La plazoleta que está al lado de la municipalidad luce en un estado deplorable; carece de juegos, creció la maleza y se deteriora día a día

Así se ve la Plazoleta de Juegos Ciudad de Rojas, las malezas la están avanzando
Llevar a los chicos a jugar al aire libre nunca fue un problema en Rojas, dado que si algo no falta es espacio abierto. Muchos de esos lugares son municipales y cuentan con juegos y otros atractivos.
Estos sitios dedicados a los niños están en lugares públicos como plazas, la pista de la salud, el velódromo y demás. Y, en general, están bastante bien conservados, más allá de que siempre algún arreglo vendría bien.
Pero para lo que no hay explicación, y podría entenderse como «la excepción que confirma la regla» es, nada más y nada menos, la plazoleta ubicada en el corazón del barrio Centro, justo al lado de la municipalidad.
Esta plazoleta, utilizada desde su construcción –luego de la demolición de la antigua iglesia, en 1853– por numerosos chicos, hoy está en un estado deplorable. Los juegos han sido retirados, y sólo quedan en el lugar algunos bancos. Han crecido malezas, e inclusive hay sectores utilizados como depósito de materiales descartados.
Esta plazoleta debería ser restaurada, previa limpieza a fondo de su piso de arena. Es incomprensible que en pleno centro de la ciudad exista un lugar con semejante aspecto de abandono.
Rojas se merece tener ese espacio en el mejor estado; con sus juegos, sus bancos, sin esas rejas que le dan un aspecto de cárcel sin proporcionar utilidad alguna, y con un placero que, aunque sea en un horario reducido, se encargue de su mantenimiento.
Un párrafo aparte merece la calesita, que también está completamente abandonada y destruida. Se sabe que no es municipal sino que pertenece a la Fundación de Asistencia Integral a la Comunidad (FUNDAICO), que en su momento la utilizó para la recaudación de recursos con los que funcionar.
Esta fundación seguramente no cuenta con los fondos necesarios para reparar la calesita; pero sería lógico que el municipio colaborara, a fin de darle a una de las esquinas céntricas del pueblo el aspecto y las posibilidades de uso que los rojenses nos merecemos.




