Julio 20, 2026
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Comenzó "Tejiendo Calma", un espacio para aprender, crear y compartir.

Esta semana se realizó el primer encuentro del Taller Municipal de Crochet, una propuesta gratuita de la Dirección de Educación que invita a jóvenes y adultos a descubrir el arte de tejer, sin necesidad de tener experiencia previa. Con la guía de Karina…
Julio 14, 2026
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Información y recomendaciones ante el hallazgo de un ofidio en Carabelas

La Secretaría de Salud del Municpio de Rojas, a través de la Dirección de Bromatología Área de Zoonosis informa que, a partir de una imagen recibida sobre un ofidio hallado en la localidad de Carabelas, se realizó una consulta a través de la red de Zoonosis…
Julio 14, 2026
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Cordón Cuneta para Avenida Pellegrini

Ya se realizaron los primeros metros de cordón cuneta en Avenida Pellegrini. La ejecución del cordón cuneta se realizará en un tramo de Avenida Pellegrini entre Carrasco y Ruta Provincial 31. Esta obra permitirá optimizar el escurrimiento del agua de lluvia,…
Julio 13, 2026
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El sol le puso calor al acto oficial del Día de la Independencia

Rojas vivió una nueva celebración por el 210º aniversario de la declaración de la Independencia Argentina. En este nuevo 9 de Julio, la comunidad del distrito de Rojas, respondió a la convocatoria del gobierno municipal, brindando un marco multitudinario y…
Julio 07, 2026
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Cronograma recolección por feriados

Julio 07, 2026
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La Cooperativa de Carabelas realizó la fiesta de los Premios a la Entrega 2024/2025

Como viene sucediendo desde hace varios años, la Cooperativa Agropecuaria Limitada de Carabelas, llevó a cabo la fiesta de la Campaña a la Entrega (para aquellos productores asociados que hayan acopiado sus granos) de la Campaña 2024 / 2025. La misma tuvo…
Julio 07, 2026
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Día Internacional de la Cooperación (4 de julio)

Claudio Mahfud: “La democracia y la participación interna es el corazón de las cooperativas, porque hay que entender que el cooperativismo es la unión libre de personas, no de capitales” Claudio Mahfud, presidente del Consejo Asesor del Centro Primario Rojas…
Julio 07, 2026
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Javier Cura: “Colaboramos con las Instituciones de carácter social, ejerciendo reciprocidad y generando un círculo virtuoso”

El gerente del Baco Credicoop Cooperativo Limitado, Javier, Cura, respondió a nuestro cuestionario, donde revaloriza los principios y valores cooperativos; el apoyo a las instituciones de carácter social y los servicios que brindan a la comunidad Javier Cura,…
Julio 07, 2026
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Carlos Marveggio: “El individualismo ha superado el asociativismo”

El presidente de la Federación Agraria Argentina, Filial Rojas, Carlos Marveggio, habló de todo con nuestra hoja, resaltando la falta de sentido de pertenencia en las nuevas generaciones de agricultores. Su perspectiva sobre las cooperativas y el…

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Jorge Cavalcabue, el árbitro que marcó un estilo en el boxeo rojense

Jorge Uldemar Cavalcabue puede estar orgulloso de su extensa, variada y brillante carrera como árbitro de boxeo. Fue el primero en nuestra ciudad en ser reconocido por la Federación Argentina de Box para impartir justicia en el profesionalismo, con todo el honor que esto representa. Así fue que Jorge, el popular “Gordo”, comenzó con combates aficionados en Rojas y la zona, hasta que llegó el momento de pasar a ser el tercer hombre arriba del ring en el box rentado. Y allí inició su periplo por buena parte de Argentina en grandes peleas y ganándose el respeto de deportistas, entrenadores y promotores. Cabe destacar que Jorge es el padre de dos colegas y excelentes periodistas deportivos de nuestra ciudad, tales como Gustavo y Fabricio Cavalcabué, quienes formaron parte de la familia de Chispa, para ellos vaya también nuestro reconocimiento por la labor de su padre en el boxeo rojense

 

Jorge Cavalcabue levanta los brazos del Potro Ramos, cuando venció a Luis Areco en 1999 en Sportivo

 

EL DIA QUE VINO MONZON

En la época de oro del boxeo en el club Sportivo, donde primerísimas figuras del deporte de los puños llegaban a la ciudad, Cavalcabue siempre fue protagonista. Desde el grito inconfundible de “break” para que los contendientes den un paso atrás sin pegarse hasta consejos y secretos en un lugar único como el ring, donde dos atletas dejan todo por el todo con el fin de doblegar a su rival aplicando la mejor calidad de golpes y tratar de esquivar con sutileza los que vienen de enfrente.

El 24 de agosto de 1985 con el gimnasio tricolor a tope y con la presencia de Radio Rivadavia con el “Gordo” Horacio García Blanco a la cabeza, llegó el mismísimo Carlos Monzón como entrenador del invicto Ramón Jara, que venció por puntos al siempre difícil Ramón Collado, ese petiso escurridizo que ostenta el orgullo de haber sido el único que le empató dos veces a “Látigo” Coggi. Pelea compleja, dura, que una vez más Jorge dirigió con corrección.

 

EL “POTRO” RAMOS Y UN TERRIBLE NOCAUT

Fue, quizás, la noche donde más gente hubo en Sportivo. El 12 de octubre de 1985 Ramón Florencio “Potro” Ramos defendía ante Enrique Areco el título argentino. En esa velada llegó desde Buenos Aires un colectivo con hinchas de Argentinos Juniors, incluso el presente de esa institución, ya que el “Potro” representaba al club de la Paternal. Una vez más Jorge Cavalcabue fue el árbitro, que detuvo a pelea en el 9º round cuanto Ramos le estaba dando una paliza a Areco tras una batalla impresionante.

 

DIRIGIR AL CAMPEON LATIGO COGGI

Ese mismo año, pero el 26 de octubre, Sportivo tuvo otra velada de oro. Un tal Juan Martín Coggi que venía arrasando, enfrentaba a Rubén Verdún. Lejos de ser un trámite, el norteño complicó a “Látigo”, que sufrió un profundo corte en el arco superciliar derecho producto de un cabezazo involuntario de Verdún. Corría el quinto round, por eso tras la correcta pero no menos polémica decisión de Cavalcabue, fueron a las tarjetas. Raúl Rigo, Angel Maggiolo y “Pucho” Caggiano fueron los jurados, que vieron ganador a Coggi ajustadamente. Casi exactamente un año después (25 de octubre de 1986) y en el mítico Luna Park, Coggi se consagraba campeón argentino al superar con un nocaut histórico al talentoso “Pajarito” Hernández.

 

EN EL ADIOS DE SERGIO VICTOR PALMA

Hace unos días nos enterábamos de la muerte de Sergio Víctor Palma, ese peleador salvaje que fue el primer campeón mundial argentino que consiguió su título en los Estados Unidos de manera brillante. Ello ocurrió el 9 de Agosto de 1980 cuando noqueó a Leo Randolph (categoría Supergallo). Palma, que estuvo varias veces en Rojas visitando a conocidos, realizó su despedida de los cuadriláteros el 10 de agosto de 1990 en la localidad de General Arenales ante Juan Domingo Nogueira. Esa pelea tuvo el orgullo de dirigirla el rojense Jorge Cavalcabue, quien hizo también una linda amistad con Palma.

 

LA POSIBILIDAD DE DAR EL GRAN SALTO

El respeto y la admiración del mundo boxístico ya lo tenía ganado Jorge Cavalcabue. Además de dirigir a Coggi, Collado, Saldivia, Jara, años atrás también había tenido el privilegio de estar arriba de un ring con un animal como el uruguayo radicado en Pergamino, José María Flores Burlón, o tiempo más tarde en nuestra ciudad ser juez en la defensa del título sudamericano welter de Luis “Cuty” Barrera o una de las tantas batallas de nuestro Eduardo Fabián Molina, uno que dejaba la piel en cada combate.

El excelente nivel le generó a Jorge la chance de irse a Capital Federal designado por la FAB para ser considerado y dirigir en el Luna Park. Pero por cosas de la vida esa historia no tuvo continuidad. Eso sí, en Rojas y la zona siguió marcando un camino en el arbitraje. El de la rigurosidad en un deporte digno y sensible. El de la confianza de boxeadores por sentirse cuidados por un árbitro que debe tener todos los sentidos a la hora de impartir justicia.

Ese fue Jorge Cavalcabue como árbitro. Simplemente el “Gordo”, que hizo de la profesión una pasión. Que amó con locura y cosechó miles de amigos. Dejando un sello para toda la vida.

 

 

Jorge Cavalcabue fue protagonista del arbitraje de grandes peleas en Sportivo Rojas, en este caso levanta el brazo del ex campeón del mundo, Juan Martín Latigo Coggi

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Agustín Martegani a préstamo al Cancún FC de México

Agustín Martegani continuará su carrera en la Segunda División de México, en una cesión hasta mediados del año que viene y con una opción de compra. El futbolista de San Lorenzo de Almagro pasará a préstamo a Cancún Fútbol Club, equipo que milita en la Segunda División de México, llamada “Liga Desarrollo” y en el que lo dirigirá técnicamente, otro rojense, Federico Vilar

Nacido en Rojas, provincia de Buenos Aires, el mediocampista de 21 años llegó en 2017 con edad de Sexta División. Su mejor rendimiento lo mostró de la mano de Diego Monarriz, siendo una de las piezas clave del bicampeonato del 2019 (Superliga Copa de Superliga). Una vez que tenga el alta médica, viajará a México primera arrancar su experiencia fuera de San Lorenzo.

El debut en Primera de Agustín Martegani había sido el 23 de mayo del 2019, cuando el zurdo tuvo la oportunidad de jugar como titular en la caída ante Estudiantes de San Luis por la Copa Argentina. Sin embargo, después de aquel día prácticamente no tuvo chances de poder mostrarse.

El volante volvió a bajar a Reserva y recién volvió a tener rodaje en la máxima categoría dos años más tarde, cuando el Ciclón de Diego Dabove venció 1-0 a Godoy Cruz el 5 de mayo de este año en el Pedro Bidegain. Con éstas dos únicas apariciones, el juvenil armará las valijas para irse de la institución.

Porque Martegani, que no pudo arrancar la pretemporada porque volvió contagiado de Covid, tiene todo listo pasar a préstamo a la Segunda División de México, más precisamente en el Cancún FC. ¿En que condiciones se marcha? A préstamo por un año y con una opción de compra de 250.000 dólares por el 50% de su ficha. En Boedo tiene vínculo hasta el 2023.

Martegani se marcha después de jugar solo dos partidos en Primera. En este caso el rojense sería la séptima baja en el Ciclón tras las salidas de Fabricio Coloccini, Fernando Monetti, Franco Troyansky, José Devecchi, Víctor Salazar y Laureano Cabral.

En caso de concretarse la transferencia, el creativo de 21 años compartiría plantel con los argentinos Valentín Sabella y Cristian Campestrini además de ser entrenado por el ex arquero Federico Vilar (ídolo en el fútbol mexicano) quien también es natal de Rojas, ciudad de donde proviene Martegani.

 

Rojenses. Agustín Martegani junto a su representante Darío Bombini, esperando firmar contrato con el Cancún FC

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Ramón Chita Oviedo. Uno de los mejores jugadores que ha dado la cantera del Deportivo Unión

Si bien nació en Rojas, siendo muy pequeño se trasladó con su familia a Carabelas y allí vivió toda su vida. Horacio Ramón Oviedo, alias Chita, fue sin lugar a dudas uno de los mejores volantes de la historia azulgrana, que lo viera consagrarse campeón en 1978 y 1979. También vistió la casaca de su clásico rival, Carabelas en 1988, donde no pudo dar la vuelta olímpica. Pero, según él, su máxima satisfacción fue el haber logrado junto a otros pares la creación de la Academia de Fútbol “Ramón Martínez” del Club Deportivo Unión, para que después de muchos años el León pudiera regresar a jugar en primera división en 2015. A continuación el recuerdo de sus ex compañeros, quienes lo formaron desde muy chico, su trayectoria en el fútbol rojense y zonal  

 

Ramon Chita Oviedo junto a sus nietos, Lorenzo y Simón

 

Datos personales. Horacio Ramón Oviedo, «Chita», nació en Rojas el 23 de febrero de 1958, hijo de Horacio Raúl Oviedo y de Ramona Irene Cattaneo. Está casado con María Cecilia Sperati, con quien tuvo dos hijos; Saturnino y Alejo. Hoy tiene también dos nietos: Lorenzo y Simón Oviedo.

 

¿Cómo fue su infancia?

“Como en todo pueblo chico, no había otra diversión que jugar a la pelota, nosotros le decíamos "murga", era terminar de almorzar, salir del colegio, y salir disparando para la cancha. Había muchísimos chicos, y yo siempre me mezclé con los grandes. En esa época no había computadoras, celulares ni nada de eso; la única diversión era ir a jugar al fútbol todos los días”.

 

¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol, tu paso por las divisiones inferiores, DT, compañeros? ¿Qué recuerdos tenés?

“Siempre en Unión, donde comencé cuando tenía diez u once años. En ese tiempo se jugaba los días domingo por la mañana, un frío bárbaro en invierno. Venían chicos de otros lados, estaba en sexta en esa época y había que juntar los pibes y viajar a Rojas. Íbamos en un Rastrojero que era del Chulo Bajar, un directivo del club, que fue presidente. Nos llevaba ahí, era cerrado y viajábamos todos en la caja, atrás. A veces ni siguiera juntábamos todo el equipo, y así nos iba; pero teníamos el amor propio de ir a jugar, y jugábamos. Técnicos, recuerdo a muchísimos; Seratto, Tito Toso, Oscar Chida, Pubill, Carlitos Corro, Quique Quaglia, un montón de gente que andaba con los chicos. Pero al ser pueblo chico no había tantos jugadores, y siempre hubo que recurrir a las localidades vecinas”.

 

¿A qué edad debutaste, contra quién, quién fue el DT que te llevó a primera?

“Tenía quince años. Lo tengo bien grabado. El sábado había jugado en quinta, muchas veces tenía que jugar dos partidos porque no teníamos jugadores. El técnico era Nani Boveri, y me fue a buscar para ponerme en primera. Era un partido de un campeonato zonal donde entraban La Vigía, Hunter, Rafael Obligado, y en esa ocasión me tocó jugar contra Tiro Federal, allá en La Pampa. Ese fue mi debut”.

 

Contanos tu trayectoria en primera división, los campeonatos ganados. Además ¿jugaste en Unión y en Carabelas?

“Pasaron muchísimos compañeros por Unión. Yo recuerdo que por el 74 vino una camada de Buenos Aires, cualquier cantidad de jugadores, y muy buenos. El Tano Casciatto, el Negro Mercau, Lucho Maidana, toda gente de Buenos Aires, muchísimos. También venían de Pergamino, había muchísimos jugadores de otros lugares, ya que al ser la población chica, no conseguíamos. Pero teníamos la suerte de que había un carabelense que vivía en Buenos Aires y recomendaba a los jugadores. Y por supuesto, sin dejar de lado a los compañeros del pueblo como Mingo Peralta, Roque Seratto, el mudo Dalbessio, el Colorado Seratto... yo era chico pero jugaba con ellos. Claro que nunca completábamos y teníamos que recurrir a traer de afuera. Luego vino la época muy buena, los años 78 y 79, cuando Unión se consagró campeón. Muchos jugadores que nadie conocía, porque los habían traído de Pergamino. Anteriormente, creo que fue en el 77, vino prácticamente una selección de Pergamino: Serchi, Martelotto, Sceglio, Corona, Arsani, era la selección de Pergamino, y tuve la suerte de integrar ese plantel. Creo que jugamos seis o siete partidos, ganamos uno y empatamos todos los demás. Mucha calidad, pero no podíamos ganar. Después vino la etapa buena, al año siguiente, cuando pudimos conformar un lindo grupo con los muchachos de Carabelas y de Pergamino. El arquero era el Gallego Rodríguez, y estaban Eduardo Toso, Horacio Contreras, Carlitos Case, Luisito Tenaglia, y de Pergamino venían Fanuchi, el Abuelo González, y uno de Buenos Aires, Lucho Maidana. Muchos chicos como César Barceló, el Cabezón Biassi, Coqui Oliván... nos mezclamos todos y nos fue bien. Por ahí me olvido de algunos porque pasaron muchos jugadores. Estuvieron también el Petiso Reyes, Horacio Rojas, Pedrito Yuane, el único que quedó de los de Pergamino. Yo jugué hasta el 79 en Unión, y en el 80 me fui a jugar a Colonial de Ferré. Teníamos un equipazo espectacular, y salimos campeones. Me quedó grabado, como compañero y como jugador, y sin desmerecer a nadie, Angel Ungaretti, por su calidad. Muy completo. Tuve la dicha de poder jugar a la par de él. Ganamos el Preparación, pero cuando termina, yo volvía de Ferré y tuve un accidente automovilístico. Por suerte la puedo contar, pero no la pasé bien; y no pude seguir en Colonial. Y luego de superar el accidente volví a Unión, y acá jugué hasta el 85. En el 86 hice un parate para operarme de una hernia, y en el 87 dirigí como técnico a Unión. En el 88 tuve la tentación de volver a jugar por pedido del club Carabelas, y por cosas de la vida regresé, esta vez en la vereda de enfrente. Tuve un muy buen año, y aunque no pudimos salir campeones, estuvimos hasta las instancias finales. Un equipo de lujo, atajaba Ganini, los hermanos Juan y Jorge Barrera, Cacho Blanco, el Chueco Di Giácomo, Hugo Videla, Catoca De Gaetani, Roberto Vera de El Arbolito, un equipo tremendo. Raúl Linare era el técnico, y yo muchas veces no entendía bien cómo quería jugar. Él empezaba con lo de doble cinco, todas esas cosas, pero yo venía de la escuela vieja y me parecía que tenía que estar atado a un lugar. Hasta que pude adaptarme con el paso del tiempo, pero cuando lo logré me fue muy bien”.

 

¿Qué jugadores recordás de tu época?

“No me puedo olvidar de Charco García, Polvorita Matheu que era un estrella en ese momento, el Troncha Cantoni, muy buenos jugadores con el que no pudimos salir campeones, aunque estuvimos muy cerquita en 1988. Fueron tantos que a veces no recuerdo, y no me quiero olvidar de nadie. Me he encontrado con gente que todavía me saluda y yo no los conozco. A lo mejor me vieron jugar y saben quién soy. En cambio, yo a veces peco de no conocer a la gente. No es mi manera de ser, soy muy sociable, pero de bajo perfil. A Carlitos Fanuchi lo encontré el último viernes, hacía años que no lo veía; otro compañero que me dio el fútbol”.

 

¿Qué te dejó el fútbol en la vida?

“Lo que más satisfacción me dio fue formar las escuelitas; darle fútbol nuevamente a Unión, algo que muchos no saben, aunque es un tema largo de conversación. Así regresó Unión al fútbol, creo que es una de las más grandes satisfacciones mías, que en Carabelas los chicos pudieran jugar. Unión se hizo grande a partir de la escuelita. Los laureles se los dieron a otros, porque muchas veces cuando está todo encaminado muchos se suben al tren. Pero es muy largo de contar. De todas maneras vuelvo a repetir agradezco al fútbol y a la vida, por haberlo podido jugar y esa legión de amigos que tengo gracias a la pelota”.

 

Unión Campeón 1978. Romualdo Mercau, Horacio Rojas, Ramón Oviedo, Eduardo Toso, Óscar Rodríguez, César Barcelo, Horacio Martínez, Lucho Maidana, Horacio Contreras, Carlos Cases, Ismael González, Brizuela, Juan Olivan, Juan Peralta y Reyes

 

Unión Campeón 1979. Mercau, Rojas, Oviedo, Toso, Rodríguez, Fanucchi, Barceló, Martínez, Maidana, Contreras, Case, González, Brizuela, Oliván, Peralta y Maidana.

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Máximo Gutiérrez. Respira básquet y por sus venas corre sangre tricolor

A los siete años su padre Máximo (ex presidente tricolor), lo traía a practicar básquet con el Profesor Basilio González al club de sus amores, Sportivo Rojas, su segunda casa. A los 12 años vinieron del campo a vivir a nuestra ciudad, en la esquina donde vive actualmente, Francisco Roca y Sarmiento; en un barrio donde se siente aire de básquet. Allí convivió con dos grandes amigos que desde hace rato partieron al cielo, Alejandro “Caco” Andreozzi y Omar “Lampa” Gaynor. Aprendió a jugar al deporte de la pelota naranja, gracias a sus condiciones naturales, ya que por aquella época no había competencia en divisiones juveniles como en la actualidad. Recordó los torneos Comerciales, los Torneos Regionales y el ascenso de Sportivo a la APB en 1987. La vida no hace mucho le jugó una mala pasada con su salud, pero gracias a Dios y el apoyo de su esposa Sandra, sus hijos Facundo y Virginia y su nieta Francesca, pudo salir adelante. Una nota imperdible, de un personaje muy querible en el mundo del básquet, que cuando nombraba a sus amigos sus ojos se humedecían de lágrimas; con la tranquilidad que lo dio todo, con entrega y pasión

 

Equipo que ascendió a Primera División de la APB en 1987. Roberto Gazo, Máximo Gutiérrez, Claudio Berbenni, Daniel Cesano, Juan Carlos Olivera, Mario Calderón, Ariel Guilera, Carlos Zambuto, Beto Calabia y Gustavo Peretti

 

Datos personales. Máximo Gutiérrez, el Pato como se lo conoce popularmente, nació en Rojas en octubre de 1956. Es hijo de Ricardo Máximo Gutiérrez y de Ana María Dalmaso; tiene una hermana, Ana Sonia: está casado con Sandra Lanz y tiene dos hijos: Virginia y Facundo. También tiene una nieta de seis años, Francesca Alonso. «En este momento estoy trabajando en la parte vial del municipio, aunque con licencia por un problema de salud. A fin de mes ya me reintegro a la actividad», contó Gutiérrez.

 

En este barrio se respira básquet; ¿cómo fue tu infancia, la escuela?

“Nací acá en Rojas, frente a la tapicería Fauda, donde vivía una señora que era partera. Al año me fui a vivir al campo, y ahí estuve hasta los doce años. Fui a la escuela de La Urbelina, y empecé a jugar al básquet en Sportivo; mi viejo me traía a aprender con Basilio González. Mi hermana vivía en Rojas con mi abuela, y él venía a verla y me traía. Así empecé mi carrera basquetbolística, a los ponchazos. Recuerdo que mi vieja, en el campo, tenía una canasta que usaba para juntar los huevos, y yo la usaba para tirar al aro con una pelota de fútbol. Las pelotas de básquet en esa época eran así, como las de fútbol, pero más grande. La que yo tenía era de fútbol, una número cinco. Después me vine a vivir a Rojas, a los doce años, en la misma esquina donde vivo ahora, Francisco Roca y Sarmiento. Pero en realidad es como que vivía en el club, con dos chicos que vivían en esta cuadra, Caco Andreozzi y el Lampa Gaynor (emoción). Al club no lo abandoné jamás; mi viejo fue ocho años presidente, en la época del bicentenario de Rojas”.

 

En ese tiempo, la etapa de Basilio González, ¿cómo era la formación? ¿Había escuelita?

“Se hacía todo «en criollo». Un clase 56, con un 58 y un 60, era lo mismo; jugábamos todos juntos, aprendíamos fundamentos, porque no había jugadores en cantidad. Después sí se hizo cantidad, íbamos a la tarde y teníamos que esperar turno para poder jugar; pero era algo hermoso, pileta, paleta y básquet”.

 

¿A qué edad empezaste a jugar los comerciales?

“Catorce años tenía, era un alambre; me agarraban Yosi Scardino, Platel, y me enterraban abajo de las baldosas... Era así. Después empezaron los comerciales, y yo jugué en SIC, Supermercado Integral de la Carne; jugué en Concesionaria Peugeot con Bocha Bramati, el Chancho Rosetti, Manolo Narvaiza, teníamos un equipazo; lástima que se cansaban los «viejos» y en el segundo tiempo nos pasaban por arriba. También jugué para Chispa, y un año fui a jugar a Pergamino. Acá estaba parado el básquet, y me llevó Hugo Paradela a Sirio Libanés. Raggi era el director técnico, y empezamos con la pretemporada. Pero antes de que empezara el campeonato me lesioné una rodilla, me llevaron a un especialista y tuve que estar siete meses parado. Después volví, porque me había hecho amigo de Guillermo Illia, que era un jugador supremo, y me llevó a jugar a Argentino. Pero otra vez tuve problemas con la rodilla, y entonces me volví a Rojas. Iba solamente a tirar al aro, a correr un ratito, y cuando empezó el campeonato de segunda, Juan Zambuto y Peto Martínez le pusieron fichas. No nos dejaron entrar, se hizo la Liga Fantasma con Carmen de Areco, Capitán Sarmiento, Arrecifes, Salto, Colón y Rojas. Una cosa hermosa, y salimos campeones. Me acuerdo de la rabieta que me agarré con los de Pergamino, porque teníamos que tener un campeonato ganado y eso tenía que estar certificado. Así es como guardaban los artículos de los diarios de todas partes, se armaban unos partidazos. A mí me tocó jugar contra el Vasco Aispurúa, que fue jugador de la selección nacional; me tocó marcarlo y me metió como setenta puntos, porque era un oso de más de dos metros, se daba vuelta y me mataba. Entonces, cuando presentamos todo a la Liga de Pergamino, nos exigieron dos campeonatos y nos mandaron otra vez a pelearla. Volvimos a jugar, salimos campeones otra vez, y finalmente nos dejaron entrar; pero en segunda. Para ascender a primera teníamos que salir campeones dos años seguidos o tres alternados. Ganamos el primero, perdimos el segundo, y volvimos a ganar los dos siguientes; recién ahí nos dejaron ascender a primera, el equipo que hoy está jugando en la Liga de Pergamino. En el año 1987, ahí ascendimos”.

 

¿Qué recuerdos tenés de ese momento?

“Me acuerdo de Caldentey, Beto Calabia, Fabián y Javier Castellá, Bernardo Lavandera, Ricardo Molinari, y los chicos de Rojas, Carlos Zambuto, Cachito Tiseira, Daniel Cesano, el Negro Ponzo, Ariel Guilera, Willy Mena, Sugus Vázquez, Juan Carlos Olivera, Roberto Gazo, el Pato Berbenni, Gustavito Peretti, Mario Calderón y seguramente se me escapa alguno más, a los cuales les pido disculpas”.

 

Después seguimos en la APB…

Seguí jugando ahí hasta que me retiré, a los treinta y seis años. Fue en un partido contra Sports; íbamos ganando por 16 y lo perdimos en el último cuarto. Creo que hacía diez años que no jugaba un partido como ése, metí como veinte puntos. Pero Peto me sacó y lo puso a Javier Fay; le robaban la pelota, se empezaron a venir, y finalmente perdimos”.

 

Después llegaron las nuevas generaciones, y por suerte Sportivo pudo lograr en 2005 /2006 salir campeón de la APB...

“Lo viví como espectador, fue una cosa de locos lo que sufrí, y los kilómetros que hice, porque fui a todos los partidos: a Tandil, a Olavarría, a San Nicolás varias veces, a Rosario, a Firmat, a todas partes”.

 

Y ahora Facundo sigue tus pasos...

“Sí, y con la camiseta 9 de Sportivo, un verdadero orgullo... Él es mucho más jugador que yo, muy habilidoso, muy fuerte, buen marcador e inteligente para jugar al básquet. El básquet no es un deporte para burros, hay que ser muy rápido pensando”.

 

¿Cómo lo ve a Sportivo en esta etapa de tanta lucha para subsistir?

“Está complicado, como la economía del país. Hasta los mismos socios estamos complicados económicamente, porque está todo mal, y no se puede pretender que un club salga adelante si no hay plata para pagar la luz o tener profesores. Los techos están mal, y hace falta mucha plata para reparar. Igual que la pileta, que está toda abandonada. La cancha de paleta anda porque se privatizó. Hay algunas cosas que se han hecho con las que no estoy de acuerdo, pero el que las hace, las hace pensando que están bien. Los chicos que están le ponen muchas ganas, pero están muy solos; como siempre, empiezan veinte y terminan dos”.

 

Alguna anécdota linda que recuerde sobre el básquet...

“Hay mil. Me acuerdo mucho de cuando trajimos al Negro, a Ricky Head... ¡Lo que comía ese negro! ¡Dios mío! Nunca vi a una persona comer tanto como a ese tipo. Me acuerdo de que un día estábamos practicando, hacíamos el uno contra uno y los que jugábamos abajo éramos él y yo. Entonces, nos marcábamos uno al otro. Por ahí estaba atacando, se levanta, y le metí una tapa impresionante. No lo podía creer. Venía a comer a casa, y preguntaba por qué le decíamos Negro a mi papá. A él no le gustaba que le dijeran «Negro», le sonaba despectivo”.

“También me acuerdo del Mono Barreiro, el que era referí. Una vez estábamos jugando una final acá, en Sportivo, y yo tenía cuatro fules; Cacho Tiseira tenía dos; y en un amontonamiento, le meto una mano impresionante al que traía la pelota. Cacho se acordó de que yo tenía cuatro y le dijo que se lo cobrara a él; y así fue. Era un sinvergüenza ese Mono. Después se quedó a comer, como siempre hacían los árbitros”.

“Hay miles de anécdotas. Era una época de mucho sacrificio. Yo me iba a las dos de la mañana a trabajar al campo, y a las ocho volvía, me bañaba y me iba a practicar, para no perder la titularidad. Ya estaba casado en esa época. Lo hacía por el club, para estar presente”.

 

¿Qué te dejó el básquet en la vida?

“Todo. Más alegrías que tristezas. Cosas lindas. Todavía hoy voy a Pergamino y me encuentro con los muchachos que jugaban en contra nuestro, y nos saludamos, nos damos un abrazo. El básquet es un deporte maravilloso y Sportivo un club maravilloso también, ojalá Dios ilumine a los dirigentes actuales y a los que estén por venir para que siga más vigente que nunca”.

 

Plantel Torneo Regional 1985. Daniel Cesano, Julio Ponzo, Máximo Gutiérrez, Ariel Guilera, Ricardo Molinari, Gustavo Vásquez, Carlos Zambuto y Rodolfo Martínez

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Nano y Amadeo Ascención dejaron su impronta dentro del boxeo rojense

Fueron parte de una generación de boxeadores que acaparó la atención del público rojense y de la región, participando de innumerables festivales y hasta representándonos a nivel provincial y nacional. Nano era un personaje extrovertido, muy simpático y en el ring “había que matarlo para poder ganarle”, nos decía su hermano Amadeo. El cabezón, todo lo contrario, más serio, más osco, pero con una técnica exquisita, debutó a los 13 años y llegó a pelear con José María Flores Burlón y el recordado Rubén Loyola. Ambos continúan vinculados al box, Nano haciendo escuela en la ciudad de Pergamino y Amadeo como árbitro de box. Una rica historia de vida, de mucho sacrificio y lucha, porque desde pequeños se vieron frustrados por la partida de su padre Arnaldo, pero con el orgullo de seguir sus pasos a través de lo que más aman en sus vidas: el boxeo 

 

En Uruguay. Oscar Puzzo, el Negro Alberto Correa, Miguel Saucedo, Ramón Fernández y Amadeo Ascención

 

 

Amadeo Ascención. “Soy un agradecido de lo que me ha dado el boxeo en la vida”

 

Datos Personales. Amadeo Ascensión nació en Rojas en enero de 1953, hijo de Aurora Orejuela y de Arnaldo Ascensión. Es el cuarto de seis hermanos; Roberto y Beatriz (ya fallecidos); Arnaldo, Juan y José Carlos, los menores.

 

¿Dónde naciste?

“Nacimos todos en Rojas, pero mi viejo, por razones de trabajo, estaba en un paraje que se llama Cuatro Caminos y pasamos a Los Indios. Cuando yo tenía diez años falleció, y nos vinimos a Rojas con mi mamá. Juan y José estuvieron en el Instituto Morzone, en Rafael Obligado, y los demás nos vinimos para acá”.

 

¿Fue una infancia dura, perder al padre siendo tan chicos y teniendo que hacerse cargo de la familia?

“Exactamente. Cada uno tomó su camino, a pesar de que estábamos todos juntos. La situación era demasiado pesada para mi mamá sola, y entonces los chicos empezamos a trabajar, como pasaba en tantas familias en esa época. El único medio que teníamos era el trabajo, porque no pudimos estudiar. Empezamos así”.

 

¿Cómo nació la pasión por el boxeo?

“Mi padre se había dedicado. Vivía en Buenos Aires, y siendo un muchacho empezó a practicar boxeo, creo que con Zacarías. Después por motivos personales se vino a Rojas. De nosotros, el primero que empezó fue Nano, en Sportivo, donde estaba un señor Pérez como entrenador. Yo empecé con él, entrenado por Miguel Calderón, cuando tenía trece años. Fue en la pileta de Sportivo. Me llevó Nano, porque yo tiraba más para el fútbol que para el boxeo. Había unos cuantos muchachos, estaba el Negro Torres, Oscar y Juan Puzzo, Oscar Pérez... yo empecé con todos ellos. Y al mes, Calderón me propuso pelear. Yo acepté, a mis trece años, y debuté en Rafael Obligado”.

 

¿Justamente ésa era la pregunta, sobre su debut?

“A los trece años, en Rafael Obligado. Muchos años después, yendo a Junín como entrenador, me encontré con un hombre que me preguntó quién era yo. Le dije, y resultó que era el mismo con quien yo había debutado en Obligado. Pastorino se llama, tiene diez o quince años más que yo. Volvimos a pelear en la cancha de paleta de Sportivo, y le gané bien”.

 

¿Cómo fue su paso por el fútbol?

“Hice las divisiones inferiores en Boca. Yo hacía las dos cosas, pero me gustaba más el fútbol por el tema del juego en equipo, de los amigos. Entonces practicaba boxeo, pero los fines de semana me iba a jugar al fútbol, siempre en Boca. A los catorce años ya había hecho cuatro o cinco peleas, todas ganadas, y me llevaron a la zona norte, que estaba en Pergamino. Ahí no me dejaron pelear porque era menor. Pelearon todos los demás del gimnasio, y yo no pude por la edad”.

 

¿Cómo era, como boxeador, en cuanto al estilo?

“La mayoría de mis peleas fueron de fondo. En los festivales había tres preliminares a tres rounds, un semifondo a cuatro rounds, y la de fondo a cinco rounds. La mayoría de mis peleas las hice de fondo, a los dieciséis años era fondista y todos me decían que tenía muchas condiciones. La categoría era medianos, setenta y dos kilos. Siempre hice mucha actividad física y tenía buen estado”.

 

¿Qué recuerda especialmente de aquella época de los 70, de gran auge del boxeo en nuestra ciudad?

“Yo empecé de chico y siempre peleé en Sportivo. A los dieciséis fui por zona norte como campeón a pelear a Rosario, donde me descalificaron mal peleando ante el campeón de Capital Federal. Él me pegó un cabezazo y el árbitro me descalificó a mí. Ese boxeador, Camilo Gaitán, llegó a la final. Al año siguiente, diecisiete años tenía, fui representando a la Argentina a un certamen en Uruguay. No me fue muy bien, porque era un chico nuevo y tuve que pelear con boxeadores que habían ido a las olimpíadas con el Negro Torres, con Guilloti, eran campeones amateur, y no me fue bien”.

 

¿Pero hizo buenos papeles peleando con rivales espectaculares como Flores Burlón y Rubén Loyola?

“Sí, yo seguí y a los dieciocho años ya había peleado con casi todos. Me llamaron para pelear con José María Flores Burlón en Chacabuco, fui, y había ganado bien la pelea, pero me la dieron empatada porque él era local de ahí, venía ganando y era muy conocido. Al poco tiempo me llaman de Pergamino; yo tenía un hobby, salir a cazar liebres, y me trajeron desde Sol de Mayo para pelear con Flores Burlón en Pergamino. Me bañé, me fui, peleamos a cinco rounds y también me la dieron perdida, aunque no había perdido. Así seguía mi carrera. En Sportivo no había perdido nunca hasta que llegó la pelea con Rubén Loyola, el 1 de diciembre de 1973. En el primer round me saqué el dedo y perdí por puntos. Después volví a pelear con Flores Burlón cuando yo estaba mal anímicamente, me había sacado el dedo pulgar de la mano izquierda, y ahí me ganó por puntos, me ganó bien. De las tres, fue la única pelea que me ganó”.

 

¿Y la triste experiencia de Loyola?

“Nosotros peleamos en diciembre, y fue la última pelea que él hizo como amateur. Ahí me propuso que me fuera con él. Era de Venado Tuerto, pero hizo toda la carrera en Pergamino, se fue a Buenos Aires y se hizo profesional. No sé si fue la segunda o tercera pelea que hizo como profesional, con un tucumano, cuando peleó ocho rounds cuando tenía que pelear cuatro o seis; recibió muchos golpes, se desvaneció camino al vestuario, lo llevaron a Junín, y falleció. Uno queda "tocado" cuando le pasa algo así a un colega, tan joven, porque tenía diecinueve años, uno menos que yo. Un año después, en el 74, me llaman a pelear en Salto, y por mis condiciones querían que representara al club. Salí apurado a pelear, y en el primer round pego mal en la cabeza de mi contrincante y me quiebro un dedo de la mano izquierda. Gané por abandono en el quinto round, pero estuve todo el año parado por el problema de la mano. Así se fue dilatando mi carrera, y finalmente abandoné. Lo mío fueron siete años seguidos de boxeo; empecé a los trece, y a los veintiuno tenía toda mi carrera hecha. Con sesenta o setenta peleas fui a pelear campeonato de novicios, fui a Buenos Aires, a Uruguay, y nunca saqué una licencia cuando estaba listo para ser profesional. También tenía cuestiones de familia, me había juntado con Nélida Benavídez, mi esposa, y había nacido mi hijo Raúl; entonces me dediqué a mi familia, a trabajar, y el boxeo quedó a un lado. Después llegarían otros dos hijos, Iván y Verónica”.

 

¿Después siguió como árbitro?

“Yo tenía veintisiete años; en ese momento Jorge Cavalcabue había hecho el curso en Buenos Aires como árbitro federado, y empecé con él. Hacíamos toda la zona, peleas amateurs y profesionales. Así me fui haciendo como árbitro, hasta que cursé como árbitro en la Federación Argentina de Boxeo, en Buenos Aires”.

 

¿Qué te dejó el boxeo en la vida?

“Dinero, seguro que no; siempre tenemos que trabajar, sobre todo los del interior. Pero la cantidad de gente conocida, amigos, cosas que el boxeo siempre te deja; no es algo que haga enemigos. Yo he peleado con Flores Burlón, que tiene más o menos la misma edad que yo, y cuando nos cruzamos somos grandes amigos. Eso fue como boxeador; y como árbitro, no tengo palabras para agradecer. Tengo amigos por todos lados, gente que anduvo por el sur, por el norte... Tuve la suerte de dirigir muchas peleas por televisión, peleas principalmente con Mario Arano, en el apogeo de Lucas Matisse, aunque dirigí a muchísimos boxeadores. Por suerte, el boxeo me dejó recuerdos hermosísimos, como boxeador y más que nada como árbitro”.

 

¿Qué mensaje le dejaría a la juventud?

“Del boxeo siempre se dijo que saca a los chicos de la calle. El mensaje es que lo tomen como es: un deporte. Es para hacer amigos. Nosotros éramos y seguimos siendo un grupo de amigos, en toda la zona. Que lo tomen así. No sé si van a ganar plata o no; el boxeo está muy decaído a nivel mundial, y la pandemia terminó de tirarlo abajo. Pero el que quiera iniciar esta práctica, que se la tomen en serio. Hoy están dadas todas las posibilidades; no suban a pelear sin licencia, eso es el comprobante a nivel mundial. Eso no miente. Hagan las cosas bien, cumplan con su revisación médica antes de subir al ring. Son cosas que hay que hacer”.

 

Un saludo final...

“Que estoy muy agradecido. Ya tengo mis años, pero todo lo que hice, lo hice en Rojas y me conoció muchísima gente de afuera. Creo que he dejado un buen recuerdo representando a mi ciudad, y si tuviera que volver a hacerlo, lo haría. Siempre representando a mi ciudad, Rojas”.

 

 

 

Nano Ascención. “Mi pasión por el boxeo nació por mi papá, porque quería ser jockey”

 

Datos personales. Arnaldo Ascención; nació el 16-12-1949; hijo de Arnaldo Ascención y Aurora Urrejola; hermanos: Ruben, Marta, Roberto, Amadeo, Beatriz, Juan y José. Casado con María Rosa López; hijos: Mauro, Emil y Maira. Mauro es papá de Sofia y Emil de Nahiara, sus dos nietas, esperando un tercer nieto.

 

¿Cómo nació la pasión por el boxeo? 

“Mi pasión por el boxeo nació porque me falto mi papá, iba a ser jockey, pero al faltarme papi me acerque a un gym, y probamos de hacer guantes con otros amigos, y de ahí no paré”.

 

¿Quién te formo boxísticamente? 

“Tuve pocas personas técnicas que me ayudaron a entender el boxeo, una de ellas fue Igilio Gonzales, que para mi estilo de vida era un hombre muy respetuoso y además era una persona que te hablaba de la vida”.

 

¿Cuándo debuto y contra quien fue la primera pelea? 

“El debut fue más o menos en el año 66, a los 15 o 16 años, no pensaba boxear tan pronto pero faltaba un peleador para completar una pelea y fui, fue contra un tal Aguirre, pelea que gane”.

 

¿Cómo fue su trayectoria boxística?

“En la categoría mini mosca me desarrolle. Recuerdo haber viajado a Uruguay dos veces, pelee en el Luna Park y estuve viviendo en Buenos Aires. Luego volví a la ciudad de Rojas, y desde ahí empecé a viajar a ciudades aledañas como Pergamino, Junin, Salto, Chacabuco y otros. En el Año 1968 gane la Zona 2 y tuve que viajar a Buenos Aires para una eliminatoria que clasificaba a Munich (Alemania), me toco pelear contra el señor Bicario y perdí. Volví a Rojas y pelee contra Rodriguez de Junin, con Quintana hicimos como 20 peleas, también pelee contra el ex campeón Cesar Víctor Palma, fue un verdadero orgullo”.

 

¿Cuál pelea le marco más?

“Contra Cesar Víctor Palma, por la excelencia de persona que es, me marco su forma de ser. En realidad todas las peleas me dejaron algo, porque arriba del ring cada cual quiere sacar su provecho, pero cuando te bajas del mismo, el boxeador es un ser humano como cualquiera y lo que más prevalece es la amistad”.

 

¿En qué categoría peleaba?

“Arranque en mini mosca, después pase a mosca, y termine peleando en gallo, 55 kg más o menos”.

 

¿Qué significa el gimnasio de los Hnos. Molina?

“El gimnasio lo creo mi hermana, así que lo que puedo sentir es el amor más grande, lo llevaron adelante mi cuñado y sus hijos. Yo siempre les di una mano en lo que pude, y creo que es el gimnasio que más ha perdurado en el tiempo en Rojas. También está el gimnasio de mi hermano Amadeo, pero el orgullo es familiar, ya que gracias a ellos se mantiene vivo este deporte en nuestro pueblo. Donde me paro a charlar todos me felicitan de que continue con el boxeo y que se siga apoyando al deporte, quizá sea un lugar donde alguien como yo en su momento pudiera salir de la calle”.

 

¿Quién fue tu ídolo del box y porque?

“Creo que no hay nadie como Carlos Monzón, excelente deportista. No hay boxeador que haya logrado lo que el logro”.

 

¿Qué te dejo el boxeo en tu vida?

“Me dejo todo, todo lo que hoy tiene sentido para mí fue gracias al boxeo. No me dejo plata, ni trofeos, pero por ser del montón, doy las gracias ya que tuve la suerte de cruzarme con grandes personas. También tengo el orgullo de haberle podido dar batalla a todos arriba del ring. El boxeo me formo como persona y creo que el orgullo que siento de haber podido formar una familia y de que esa familia me valore y me respete como lo siento no tiene precio. Hoy disfruto de las simples cosas, unos mates, algún que otro asadito, jugar y bromear con las nietas, o los animales, pero lo que no puede faltar es la familia y el amor en cada reunión”.

 

Otra de las glorias del boxeo rojense, Hugo Aguilar, levanta el brazo victorioso de Amadeo Ascención

 

Toda la técnica y destreza del cabezón Ascención para esquivar los puños de sus rivales

 

Antes de la pandemia el Gimnasio Hermanos Molina le entregó un reconocimiento. En la Foto junto a Hernán y Titi Molina y el periodista Walter Nelson en Casa de la Cultura Rojas

 

Nano Ascención junto a Carlos Quintana, con quien hizo más de veinte peleas, esta fue en 1974 en Club Sportivo Rojas