. Ariiba: Romero, Saucedo, Herrera, Barnux, Ortega, y Vargas. Hincados: Soto, Olivares, Vico, Flores, Camargo y Delgado

 

Argentino campeón 1981. Jué, Torres, Barret, Vilar, Daletto, Silva, Speroni, Bartolelli, Airoldi, Rojas, Rosanigo, Bolognese, Zalocco, Mastronardi, Delgado y Alvarado

 

 

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Falleció Humberto D’onofrio

El pasado 21 de mayo nos dejó Humberto D’onofrio, a los 67 años de edad, en Carmen de Areco, lugar que lo vio nacer; era viudo y tenía tres hijos; propietario de un local comercial del rubro zapatería. Los futboleros que ya peinan canas, seguro lo recordarán por su paso en la filas del Club Atlético El Huracán en la década del 70. Jugó en el campeonato de la Liga Deportiva de Fútbol de Rojas en 1977, en el recordado equipo dirigido por “Tato” Casalongue, un equipo totalmente en formación, en el que jugaban, entre otros: el “Nene” Vezzoni, “Tito” Barbieri, “Sachi” Alvarez, Osvaldo Vivero, Omar Fachile, “Pinocho” González, el “Tordo” Ramallo, “Polo” Fresero, Hugo Percivale, Orlando Parisi, Carlos Zambuto, “Coco” Caire y “Rulo” Medina.

Jugaba de cinco, zurdo, de una técnica incomparable, muy buen jugador, pero fundamentalmente dejó el recuerdo también como una gran persona y deportista. También vistió la camiseta de Argentino. Vaya este recordatorio para sus familiares a la distancia y además para todos los que pudieron compartir su amistad dentro y fuera de una cancha de fútbol. La familia aurinegra lo recordará para siempre, que en paz descanses querido Humberto …

 

El Huracán 1977. Vezzoni, Barbieri, Alvarez, Vivero, Fachile, González, Ramallo, D'onofrio, Fresero, Zambuto, Percivalle y Parisi

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Oscar Alfredo Di Giacomo. “Siempre hacía goles, pero cuando no, me amargaba, el nueve vive del gol”

Datos personales. Oscar Alfredo Di Giacomo nació en marzo de 1957, en una casa ubicada en Dardo Rocha entre Padre Sánchez y Pueyrredón, hijo de Hilda Victoria Valdés y de Lorenzo Di Giacomo. Es hermano de Hilda, Lorenzo y Miguel Antonio. Tiene cuatro hijos: Hernán, Malena, Franco y Santino.

 

El chueco Di Giacomo ingresando a la cancha de Independiente jugando para la reserva de Gimnasia y Esgrima La Plata

 

¿Cómo fue tu infancia?

“Tuve una infancia feliz; Rojas estaba lleno de potreros, había barrio contra barrio, jugábamos tres o cuatro horas por día al fútbol; salíamos de la escuela y nos íbamos al potrero; y cuando anochecía, no había luz, y seguíamos pateando abajo de la lamparita de la esquina”.

 

¿Cómo te formaste futbolísticamente?

”Un día quisimos ir a jugar a una cancha y elegimos Newbery. Mi viejo siempre me apoyó con el fútbol, quería que fuera jugador, y yo tenía condiciones. La mayor parte de mi carrera la hice por mi viejo, porque era una cosa sacrificada viajar todos los viernes a La Plata, volver los sábados o los domingos, invierno o verano. Pero siempre tuve el apoyo de mi familia”.

 

¿Qué recordás de aquella sexta de Newbery?

”Estaba Orlando Parisi de técnico, el Chilo. Nos decía –qué hacés, cachafaz– y nos pegaba un cachetazo; muchas enseñanzas, de gente maravillosa”.

 

¿Cómo se da la llegada a Gimnasia?

“A los quince o dieciséis años había empezado a jugar acá en primera; y después por intermedio del corredor de autos Alfredo Martín, ganador de muchos premios de automovilismo, me recomendó para que vinieran a verme desde La Plata. Vino Aníbal Díaz, que fue el hacedor de Maschio, de Bertoni, de Angelillo, todos esos monstruos, me vio y quedamos en que me iban a llamar. El 13 de diciembre me citaron para que fuera a practicar, y me fui a La Plata. Viste cómo son las pruebas... hay dos mil pibes, y cinco o seis partidos simultáneos. Te sacaban de uno y te metían en otro, y así te iban rotando. Creo que tuve suerte porque en las prácticas hacía goles, y eso lo convenció a Aníbal Díaz para ficharme. Me acuerdo de que llegué al bosque y era impresionante la cantidad de chicos que había. Siendo paisano, llegar caminando desde la terminal hasta el bosque... había que tener todo muy claro. Además mi viejo me empujaba y me bancó siempre, eso fue muy importante para mi”.

 

¿En qué división comenzaste, en Gimnasia?

“En la sexta división. Los primeros dos años, hasta que terminé la secundaria acá, viajaba; después, cuando terminé, me instalé allá. Practicábamos mañana y tarde, y la pretemporada era bastante dura: corríamos quince kilómetros y después gimnasio, complemento de pesas, todo lo que correspondía. Y a la tarde, fundamentos de fútbol. En ese momento estaba como técnico en la escuela de fútbol Miguel Ignomiriello, con el Chino Héctor Salvá que había salido campeón con Uruguay en 1966”.

 

¿Recordás algún clásico con Estudiantes en el que hayas hecho goles?

”Siempre hice goles; era lo más importante. El día que no hacía al menos uno, sentía que había jugado mal. Uno está para eso, el nueve vive por y para el gol”.

 

¿Cómo fue el debut en primera?

”Fue pasando el tiempo, jugué algunos partidos en tercera, y después nos pusieron a Ducca, a Alegre y a mí. Siempre andábamos juntos con ellos. El debut fue contra Atlético Tucumán, en el Torneo Nacional. Terrible el calor en Tucumán; te estabas cambiando y parecía que ya habías jugado el primer tiempo. Hacías un pique y veías espejismos. A pura rodaja de limón jugábamos. El equipo de Julio Ricardo Villa, que jugó en la selección”.

 

¿Cuáles son los partidos que más recordás, jugando contra los grandes?

“En reserva le hice goles a Boca; en cuarta, a River; en tercera, a San Lorenzo. Según la zona que tocaba, había equipos cabeza de grupo y te cruzabas con equipos chicos también. Jugamos contra Independiente, contra Argentinos Juniors... todo muy lindo. En la cancha de Gimnasia, y por falta de experiencia, me perdí de hacerle un gol a Gatti. Después hice uno exactamente igual a Cipolletti en el clásico de Río Negro, de la misma manera, arrancando en el mismo lugar y encarando en diagonal hacia el arco. Cuando me salió el arquero, se la toqué. De esos goles hice muchos, después de perderme ese gol contra Boca. No es fácil; uno va a la carrera, gambeteando, y se le da la oportunidad o la suerte de que con un amague se queda parado el defensor”.

 

¿Cómo siguió todo después de la primera de Gimnasia?

”Vienen de Estudiantes de Río Cuarto a buscar jugadores para un regional, y me fui a préstamo. En el 77, a fines. Estaba la posibilidad de ir a Chile, y en Uruguay estaba el club Sudamérica, que me quería definitivo. Después terminé arreglando con Deportivo Roca, donde estuve cuatro o cinco años. También jugué en Independiente de Neuquén, adonde fuimos cinco jugadores a préstamo, y finalmente me volví a Rojas, cuando el fútbol allá se hizo un poco amateur y las recaudaciones no eran lo mismo. Llegado a Rojas me llamó un medio empresario, que tenía una agencia de autos, el Ruso, porque quería que yo eligiera si quería ir a Nueva Chicago, a Chacarita o a Quilmes; no quise. Me había acostumbrado a una ciudad–pueblo como era General Roca, no quería ir a viajar continuamente en Buenos Aires. No fui, me quedé en Rojas y jugué en Newbery, hacia fines del 82. En el 83 había una comisión de lujo, unas personas bárbaras, el doctor Boyeras, Sánchez, Juan Piqué, una comisión espectacular, que te respetaban como persona, lo que uno más quiere”.

 

El del 83, año en que se nos fue Caco Andreozzi, hubo un torneo entrañable, por todo lo que pasó...

”Newbery logró salir campeón después de veintiocho años, y tuve la suerte de estar en ese equipo. Fue una alegría inmensa, haber vuelto y encontrarme con el campeonato después de tanto tiempo. Al año siguiente, en el 84, también salimos campeones. En el 86 me fui a Carabelas, y en el 87 jugué algunos partidos para Boca en un regional. Me retiré a los treinta y cuatro años, más que nada por cuestiones de trabajo. Estaba en la Cooperativa, y todos los domingos tenía que estar pidiendo rotación de turnos con algún compañero”.

 

Has jugado con grandes jugadores. ¿Cuál fue tu mejor socio?

”Estuve mucho tiempo en Río Negro, y teníamos el juego afianzado con los mediocampistas, nos entendíamos bien. Te ponían la pelota y uno iba libre a encarar al arquero. Lo mismo en Newbery con el flaco Miguel López, Mario Mangui, estuvimos como siete partidos sin ganar un punto; pero después se dio vuelta todo, no perdimos más y le ganamos la final a Argentino”.

 

¿Cuál fue tu mejor momento futbolístico?

”Hubo muchos momentos; cada final que jugás, cada partido importante, te marca. Yo tengo jugadas en la cabeza que no se me borran más; y más que nada, cuando vas a disputar finales como contra Quilmes de Mar del Plata, adonde fuimos de paseo y les ganamos 4 a 0. Volver a Rojas y convertir en la final; al otro año nos toca la final con Juventud, y el único que me atajó un penal fue Pedrito Detomassi, en la final; pero hice dos goles y ganamos. Son todas cosas que te quedan grabadas, como la jugada que salió en la revista Goles contra Boca y que casi le hago un gol al loco Gatti”.

 

¿Qué es lo más difícil para un delantero?

”Creo que el delantero, antes de recibir, tiene que acomodar el cuerpo. Si recibís de espaldas, tiene que haber alguien con quien descargar y que devuelva enseguida; así te sacás dos tipos de encima en una jugada; y uno de mis fuertes era usar el cuerpo. El profesor Whebe nos enseñó a saltar a cabecear, el que estaba en San Lorenzo con el Bambino Veira. Yo era leal con los leales, pero si iban a pegarte, yo usaba los codos”.

 

¿Qué te dejó el fútbol en la vida?

”El deporte es una disciplina, y si sabés integrarte vas a lograr muchísimos amigos, que es lo que te deja; y el respeto de la gente hacia vos. Yo siempre me sentí como «mimado» donde estuve, porque hice las cosas siempre como las tenía que hacer. Si tuviese que volver a hacerlo, lo hago. Tengo amigos en Mendoza, en San Juan, en Concordia, por todos lados quedan amigos. Por circunstancias no te ves, pero por ahí hay algún encuentro, todos los años hay algo”.

 

¿Algo para agregar?

”Un saludo y un agradecimiento para toda la gente que me quiere, que se cuiden y si Dios quiere podamos superar esta pandemia que nos ha cambiado la manera de vivir”.

 

Cuarta División de Gimnasia y Esgrima La Plata en 1975. Casanueva, Miguel, Robledo, Armendariz, Cassé, Córdoba, Genin, Gallardo, Di Giacomo, Cardinali y Foccacia

 

El Deportivo Roca, donde Alfredo Di Giacomo, fue goleador y figura. Saldico, Bernardiz, Guaita, Graneros, Salcedo, Lizzi, González, Batalla, Tapata, Di Giacomo y Flores