Continuando con los deportistas que han marcado una época, que han dejado su sello en el deporte, en este caso en el fútbol; los hermanos Claudio y Fabián Tabarez hicieron lo propio en el Club Atlético Juventud; ambos de un perfil muy bajo, pero desde el silencio y la humildad lograron poner a la institución de barrio Nehuenche en lo más alto del fútbol rojense en 1989 y 1991. El orgullo de haber jugado juntos defendiendo ambos los mismos colores no tiene precio y un hermoso mensaje para los más jóvenes, ya que con trabajo y sacrificio se pueden lograr los objetivos en la vida

Claudio y Fabián Tabarez, junto a Jeremías
Claudio Tabarez. “El fútbol me dio todo, pero la pérdida de mi amigo Juanino fue irreparable”
Datos personales. Fabián Tavarez nació en Rojas, hijo de Jorge Tavarez e Irma Laborde. Tiene cinco hermanas y un hermano: Laura, Cristina, Eugenia, Anahí, Mirna y Claudio. Está casado con Andrea Carpenzano y tiene tres hijos: Silvia, Jeremías y Nadia. También tiene cinco nietos: Candela, Lorenzo, Ivo, Ian y Ema. Sus yernos son Hugo Farías y José Almirón, y su nuera, Jimena Barreiro.
«José es un jugador que siempre me ha gustado, en el puesto en que toda la vida jugué yo, que es el de 5. Siempre consideré que mi juego se parecía un poquito al juego que tiene él. El otro yerno se dedica un poco más a las motos y al rally santafesino. Ojalá que mis nietos, los hijos de José, que son Ivo e Ian, lleven el mismo camino que hoy lleva José y que yo ya pasé», dijo Fabián Tavarez.
¿Qué recordás de tu infancia, el barrio, la escuela?
“Mi infancia fue algo lindo, algo que siempre está en el recuerdo. Salíamos de la escuela y nos íbamos derecho a jugar al fútbol. En ese tiempo estaba en el barrio la canchita de don Burgos, que era el dueño, e íbamos todos ahí. Se hacían campeonatos, y los sábados era algo impresionante. Ojalá se pudiera volver el tiempo atrás. Mi infancia en el barrio con Juanino Fontana, con René Villalba, con Cotito Farías, una barra, un montón, siempre todos allá. Hoy, yo paso por los barrios cuando salgo a dar vueltas, y no hay canchas, se perdió todo eso que disfrutamos de niños. Estoy orgulloso de haber disfrutado de todo eso, de jugar bajo la lluvia, de embarrarnos todos, de hacer travesuras después de la lluvia, algo hermoso. Hay muchos recuerdos, anécdotas, cosas que han quedado guardadas en nuestro corazón de aquella infancia que vivimos”.
¿Cómo fueron tus comienzos en el fútbol, en las divisiones inferiores, quiénes te formaron?
“Arranqué en el barrio; eso fue fundamental. Después nos fuimos a la cancha de Juventud, cuando nos vino a buscar el Chano Melo; él fue la guía, nuestro profesor, el que nos enseñó todo lo que realmente nosotros aprendimos. El Chano fue fundamental en nuestras vidas, como técnico y como persona; nos cuidaba, viajábamos a Carabelas, a todos lados, y él siempre estuvo a nuestro lado; fue como un padre para nosotros, nos cuidaba, nos mimaba y nos daba los caprichos, una gran libertad para jugar. Así crecimos, en las inferiores. Lo tuvimos muchos años a él, fuimos creciendo, y en el 89, cuando salimos campeones, fue el que nos abrazó a nosotros, a mí y a Juanino, y lloraba, porque nos amaba. Tanto tiempo había pasado y él seguía ahí. Éramos los únicos de Rojas que jugábamos, porque la mayoría era de Pergamino, y recuerdo esos abrazos en la cancha de Argentino, cuando él nos abrazaba y lloraba. Son cosas que uno recuerda y son impagables; por eso digo que me gustaría volver a esos momentos, las inferiores. Aunque pasábamos momentos difíciles por supuesto; no teníamos ni siquiera zapatillas para jugar; usábamos pantalones de distinto color; pero éramos felices, y es lo más importante. Yo me acuerdo de que las camisetas tenían número, y todos queríamos la 10; pero el Chano siempre se la guardaba para Juanino. Siempre fue así, y Juanino con la 10. Nosotros nos enojábamos, pero eran cosas divertidas y muy lindas que pasaban. Nos daba de comer lo que había, épocas complicadas, pero éramos felices”.
¿Cómo te definís como jugador, en qué puesto jugabas?
“Arranqué a jugar de 8, en las inferiores y algunos partidos de reserva. En el año 89 jugaba de 8 pero llegó un jugadorazo, el Negro Lamolla, con quien aprendí un montón. Fue un partido en la cancha de Juventud; habían venido todos los de Pergamino menos Lamolla; y faltaba alguien que jugara de 5. En ese año estaba de técnico Tato Casalongue, me preguntó si quería jugar en ese puesto, le dije que sí y me sentí muy cómodo jugando en ese puesto; tan cómodo que me gustó y quería jugar siempre de 5. Ese partido fui elegido como figura, aunque después volvió el Negro Lamolla. Pero desde el año siguiente jugué siempre de 5, hasta el final de mi carrera, fue mi puesto favorito, algo que amaba. Algunos técnicos me probaron jugando con doble 5, pero yo nunca me hallé jugando así; siempre me gustó estar solo en el medio. Es algo que tiene también mi yerno José; yo lo vi jugar en El Huracán, cómo cortaba, y yo veía algo de mi juego en el juego de él. Hoy lo veo jugar a él, y pienso que ojalá que alguno de mis nietos siga por el mismo camino”.
¿Contanos tu debut en primera, contra quién, cómo salieron, quién era el DT?
“Mi debut, si bien no recuerdo el año, fue en Unión de Carabelas. Tenía dieciséis, o diecisiete años, y ocurrió que se enferma, le agarró como una fiebre en el medio de la cancha, al rubio Demaro. Sale, y como el único suplente mediocampista que había era yo y me pusieron. Obviamente tenía miedo, porque había jugadores muy importantes. En una jugada en el área voy a cabecear, Cacho Blanco pone el pie y me agarra en toda la cara. Quedé tirado en el suelo, me llevaron a una salita que había en Carabelas, y me curaron la cara porque me había lastimado. Tenía terror, no quería jugar más en primera, prefería seguir en las inferiores o en reserva. Había jugadores grandes, muy experimentados. Pero después seguí, el potrero me llevó a formarme, y cuando se paraban los campeonatos jugaba en el barrio todos los sábados. Me metía con gente grande, de veinticinco o treinta años, jugaba fuerte y ahí me prendía. Eso me llevó a jugar después en primera sin temor; es como que el potrero me formó a los golpes. Pero todavía recuerdo aquella patada en la cara. Después vinieron momentos buenos”.
¿Cómo fue tu trayectoria, cuántas veces saliste campeón y los clubes en los que jugaste?
“He jugado en Newbery, una experiencia linda, cuando me llevó Fachile en 1996; ahí salimos subcampeones, y recibí muy buen trato. Un espacio completamente distinto al de donde yo venía, que era Juventud. También recuerdo el torneo del interior en 1990 con la Juve, había lindo equipo con Cardozo, Díaz, Monacci, Cilio y Cepeda en la defensa; en el medio jugaba yo, Filomeno y Sarmiento; y arriba, el Bolita García, Quaglia y Fontana. En el 90, cuando sale campeón Newbery del Torneo Local, también tuve la suerte de que me citaran para jugar el Torneo del Interior en 1991, porque me llamaron Balbo y Barreiro, los técnicos. Newbery formaba con Osvaldo Cardozo, Mario Quiroga, José Principato, Alejandro Colombo y Enrique Díaz; Fabián Tavarez, Jorge Carrizo y Gustavo Valdez; Jorge Barrera, Guillermo Malacalza y José Luis Carrizo. Es el equipo que tuvo Newbery cuando llegó tan lejos, hasta Bahía Blanca, y allá fuimos eliminados por Olimpo. Un equipazo, y una experiencia tremenda que me tocó vivir. También tuve la suerte de jugar con este monstruo que vino de Salto, el Bolita García, en el torneo del interior. Y terminé la carrera en Juventud, a pesar de que existió la posibilidad de jugar en otros clubes”.
En 1989, campeón; en 1990, subcampeón; y en 1991, campeón con la Juve. Jugaste con grandes jugadores, ¿a quiénes recordás?
“En el 89 tuve la oportunidad de jugar con grandes jugadores como el Negro Lamolla, que venía de Sarmiento de Junín y había tenido una trayectoria profesional muy importante, un jugador muy distinto a nosotros. Él jugaba de 5 y yo de 8; estaba el Gato Cardozo en el arco, jugaba Silvio Medina, Pascual, Martín Sánchez, Lamolla, Tavarez y Juanino Fontana. Un equipo muy bueno, de gente grande, cuando nosotros éramos chicos. Yo tenía 17 años, lo mismo que Juanino, Cotito Farías y Martín Sánchez. Éramos cuatro del club, y los demás eran todos de afuera. Tuvimos un año hermoso, con jugadores que te enseñaban mucho; aprendías. Lamolla te hablaba, el Gato Cardozo nos dirigía desde atrás, paraba la línea, nos gritaba, algo muy lindo. Para mí fueron tres años fundamentales, los más lindos que viví en el fútbol. A nadie se le ganaba fácil en esa época, había grandes equipos, estaba Roberto Cano, estaba Unión de Carabelas, equipos a los que había que ganarles de visitante; era hermoso. Yo me cuidaba toda la semana, no salía, andaba de novio pero no salía, no tomaba, me cuidaba, porque sabía que el domingo tenía que jugar. Yo amaba el fútbol, y los demás también, Juanino, Cotito, íbamos con ganas a jugar y teníamos el gran apoyo de la gente de afuera. En el 90 llegamos a la final con Newbery y nos ganaron 3 a 0; en esa final nos dirigió el famoso Mario Gallina. Recuerdo a ese árbitro porque estábamos jugando el partido, me hacen un foul, y quedé tirado en el suelo. Entonces, él me da la mano y me pregunta –¿cuántos años tenés?–. Yo le dije que tenía dieciocho, y me dice, asombrado, –¿y con esa edad estás jugando acá?. Cuando terminó el primer tiempo se lo conté a Tato Casalongue, y él me contó que este árbitro había sido profesional, y quizás podría tener contactos y llevarme a algún club importante. En el segundo tiempo me hicieron otro foul, cerca del área, y pasó lo mismo que en el primer tiempo. En este caso me dijo que cuando terminara el partido quería hablar conmigo. Así fue; fui al vestuario de los árbitros, me dio su número de teléfono, me dijo que viajara con un mayor y que no fuera a probarme; que fuera directamente a jugar en Estudiantes de La Plata. Me perdí esa oportunidad, y no me preguntes por qué; hoy no tengo explicaciones para decir por qué no fui. Pasaron muchas cosas por mi cabeza, pero el tren pasa una sola vez, y si no te subís, no vuelve. Y yo no me subí.
En el 91 llegamos a la final nuevamente, y como el Gato se había cortado una mano, atajó Villarruel en la final. Jugaban Mattos, Monacci, Cilio y Carrasco; en el medio Negrete, Sarmiento y Tavarez; y arriba jugaban Fontana y Mastronardi. Ese era el equipo de Juventud, con Pulisic como director técnico. Argentino formaba con Airet, De Guevara, Silva, Rosset, Mayoral, Unafó, Almeida, Barreiro, Matheu, Abraham y Barros. El técnico era Raúl Linare. Ahí tuve la suerte de convertir un gol, el segundo; me hacen un foul del lado derecho, más o menos cerca del área, y la pido rápido; me la dan, encaro hacia el área, y cuando pega en el pie de otro jugador, quedó picando. La agarré de zurda, aunque soy derecho, y la pelota iba a un metro del piso. La clavé en un palo, Airet no llegó. Una final hermosa, muchísima gente, y recuerdo ese gol porque fue de los mejores momentos que he pasado en esos tres años. Tuve la suerte, también en el 90, de ser elegido como el mejor futbolista. Fui ternado con Walter Barry y con el Pela Carrizo, y saqué el Cumbre de Plata. ¿Qué más le puedo pedir al fútbol? Tener amistades, gente que me reconoce, y que hasta el día de hoy me dicen que fui de los mejores 5 que hubo en Rojas. Yo siempre fui humilde, del montón; me gusta el fútbol y quería jugar bien para el equipo”.
¿Esos fueron tus mejores años como jugador?
“Yo pienso que sí; para mí esos tres años fueron los mejores. Después de eso Juventud empezó a perder un poco el equipo, ya no era el mismo Juventud de antes. Por eso, esos tres años, 89, 90 y 91, para mí fueron los mejores”.
¿Seguís vinculado al fútbol, o cuando terminaste de jugar te alejaste? ¿Por qué?
“Cuando dejé fue por razones de trabajo. Entré a trabajar en Almar y los horarios no me coincidían, trabajaba de noche, los domingos, había semanas que no podía practicar, domingos que no podía jugar, y entonces al año siguiente ya dejé de jugar. Tenía veintisiete años. Seguí jugando en el potrero, por supuesto; era algo que me gustaba, pero me alejé del fútbol por motivos de trabajo; si no, habría seguido jugando hasta que el cuerpo no diera más. Era muy joven, pero era muy difícil poder jugar de esa manera”.
¿Qué te dejó el fútbol en la vida?
“Me dejó muchas amistades. Hoy tengo contactos con todos los jugadores de Pergamino un grupo de watshapp; nos mandamos mensajes y nos saludamos para los cumpleaños. Tuvimos la oportunidad de juntarnos. Cuando pasó lo de Juanino estuvieron todos en contacto conmigo, porque sabían que era muy amigo de él. Mensajes en todo momento, por todo lo que había pasado. El fútbol me dejó todo eso, amigos que todavía están. También me dejó el recuerdo de mi amigo Juanino; la verdad es que hablar de él es sentir tristeza, lágrimas, porque fue algo grande para mí; éramos muy amigos, muy compañeros, hicimos muchas cosas juntos, y lo mejor que hicimos juntos fue el fútbol. Vivíamos para el fútbol; crecimos en las inferiores, debutamos los dos juntos; jugamos en primera, salimos campeones, y hoy se extraña un montón. Quizás algún día pueda reencontrarme con mi amigo. El fútbol es eso, deja amigos, también deja tristeza y el recuerdo de los lindos momentos. Una anécdota que me pasó en el fútbol: yo jubaga de 5 y le tiro una pelota a Juan, que la cubre como él sabía hacerlo, moviendo las manos. Entonces me espera, con el pie me la da y yo la agarro como venía. Un golazo desde afuera del área. Salí corriendo para festejar con la tribuna, pero inmediatamente pegué la vuelta; me arrodillé, y entonces vino él, también se arrodilló, y nos abrazamos. Tengo esa foto que salió en el diario, y decían que era para hacerle una estampa a esos dos jóvenes de Juventud. Son recuerdos muy lindos, y yo lo recuerdo de esa manera a Juanino con mucha emoción”.
Claudio Tabarez. “Fue algo muy lindo jugar al fútbol con mi hermano y defender los colores de mi querida Juve”
Datos personales. Claudio Tabarez, nació el 13/12/1973; padres: Irma Laborde; esposa: Mariana Agüero; hijos: German, Ivana, Camila, Nahuel, Nahiara y Mora.
¿Cómo nació la pasión por el fútbol?
“Desde chiquito me apasionaba jugar al fútbol, además mi padre fue jugador y eso nos motivaba a mí y a mi hermano, vivíamos jugando a la pelota en el barrio o en cualquier potrero donde había una pelota”
¿Cómo fueron tus comienzos en inferiores, los compañeros, el DT?
“Arranque en séptima división, el técnico era Chano Melo y algunos de mis compañeros fueron Gallego Fernandez; Alejandro Rodrigues; Ariel Lobosco y algunos más que no recuerdo en este momento. Fueron años muy lindos, no logramos títulos, pero sí pudimos formar un grupo y creo que eso es lo más importante en el deporte”
¿Te acordás tu debut en primera?
“Mi debut en primera división fue en el año 2000, en el Torneo Interligas, cuando enfrentamos a El Fortín de Colón en cancha de Juventud, le ganamos 2 a 1. Recuerdo que estaba muy nervioso, pero gracias al apoyo de mis compañeros lo pude superar. En primera división jugué aproximadamente cinco años, me casé y tuve que ir a trabajar desde muy joven”.
¿Qué se siente haber jugado con tu hermano y haber defendido los colores de Juventud?
“Fue algo muy lindo a ver compartido jugar al futbol con mi hermano y defender los colores de mi querida Juve. Recuerdo a Pedro Detomassi y el querido y recordado Jorge Simón, quienes un viernes me citaron junto al Pity Llamazares para jugar el domingo en primera división, ellos me eligieron y aconsejaron, aprendí mucho de estas personas. También recuerdo como compañeros a Juan Manuel Abril, Cuchino Mateu y Carlos Calvet, entre otros”.
¿Cuándo te retiraste y porqué?
“No recuerdo bien la fecha de cuando me retire y deje de jugar al fútbol; porque en el fútbol amateur es muy difícil tener una larga carrera por el tema del trabajo, además me casé, las obligaciones hicieron que postergara algo tan lindo como jugar al fútbol. Pero igual estoy muy contento y orgulloso de haber jugado y aportado algo para Juventud”.
¿Qué te dejo el fútbol en la vida?
“El futbol me dejo mucha alegrías y amistades, es un deporte maravilloso, por algo es pasión de multitudes, pero lo valoras aún más cuando lo haces en un club humilde como Juventud, que gracias a Dios con el tiempo se ha ido superando y los encuentra hoy en una situación de privilegio y con todo por hacer y crecer”.

Juventud Campeón 1989. Villarruel, Fabián, Cilio, Pascual, Sánchez, Cardoso, Luciani, Ferreyra, Rosales, Medina, Farías, Pérez, Fontana, Mattos, Lamolla y Simón

Juventud Campeón 1991. Mattos, Cilio, Fontana, Villarruel, Sarmiento, Cepeda, Sarquis, Tabarez, Mastronardi, Carrasco y Negrete