Junio 04, 2026
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Misas Lalcec Rojas

(sábado 6 de junio, 19 hs., Parroquia San Francisco de Asís) José Luis Delbaldo, Sergio Francisco González de Galeano, Nélida Piedad Ojeda de Orosco, Carlos Lindor Ozan, Stella Maris Ferrari de Bramati, Florencia Becerra, María Cristina Delbaldo, Víctor Hugo…
Junio 04, 2026
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Eliana Trotta a través de su canal de you tube cubrirá el Mundial de Fútbol en EEUU

Sin lugar a dudas la historia de vida de la joven Eliana Trotta es muy especial, todo comenzó con la pandemia, y a través de un Intercambio Cultural del Rotary Club Rojas (del cual es presidenta) pudo viajar a los EEUU para conocer su cultura y también poder…
Junio 03, 2026
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Seguimos fortaleciendo el sistema de videoseguridad de Rojas

(Prensa Municipio de Rojas) Durante la semana pasada se llevaron adelante trabajos de mejora en la red de comunicaciones que conecta distintos puntos del sistema de monitoreo de la ciudad. Estas tareas permiten optimizar el funcionamiento de las cámaras,…
Junio 02, 2026
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2 de junio: Día de Bombero Voluntario

Como todos los años el 2 de junio se celebra el Día de Bombero Voluntario, en nuestra ciudad los BBVV de Rojas llevaron adelante diferentes actividades, habrá toque de sirena, ofrenda floral en el Monolito del Cementerio local (en homenaje a los bomberos y…
Mayo 30, 2026
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AFA Rojas realizó la 74º Asamblea Anual con un saldo positivo de 35 mil millones de pesos

El martes 26 de mayo en el salón del Centro de Jubilados y Pensionados de Rojas, se llevó a cabo la 94º Asamblea Ordinaria Anual de Casa Central y 74º del Centro Primario Rojas de Agricultores Federados Argentinos SCL, donde se dieron a conocer los resultados…
Mayo 27, 2026
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El Polígono de Tiro General Alvear se vistió de fiesta para celebrar la Revolución de Mayo

El acto central u oficial del 25 de Mayo se llevó a cabo en el frente del Polígono de Tiro general Alvear, ubicado en Avenida Larrea, recientemente remozado brilló más que nunca para recibir a las delegaciones escolares, autoridades de la docencia y…
Mayo 22, 2026
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Semana del Parto Respetado

(Prensa Municipio de Rojas) En el marco de la Semana del Parto Respetado, este jueves se llevó adelante una charla abierta organizada por el Servicio de Neonatología y el Servicio de Obstetricia en el Centro Educativo y Cultural Obras Sanitarias. Durante el…
Mayo 22, 2026
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Rojas recibió a más de 60 estudiantes de la carrera de Arquitectura

(Prensa Municipio de Rojas) Rojas recibió a más de 60 estudiantes de la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario, en el marco de un convenio realizado entre el Municipio y la UNR durante el año 2025 El miércoles nuestra ciudad recibió la…
Mayo 22, 2026
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El barrio que queremos empieza por nuestras acciones

(Prensa Municipio de Rojas) Así encontró ayer las calles de Barrio España el equipo de Servicios Urbanos durante su recorrida diaria. Una importante cantidad de residuos, muebles y objetos en desuso habían sido depositados en la vía pública, generando…

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Ramón Chita Oviedo. Uno de los mejores jugadores que ha dado la cantera del Deportivo Unión

Si bien nació en Rojas, siendo muy pequeño se trasladó con su familia a Carabelas y allí vivió toda su vida. Horacio Ramón Oviedo, alias Chita, fue sin lugar a dudas uno de los mejores volantes de la historia azulgrana, que lo viera consagrarse campeón en 1978 y 1979. También vistió la casaca de su clásico rival, Carabelas en 1988, donde no pudo dar la vuelta olímpica. Pero, según él, su máxima satisfacción fue el haber logrado junto a otros pares la creación de la Academia de Fútbol “Ramón Martínez” del Club Deportivo Unión, para que después de muchos años el León pudiera regresar a jugar en primera división en 2015. A continuación el recuerdo de sus ex compañeros, quienes lo formaron desde muy chico, su trayectoria en el fútbol rojense y zonal  

 

Ramon Chita Oviedo junto a sus nietos, Lorenzo y Simón

 

Datos personales. Horacio Ramón Oviedo, «Chita», nació en Rojas el 23 de febrero de 1958, hijo de Horacio Raúl Oviedo y de Ramona Irene Cattaneo. Está casado con María Cecilia Sperati, con quien tuvo dos hijos; Saturnino y Alejo. Hoy tiene también dos nietos: Lorenzo y Simón Oviedo.

 

¿Cómo fue su infancia?

“Como en todo pueblo chico, no había otra diversión que jugar a la pelota, nosotros le decíamos "murga", era terminar de almorzar, salir del colegio, y salir disparando para la cancha. Había muchísimos chicos, y yo siempre me mezclé con los grandes. En esa época no había computadoras, celulares ni nada de eso; la única diversión era ir a jugar al fútbol todos los días”.

 

¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol, tu paso por las divisiones inferiores, DT, compañeros? ¿Qué recuerdos tenés?

“Siempre en Unión, donde comencé cuando tenía diez u once años. En ese tiempo se jugaba los días domingo por la mañana, un frío bárbaro en invierno. Venían chicos de otros lados, estaba en sexta en esa época y había que juntar los pibes y viajar a Rojas. Íbamos en un Rastrojero que era del Chulo Bajar, un directivo del club, que fue presidente. Nos llevaba ahí, era cerrado y viajábamos todos en la caja, atrás. A veces ni siguiera juntábamos todo el equipo, y así nos iba; pero teníamos el amor propio de ir a jugar, y jugábamos. Técnicos, recuerdo a muchísimos; Seratto, Tito Toso, Oscar Chida, Pubill, Carlitos Corro, Quique Quaglia, un montón de gente que andaba con los chicos. Pero al ser pueblo chico no había tantos jugadores, y siempre hubo que recurrir a las localidades vecinas”.

 

¿A qué edad debutaste, contra quién, quién fue el DT que te llevó a primera?

“Tenía quince años. Lo tengo bien grabado. El sábado había jugado en quinta, muchas veces tenía que jugar dos partidos porque no teníamos jugadores. El técnico era Nani Boveri, y me fue a buscar para ponerme en primera. Era un partido de un campeonato zonal donde entraban La Vigía, Hunter, Rafael Obligado, y en esa ocasión me tocó jugar contra Tiro Federal, allá en La Pampa. Ese fue mi debut”.

 

Contanos tu trayectoria en primera división, los campeonatos ganados. Además ¿jugaste en Unión y en Carabelas?

“Pasaron muchísimos compañeros por Unión. Yo recuerdo que por el 74 vino una camada de Buenos Aires, cualquier cantidad de jugadores, y muy buenos. El Tano Casciatto, el Negro Mercau, Lucho Maidana, toda gente de Buenos Aires, muchísimos. También venían de Pergamino, había muchísimos jugadores de otros lugares, ya que al ser la población chica, no conseguíamos. Pero teníamos la suerte de que había un carabelense que vivía en Buenos Aires y recomendaba a los jugadores. Y por supuesto, sin dejar de lado a los compañeros del pueblo como Mingo Peralta, Roque Seratto, el mudo Dalbessio, el Colorado Seratto... yo era chico pero jugaba con ellos. Claro que nunca completábamos y teníamos que recurrir a traer de afuera. Luego vino la época muy buena, los años 78 y 79, cuando Unión se consagró campeón. Muchos jugadores que nadie conocía, porque los habían traído de Pergamino. Anteriormente, creo que fue en el 77, vino prácticamente una selección de Pergamino: Serchi, Martelotto, Sceglio, Corona, Arsani, era la selección de Pergamino, y tuve la suerte de integrar ese plantel. Creo que jugamos seis o siete partidos, ganamos uno y empatamos todos los demás. Mucha calidad, pero no podíamos ganar. Después vino la etapa buena, al año siguiente, cuando pudimos conformar un lindo grupo con los muchachos de Carabelas y de Pergamino. El arquero era el Gallego Rodríguez, y estaban Eduardo Toso, Horacio Contreras, Carlitos Case, Luisito Tenaglia, y de Pergamino venían Fanuchi, el Abuelo González, y uno de Buenos Aires, Lucho Maidana. Muchos chicos como César Barceló, el Cabezón Biassi, Coqui Oliván... nos mezclamos todos y nos fue bien. Por ahí me olvido de algunos porque pasaron muchos jugadores. Estuvieron también el Petiso Reyes, Horacio Rojas, Pedrito Yuane, el único que quedó de los de Pergamino. Yo jugué hasta el 79 en Unión, y en el 80 me fui a jugar a Colonial de Ferré. Teníamos un equipazo espectacular, y salimos campeones. Me quedó grabado, como compañero y como jugador, y sin desmerecer a nadie, Angel Ungaretti, por su calidad. Muy completo. Tuve la dicha de poder jugar a la par de él. Ganamos el Preparación, pero cuando termina, yo volvía de Ferré y tuve un accidente automovilístico. Por suerte la puedo contar, pero no la pasé bien; y no pude seguir en Colonial. Y luego de superar el accidente volví a Unión, y acá jugué hasta el 85. En el 86 hice un parate para operarme de una hernia, y en el 87 dirigí como técnico a Unión. En el 88 tuve la tentación de volver a jugar por pedido del club Carabelas, y por cosas de la vida regresé, esta vez en la vereda de enfrente. Tuve un muy buen año, y aunque no pudimos salir campeones, estuvimos hasta las instancias finales. Un equipo de lujo, atajaba Ganini, los hermanos Juan y Jorge Barrera, Cacho Blanco, el Chueco Di Giácomo, Hugo Videla, Catoca De Gaetani, Roberto Vera de El Arbolito, un equipo tremendo. Raúl Linare era el técnico, y yo muchas veces no entendía bien cómo quería jugar. Él empezaba con lo de doble cinco, todas esas cosas, pero yo venía de la escuela vieja y me parecía que tenía que estar atado a un lugar. Hasta que pude adaptarme con el paso del tiempo, pero cuando lo logré me fue muy bien”.

 

¿Qué jugadores recordás de tu época?

“No me puedo olvidar de Charco García, Polvorita Matheu que era un estrella en ese momento, el Troncha Cantoni, muy buenos jugadores con el que no pudimos salir campeones, aunque estuvimos muy cerquita en 1988. Fueron tantos que a veces no recuerdo, y no me quiero olvidar de nadie. Me he encontrado con gente que todavía me saluda y yo no los conozco. A lo mejor me vieron jugar y saben quién soy. En cambio, yo a veces peco de no conocer a la gente. No es mi manera de ser, soy muy sociable, pero de bajo perfil. A Carlitos Fanuchi lo encontré el último viernes, hacía años que no lo veía; otro compañero que me dio el fútbol”.

 

¿Qué te dejó el fútbol en la vida?

“Lo que más satisfacción me dio fue formar las escuelitas; darle fútbol nuevamente a Unión, algo que muchos no saben, aunque es un tema largo de conversación. Así regresó Unión al fútbol, creo que es una de las más grandes satisfacciones mías, que en Carabelas los chicos pudieran jugar. Unión se hizo grande a partir de la escuelita. Los laureles se los dieron a otros, porque muchas veces cuando está todo encaminado muchos se suben al tren. Pero es muy largo de contar. De todas maneras vuelvo a repetir agradezco al fútbol y a la vida, por haberlo podido jugar y esa legión de amigos que tengo gracias a la pelota”.

 

Unión Campeón 1978. Romualdo Mercau, Horacio Rojas, Ramón Oviedo, Eduardo Toso, Óscar Rodríguez, César Barcelo, Horacio Martínez, Lucho Maidana, Horacio Contreras, Carlos Cases, Ismael González, Brizuela, Juan Olivan, Juan Peralta y Reyes

 

Unión Campeón 1979. Mercau, Rojas, Oviedo, Toso, Rodríguez, Fanucchi, Barceló, Martínez, Maidana, Contreras, Case, González, Brizuela, Oliván, Peralta y Maidana.

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Nano y Amadeo Ascención dejaron su impronta dentro del boxeo rojense

Fueron parte de una generación de boxeadores que acaparó la atención del público rojense y de la región, participando de innumerables festivales y hasta representándonos a nivel provincial y nacional. Nano era un personaje extrovertido, muy simpático y en el ring “había que matarlo para poder ganarle”, nos decía su hermano Amadeo. El cabezón, todo lo contrario, más serio, más osco, pero con una técnica exquisita, debutó a los 13 años y llegó a pelear con José María Flores Burlón y el recordado Rubén Loyola. Ambos continúan vinculados al box, Nano haciendo escuela en la ciudad de Pergamino y Amadeo como árbitro de box. Una rica historia de vida, de mucho sacrificio y lucha, porque desde pequeños se vieron frustrados por la partida de su padre Arnaldo, pero con el orgullo de seguir sus pasos a través de lo que más aman en sus vidas: el boxeo 

 

En Uruguay. Oscar Puzzo, el Negro Alberto Correa, Miguel Saucedo, Ramón Fernández y Amadeo Ascención

 

 

Amadeo Ascención. “Soy un agradecido de lo que me ha dado el boxeo en la vida”

 

Datos Personales. Amadeo Ascensión nació en Rojas en enero de 1953, hijo de Aurora Orejuela y de Arnaldo Ascensión. Es el cuarto de seis hermanos; Roberto y Beatriz (ya fallecidos); Arnaldo, Juan y José Carlos, los menores.

 

¿Dónde naciste?

“Nacimos todos en Rojas, pero mi viejo, por razones de trabajo, estaba en un paraje que se llama Cuatro Caminos y pasamos a Los Indios. Cuando yo tenía diez años falleció, y nos vinimos a Rojas con mi mamá. Juan y José estuvieron en el Instituto Morzone, en Rafael Obligado, y los demás nos vinimos para acá”.

 

¿Fue una infancia dura, perder al padre siendo tan chicos y teniendo que hacerse cargo de la familia?

“Exactamente. Cada uno tomó su camino, a pesar de que estábamos todos juntos. La situación era demasiado pesada para mi mamá sola, y entonces los chicos empezamos a trabajar, como pasaba en tantas familias en esa época. El único medio que teníamos era el trabajo, porque no pudimos estudiar. Empezamos así”.

 

¿Cómo nació la pasión por el boxeo?

“Mi padre se había dedicado. Vivía en Buenos Aires, y siendo un muchacho empezó a practicar boxeo, creo que con Zacarías. Después por motivos personales se vino a Rojas. De nosotros, el primero que empezó fue Nano, en Sportivo, donde estaba un señor Pérez como entrenador. Yo empecé con él, entrenado por Miguel Calderón, cuando tenía trece años. Fue en la pileta de Sportivo. Me llevó Nano, porque yo tiraba más para el fútbol que para el boxeo. Había unos cuantos muchachos, estaba el Negro Torres, Oscar y Juan Puzzo, Oscar Pérez... yo empecé con todos ellos. Y al mes, Calderón me propuso pelear. Yo acepté, a mis trece años, y debuté en Rafael Obligado”.

 

¿Justamente ésa era la pregunta, sobre su debut?

“A los trece años, en Rafael Obligado. Muchos años después, yendo a Junín como entrenador, me encontré con un hombre que me preguntó quién era yo. Le dije, y resultó que era el mismo con quien yo había debutado en Obligado. Pastorino se llama, tiene diez o quince años más que yo. Volvimos a pelear en la cancha de paleta de Sportivo, y le gané bien”.

 

¿Cómo fue su paso por el fútbol?

“Hice las divisiones inferiores en Boca. Yo hacía las dos cosas, pero me gustaba más el fútbol por el tema del juego en equipo, de los amigos. Entonces practicaba boxeo, pero los fines de semana me iba a jugar al fútbol, siempre en Boca. A los catorce años ya había hecho cuatro o cinco peleas, todas ganadas, y me llevaron a la zona norte, que estaba en Pergamino. Ahí no me dejaron pelear porque era menor. Pelearon todos los demás del gimnasio, y yo no pude por la edad”.

 

¿Cómo era, como boxeador, en cuanto al estilo?

“La mayoría de mis peleas fueron de fondo. En los festivales había tres preliminares a tres rounds, un semifondo a cuatro rounds, y la de fondo a cinco rounds. La mayoría de mis peleas las hice de fondo, a los dieciséis años era fondista y todos me decían que tenía muchas condiciones. La categoría era medianos, setenta y dos kilos. Siempre hice mucha actividad física y tenía buen estado”.

 

¿Qué recuerda especialmente de aquella época de los 70, de gran auge del boxeo en nuestra ciudad?

“Yo empecé de chico y siempre peleé en Sportivo. A los dieciséis fui por zona norte como campeón a pelear a Rosario, donde me descalificaron mal peleando ante el campeón de Capital Federal. Él me pegó un cabezazo y el árbitro me descalificó a mí. Ese boxeador, Camilo Gaitán, llegó a la final. Al año siguiente, diecisiete años tenía, fui representando a la Argentina a un certamen en Uruguay. No me fue muy bien, porque era un chico nuevo y tuve que pelear con boxeadores que habían ido a las olimpíadas con el Negro Torres, con Guilloti, eran campeones amateur, y no me fue bien”.

 

¿Pero hizo buenos papeles peleando con rivales espectaculares como Flores Burlón y Rubén Loyola?

“Sí, yo seguí y a los dieciocho años ya había peleado con casi todos. Me llamaron para pelear con José María Flores Burlón en Chacabuco, fui, y había ganado bien la pelea, pero me la dieron empatada porque él era local de ahí, venía ganando y era muy conocido. Al poco tiempo me llaman de Pergamino; yo tenía un hobby, salir a cazar liebres, y me trajeron desde Sol de Mayo para pelear con Flores Burlón en Pergamino. Me bañé, me fui, peleamos a cinco rounds y también me la dieron perdida, aunque no había perdido. Así seguía mi carrera. En Sportivo no había perdido nunca hasta que llegó la pelea con Rubén Loyola, el 1 de diciembre de 1973. En el primer round me saqué el dedo y perdí por puntos. Después volví a pelear con Flores Burlón cuando yo estaba mal anímicamente, me había sacado el dedo pulgar de la mano izquierda, y ahí me ganó por puntos, me ganó bien. De las tres, fue la única pelea que me ganó”.

 

¿Y la triste experiencia de Loyola?

“Nosotros peleamos en diciembre, y fue la última pelea que él hizo como amateur. Ahí me propuso que me fuera con él. Era de Venado Tuerto, pero hizo toda la carrera en Pergamino, se fue a Buenos Aires y se hizo profesional. No sé si fue la segunda o tercera pelea que hizo como profesional, con un tucumano, cuando peleó ocho rounds cuando tenía que pelear cuatro o seis; recibió muchos golpes, se desvaneció camino al vestuario, lo llevaron a Junín, y falleció. Uno queda "tocado" cuando le pasa algo así a un colega, tan joven, porque tenía diecinueve años, uno menos que yo. Un año después, en el 74, me llaman a pelear en Salto, y por mis condiciones querían que representara al club. Salí apurado a pelear, y en el primer round pego mal en la cabeza de mi contrincante y me quiebro un dedo de la mano izquierda. Gané por abandono en el quinto round, pero estuve todo el año parado por el problema de la mano. Así se fue dilatando mi carrera, y finalmente abandoné. Lo mío fueron siete años seguidos de boxeo; empecé a los trece, y a los veintiuno tenía toda mi carrera hecha. Con sesenta o setenta peleas fui a pelear campeonato de novicios, fui a Buenos Aires, a Uruguay, y nunca saqué una licencia cuando estaba listo para ser profesional. También tenía cuestiones de familia, me había juntado con Nélida Benavídez, mi esposa, y había nacido mi hijo Raúl; entonces me dediqué a mi familia, a trabajar, y el boxeo quedó a un lado. Después llegarían otros dos hijos, Iván y Verónica”.

 

¿Después siguió como árbitro?

“Yo tenía veintisiete años; en ese momento Jorge Cavalcabue había hecho el curso en Buenos Aires como árbitro federado, y empecé con él. Hacíamos toda la zona, peleas amateurs y profesionales. Así me fui haciendo como árbitro, hasta que cursé como árbitro en la Federación Argentina de Boxeo, en Buenos Aires”.

 

¿Qué te dejó el boxeo en la vida?

“Dinero, seguro que no; siempre tenemos que trabajar, sobre todo los del interior. Pero la cantidad de gente conocida, amigos, cosas que el boxeo siempre te deja; no es algo que haga enemigos. Yo he peleado con Flores Burlón, que tiene más o menos la misma edad que yo, y cuando nos cruzamos somos grandes amigos. Eso fue como boxeador; y como árbitro, no tengo palabras para agradecer. Tengo amigos por todos lados, gente que anduvo por el sur, por el norte... Tuve la suerte de dirigir muchas peleas por televisión, peleas principalmente con Mario Arano, en el apogeo de Lucas Matisse, aunque dirigí a muchísimos boxeadores. Por suerte, el boxeo me dejó recuerdos hermosísimos, como boxeador y más que nada como árbitro”.

 

¿Qué mensaje le dejaría a la juventud?

“Del boxeo siempre se dijo que saca a los chicos de la calle. El mensaje es que lo tomen como es: un deporte. Es para hacer amigos. Nosotros éramos y seguimos siendo un grupo de amigos, en toda la zona. Que lo tomen así. No sé si van a ganar plata o no; el boxeo está muy decaído a nivel mundial, y la pandemia terminó de tirarlo abajo. Pero el que quiera iniciar esta práctica, que se la tomen en serio. Hoy están dadas todas las posibilidades; no suban a pelear sin licencia, eso es el comprobante a nivel mundial. Eso no miente. Hagan las cosas bien, cumplan con su revisación médica antes de subir al ring. Son cosas que hay que hacer”.

 

Un saludo final...

“Que estoy muy agradecido. Ya tengo mis años, pero todo lo que hice, lo hice en Rojas y me conoció muchísima gente de afuera. Creo que he dejado un buen recuerdo representando a mi ciudad, y si tuviera que volver a hacerlo, lo haría. Siempre representando a mi ciudad, Rojas”.

 

 

 

Nano Ascención. “Mi pasión por el boxeo nació por mi papá, porque quería ser jockey”

 

Datos personales. Arnaldo Ascención; nació el 16-12-1949; hijo de Arnaldo Ascención y Aurora Urrejola; hermanos: Ruben, Marta, Roberto, Amadeo, Beatriz, Juan y José. Casado con María Rosa López; hijos: Mauro, Emil y Maira. Mauro es papá de Sofia y Emil de Nahiara, sus dos nietas, esperando un tercer nieto.

 

¿Cómo nació la pasión por el boxeo? 

“Mi pasión por el boxeo nació porque me falto mi papá, iba a ser jockey, pero al faltarme papi me acerque a un gym, y probamos de hacer guantes con otros amigos, y de ahí no paré”.

 

¿Quién te formo boxísticamente? 

“Tuve pocas personas técnicas que me ayudaron a entender el boxeo, una de ellas fue Igilio Gonzales, que para mi estilo de vida era un hombre muy respetuoso y además era una persona que te hablaba de la vida”.

 

¿Cuándo debuto y contra quien fue la primera pelea? 

“El debut fue más o menos en el año 66, a los 15 o 16 años, no pensaba boxear tan pronto pero faltaba un peleador para completar una pelea y fui, fue contra un tal Aguirre, pelea que gane”.

 

¿Cómo fue su trayectoria boxística?

“En la categoría mini mosca me desarrolle. Recuerdo haber viajado a Uruguay dos veces, pelee en el Luna Park y estuve viviendo en Buenos Aires. Luego volví a la ciudad de Rojas, y desde ahí empecé a viajar a ciudades aledañas como Pergamino, Junin, Salto, Chacabuco y otros. En el Año 1968 gane la Zona 2 y tuve que viajar a Buenos Aires para una eliminatoria que clasificaba a Munich (Alemania), me toco pelear contra el señor Bicario y perdí. Volví a Rojas y pelee contra Rodriguez de Junin, con Quintana hicimos como 20 peleas, también pelee contra el ex campeón Cesar Víctor Palma, fue un verdadero orgullo”.

 

¿Cuál pelea le marco más?

“Contra Cesar Víctor Palma, por la excelencia de persona que es, me marco su forma de ser. En realidad todas las peleas me dejaron algo, porque arriba del ring cada cual quiere sacar su provecho, pero cuando te bajas del mismo, el boxeador es un ser humano como cualquiera y lo que más prevalece es la amistad”.

 

¿En qué categoría peleaba?

“Arranque en mini mosca, después pase a mosca, y termine peleando en gallo, 55 kg más o menos”.

 

¿Qué significa el gimnasio de los Hnos. Molina?

“El gimnasio lo creo mi hermana, así que lo que puedo sentir es el amor más grande, lo llevaron adelante mi cuñado y sus hijos. Yo siempre les di una mano en lo que pude, y creo que es el gimnasio que más ha perdurado en el tiempo en Rojas. También está el gimnasio de mi hermano Amadeo, pero el orgullo es familiar, ya que gracias a ellos se mantiene vivo este deporte en nuestro pueblo. Donde me paro a charlar todos me felicitan de que continue con el boxeo y que se siga apoyando al deporte, quizá sea un lugar donde alguien como yo en su momento pudiera salir de la calle”.

 

¿Quién fue tu ídolo del box y porque?

“Creo que no hay nadie como Carlos Monzón, excelente deportista. No hay boxeador que haya logrado lo que el logro”.

 

¿Qué te dejo el boxeo en tu vida?

“Me dejo todo, todo lo que hoy tiene sentido para mí fue gracias al boxeo. No me dejo plata, ni trofeos, pero por ser del montón, doy las gracias ya que tuve la suerte de cruzarme con grandes personas. También tengo el orgullo de haberle podido dar batalla a todos arriba del ring. El boxeo me formo como persona y creo que el orgullo que siento de haber podido formar una familia y de que esa familia me valore y me respete como lo siento no tiene precio. Hoy disfruto de las simples cosas, unos mates, algún que otro asadito, jugar y bromear con las nietas, o los animales, pero lo que no puede faltar es la familia y el amor en cada reunión”.

 

Otra de las glorias del boxeo rojense, Hugo Aguilar, levanta el brazo victorioso de Amadeo Ascención

 

Toda la técnica y destreza del cabezón Ascención para esquivar los puños de sus rivales

 

Antes de la pandemia el Gimnasio Hermanos Molina le entregó un reconocimiento. En la Foto junto a Hernán y Titi Molina y el periodista Walter Nelson en Casa de la Cultura Rojas

 

Nano Ascención junto a Carlos Quintana, con quien hizo más de veinte peleas, esta fue en 1974 en Club Sportivo Rojas

 

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Torneos de tenis en el Parque Gral. Alvear

Finalizaron en el Centro de Entrenamiento Mario García, dos torneos de tenis destinados singles 5ta. Categoría y Dobles 3ra. Categoría.

 

Finalistas en 3a. categoría dobles. Amoroso - J. A. Camarasa y Notta - Berrutti

 

En dobles 3ra. hubo 12 parejas divididas en 3 zonas.

Resultados de 4tos de Final

Amoroso/Cámarasa a Almar/Fachile 6.4/4.6 / 6.3

Gutiérrez/Gomez a Vilar/Godoy

Biocca/Cañette a Auzmendi/Roques 6.3 /6.1

Notta/Berrutti a Roques/ Martino 6.4 /6.4.

 

Semifinales

Amoroso/Camarasa a Biocca/Cañete 6.4 /6.4

Notta/Berrutti a Gutiérrez/Gomez 6.3/46.10.8

 

Final 

Amoroso/Camarasa a Notta/Berrutti 6.1/6.4....

 

Resultados 5ta categoría single (21 anotados divididos en 7 zonas de tres jugadores)

 

4tos final

Barrozo Marcelo a Biocca Claudio 7.6/7.5

Bertneche Hernan a Alvarez Mario 6.4/4.6/10.8

Veliz Leonardo a Borasi Germán 6..4/6.4

Diaz Leonel a Cantero Andrés 6.3/6.4

 

Semifinales 

Bertneche Hernan a Barrozo Marcelo 7.5/6.3

Díaz Leonel a Veliz Leonardo 6.3/6.2

 

Final 

Bertneche Hernan a Díaz Leonel 4.6/6.4/10.7

 

 

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Los hermanos Fabián y Claudio Tabarez, dejaron su sello en Juventud

Continuando con los deportistas que han marcado una época, que han dejado su sello en el deporte, en este caso en el fútbol; los hermanos Claudio y Fabián Tabarez hicieron lo propio en el Club Atlético Juventud; ambos de un perfil muy bajo, pero desde el silencio y la humildad lograron poner a la institución de barrio Nehuenche en lo más alto del fútbol rojense en 1989 y 1991. El orgullo de haber jugado juntos defendiendo ambos los mismos colores no tiene precio y un hermoso mensaje para los más jóvenes, ya que con trabajo y sacrificio se pueden lograr los objetivos en la vida

 

Claudio y Fabián Tabarez, junto a Jeremías

 

Claudio Tabarez. “El fútbol me dio todo, pero la pérdida de mi amigo Juanino fue irreparable”

 

Datos personales. Fabián Tavarez nació en Rojas, hijo de Jorge Tavarez e Irma Laborde. Tiene cinco hermanas y un hermano: Laura, Cristina, Eugenia, Anahí, Mirna y Claudio. Está casado con Andrea Carpenzano y tiene tres hijos: Silvia, Jeremías y Nadia. También tiene cinco nietos: Candela, Lorenzo, Ivo, Ian y Ema. Sus yernos son Hugo Farías y José Almirón, y su nuera, Jimena Barreiro.

«José es un jugador que siempre me ha gustado, en el puesto en que toda la vida jugué yo, que es el de 5. Siempre consideré que mi juego se parecía un poquito al juego que tiene él. El otro yerno se dedica un poco más a las motos y al rally santafesino. Ojalá que mis nietos, los hijos de José, que son Ivo e Ian, lleven el mismo camino que hoy lleva José y que yo ya pasé», dijo Fabián Tavarez.

 

¿Qué recordás de tu infancia, el barrio, la escuela?

“Mi infancia fue algo lindo, algo que siempre está en el recuerdo. Salíamos de la escuela y nos íbamos derecho a jugar al fútbol. En ese tiempo estaba en el barrio la canchita de don Burgos, que era el dueño, e íbamos todos ahí. Se hacían campeonatos, y los sábados era algo impresionante. Ojalá se pudiera volver el tiempo atrás. Mi infancia en el barrio con Juanino Fontana, con René Villalba, con Cotito Farías, una barra, un montón, siempre todos allá. Hoy, yo paso por los barrios cuando salgo a dar vueltas, y no hay canchas, se perdió todo eso que disfrutamos de niños. Estoy orgulloso de haber disfrutado de todo eso, de jugar bajo la lluvia, de embarrarnos todos, de hacer travesuras después de la lluvia, algo hermoso. Hay muchos recuerdos, anécdotas, cosas que han quedado guardadas en nuestro corazón de aquella infancia que vivimos”.

 

¿Cómo fueron tus comienzos en el fútbol, en las divisiones inferiores, quiénes te formaron?

“Arranqué en el barrio; eso fue fundamental. Después nos fuimos a la cancha de Juventud, cuando nos vino a buscar el Chano Melo; él fue la guía, nuestro profesor, el que nos enseñó todo lo que realmente nosotros aprendimos. El Chano fue fundamental en nuestras vidas, como técnico y como persona; nos cuidaba, viajábamos a Carabelas, a todos lados, y él siempre estuvo a nuestro lado; fue como un padre para nosotros, nos cuidaba, nos mimaba y nos daba los caprichos, una gran libertad para jugar. Así crecimos, en las inferiores. Lo tuvimos muchos años a él, fuimos creciendo, y en el 89, cuando salimos campeones, fue el que nos abrazó a nosotros, a mí y a Juanino, y lloraba, porque nos amaba. Tanto tiempo había pasado y él seguía ahí. Éramos los únicos de Rojas que jugábamos, porque la mayoría era de Pergamino, y recuerdo esos abrazos en la cancha de Argentino, cuando él nos abrazaba y lloraba. Son cosas que uno recuerda y son impagables; por eso digo que me gustaría volver a esos momentos, las inferiores. Aunque pasábamos momentos difíciles por supuesto; no teníamos ni siquiera zapatillas para jugar; usábamos pantalones de distinto color; pero éramos felices, y es lo más importante. Yo me acuerdo de que las camisetas tenían número, y todos queríamos la 10; pero el Chano siempre se la guardaba para Juanino. Siempre fue así, y Juanino con la 10. Nosotros nos enojábamos, pero eran cosas divertidas y muy lindas que pasaban. Nos daba de comer lo que había, épocas complicadas, pero éramos felices”.

 

¿Cómo te definís como jugador, en qué puesto jugabas?

“Arranqué a jugar de 8, en las inferiores y algunos partidos de reserva. En el año 89 jugaba de 8 pero llegó un jugadorazo, el Negro Lamolla, con quien aprendí un montón. Fue un partido en la cancha de Juventud; habían venido todos los de Pergamino menos Lamolla; y faltaba alguien que jugara de 5. En ese año estaba de técnico Tato Casalongue, me preguntó si quería jugar en ese puesto, le dije que sí y me sentí muy cómodo jugando en ese puesto; tan cómodo que me gustó y quería jugar siempre de 5. Ese partido fui elegido como figura, aunque después volvió el Negro Lamolla. Pero desde el año siguiente jugué siempre de 5, hasta el final de mi carrera, fue mi puesto favorito, algo que amaba. Algunos técnicos me probaron jugando con doble 5, pero yo nunca me hallé jugando así; siempre me gustó estar solo en el medio. Es algo que tiene también mi yerno José; yo lo vi jugar en El Huracán, cómo cortaba, y yo veía algo de mi juego en el juego de él. Hoy lo veo jugar a él, y pienso que ojalá que alguno de mis nietos siga por el mismo camino”.

 

¿Contanos tu debut en primera, contra quién, cómo salieron, quién era el DT?

“Mi debut, si bien no recuerdo el año, fue en Unión de Carabelas. Tenía dieciséis, o diecisiete años, y ocurrió que se enferma, le agarró como una fiebre en el medio de la cancha, al rubio Demaro. Sale, y como el único suplente mediocampista que había era yo y me pusieron. Obviamente tenía miedo, porque había jugadores muy importantes. En una jugada en el área voy a cabecear, Cacho Blanco pone el pie y me agarra en toda la cara. Quedé tirado en el suelo, me llevaron a una salita que había en Carabelas, y me curaron la cara porque me había lastimado. Tenía terror, no quería jugar más en primera, prefería seguir en las inferiores o en reserva. Había jugadores grandes, muy experimentados. Pero después seguí, el potrero me llevó a formarme, y cuando se paraban los campeonatos jugaba en el barrio todos los sábados. Me metía con gente grande, de veinticinco o treinta años, jugaba fuerte y ahí me prendía. Eso me llevó a jugar después en primera sin temor; es como que el potrero me formó a los golpes. Pero todavía recuerdo aquella patada en la cara. Después vinieron momentos buenos”.

 

¿Cómo fue tu trayectoria, cuántas veces saliste campeón y los clubes en los que jugaste?

“He jugado en Newbery, una experiencia linda, cuando me llevó Fachile en 1996; ahí salimos subcampeones, y recibí muy buen trato. Un espacio completamente distinto al de donde yo venía, que era Juventud. También recuerdo el torneo del interior en 1990 con la Juve, había lindo equipo con Cardozo, Díaz, Monacci, Cilio y Cepeda en la defensa; en el medio jugaba yo, Filomeno y Sarmiento; y arriba, el Bolita García, Quaglia y Fontana. En el 90, cuando sale campeón Newbery del Torneo Local, también tuve la suerte de que me citaran para jugar el Torneo del Interior en 1991, porque me llamaron Balbo y Barreiro, los técnicos. Newbery formaba con Osvaldo Cardozo, Mario Quiroga, José Principato, Alejandro Colombo y Enrique Díaz; Fabián Tavarez, Jorge Carrizo y Gustavo Valdez; Jorge Barrera, Guillermo Malacalza y José Luis Carrizo. Es el equipo que tuvo Newbery cuando llegó tan lejos, hasta Bahía Blanca, y allá fuimos eliminados por Olimpo. Un equipazo, y una experiencia tremenda que me tocó vivir. También tuve la suerte de jugar con este monstruo que vino de Salto, el Bolita García, en el torneo del interior. Y terminé la carrera en Juventud, a pesar de que existió la posibilidad de jugar en otros clubes”.

 

En 1989, campeón; en 1990, subcampeón; y en 1991, campeón con la Juve. Jugaste con grandes jugadores, ¿a quiénes recordás?

“En el 89 tuve la oportunidad de jugar con grandes jugadores como el Negro Lamolla, que venía de Sarmiento de Junín y había tenido una trayectoria profesional muy importante, un jugador muy distinto a nosotros. Él jugaba de 5 y yo de 8; estaba el Gato Cardozo en el arco, jugaba Silvio Medina, Pascual, Martín Sánchez, Lamolla, Tavarez y Juanino Fontana. Un equipo muy bueno, de gente grande, cuando nosotros éramos chicos. Yo tenía 17 años, lo mismo que Juanino, Cotito Farías y Martín Sánchez. Éramos cuatro del club, y los demás eran todos de afuera. Tuvimos un año hermoso, con jugadores que te enseñaban mucho; aprendías. Lamolla te hablaba, el Gato Cardozo nos dirigía desde atrás, paraba la línea, nos gritaba, algo muy lindo. Para mí fueron tres años fundamentales, los más lindos que viví en el fútbol. A nadie se le ganaba fácil en esa época, había grandes equipos, estaba Roberto Cano, estaba Unión de Carabelas, equipos a los que había que ganarles de visitante; era hermoso. Yo me cuidaba toda la semana, no salía, andaba de novio pero no salía, no tomaba, me cuidaba, porque sabía que el domingo tenía que jugar. Yo amaba el fútbol, y los demás también, Juanino, Cotito, íbamos con ganas a jugar y teníamos el gran apoyo de la gente de afuera. En el 90 llegamos a la final con Newbery y nos ganaron 3 a 0; en esa final nos dirigió el famoso Mario Gallina. Recuerdo a ese árbitro porque estábamos jugando el partido, me hacen un foul, y quedé tirado en el suelo. Entonces, él me da la mano y me pregunta –¿cuántos años tenés?–. Yo le dije que tenía dieciocho, y me dice, asombrado, –¿y con esa edad estás jugando acá?. Cuando terminó el primer tiempo se lo conté a Tato Casalongue, y él me contó que este árbitro había sido profesional, y quizás podría tener contactos y llevarme a algún club importante. En el segundo tiempo me hicieron otro foul, cerca del área, y pasó lo mismo que en el primer tiempo. En este caso me dijo que cuando terminara el partido quería hablar conmigo. Así fue; fui al vestuario de los árbitros, me dio su número de teléfono, me dijo que viajara con un mayor y que no fuera a probarme; que fuera directamente a jugar en Estudiantes de La Plata. Me perdí esa oportunidad, y no me preguntes por qué; hoy no tengo explicaciones para decir por qué no fui. Pasaron muchas cosas por mi cabeza, pero el tren pasa una sola vez, y si no te subís, no vuelve. Y yo no me subí.

En el 91 llegamos a la final nuevamente, y como el Gato se había cortado una mano, atajó Villarruel en la final. Jugaban Mattos, Monacci, Cilio y Carrasco; en el medio Negrete, Sarmiento y Tavarez; y arriba jugaban Fontana y Mastronardi. Ese era el equipo de Juventud, con Pulisic como director técnico. Argentino formaba con Airet, De Guevara, Silva, Rosset, Mayoral, Unafó, Almeida, Barreiro, Matheu, Abraham y Barros. El técnico era Raúl Linare. Ahí tuve la suerte de convertir un gol, el segundo; me hacen un foul del lado derecho, más o menos cerca del área, y la pido rápido; me la dan, encaro hacia el área, y cuando pega en el pie de otro jugador, quedó picando. La agarré de zurda, aunque soy derecho, y la pelota iba a un metro del piso. La clavé en un palo, Airet no llegó. Una final hermosa, muchísima gente, y recuerdo ese gol porque fue de los mejores momentos que he pasado en esos tres años. Tuve la suerte, también en el 90, de ser elegido como el mejor futbolista. Fui ternado con Walter Barry y con el Pela Carrizo, y saqué el Cumbre de Plata. ¿Qué más le puedo pedir al fútbol? Tener amistades, gente que me reconoce, y que hasta el día de hoy me dicen que fui de los mejores 5 que hubo en Rojas. Yo siempre fui humilde, del montón; me gusta el fútbol y quería jugar bien para el equipo”.

 

¿Esos fueron tus mejores años como jugador?

“Yo pienso que sí; para mí esos tres años fueron los mejores. Después de eso Juventud empezó a perder un poco el equipo, ya no era el mismo Juventud de antes. Por eso, esos tres años, 89, 90 y 91, para mí fueron los mejores”.

 

¿Seguís vinculado al fútbol, o cuando terminaste de jugar te alejaste? ¿Por qué?

“Cuando dejé fue por razones de trabajo. Entré a trabajar en Almar y los horarios no me coincidían, trabajaba de noche, los domingos, había semanas que no podía practicar, domingos que no podía jugar, y entonces al año siguiente ya dejé de jugar. Tenía veintisiete años. Seguí jugando en el potrero, por supuesto; era algo que me gustaba, pero me alejé del fútbol por motivos de trabajo; si no, habría seguido jugando hasta que el cuerpo no diera más. Era muy joven, pero era muy difícil poder jugar de esa manera”.

 

¿Qué te dejó el fútbol en la vida?

“Me dejó muchas amistades. Hoy tengo contactos con todos los jugadores de Pergamino un grupo de watshapp; nos mandamos mensajes y nos saludamos para los cumpleaños. Tuvimos la oportunidad de juntarnos. Cuando pasó lo de Juanino estuvieron todos en contacto conmigo, porque sabían que era muy amigo de él. Mensajes en todo momento, por todo lo que había pasado. El fútbol me dejó todo eso, amigos que todavía están. También me dejó el recuerdo de mi amigo Juanino; la verdad es que hablar de él es sentir tristeza, lágrimas, porque fue algo grande para mí; éramos muy amigos, muy compañeros, hicimos muchas cosas juntos, y lo mejor que hicimos juntos fue el fútbol. Vivíamos para el fútbol; crecimos en las inferiores, debutamos los dos juntos; jugamos en primera, salimos campeones, y hoy se extraña un montón. Quizás algún día pueda reencontrarme con mi amigo. El fútbol es eso, deja amigos, también deja tristeza y el recuerdo de los lindos momentos. Una anécdota que me pasó en el fútbol: yo jubaga de 5 y le tiro una pelota a Juan, que la cubre como él sabía hacerlo, moviendo las manos. Entonces me espera, con el pie me la da y yo la agarro como venía. Un golazo desde afuera del área. Salí corriendo para festejar con la tribuna, pero inmediatamente pegué la vuelta; me arrodillé, y entonces vino él, también se arrodilló, y nos abrazamos. Tengo esa foto que salió en el diario, y decían que era para hacerle una estampa a esos dos jóvenes de Juventud. Son recuerdos muy lindos, y yo lo recuerdo de esa manera a Juanino con mucha emoción”.

 

 

 

Claudio Tabarez.  “Fue algo muy lindo jugar al fútbol con mi hermano y defender los colores de mi querida Juve”

 

Datos personales. Claudio Tabarez, nació el 13/12/1973; padres: Irma Laborde; esposa: Mariana Agüero; hijos: German, Ivana, Camila, Nahuel, Nahiara y Mora.

¿Cómo nació la pasión por el fútbol?

“Desde chiquito me apasionaba jugar al fútbol, además mi padre fue jugador y eso nos motivaba a mí y a mi hermano, vivíamos jugando a la pelota en el barrio o en cualquier potrero donde había una pelota”

¿Cómo fueron tus comienzos en inferiores, los compañeros, el DT?

“Arranque en séptima división, el técnico era Chano Melo y algunos de mis compañeros fueron Gallego Fernandez; Alejandro Rodrigues; Ariel Lobosco y algunos más que no recuerdo en este momento. Fueron años muy lindos, no logramos títulos, pero sí pudimos formar un grupo y creo que eso es lo más importante en el deporte”

 

¿Te acordás tu debut en primera?

“Mi debut en primera división fue en el año 2000, en el Torneo Interligas, cuando enfrentamos a El Fortín de Colón en cancha de Juventud, le ganamos 2 a 1. Recuerdo que estaba muy nervioso, pero gracias al apoyo de mis compañeros lo pude superar. En primera división jugué aproximadamente cinco años, me casé y tuve que ir a trabajar desde muy joven”.

 

¿Qué se siente haber jugado con tu hermano y haber defendido los colores de Juventud?

“Fue algo muy lindo a ver compartido jugar al futbol con mi hermano y defender los colores de mi querida Juve. Recuerdo a Pedro Detomassi y el querido y recordado Jorge Simón, quienes un viernes me citaron junto al Pity Llamazares para jugar el domingo en primera división, ellos me eligieron y aconsejaron, aprendí mucho de estas personas. También recuerdo como compañeros a Juan Manuel Abril, Cuchino Mateu y Carlos Calvet, entre otros”.

 

¿Cuándo te retiraste y porqué?

“No recuerdo bien la fecha de cuando me retire y deje de jugar al fútbol; porque en el fútbol amateur es muy difícil tener una larga carrera por el tema del trabajo, además me casé, las obligaciones hicieron que postergara algo tan lindo como jugar al fútbol. Pero igual estoy muy contento y orgulloso de haber jugado y aportado algo para Juventud”.

 

¿Qué te dejo el fútbol en la vida?

“El futbol me dejo mucha alegrías y amistades, es un deporte maravilloso, por algo es pasión de multitudes, pero lo valoras aún más cuando lo haces en un club humilde como Juventud, que gracias a Dios con el tiempo se ha ido superando y los encuentra hoy en una situación de privilegio y con todo por hacer y crecer”.

 

Juventud Campeón 1989. Villarruel, Fabián, Cilio, Pascual, Sánchez, Cardoso, Luciani, Ferreyra, Rosales, Medina, Farías, Pérez, Fontana, Mattos, Lamolla y Simón

 

Juventud Campeón 1991. Mattos, Cilio, Fontana, Villarruel, Sarmiento, Cepeda, Sarquis, Tabarez, Mastronardi, Carrasco y Negrete

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Manano Papasidero. Otra de las grandes zurdas que ha dado el fútbol rojense

Miguel Angel Papasidero fue un jugador con una personalidad avasallante, jugaba como vivía, sin prejuicios, sin importarle lo que decía la gente; era fiel a su estilo, puro potrero y ganador. Nació en la cantera de Jorge Nrewbery de la mano de su tío Luján Alvarado, compartió las inferiores con otro grande del fútbol local, Luis “Fiaca” Vallejos. Salió bicampeón con la rojinegra en 1983 / 1984. También jugó en Roberto Cano, Argentino, Juventud, El Huracán, Sports de Salto y Boca. Pero el recuerdo para con la Selección de Rojas fue lo más superador que le tocó vivir como jugador  

 

Con amigos. Manano junto a Caño Martínez, Lito Barreiro, Polaco Alvarado, Omar Mirabet y Chocho Barreiro

 

Datos personales. Miguel Angel Papasidero nació en Rojas en octubre de 1953. Es hijo de Juana Alvarado y de Domingo José Papasidero, alguien que no se perdió un solo partido de la selección de fútbol de Rojas, «Iba en el colectivo con nosotros, no fallaba», recordó «Manano» muy emocionado. Mencionó a su familia: su esposa Gladys García; su hija Adriana Fernanda, y su nieta Catalina.

 

¿Cómo fue su infancia, en qué barrio se crió?”Yo me crie en el barrio España, bulevar Moreno, cuadra y media de la avenida. Ahí teníamos pegado al Cuatro de Octubre, y a dos cuadras la canchita que era de todo el barrio. Pero jugábamos mucho en la calle, hasta las once de la noche duraban los «picados». Algo espectacular, aunque en ese momento prácticamente no había luces. Recuerdo de esos días a mí primo Lucho Alvarado, los Azzaretti, el Gringo Filipelli, los Torres, Pelusa Antonini, Cobitas, un montón de gente, y todo muy sano. En la esquina de casa también se crió el Coto Antón, y enfrente, Daniel Heredia, un muy buen arquero que falleció. Los Callejas...”.

 

¿Cómo arrancó en el fútbol?“Jugábamos en la calle y en el potrero, pero un día mis primos me dijeron que mi tío, Luján Alvarado, estaba dirigiendo en Newbery y quería que fuera. Un día vino, me invitó, fui, y ahí empecé. Además de mi tío había otro profe, Sartori, para las distintas divisiones, séptima, sexta y quinta. Lo que no había era tercera, había una cuarta especial; pero yo pasé desde la quinta directamente a primera”.

 

¿Recuerda su debut?”Jugamos un amistoso, no recuerdo si con Ferro o con Banfield. Había muchísima gente. Me pusieron de wing izquierdo, ése fue mi debut. Jugué quince minutos y el 4 de ellos me sacó, mal; me tuvieron que cambiar. Pero seguí jugando; salimos campeones dos veces en quinta, otras dos o tres en sexta, fue así”.

 

Después de ese debut comienza su participación permanente en la primera...“Sí, no salí más. Me gustaba el fútbol, toda la vida me gustó. Yo jugué casi siempre en Newbery, pero dos años antes de que saliéramos campeones me fui a Juventud. Estuve ahí con Chocho Barreiro como técnico, y después, al otro año, volví a Newbery y salimos campeones dos veces, en el 83 y en el 84. Después estuve un año en Argentino, jugué con muchos chicos. El Tula Speroni, Cariño Silva y yo éramos los más grandes; los demás, todos chicos. Hicimos muy buena campaña, y fue ahí cuando faltando tres partidos, giré y me lesioné el tobillo. Estuve como dos meses parado, sin jugar. También estuve en Independiente de Rafael Obligado con Miguel López, con el Porra Cosentino, con Bocheca, toda esa gente. Miguel Arbeleche jugaba de 5, muy buen jugador. Ahí no salimos campeones, pero el primer año jugamos la final; y el segundo año salimos terceros. Eso sí: le ganamos a Argentino, que tenía un equipazo, allá y acá”.

 

¿Cómo sigue su carrera después de Obligado?

“Estuve un año en los Diablos Rojos, fuimos con el Fiaca Vallejos. También estuve en Sports de Salto, con Osvaldo Vivero, casi dos años. Ahí no hicimos muy buena campaña. Después me vine a jugar a Cano, donde estaba Chinche Frontera como presidente. Jugaba Fiaca, Barbarito, Corrales, Mazza, toda esa gente. Más tarde estuve dos años en el Globo con Rulo Medina, que anduvo muy bien; jugaban el Negrito Almada, el Coto Antón, Pepe Delgado, y atajaba el Culi Restelli. Hicimos buena campaña, pero después abandoné. Tenía treinta o treinta y un años, cuando dirigía Omar Fachile. Vino mi hija, empecé a trabajar con el camión y se terminó el fútbol. Vinieron a buscarme de Juventud, también de Newbery, pero no volví porque tenía que trabajar”.

 

Lo más lindo fue indudablemente la selección...”A los diecisiete años debuté en la selección. Recuerdo que en ese momento jugábamos en el parque, y veinte días antes de que nos llamaran, me lesioné. Me esperaron, pero no pude llegar. Entonces lo pusieron a Cachi Pulisic, ahí debutó él. Yo iba a ver todos los partidos, por supuesto, estaba en el vestuario con ellos. Pero después me incorporé y no salí más. Fue una de las selecciones que hizo uno de los mejores papeles de Rojas. Y lo máximo fue cuando íbamos perdiendo 3 a 1 en San Pedro, y finalmente se consagró el Tula atajando los penales. Yo no pude patear penales, porque faltando tres o cuatro minutos fui a tirar un centro, vino el defensor y me barrió. No podía pisar, no sabés cómo me quedó el tobillo. Cuando llegamos de vuelta fue una fiesta, y a mí me llevaban en andas porque no podía caminar. Pero jugué con todos los grandes jugadores el combinado de Rojas, como Miguel López, Polaco Alvarado, Chocho Barreiro, con Mario Tulio, entre otros, eso fue lo más grande”.

 

¿Qué anécdota se le quedó grabada de esa época?“Yo usaba traje en ese momento; y un día salí. Cuando me quise acordar, eran como las cinco de la mañana. Paso por adelante de la iglesia, cruzo, y veo un auto que dobla: se pone bien al lado del cordón, y yo me levanté la solapa y caminaba al lado de la pared. Creo que gasté todo el hombro del traje. El auto me siguió, y creo que ni adentro de la cancha corrí tanto como esa noche, hasta que llegué a mi casa. Era Lucho González, el que nos dirigía. Después vino el problema, al mediodía. Teníamos que almorzar en la cancha, entonces le dije a mi mamá que me despertara a eso de las once y media. Teníamos que jugar con Argentino, y el que ganaba quedaba primero. Me fui a la cancha, y cuando voy a entrar, ahí estaba Lucho, parado en la puerta; en la calle. –A usted lo estoy esperando, –me dijo– Hablé con su padre, y era usted el que iba de puro saquito hoy a la madrugada. –Pero no, –le contesté– yo me acosté a las 12 de la noche. –Lo mismo me dijo su padre, y voy a perder su amistad, porque soy muy amigo de él. El que andaba hoy a la mañana era usted, y no va a jugar; no va a estar en el plantel–. Bolsito al hombro, me fui. Antes de llegar a la estación de tren, un auto que viene y para: Rivoltella, el de la zapatería; García, que tenía mueblería; y alguien más que no recuerdo. Me hicieron subir al auto, fuimos a la cancha, lo llaman a Lucho y hablamos entre cinco: tres de la comisión, él y yo. Y lo amenazaron: si yo no jugaba, se tenía que retirar. Pero yo tenía una ventaja, muchas veces me acostaba a las cinco, seis o siete de la mañana, pero me bañaba, me tomaba una Cafiaspirina y estaba lo más bien. Ese día hice dos goles, y le ganamos 3 a 1 a Argentino. Pero Lucho insistía: –Yo sé que usted y su padre me mienten. Usted no tiene vergüenza. Nunca le dije que tenía razón”.

 

¿Dirigió alguna vez como técnico?”Dirigí un año a la quinta de Huracán; llegamos a la final, pero perdimos. Después me puse a trabajar y ya no pude. Cumplí con mi etapa de jugador”.

 

¿Qué le dejó el fútbol en la vida?“Todo; absolutamente todo. Me enamoré del fútbol. El compañerismo, los clubes donde estuve, y lo máximo, la selección, donde todos éramos una familia; nunca un sí ni un no. Amigos, cientos. Para mí el fútbol fue lo máximo, y hoy lo sigo mirando, de todo el mundo”.

 

¿Un mensaje para la juventud que recién arranca?”Les diría que el fútbol, para el que le gusta, es una pasión. Creo que si a un chico le gusta, tiene que seguir adelante y tratar siempre de ser el mejor. Así yo hice algo, como mis compañeros. Alguna huella dejamos, y eso es un orgullo para todos. Creo que esmerándose cada día más, si tienen condiciones y les gusta, van a poder llegar. Yo agradezco por esta nota, la verdad es que me llena de emoción. Son cosas que uno ha vivido y es muy lindo recordarlas”.

 

Campeón fútbol reducido. Rolo Amichetti, Rosset, Manghi, Calvet, Mirabet, Alvarado, Papasidero y papa Amestoy

 

Inicios. 7a. división de Newbery, Manano  el penúltimo de la fila inferior, a su lado Fiaca Vallejos. También Sachi Alvarez y Chorizo Vallejos

 

Selección de Rojas 1984, llegó a la semifinal con Roque Pérez. Vivero, Speroni, Manghi, Silva, Cuenca, Rosset, Martegani, L. Alvarado, Papasidero, J. Alvarado y Bolognese